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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 71

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Capítulo 71: Capitulo 71

En una celda subterránea, en los niveles más bajos del complejo secreto de la ciudad de Amhedapacha, había varias habitaciones.

En esas habitaciones había varias personas esclavizadas y prisioneros capturados por el Templo.

La mayoría eran mujeres que servirían como prostitutas o esclavas sexuales para los miembros del Templo, así como su alimento, si así lo quisieran.

Pero la mayoría de las veces también servían como medio de cría para la descendencia de los adoradores del Templo.

Utilizando técnicas de modificación corporal y la habilidad de transfiguración de sangre de la raza de sangre, pudo adelantar el embarazo de sus víctimas en varios meses, logrando de cierta forma convertir este lugar en un criadero.

Actualmente, la cantidad de personas contenidas en este lugar no superaba las diez a causa de la fiesta anterior, por lo cual la cantidad de activos del Templo era baja; Probablemente no tardarían en ordenar un diezmo de sangre hacia los templos rama.

Y en este preciso momento, una semidesnuda Alana y otra mujer desconocida estaban encadenadas en una mesa quirúrgica, la cual estaba inclinada de forma ligeramente vertical.

Ambas estaban en silencio. La otra mujer de identidad desconocida estaba desnuda, cubierta por sanguijuelas de sangre que reptaban por su cuerpo.

Eran los llamados gu vampíricos, creados específicamente para modificar el cuerpo y la mente de hombres y mujeres dentro de los templos de sangre.

La corrupción pronto surgiría en ellos, terminando con cualquier identidad anterior.

La mujer a su lado, en un estado prácticamente catatónico, estaba al borde de entrar en la fase final del proceso, y pronto sería cosechada al igual que ella.

Esos pensamientos solo traían desesperación a la mente de Alana.

A diferencia de otras ocasiones en las cuales había estado en situaciones desesperadas donde el peor destino era la muerte, ahora…

Ahora deben dar a luz a los hijos del enemigo.

Mientras esa idea aterradora llenaba la cabeza de Alana como si fuera una tormenta furiosa, las lágrimas cubrieron brevemente sus desesperados ojos. Arrepentidamente, el recuerdo de la imagen de su madre surgió en su mente para dispersarse nuevamente.

Así que su corazón, así como la mente de Alana, cayó en la desesperación.

…..

Tolrik estaba sumido en sus pensamientos mientras recordaba lo que había pasado hacía ya semanas.

El tiempo pasaba demasiado rápido, y ahora estaban en medio de la preparación de una batalla y el inicio de una guerra a gran escala, tal vez en toda Ulheim e inclusive más allá.

Y estaba liderando nada menos que un ala del Magister Iaspis de más de tres mil hombres y mujeres.

—¿Emocionado, Tolrik? —se burló Benia mientras lo miraba con una sonrisa cálida.

A lo cual Tolrik, mientras observaba las enormes fuerzas de cientos de personas —que a sus ojos parecían ya miles si contaba además a los siervos y esclavos que seguían el campamento— murmuró con un tono tembloroso:

—Puedo decir que estoy aterrado.

Benia suspir mientras murmuraba tambin en voz baja:

—Supongo que no es raro entonces decir que yo también lo estoy.

Ambos, aturdidos, miraron el camino que los dirigiría a la capital del condado, la ciudad de Amhedapacha, su siguiente objetivo…

Guardas, guerreros del Magister Iaspis; Era una fuerza considerable. Incluso un legendario Señor Espiritual se vería superado por esas fuerzas. Y el señor de la ciudad palidecía en comparación a ellos.

Pero lo que más destacaba a los ojos de Tolrik eran los filiad .

Una docena de filiadas entrenadas estaban a disposición del regimiento del Ala Petriana.

Esta profesión y camino único de cultivo, según su maestra, permitía una sintonía considerable con el mundo más allá de la energía espiritual. Los filiad eran maestros en el dominio de las almas, pudiendo manifestar a partir de sonidos y palabras el alma de la propia naturaleza.

O por lo menos eso era lo que decía su maestra…

—Joven señor, han llegado desertores de la ciudad —dijo con una expresión seria Dracma, quien apareció en medio de los vehículos y caballos con una expresión cansada, pero aún así con las energías revitalizadas, como si hubiera rejuvenecido medio siglo de golpe.

— ¿Son confiables? —dijo en un tono severo Tolrik, eliminando cualquier signo de duda y temor en su mente. Ahora era parte de las fuerzas que asediarían la ciudad; Tener miedo era normal, pero ceder a él era imperdonable.

—Tan confiables como puede ser un desertor. Se les está interrogando en lugares separados y actualmente han revelado información similar.

—¿Y qué información es esa?

