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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 72

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Capítulo 72: Capitulo 72

Los minutos se volvieron horas, y los cálidos gemidos se habían convertido en gritos y sonidos guturales. Las posiciones cambiaron varias veces y desconocían completamente que no estaban solos.

Que una segunda persona estaba atenta al desarrollo que estaba ocurriendo prácticamente enfrente de ella.

La habitación de Ducanor tenía dos camas: la cama personal de él, en la cual ahora se estaba fundiendo con Nazari, y la segunda en la cual, en un principio, estaba inconsciente Alana.

Y que ahora, despierta, se estaba retorciendo de dolor ante el deseo oculto que su cuerpo manifestaba.

A diferencia de Nazari, la transformación a una xiaji para ella no era completa. El gu vampírico en su sangre y sistema estaba reescribiendo su cuerpo lentamente, pero también requería entrenamiento.

Normalmente, sería obligada a consumar el acto con varios hombres para devorar su vitalidad; por esa razón, la naturaleza de las xiaji era ser monstruos femeninos que devoraban la vitalidad de los hombres, y que servían como hornos de cultivo para sus maestros con el fin de aumentar su poder.

Pero ahora, siendo ignorada por su maestro, su cuerpo pedía, suplicaba por esa vitalidad que no le era entregada. No pudiendo hacer más que retorcerse entre las sábanas, mientras sus dedos recorrían su vagina, enterrándose un dedo, y posteriormente dos dedos, para complacer y satisfacer su deseo.

Mientras ocultaba su accionar, conteniendo sus gemidos y movimientos, hacía cada vez más insoportable su tortura ante los sonidos de placer a su lado.

«Tengo que meditar, tengo que ignorar el mundo externo», pensó Alana. Intentaba cerrar los ojos ignorando los sonidos del exterior, sellando sus sentidos.

Pero a pesar de no oír nada, su cuerpo ardía tanto que prácticamente parecía estar a punto de explotar de deseo y lujuria.

Y para soportar todo aquello, su único escape fue el autoplacer.

Pero pronto, tal vez muy pronto, tal vez ni siquiera eso fuera suficiente.

…..

La tortura era algo más allá del dolor físico; jugaba con todos los miedos y vergüenzas de los seres vivos, hasta el punto que las emociones se vuelven armas y métodos para romper la mente y la voluntad.

La desnudez era un método de humillación absoluto. No solamente rompe tus defensas físicas, sino que sirve para romper tus defensas psicológicas. Estar desnudados y a la vista de todos antes de un castigo era una práctica habitual.

Y Alana lo había sentido al principio durante varios días…

Hasta ahora.

—Ah… —Abriendo los ojos, no estaba desnuda; estaba vestida pulcramente. No tenía suciedad ni nada similar. Estaba cálida, sin heridas, sin dolor, sin fatiga ni sueño.

—¿Estás despierta? —preguntó una voz familiar que le hizo darse apresuradamente la vuelta, cuando se dio cuenta de que su ropa estaba desordenada, además de que su parte inferior seguía húmeda.

—Tú…

Una mujer estaba sentada en la cama enfrente de ella, totalmente desnuda como una escultura lemuriana, mientras se peinaba su cabello dorado.

—No hemos hablado antes. Supongo que es normal cuando estás en un estado de tanta pérdida como yo lo estuve —murmuró ella mientras suspiraba.

—¿Dónde está él? —preguntó preocupada. La presencia de ese hombre que ahora era su maestro ocupaba su mente prácticamente todo el día. Los primeros días lo rechazaba con todas sus fuerzas.

A pesar de que no la había tocado ni una vez…

Pero aquello solo levantó aún más su guardia…

Porque el deseo que surgía en ella, y la liberación carnal que quería concretar, solo crecía cada vez más con la frustración de que, por sí misma, no podía alcanzar esa liberación.

—No lo sé, seguramente estará cultivando o tal vez cumpliendo alguna misión. No hablamos mucho —respondió ella con una sonrisa coqueta en el rostro.

