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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 74

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Capítulo 74: Capitulo 74

El amanecer llegaba a la ciudad.

Ducanor podía escuchar a la distancia a las tropas moviéndose de forma caótica en preparación para la batalla. Él no tenía interés en involucrarse. La venganza era lo único que necesitaba contemplar, además de que la batalla era la ventana perfecta para moverse.

—Esa espada… ¿estás segura de que está por aquí? —preguntó ciertamente dudoso Ducanor, mientras miraba a Nazari.

Ella asintió profundamente. —La razón por la que me capturaron es por esa arma. Y es “cuchilla”, por si acaso, además de que es simplemente un fragmento de la Cuchilla Mortal original.

—Entonces sería bastante pequeña, ¿o no? Según tu historia, era una cuchilla de afeitar.

—La cuchilla de afeitar de un miembro de la antigua raza divina, en la actualidad, es para un fey tan grande como un espadón. La Cuchilla Mortal pasó a llamarse así porque fue destruida durante el saqueo de Lemuria por parte de la raza de bronce.

—Ya veo —murmuró Ducanor mientras avanzaba.

Según las palabras de Nazari, esa arma les permitiría aumentar sus probabilidades de matar a David. Además de que le quitarían su arma predilecta.

—¿Por esa cuchilla viniste a este lugar? —preguntó Ducanor.

—Sí —respondió ella con un tono meditativo—. Soy parte del Magister Esmeragnos, la recolección de reliquias es nuestro objetivo. Fuimos informados de que una de las ocho cuchillas de la espada mortal original estaba en Amhedapacha.

Sus pasos se detuvieron momentáneamente. Estaban enfrente de una puerta que los llevaría al siguiente nivel inferior de las catacumbas. Ducanor no era consciente de la extensión del complejo, pero sabía que, mientras más abajo, más protegido estaría.

Pero antes de que pudieran continuar, una sombra, que era tan rápida que apenas era un borrón en su campo de visión, se precipitó hacia él.

No pudo reaccionar a tiempo, por lo cual solo cruzó su espada verticalmente con la esperanza de bloquear lo que sea que estuviera atacándolo…

Fue demasiado ingenuo.

Sintió un impacto tan grande que expulsó todo el aire de su cuerpo y lo arrojó hacia el techo del subterráneo, antes de que una fuerza abrumadora lo agarrase del brazo con la intención de arrancárselo.

La espada ya había desaparecido de sus manos mientras intentaba vanamente responder. Lamentablemente, ante una fuerza superior, uno solo podía rendirse mientras observaba con sorpresa a la criatura que lo estaba sometiendo.

Era una masa de carne de color grisácea, cubierta de apéndices carnosos de lo que parecían ser restos mortales de personas. No era una criatura gigante, pero sí sobredesarrollada; sus músculos parecían malformaciones, tumores sobre tumores carnosos que servían como una armadura natural para una criatura tan absurda, además de servir como motor de esa anomalía biológica.

Un carroñero de muerte.

Era un Necromortis de rango dos. Medía poco más que él, pero su fuerza era muy superior a la de cualquier no muerto ordinario; probablemente bordeaba el rango tres, aunque, sinceramente, eso no importaba demasiado.

«David lo envió», pensó para sí mismo. Pero ese pensamiento desapareció mientras la ira y la intención de combate surgían de él.

—Primera Runa Dhármica…—

Su cuerpo se hinchó de poder mientras se desvanecía en un instante para aparecer nuevamente detrás del propio Necromortis

—Runa de Grifo.

La espada volvió a su mano y atravesó el cráneo de la criatura (o uno de ellos) mientras decenas de apéndices gigantes iban en su dirección.

—Segunda Runa Dhármica… —

Antes de que llegaran a él los apéndices, un escalofrío llenó el aire, mientras el chillido moribundo surgía de las bocas del carroñero.

Repentinamente todo su cuerpo se transformó en una escultura de hielo, comenzando desde la parte que estaba siendo atravesada por la espada hasta el resto de su cuerpo

—. Runa de Kirin Ártico.