—Una movilización. —Los ojos de Dracma se abrieron ferozmente, mostrando una feroz intención de batalla que él nunca antes había visto en el tranquilo y sabio anciano—. Se preparan para sacar las tropas fuera de la ciudad y desafiarnos a una batalla a campo abierto.

La expresión de Tolrik brilló levemente, mientras a la distancia la luz sobre las murallas brillaba ferozmente.

Teniendo la ilusión de que cientos, si no millas de ojos, miraban en su dirección, con la misma intención de combatir que él.

Y el mismo terror.

…..

El placer de la carne no era algo que Ducanor pudiera dejar de lado por mucho tiempo, especialmente llegado a este punto, donde estaba siendo empujado hacia abajo por una maldita mujer que era medio metro más grande que él y con una fuerza descomunal.

—Detente —gruñó Ducanor mientras la mujer se aferraba a él y lo besaba directamente—. No es…

«Correcto», intentó decir, pero sus palabras murieron cuando la mujer simplemente presionó su cuerpo contra el suyo.

Ducanor era un esclavo, pero aun así tenía cierta libertad y se había negado durante días a intimar con las dos esclavas que le había otorgado David; después de todo, una de ellas era la madre de Ryan… mientras que la segunda…

—Hueles a vino y a sangre —gruñó la mujer. Decir que era hermosa tal vez no era la palabra correcta para describirla; tenía un rostro salvaje, piel de tonalidad pálida rojiza y sus ojos carmesí como los de un lobo. Tenía la nariz respingada, unos labios púrpuras, y su cabello rubio como rizos de oro.

Ducanor no habló. Cayó en la tentación de dejarse llevar por aquel impulso bestial, de convertir en su esclava a la mujer frente a él, como si se tratase de una cosa y de un animal simplemente.

—No tienes la mente clara —gruñó Ducanor a duras penas. Tenía el cuerpo de la mujer presionando sobre él. Se levantó ligeramente mientras fruncía el ceño; con algo de confusión en su rostro, la miró con curiosidad.

Y entonces ella sonrió, mientras su cuerpo desnudo y excitado se revelaba frente a él, totalmente dispuesto.

Incluso si él no…

Fue arrojado a la cama con tal fuerza que sintió que sus pulmones estaban al borde del colapso.

Pero entonces quedó aturdido cuando repentinamente vio cómo sus pantalones fueron destrozados, dejando a la vista su virilidad; y en este punto sintió una mano fría en su miembro, lo cual le hizo sentir un fuerte escalofrío en todo el cuerpo.

—Si no me das lo que quiero —gruñó con un tono frío, pero extrañamente encantador, la mujer— tendré que obligarte.

Antes de que pudiese comprender a qué se refería, quedó estupefacto cuando repentinamente la lengua de la mujer salió de su boca y se extendió alrededor de su miembro como si fuera una serpiente.

Aturdido, sintió un placer que nunca antes había percibido en su vida, que prácticamente le hizo replantearse su vida en su totalidad.

—¿Esto es una tortura o qué mierda es esto? —Pero antes de que pudiese continuar pensando qué carajo era esto…

Pasados unos segundos, Ducanor alcanzó la eyaculación, manchando el rostro severo de la mujer con su semen, haciendo que la escena fuese incluso más irreal.

—¿Qué mierda estás haciendo? —gruñó Ducanor estupefacto, ahora libre del placer absoluto que era la lengua magistral de la mujer.

Y entonces ella sonrió. Una claridad inundó su mente mientras el líquido cubría su rostro.

—Interesante, nadie había mantenido su conciencia con mi toque mucho tiempo, mucho menos con mis labios —murmuró ella mientras su lengua recorría su rostro en una forma aún más seductora que antes.

—Eh, sí —respondió inconscientemente, sin prestar demasiada atención a sus palabras.

—Como mi nuevo maestro, tengo que complacerte —murmuró la mujer mientras movía la hendidura de su cuerpo hacia la cabeza bulbosa de la virilidad ahora erecta de Ducanor.

Estaba encima de él con una expresión arrogante, o inclusive placentera. Se había rendido al placer, o simplemente estaba esperando su oportunidad para liberarse.

Ducanor no lo sabía.

—No es necesario, yo puedo liberarte, no me interesa tu cuerpo… —Pero antes de que pudiera terminar de hablar, ella descendió violentamente, haciendo que los ojos y sentidos de Ducanor gritaran de placer.

En un instante, su conciencia alcanzó un estado de placer casi doloroso, de no ser porque había pasado por mucho en los últimos meses.

Pero aun así… era muy diferente a tener su carne destrozada.

