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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 73

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Capítulo 73: Capitulo 73

«El Dao era un concepto misterioso, pero también era simple. Sin embargo, lo simple no es fácil de explicar a menos que uno lo experimente por sí mismo.

Después de todo, ¿cómo puedes explicarle el color a un ciego o una emoción a otra persona que no eres tú? El Dao es de uno, así como uno es el Dao.

Y ese era el camino del Dao Celestial, el camino que los santos habían abierto a todos los mortales. Pero todos los caminos tenían sus favoritos.

Y Ducanor no era uno de ellos.

Una llama surgió de la punta de su dedo, pero al unísono con ello, repentinamente, un sentimiento de peligro lo inundó. Pero este peligro era diferente del que había sufrido con anterioridad. Apoyándose en la esquina de una encrucijada, vio una figura deforme que se movía con pasos irregulares en dirección a él.

—Necromortis —gruñó Ducanor, mientras veía con desagrado a la criatura grotesca que caminaba irregularmente, sirviendo de guardia y animal de carga para el Templo de la Bestia.

Incómodos, tanto él como las mujeres que lo seguían, intentaron ignorar a estas abominaciones. Ducanor pasó el saco que llevaba en la mano hacia su hombro.

No muertos y renacidos. También se les llamaba así, o como los cazadores y guerreros feysir acostumbraban llamarlos:

Necromortis. Eran criaturas que, al igual que los sidhe, surgían de la mismísima nada, pero su naturaleza era mucho más oscura y tenebrosa. Si los sidhe actuaban como bestias llevadas por instintos primarios de los animales, los Necromortis eran simplemente espectros vengativos que buscaban matar cualquier cosa viva.

Las historias sobre masacres y rumores de grandes guerras lideradas por Hegemones y reyes contra millones de Necromortis se contaban con temor y escepticismo a los niños y a los más crédulos.

Después de todo, ningún hombre había visto Necromortis en áreas urbanas en grandes cantidades, y ver un ejército de estas criaturas sin mente era incluso más descabellado, por lo cual simplemente se atribuían a rumores e historias de viejas.

Ducanor sintió el hedor a carne putrefacta y la humedad en el aire, lo que le formó un nudo en el estómago mientras más de estas criaturas se acercaban en su dirección. El asco lo consumía, pero aun así las ignoró mientras caminaba hacia el exterior del territorio del templo, seguido de cerca por Alana y la propia Nazari.

—Por lo menos son reanimados ordinarios —gruñó Ducanor mientras seguía caminando.

Los Necromortis tenían una jerarquía clara entre ellos. Había prácticamente toda una “necroteca” llena de datos de diferentes tipos, pero se dividían en rangos. Criaturas como los esqueletos con harapos y los cadáveres grasientos e hinchados eran considerados Necromortis sin rango.

Cuando su mirada cayó en Alana, sintió una culpa incomparable; después de todo, su apellido…

«Jagger».

Quitando esos pensamientos de su cabeza, contuvo las emociones de traición en su mente. Después de todo, el sello de alma de David era casi inútil en Ducanor a causa del sacrificio de Ryan.

Ducanor lo había ocultado, obviamente; era consciente de que David veía dentro de su mente, pero este solamente veía lo que él quería que viese.

Necesitaba prepararse para rebelarse, y para eso estaba organizando a las fuerzas de la Cohorte Aelia Dacia. David no pensaba que lo traicionaría, pero primero…

Abandonaron los límites del templo, donde rápidamente dejó de ver a los Necromortis.

Nadie impidió a Ducanor salir del complejo subterráneo, y al llegar al palacio de la ciudad de Amhedapacha, la situación no parecía ser diferente.

—¿A dónde vamos, maestro? —preguntó Nazari. Su expresión era tensa; parecía desconocer completamente el desarrollo del conflicto en el exterior y la creciente rebelión. —Lo sabrán pronto —respondió secamente Ducanor, mientras salía lentamente del palacio.