La espada cortó nuevamente a la criatura, convirtiéndola totalmente en fragmentos de cristal de hielo, que se dispersaron por el suelo.

—Ducanor, ¿estás bien? —preguntó preocupada Nazari mientras se acercaba a él, con una expresión seria en el rostro.

—Sí —respondió secamente él—. Vamos, la espada debe estar cerca si nos atacaron por aquí.

Entonces Alana preguntó detrás de él: —¿Por qué no ocupaste tus dones como miembro de la raza de sangre?

Ducanor guardó silencio y respondió con indiferencia: —No es necesario, y no soy un vampiro. Soy un feysir.

…..

En medio de un gran salón había un trono, y en ese trono había una persona.

Ducanor no se sorprendió al ver que esa persona era el propio David, quien estaba sentado de forma arrogante en un pequeño trono en el salón, mientras que a su vez, abrazada a su cuello, había una mujer de la raza ryujin sentada entre sus piernas.

—Imposible, ¿qué haces aquí? ¿No deberías estar liderando la…? —Alana, confundida, estaba asustada mientras observaba a David sentado con indiferencia en medio del salón.

—Plaf, plaf, plaf… —El sonido de aplausos surgió de David mientras miraba con tristeza a Ducanor—. Realmente me decepcionaste. ¿Acaso nunca te enseñaron a no confiar en una mujer? —preguntó con una sonrisa David.

Una espada atravesó el pecho de Ducanor, su cuerpo tembló mientras brotaba de su boca y pecho como una fuente mientras caia de rodillas al suelo.

Había sido Nazari. Un grito ahogado surgió de la boca de Alana, que corrió inmediatamente hacia él. Alrededor de Nazari, decenas de espadas de sangre flotaban guiadas por su voluntad.

—Eres ingenuo, Ducanor. Muy ingenuo al pensar que tu rebelión sería invisible —habló Nazari mientras su cuerpo temblaba. Una hoz de sangre se formó en sus manos, mientras la arrastraba en dirección al cuerpo agonizante de Ducanor.

—¡Detente por favor! ¿Por qué haces esto? Se supone que… —Alana, quien estaba desesperada, intentó frenar la sangre de la herida de Ducanor.

Pero ella no se detuvo; sus espadas apuntaron a la cabeza de Alana con una fuerte intención asesina.

—Detente —dijo repentinamente David—. ¿Acaso no la escuchaste? Debes ser más empática con las mujeres, después de todo son seres tan dulces. —Mientras decía esas palabras acarició el rostro de la ryujin a su lado.

Nazari se detuvo y las espadas flotaron a su alrededor, como si estuvieran listas para moverse en cualquier momento para atacar.

Ese era el poder del Arte de Sangre Inmortal de la raza de sangre. Las lágrimas corrían por las mejillas de Alana, mientras Nazari simplemente la ignoró y caminó hacia David.

—Entonces la espada no existe, Nazari. Las palabras sorprendieron a todos los presentes, incluso a Nazari. Su mirada tembló ligeramente mientras seguía caminando, ignorando a su interlocutor.

—Oh, sigues vivo, Ducanor —dijo David mientras se levantaba de su trono de huesos.

—Claro que sigo vivo —gruñó Ducanor mientras se levantaba. Una herida sangrienta brotaba de su pecho, pero la ignoró simplemente, lamiéndose la sangre de los labios—. Después de todo, también soy de la raza de sangre.

Una sonrisa surgió en el rostro de David, cuando de su ojo surgió un haz de energía color sangre. Ducanor lo reconoció.

Era el mismo ataque de David que había destruido su dantian y casi lo había dejado lisiado, de no ser por Ryan.

Pero Ducanor ya no era el mismo de antes. El mismo ojo que había sido atacado recibió la ráfaga nuevamente, pero no sin responder.

Antes de que David pudiera reaccionar, la frente de Ducanor brilló, revelando una hendidura que emitió una luz dorada que atravesó el aire e impactó directamente contra el ataque de David, entrando en un mortal enfrentamiento.