—Oh, pero cariño, a mí sí me interesa tu cuerpo… —murmuró ella. Colmillos surgieron de su boca y mordieron su pecho, mientras la sangre azul fluía de los labios de ella antes de volver a besar a Ducanor.

Todo esto mientras su generoso trasero golpeaba rítmicamente el vientre de Ducanor, acompañado de los propios gemidos de ella.

—Soy una sierva de sangre, ese bastardo de David me forzó a transformarme en una xiaji —murmuró ella mientras sonreía extrañamente. Una niebla rosa parecía extenderse a su alrededor, junto con un aroma encantador que solo despertó el deseo de Ducanor.

Hundiéndolo totalmente en el placer y el deseo.

—Y aunque seas su discípulo te devoraré y podré finalmente ver a mi… —Su expresión se nubló ligeramente cuando sus labios fueron sellados, esta vez por Ducanor, compartiendo un apasionado beso.

—Ohhh…

El orgasmo les llegó a ambos, haciendo que el cuerpo de Ducanor se debilitase, mientras que su propia compañera parecía aumentar el color en su rostro. Mientras tanto, la neblina rosada encantadora que cubría la estancia se espesaba.

—¿Cuál es tu nombre? —gruñó Ducanor, perdido totalmente en el deseo, ahora directamente encima de ella, mientras sus ojos brillaban con fuego.

La belleza rubia, cuyo néctar rezumaba de su feminidad, sonrió ligeramente y dijo:

—Nazari Hitita. ¿Y el tuyo, cariño?

—Ducanor —respondió, mientras levantaba ambas piernas de ella sobre sus hombros con una sonrisa salvaje—. Ducanor Kal Arreus.

Los minutos se volvieron horas, y los cálidos gemidos se habían convertido en gritos y sonidos guturales. Las posiciones cambiaron varias veces y desconocían completamente que no estaban solos.

Que una segunda persona estaba atenta al desarrollo que estaba ocurriendo prácticamente enfrente de ella.

La habitación de Ducanor tenía dos camas: la cama personal de él, en la cual ahora se estaba fundiendo con Nazari, y la segunda en la cual, en un principio, estaba inconsciente Alana.

Y que ahora, despierta, se estaba retorciendo de dolor ante el deseo oculto que su cuerpo manifestaba.

A diferencia de Nazari, la transformación a una xiaji para ella no era completa. El gu vampírico en su sangre y sistema estaba reescribiendo su cuerpo lentamente, pero también requería entrenamiento.

Normalmente, sería obligada a consumar el acto con varios hombres para devorar su vitalidad; por esa razón, la naturaleza de las xiaji era ser monstruos femeninos que devoraban la vitalidad de los hombres, y que servían como hornos de cultivo para sus maestros con el fin de aumentar su poder.

Pero ahora, siendo ignorada por su maestro, su cuerpo pedía, suplicaba por esa vitalidad que no le era entregada. No pudiendo hacer más que retorcerse entre las sábanas, mientras sus dedos recorrían su vagina, enterrándose un dedo, y posteriormente dos dedos, para complacer y satisfacer su deseo.

Mientras ocultaba su accionar, conteniendo sus gemidos y movimientos, hacía cada vez más insoportable su tortura ante los sonidos de placer a su lado.

«Tengo que meditar, tengo que ignorar el mundo externo», pensó Alana. Intentaba cerrar los ojos ignorando los sonidos del exterior, sellando sus sentidos.

Pero a pesar de no oír nada, su cuerpo ardía tanto que prácticamente parecía estar a punto de explotar de deseo y lujuria.

Y para soportar todo aquello, su único escape fue el autoplacer.

Pero pronto, tal vez muy pronto, tal vez ni siquiera eso fuera suficiente.

…..

La tortura era algo más allá del dolor físico; jugaba con todos los miedos y vergüenzas de los seres vivos, hasta el punto que las emociones se vuelven armas y métodos para romper la mente y la voluntad.

La desnudez era un método de humillación absoluto. No solamente rompe tus defensas físicas, sino que sirve para romper tus defensas psicológicas. Estar desnudados y a la vista de todos antes de un castigo era una práctica habitual.

Y Alana lo había sentido al principio durante varios días…

Hasta ahora.

—Ah… —Abriendo los ojos, no estaba desnuda; estaba vestida pulcramente. No tenía suciedad ni nada similar. Estaba cálida, sin heridas, sin dolor, sin fatiga ni sueño.

—¿Estás despierta? —preguntó una voz familiar que le hizo darse apresuradamente la vuelta, cuando se dio cuenta de que su ropa estaba desordenada, además de que su parte inferior seguía húmeda.

—Tú…

Una mujer estaba sentada en la cama enfrente de ella, totalmente desnuda como una escultura lemuriana, mientras se peinaba su cabello dorado.