Se detuvo finalmente enfrente de una de las puertas principales. No había guardias apostados controlando la salida; la mayoría estaban en los torreones o alistándose en las murallas de la ciudad para enfrentarse a la fuerza de la Hegemonía.

Quien fuera que los dirigiera. Él tendría que encargarse de las tropas de David, mientras que ellos…

—Pueden irse —dijo indiferente Ducanor, mientras se daba la vuelta con la intención de volver al palacio, no sin antes dejar el pequeño saco que llevaba en el hombro.

Pero no logró dar más de un paso cuando una mano se aferró a su hombro.

—¡Espera! —gritó Alana con sorpresa e incredulidad—. Tú… ¿qué haces? ¿Por qué me liberas?—.

—Porque sí, no hay una razón especial —respondió él, mientras se libraba del agarre inesperadamente fuerte de Alana—. Iros. Una batalla pronto iniciará. Podréis colaros hacia el exterior con relativa facilidad por la puerta norte, no hay tantos guardias por ahí vigilando. Mientras logréis escabulliros estaréis bien. Ahí está todo lo indispensable.

—Tú… —dijo estupefacta Alana, como si no pudiera creer lo que estaba pasando. En un instante pareció tener el impulso de huir; el miedo en su mirada era real.

—Tranquila. La cura a tu condición pronto llegará; la muerte del maestro de esos gusanos, y serán libres de su voluntad —dijo él mientras retrocedía y miraba los alrededores.

Era el atardecer y no parecía haber nadie, pero sus sentidos detectaban movimiento a la lejanía. Pronto llegaría gente.

—Apresúrense, tienen poco tiempo —insistió Ducanor, dando por finalizado su buen acto—. Les deseo suerte.

—Espera, ¿piensas dejar a un par de mujeres indefensas en la oscuridad? —exclamó molesta Nazari. Sus palabras sorprendieron a Ducanor, que encontró lágrimas en ella.

—Estarán mejor que conmigo —respondió él.

—Piensas matarlo, ¿cierto? —preguntó repentinamente Alana.

Su mano acarició el saco que le había entregado y reveló un cuchillo. Un aura aterradora surgió de él cuando lo tocó. Ducanor lo sintió: era un Dao. Ella no era una guerrera ordinaria; a pesar de su juventud, era comparable a un Señor Mortal, y no uno débil. Nazari miró la bolsa en manos de Alana con dudas, como si aquello fuera una oportunidad, pero también un peligro. Entonces dijo:

—¿Has oído hablar de la Cuchilla Mortal?

…..

Había una leyenda que decía que, en la antigüedad, había una augur (el nombre que recibían los videntes de los dioses en los tiempos del panteón lemuriano).

Su nombre era Shap Bahra, y era probablemente la más gloriosa augur de toda Lemuria, y posiblemente del continente del sur en su época, siendo la cabeza del colegio de los augures.

Se decía que Delus, el quinto líder del panteón lemuriano (y muchos dicen que el último de los más grandes), quería aumentar las tropas de su ejército.

En ese tiempo se organizaban en hecatones: tres grandes ejércitos de diez mil hombres, siendo estas las hecatones de Coto, Briareo y Giges. En honor a los tres grandes hecatónquiros que traicionaron a la raza dragón en apoyo al antiguo líder del panteón justiano, Anatol.

Delus quería aumentar la cantidad de tropas de élite, creando un nuevo hecatón, pero entonces apareció Shap Bahra. Ella le dijo a Delus que se le había preguntado a los augurios celestiales, al Dao Celestial, por la factibilidad y el provecho de aquello. Delus, molesto, le dijo que realizara los augurios pertinentes para ver si aquella obra que realizaría se cumpliría.

Shap Bahra así lo hizo, tomó los auspicios, y fueron favorables a la obra de Delus, así que fue a notificarle.

Al encontrarle, este estaba sentado sobre un banco en la cima de una montaña a las afueras de Lemuria, portando en la mano una simple cuchilla de afeitar, seguido de sus consejeros y amigos.