—Tú también tienes una Intención Divina —gruñó sorprendido David. —No es una Intención Divina, es…

El haz dorado de energía atravesó directamente el ojo de David, haciendo que gritara de dolor mientras retrocedía sorprendido.

—¡Maldito bastardo! ¡Te atreves a enfrentarte a un Gran Señor ni siquiera siendo un Señor Mortal! —rugió con ira David, desapareciendo cualquier imagen noble de él.

-no soy un noble -repentinamente el cuerpo de Cucanor empezo a brillar con un aura un verdosa , cuando en su pecho las dos runas , que formaban la imagen del grifo y el kirin de escarcha , se fusionaron formando una imagen bestial que se materializó en una sombra que se superpuso con el cuerpo de Ducanor.

-tercera runa dhamirca-

y con esas palabras el brillo dorado en la frente de ducanor aumento, y la hendidura se abrió, revelando finalmente lo que encerraba.

Una pupila vertical que, con un brillo cegador, abrumó a David, quien sorprendido por el cambio repentino solo pudo retirarse sangrando.

La sangre se solidificó, tiñéndose de oro, al tocar la herida.

David quedó estupefacto al darse cuenta de que había perdido la visión. No podía ver; sus ojos se habían transformado en dos cuencas de oro totalmente ciegas.

—¡Maldito hijo de perra, esto lo pediste, muere! —gritó con desesperación mientras decía el comando. La expresión de Ducanor cambió ligeramente mientras la sangre brotaba de sus siete orificios.

—¡Ahora dime cómo revertirlo! ¡Dime cómo revertirlo o te mato! —gritó David mientras caminaba hacia él, pero ni siquiera pudo continuar caminando cuando sus pasos se enredaron y cayó al suelo. Ciego y con dolor, no podía moverse. —Devuélveme…

Pero antes de que pudiera seguir gritando de dolor y desesperación, una espada de sangre atravesó la base de su cuello. Separando la cabeza del cuerpo. Y entonces solo reinó el silencio.

—¿Era necesario matarla? —gruñó Ducanor mientras se levantaba, limpiándose la sangre del rostro y suspirando. El control que tenía la sangre de David sobre él era menor, pero aun así era una debilidad. Una que había cortado con su muerte.

Nazari estaba totalmente indemne mientras se separaba del cuerpo de la ryujin, quien había muerto de forma silenciosa.

—Era un peligro, querido. ¿O acaso no es mejor una amenaza muerta que una viva? —preguntó Nazari con una sonrisa cálida mientras se acercaba a Ducanor. La mujer no tenía heridas visibles; había muerto envenenada. Qué tipo de veneno era… Ducanor ni siquiera quería saberlo.

—¿Y tú no eres peligrosa también? —preguntó con una expresión severa Ducanor.

—Tal vez —dijo ella con una sonrisa, mientras le besaba profundamente.

—¿Me podría alguien decir qué está pasando? —gritó repentinamente Alana, quien estaba parándose temblorosa mientras corría a duras penas hacia Ducanor, quien rápidamente la atrapó—. ¡Pensé que estabas muerto!

—Lo siento —respondió Ducanor inconscientemente.

El dúo se abrazó durante lo que pareció ser un largo momento, interrumpido por el sonido inconveniente del exterior.

—Debemos irnos —dijo Ducanor, mientras se separaba de Alana; Nazari se encogió de hombros y lo siguió. Pero entonces ella preguntó:

—Nunca dudaste de mí. Tal vez podría haber odiado a David, pero también pude haber estado bajo su control —murmuró con una sonrisa coqueta.

—Si hubieras querido que muriese, ya lo estaría, Nazari. Eso para mí es suficiente. —

Y con esas palabras, el trío abandonó el lugar, pero antes Ducanor preguntó—: Por si acaso… la Cuchilla Mortal nunca estuvo aquí, ¿verdad?

—No, ya no está aquí.

Nazari abandonó primero el salón, seguida de una tímida Alana. Pero él no lo hizo sin antes atar la cabeza de David en su cinturón.

Después de todo, un trofeo era un trofeo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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