—¿Cómo soportas el humillarte así? —preguntó confundida Alana, pero congelándose al segundo siguiente, culpable, mientras intentaba desviar la mirada y encontrar una palabra de disculpa por ello.

—No lo soporto —respondió ella—. Lo acepto e intento sacar ventaja. Al principio me resistí a la humillación, la desnudez, el dolor…

Cerró los ojos durante un instante; las lágrimas corrieron por sus mejillas blancas como si fueran mármol, mientras se las secaba rápidamente.

—Pero sobreviví. Vivir es más importante que la carne, o la humillación. Mientras mi mente y mi alma estén impolutas, no importa cuánto destrocen mi cuerpo, estaré intacta. Y el dolor… solo significa que sigues viva. Aprovéchalo, úsalo.

Ambas guardaron silencio luego de esas palabras. Ella no sabía qué decir, mientras la otra mujer había dicho todo lo que tenía que decir.

Alana entonces recordó el dolor; había sido atada, ni un hombre se había atrevido a tocarla, pero esa mujer…

Tenía cuernos y su rostro se cubría con una máscara de un demonio. Era la misma mujer que había tomado la identidad de su lictor, y ella disfrutaba más que nadie, más que el propio David, torturarla.

Los primeros días fueron palabras, insultos, provocaciones; podía soportarlas.

Después vinieron los golpes. Al principio fueron bofetadas, golpes de fusta, pero luego puñetazos, patadas… su crueldad no conocía límites.

Y lo peor era que el gu provocaba que cada roce, cada sensación solo aumentara su placer, y esa mujer…

A los días siguientes, los golpes ya no fueron suficientes: la ató y la desnudó por completo. Convirtiéndose en su…

—Tranquila —gruñó una voz fría, pero también extrañamente preocupada.

Aturdida, Alana no se había dado cuenta de que estaba temblando. El miedo cubría su expresión, mientras las lágrimas y los mocos cubrían su rostro, dejándola en un estado lamentable.

El hombre que ahora era su maestro estaba enfrente de ella, e inconscientemente ella se cubrió el rostro.

—Lo siento, maestro, me limpiaré yo… —Entró en pánico y miedo. Ambos provocados no por ella, sino por sus instintos; las modificaciones que había causado el gu en su cuerpo habían provocado un sentimiento de sumisión hacia los miembros de la raza de sangre.

Era una esclava y solo podía servir como tal.

—Silencio —respondió él, haciendo que se callara, mientras con una expresión severa empezaba a limpiarle el rostro con la manga de su túnica.

Para su horror y vergüenza.

—No, yo, me limpiaré… —Pero no pudo terminar de hablar cuando la túnica atrapó su nariz y, como si fuera una niña pequeña, él dijo:

—Suénate.

—…

—¿Qué? —preguntó el hombre que la había humillado más que a otra persona en toda su vida, mientras miraba a la otra mujer en la habitación, que tenía una sonrisa de oreja a oreja en el rostro mientras miraba a Alana.

—Solo estaba viendo que eres bastante encantador para ser tan joven. ¿Acaso tienes experiencia con niños? —Nazari, quien ya se había vestido, estaba sentada en un tocador como si fuera una dama noble, mientras se maquillaba.

—No soy una niña —gruñó Alana con el rostro rojo, luego de volver del baño y arreglarse la ropa y su apariencia.

El Templo, a pesar de ser un sitio claustrofóbico, tenía prácticamente bastantes lujos para lo que consideraría un ciudadano ordinario de Ulheim.

Ducanor no respondió, y dijo con indiferencia:

—Síganme.

Y sin esperar respuesta, abandonó la habitación.

En ese momento, Alana dudó, pero la imagen de los hechos anteriores hizo que su expresión se torciera, y mirándose la punta de los pies, abandonó la habitación, seguida de una sonriente Nazari.

…..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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