Ella le dijo: —Oh, gran líder sagrado, los augurios han sido favorables a su obra, y cualquiera que sea esta, se cumplirá según la voluntad de los cielos.

Pero la respuesta de Delus fue una carcajada de burla y desdén.

—Jajaja. Miren, hijos de Lemuria y hermanos míos, cómo este augur, la voz de los cielos y regidora de su voluntad, habla con mentiras y engaños, intentando hacer posible lo imposible. —Señalando la cuchilla en su mano, continuó—: Porque la labor que el día de hoy iba a realizar es nada menos que cortar con esta cuchilla esta montaña. Aquello que es imposible de realizar inclusive con mi divino poder y fuerza, y por ello imposible incluso con el augurio de los cielos.

Las risas resonaron en la montaña. Las palabras de Delus se habían burlado de la augur. Después de todo, incluso usando el trueno inmemorial forjado por los grandes cíclopes, Delus apenas podría cortar esa montaña; ¿cómo una hoja de afeitar podría lograr lo mismo? La risa resonó durante unos instantes, antes de que la augur nuevamente hablara y dijera:

—Hazlo.

El silencio se cernió sobre todos los presentes. Miradas de duda y sorpresa surgieron entre ellos, siendo el más sorprendido el propio Delus. Shap Bahra repitió nuevamente en un tono seco: —Corta la montaña con esa cuchilla.

Las palabras de la augur provocaron un escalofrío en todos los presentes y un sentimiento de anticipación.

El propio Delus dudó de sus anteriores palabras y decidió seguir la indicación de la vidente. Levantándose de su asiento, todos los presentes abandonaron la montaña y observaron la siguiente acción de Delus.

Este simplemente presionó lentamente el filo de la cuchilla sobre la roca en un movimiento descendente.

Y la atravesó.

La cuchilla se enterró profundamente en la piedra como si fuera papel, y la atravesó de cuajo.

Delus miró la cuchilla con sorpresa. La montaña seguía intacta, pero aun así no se burló de la augur. Después de todo, había cortado la montaña, tal vez no en dos, pero…

—Sabia augur, yo… —No había terminado de hablar cuando la tierra tembló.

La montaña que había estado intacta repentinamente empezó a temblar, a ladearse. Para estupefacción de todos los presentes, la enorme montaña de cientos de kilómetros simplemente se deslizó, dividiéndose totalmente en dos.

Un gruñido de sorpresa surgió en la boca de Delus, quien, repentinamente y para su sorpresa, se había cortado el dedo, manchando con su sangre la divina hoja, que ahora miraba con reverencia. Entonces, mirando a Shap Bahra, exclamó:

—Gran augur, los auspicios han sido claros, y mi afrenta a los cielos será pagada. En esta montaña cortada por la voluntad de los cielos se erigirá un templo; un templo a los cielos y a las constelaciones divinas que habitan sobre ellos.

A lo cual la augur respondió con una expresión indescifrable: —Los cielos han hablado de esta labor, pero no respecto a la labor que realmente deseas. Ahora, seguir su voluntad o solamente la tuya, es tu decisión. El precio de cualquiera de esas opciones ya lo conoces.

Y con esas palabras se retiró.

Se construyó un templo en ese lugar, a las afueras de Lemuria, el mayor templo a la mayor de las constelaciones. En cuanto a los hecatones, Delus prefirió no pedir más augurios y decidió simplemente aumentar el número de tropas en los tres hecatones de diez mil a quince mil.

Mientras tanto, la cuchilla de afeitar, a partir de ese día, pasaría a llamarse la Cuchilla Mortal, y sería enterrada como una reliquia debajo de ese mismo templo construido donde antes había estado esa montaña.

El amanecer llegaba a la ciudad.

Ducanor podía escuchar a la distancia a las tropas moviéndose de forma caótica en preparación para la batalla. Él no tenía interés en involucrarse. La venganza era lo único que necesitaba contemplar, además de que la batalla era la ventana perfecta para moverse.