—No hemos hablado antes. Supongo que es normal cuando estás en un estado de tanta pérdida como yo lo estuve —murmuró ella mientras suspiraba.

—¿Dónde está él? —preguntó preocupada. La presencia de ese hombre que ahora era su maestro ocupaba su mente prácticamente todo el día. Los primeros días lo rechazaba con todas sus fuerzas.

A pesar de que no la había tocado ni una vez…

Pero aquello solo levantó aún más su guardia…

Porque el deseo que surgía en ella, y la liberación carnal que quería concretar, solo crecía cada vez más con la frustración de que, por sí misma, no podía alcanzar esa liberación.

—No lo sé, seguramente estará cultivando o tal vez cumpliendo alguna misión. No hablamos mucho —respondió ella con una sonrisa coqueta en el rostro.

—¿Cómo soportas el humillarte así? —preguntó confundida Alana, pero congelándose al segundo siguiente, culpable, mientras intentaba desviar la mirada y encontrar una palabra de disculpa por ello.

—No lo soporto —respondió ella—. Lo acepto e intento sacar ventaja. Al principio me resistí a la humillación, la desnudez, el dolor…

Cerró los ojos durante un instante; las lágrimas corrieron por sus mejillas blancas como si fueran mármol, mientras se las secaba rápidamente.

—Pero sobreviví. Vivir es más importante que la carne, o la humillación. Mientras mi mente y mi alma estén impolutas, no importa cuánto destrocen mi cuerpo, estaré intacta. Y el dolor… solo significa que sigues viva. Aprovéchalo, úsalo.

Ambas guardaron silencio luego de esas palabras. Ella no sabía qué decir, mientras la otra mujer había dicho todo lo que tenía que decir.

Alana entonces recordó el dolor; había sido atada, ni un hombre se había atrevido a tocarla, pero esa mujer…

Tenía cuernos y su rostro se cubría con una máscara de un demonio. Era la misma mujer que había tomado la identidad de su lictor, y ella disfrutaba más que nadie, más que el propio David, torturarla.

Los primeros días fueron palabras, insultos, provocaciones; podía soportarlas.

Después vinieron los golpes. Al principio fueron bofetadas, golpes de fusta, pero luego puñetazos, patadas… su crueldad no conocía límites.

Y lo peor era que el gu provocaba que cada roce, cada sensación solo aumentara su placer, y esa mujer…

A los días siguientes, los golpes ya no fueron suficientes: la ató y la desnudó por completo. Convirtiéndose en su…

—Tranquila —gruñó una voz fría, pero también extrañamente preocupada.

Aturdida, Alana no se había dado cuenta de que estaba temblando. El miedo cubría su expresión, mientras las lágrimas y los mocos cubrían su rostro, dejándola en un estado lamentable.

El hombre que ahora era su maestro estaba enfrente de ella, e inconscientemente ella se cubrió el rostro.

—Lo siento, maestro, me limpiaré yo… —Entró en pánico y miedo. Ambos provocados no por ella, sino por sus instintos; las modificaciones que había causado el gu en su cuerpo habían provocado un sentimiento de sumisión hacia los miembros de la raza de sangre.

Era una esclava y solo podía servir como tal.

—Silencio —respondió él, haciendo que se callara, mientras con una expresión severa empezaba a limpiarle el rostro con la manga de su túnica.

Para su horror y vergüenza.

—No, yo, me limpiaré… —Pero no pudo terminar de hablar cuando la túnica atrapó su nariz y, como si fuera una niña pequeña, él dijo:

—Suénate.

—…

—¿Qué? —preguntó el hombre que la había humillado más que a otra persona en toda su vida, mientras miraba a la otra mujer en la habitación, que tenía una sonrisa de oreja a oreja en el rostro mientras miraba a Alana.

—Solo estaba viendo que eres bastante encantador para ser tan joven. ¿Acaso tienes experiencia con niños? —Nazari, quien ya se había vestido, estaba sentada en un tocador como si fuera una dama noble, mientras se maquillaba.

—No soy una niña —gruñó Alana con el rostro rojo, luego de volver del baño y arreglarse la ropa y su apariencia.

El Templo, a pesar de ser un sitio claustrofóbico, tenía prácticamente bastantes lujos para lo que consideraría un ciudadano ordinario de Ulheim.

Ducanor no respondió, y dijo con indiferencia:

—Síganme.

Y sin esperar respuesta, abandonó la habitación.

En ese momento, Alana dudó, pero la imagen de los hechos anteriores hizo que su expresión se torciera, y mirándose la punta de los pies, abandonó la habitación, seguida de una sonriente Nazari.

…..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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