—Esa espada… ¿estás segura de que está por aquí? —preguntó ciertamente dudoso Ducanor, mientras miraba a Nazari.

Ella asintió profundamente. —La razón por la que me capturaron es por esa arma. Y es “cuchilla”, por si acaso, además de que es simplemente un fragmento de la Cuchilla Mortal original.

—Entonces sería bastante pequeña, ¿o no? Según tu historia, era una cuchilla de afeitar.

—La cuchilla de afeitar de un miembro de la antigua raza divina, en la actualidad, es para un fey tan grande como un espadón. La Cuchilla Mortal pasó a llamarse así porque fue destruida durante el saqueo de Lemuria por parte de la raza de bronce.

—Ya veo —murmuró Ducanor mientras avanzaba.

Según las palabras de Nazari, esa arma les permitiría aumentar sus probabilidades de matar a David. Además de que le quitarían su arma predilecta.

—¿Por esa cuchilla viniste a este lugar? —preguntó Ducanor.

—Sí —respondió ella con un tono meditativo—. Soy parte del Magister Esmeragnos, la recolección de reliquias es nuestro objetivo. Fuimos informados de que una de las ocho cuchillas de la espada mortal original estaba en Amhedapacha.

Sus pasos se detuvieron momentáneamente. Estaban enfrente de una puerta que los llevaría al siguiente nivel inferior de las catacumbas. Ducanor no era consciente de la extensión del complejo, pero sabía que, mientras más abajo, más protegido estaría.

Pero antes de que pudieran continuar, una sombra, que era tan rápida que apenas era un borrón en su campo de visión, se precipitó hacia él.

No pudo reaccionar a tiempo, por lo cual solo cruzó su espada verticalmente con la esperanza de bloquear lo que sea que estuviera atacándolo…

Fue demasiado ingenuo.

Sintió un impacto tan grande que expulsó todo el aire de su cuerpo y lo arrojó hacia el techo del subterráneo, antes de que una fuerza abrumadora lo agarrase del brazo con la intención de arrancárselo.

La espada ya había desaparecido de sus manos mientras intentaba vanamente responder. Lamentablemente, ante una fuerza superior, uno solo podía rendirse mientras observaba con sorpresa a la criatura que lo estaba sometiendo.

Era una masa de carne de color grisácea, cubierta de apéndices carnosos de lo que parecían ser restos mortales de personas. No era una criatura gigante, pero sí sobredesarrollada; sus músculos parecían malformaciones, tumores sobre tumores carnosos que servían como una armadura natural para una criatura tan absurda, además de servir como motor de esa anomalía biológica.

Un carroñero de muerte.

Era un Necromortis de rango dos. Medía poco más que él, pero su fuerza era muy superior a la de cualquier no muerto ordinario; probablemente bordeaba el rango tres, aunque, sinceramente, eso no importaba demasiado.

«David lo envió», pensó para sí mismo. Pero ese pensamiento desapareció mientras la ira y la intención de combate surgían de él.

—Primera Runa Dhármica…—

Su cuerpo se hinchó de poder mientras se desvanecía en un instante para aparecer nuevamente detrás del propio Necromortis

—Runa de Grifo.

La espada volvió a su mano y atravesó el cráneo de la criatura (o uno de ellos) mientras decenas de apéndices gigantes iban en su dirección.

—Segunda Runa Dhármica… —

Antes de que llegaran a él los apéndices, un escalofrío llenó el aire, mientras el chillido moribundo surgía de las bocas del carroñero.

Repentinamente todo su cuerpo se transformó en una escultura de hielo, comenzando desde la parte que estaba siendo atravesada por la espada hasta el resto de su cuerpo

—. Runa de Kirin Ártico.

La espada cortó nuevamente a la criatura, convirtiéndola totalmente en fragmentos de cristal de hielo, que se dispersaron por el suelo.

—Ducanor, ¿estás bien? —preguntó preocupada Nazari mientras se acercaba a él, con una expresión seria en el rostro.

—Sí —respondió secamente él—. Vamos, la espada debe estar cerca si nos atacaron por aquí.

Entonces Alana preguntó detrás de él: —¿Por qué no ocupaste tus dones como miembro de la raza de sangre?

Ducanor guardó silencio y respondió con indiferencia: —No es necesario, y no soy un vampiro. Soy un feysir.

…..

En medio de un gran salón había un trono, y en ese trono había una persona.

Ducanor no se sorprendió al ver que esa persona era el propio David, quien estaba sentado de forma arrogante en un pequeño trono en el salón, mientras que a su vez, abrazada a su cuello, había una mujer de la raza ryujin sentada entre sus piernas.

—Imposible, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar liderando la…? —Alana, confundida, estaba asustada mientras observaba a David sentado con indiferencia en medio del salón.

—Plaf, plaf, plaf… —El sonido de aplausos surgió de David mientras miraba con tristeza a Ducanor—. Realmente me decepcionaste. ¿Acaso nunca te enseñaron a no confiar en una mujer? —preguntó con una sonrisa David.

Una espada atravesó el pecho de Ducanor, su cuerpo tembló mientras brotaba de su boca y pecho como una fuente mientras caia de rodillas al suelo.

Había sido Nazari. Un grito ahogado surgió de la boca de Alana, que corrió inmediatamente hacia él. Alrededor de Nazari, decenas de espadas de sangre flotaban guiadas por su voluntad.

—Eres ingenuo, Ducanor. Muy ingenuo al pensar que tu rebelión sería invisible —habló Nazari mientras su cuerpo temblaba. Una hoz de sangre se formó en sus manos, mientras la arrastraba en dirección al cuerpo agonizante de Ducanor.

—¡Detente por favor! ¿Por qué haces esto? Se supone que… —Alana, quien estaba desesperada, intentó frenar la sangre de la herida de Ducanor.

Pero ella no se detuvo; sus espadas apuntaron a la cabeza de Alana con una fuerte intención asesina.

—Detente —dijo repentinamente David—. ¿Acaso no la escuchaste? Debes ser más empática con las mujeres, después de todo son seres tan dulces. —Mientras decía esas palabras acarició el rostro de la ryujin a su lado.

Nazari se detuvo y las espadas flotaron a su alrededor, como si estuvieran listas para moverse en cualquier momento para atacar.

Ese era el poder del Arte de Sangre Inmortal de la raza de sangre. Las lágrimas corrían por las mejillas de Alana, mientras Nazari simplemente la ignoró y caminó hacia David.

—Entonces la espada no existe, Nazari. Las palabras sorprendieron a todos los presentes, incluso a Nazari. Su mirada tembló ligeramente mientras seguía caminando, ignorando a su interlocutor.

—Oh, sigues vivo, Ducanor —dijo David mientras se levantaba de su trono de huesos.

—Claro que sigo vivo —gruñó Ducanor mientras se levantaba. Una herida sangrienta brotaba de su pecho, pero la ignoró simplemente, lamiéndose la sangre de los labios—. Después de todo, también soy de la raza de sangre.

Una sonrisa surgió en el rostro de David, cuando de su ojo surgió un haz de energía color sangre. Ducanor lo reconoció.

Era el mismo ataque de David que había destruido su dantian y casi lo había dejado lisiado, de no ser por Ryan.

Pero Ducanor ya no era el mismo de antes. El mismo ojo que había sido atacado recibió la ráfaga nuevamente, pero no sin responder.

Antes de que David pudiera reaccionar, la frente de Ducanor brilló, revelando una hendidura que emitió una luz dorada que atravesó el aire e impactó directamente contra el ataque de David, entrando en un mortal enfrentamiento.

—Tú también tienes una Intención Divina —gruñó sorprendido David. —No es una Intención Divina, es…

El haz dorado de energía atravesó directamente el ojo de David, haciendo que gritara de dolor mientras retrocedía sorprendido.

—¡Maldito bastardo! ¡Te atreves a enfrentarte a un Gran Señor ni siquiera siendo un Señor Mortal! —rugió con ira David, desapareciendo cualquier imagen noble de él.

-no soy un noble -repentinamente el cuerpo de Cucanor empezo a brillar con un aura un verdosa , cuando en su pecho las dos runas , que formaban la imagen del grifo y el kirin de escarcha , se fusionaron formando una imagen bestial que se materializó en una sombra que se superpuso con el cuerpo de Ducanor.

-tercera runa dhamirca-

y con esas palabras el brillo dorado en la frente de ducanor aumento, y la hendidura se abrió, revelando finalmente lo que encerraba.

Una pupila vertical que, con un brillo cegador, abrumó a David, quien sorprendido por el cambio repentino solo pudo retirarse sangrando.

La sangre se solidificó, tiñéndose de oro, al tocar la herida.

David quedó estupefacto al darse cuenta de que había perdido la visión. No podía ver; sus ojos se habían transformado en dos cuencas de oro totalmente ciegas.

—¡Maldito hijo de perra, esto lo pediste, muere! —gritó con desesperación mientras decía el comando. La expresión de Ducanor cambió ligeramente mientras la sangre brotaba de sus siete orificios.

—¡Ahora dime cómo revertirlo! ¡Dime cómo revertirlo o te mato! —gritó David mientras caminaba hacia él, pero ni siquiera pudo continuar caminando cuando sus pasos se enredaron y cayó al suelo. Ciego y con dolor, no podía moverse. —Devuélveme…

Pero antes de que pudiera seguir gritando de dolor y desesperación, una espada de sangre atravesó la base de su cuello. Separando la cabeza del cuerpo. Y entonces solo reinó el silencio.

—¿Era necesario matarla? —gruñó Ducanor mientras se levantaba, limpiándose la sangre del rostro y suspirando. El control que tenía la sangre de David sobre él era menor, pero aun así era una debilidad. Una que había cortado con su muerte.

Nazari estaba totalmente indemne mientras se separaba del cuerpo de la ryujin, quien había muerto de forma silenciosa.

—Era un peligro, querido. ¿O acaso no es mejor una amenaza muerta que una viva? —preguntó Nazari con una sonrisa cálida mientras se acercaba a Ducanor. La mujer no tenía heridas visibles; había muerto envenenada. Qué tipo de veneno era… Ducanor ni siquiera quería saberlo.

—¿Y tú no eres peligrosa también? —preguntó con una expresión severa Ducanor.

—Tal vez —dijo ella con una sonrisa, mientras le besaba profundamente.

—¿Me podría alguien decir qué está pasando? —gritó repentinamente Alana, quien estaba parándose temblorosa mientras corría a duras penas hacia Ducanor, quien rápidamente la atrapó—. ¡Pensé que estabas muerto!

—Lo siento —respondió Ducanor inconscientemente.

El dúo se abrazó durante lo que pareció ser un largo momento, interrumpido por el sonido inconveniente del exterior.

—Debemos irnos —dijo Ducanor, mientras se separaba de Alana; Nazari se encogió de hombros y lo siguió. Pero entonces ella preguntó:

—Nunca dudaste de mí. Tal vez podría haber odiado a David, pero también pude haber estado bajo su control —murmuró con una sonrisa coqueta.

—Si hubieras querido que muriese, ya lo estaría, Nazari. Eso para mí es suficiente. —

Y con esas palabras, el trío abandonó el lugar, pero antes Ducanor preguntó—: Por si acaso… la Cuchilla Mortal nunca estuvo aquí, ¿verdad?

—No, ya no está aquí.

Nazari abandonó primero el salón, seguida de una tímida Alana. Pero él no lo hizo sin antes atar la cabeza de David en su cinturón.

Después de todo, un trofeo era un trofeo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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