Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 75
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Capítulo 75: Capitulo 75
La ciudad había sido tomada con facilidad por las fuerzas del Ala Petriana, que habían derrotado en número y moral a la Cohorte Aelia Dacia (que, aunque no lo pareciese, estaba compuesta por una mayoría fey, por lo cual la influencia del Templo de la Bestia en ellos era menor).
Apenas la batalla había resultado desventajosa para la Cohorte, se rindieron, y su prefecto se había entregado y unido fuerzas prácticamente con el Ala Petriana.
Y entonces la verdadera batalla empezó. Los cientos de miembros de la raza de sangre presentes en el lugar atacaron como una tercera fuerza tanto a los sorprendidos hombres de Tolrik como a los del prefecto Longobard, quien tenía intención de rendirse.
El caos y las bajas se extendieron en ambos bandos mientras avanzaban por la ciudad.
Luchando calle por calle, casa por casa, encontrando muerte y destrucción en sus hogares.
Ahora las fuerzas de la Cohorte comprendieron por qué David quería un combate en el exterior alejando a las fuerzas del Magister Iaspis de la ciudad, en vez de esperar un asedio.
Pensaba sacrificarla.
La batalla en el exterior le daba igual, pero la Hegemonía perdería una ciudad y tendría profundamente diezmadas a una cohorte y a una ala.
La guerra en Ulheim no hacía más que empezar, y la sangre inocente derramada ya era intolerable.
…..
Una cálida corriente de agua cayó sobre la espalda de Ducanor, quien lanzó un gemido plácido y silencioso mientras sentía el calor que alimentaba el baño termal artificial de la posada.
—Mierda, me alegro tanto de estar vivo —gruñó mientras sonreía. Agarró algo que la posadera había llamado jabón y empezó a olerlo.
Encogiéndose de hombros, empezó a usarlo mientras tarareaba en el pequeño sauna de la posada, que estaba siendo alimentado a través de un mecanismo de líquido espiritual, funcionando a través de símbolos divinos transmitidos desde la Hegemonía en el continente del sur.
Su cuerpo estaba algo adolorido por la seguidilla de enfrentamientos, pero se encontraba un poco mejor que antes luego de una comida y ahora un baño.
—Si ahora me cayera una mujer del cielo, sería el hombre más feliz del mundo —murmuró con una sonrisa mientras cerraba los ojos y relajaba su cuerpo. Inconscientemente, la imagen de la figura de Ernzu flotó en su cabeza durante un instante.
Pero antes de que pudiese relajarse, el cielo abierto sobre su cabeza, moteado por unas pocas nubes, empezó a oscurecerse por la aparición de algo que tapaba la luz del sol.
—Alana, qué gusto verte. ¿Qué haces aquí? ¿Algo interesante ha ocurrido los últimos días? —preguntó Ducanor indiferente.
Pero la respuesta que recibió fue fría.
—¿No eres demasiado despreocupado para ser el sirviente del clan Kongqueror, Ducanor Kal Arreus? —preguntó severamente Alana.
Su aura y comportamiento habían cambiado luego de que hubieran pasado dos semanas desde que habían matado a David.
Había vuelto a un aura opresiva y de alta clase, que era muy diferente a la de la niña asustada que había conocido antes. —Llámame Maestro del Templo de las Bestias, ahora realmente soy alguien de alta clase —dijo con una sonrisa Ducanor.
Frunciendo el ceño molesta, Alana continuó: —Las fuerzas del Magister Iaspis se están reagrupando. Por ahora se quedarán en Amhedapacha: una porción de las tropas del Ala Petriana y la Cohorte Aelia Dacia.
—¿Por qué me dices esto? ¿Acaso no confías en el buen Longobard? —dijo con una sonrisa Ducanor mientras se levantaba y comenzaba a secarse con la toalla, disfrutando de cómo Alana se resistía a mirar.
—No puedo confiar en nadie —respondió fríamente Alana—. Claro, menos en ti.
Esas últimas palabras fueron un susurro que ni siquiera Ducanor pudo escuchar, pero aun así asintió.
—Son tiempos peligrosos —comentó Ducanor—. Esos guerreros ryujin al parecer ayudan a los gigantes, me pregunto qué estarán pensando.
—Son los habitantes del Palacio de la Montaña, que se ubica en el océano del este —le informó Alana—. No son cualquier cosa.
—Sí, lo que sea. Si no me equivoco dijiste que la que mató Nazari era una especie de ryujin sagrado o algo así.
—La raza ryujin se divide en castas —dijo exasperada Alana—, por ejemplo la casta celestial, la sagrada o… ¿para qué te digo esto? Simplemente vengo a informarte de algo.
—¿Qué cosa? —preguntó curioso Ducanor.
—Viene la Primera Cohorte Dálmata como refuerzo —dijo finalmente Alana, repentinamente nerviosa.
—¿Y qué pasa con eso? No es algo tan inesperado, sería extraño que no viniera —dijo Ducanor.
—Viene dirigida por la maestra de la Secta de la Rama Sombría —respondió ella tomando una respiración—. Ernzu Jagger.
—Mi madre.
«312 después del ascenso del Monarca Celestial.
Si miras al cielo puedes ver cientos de estrellas, cada una de ellas tan brillante como un sol. Lamentablemente, esa no es la realidad; cada estrella es un pequeño mundo, pero no como lo piensan las mentes ingenuas. En el cielo estrellado hay exactamente 528 astros. Lo cual significa 526 estrellas, ya que se descuentan el sol y la luna de esta ecuación. Una estrella para los 365 días del año, 12 meses del año, 7 días de la semana, 24 horas del día, 60 minutos de cada hora, 60 segundos de cada minuto.
Pero antes el cielo sobre las cabezas de los mortales no era como este. Antes había miles de estrellas, el cielo era cambiante y no estaba regido por el orden actual. La nueva voluntad de los cielos ahora regía cada aspecto de la vida de los seres vivos, esperando el momento en el cual estos ya no tuvieran su propia libertad, el momento en que se degenerasen en su propia e inevitable miseria.
Ese momento estaba pronto a ocurrir… tal vez, o tal vez no, nadie lo sabía. El destino no era algo que los hombres y mujeres pudiesen manipular.
A pesar de que lo intentasen. Tal vez por eso los hombres perdieron su espíritu, pero en este mundo regido por la gran voluntad celestial, todavía había un lugar donde se podía encontrar una resistencia.
La resistencia no es buena ni es mala, simplemente es un movimiento contrario. El venado que se niega a morir en manos del lobo y abre su garganta con su cornamenta, ¿es bueno o es malo? ¿O acaso también lo es el mismo lobo que mata al venado? ¿Es mala la serpiente que devora los huevos del águila, evitando que estas al crecer maten a sus propias crías, o es mala el águila que suelta a la serpiente de las alturas esperando su muerte?
La vida es conflicto, la vida es caos, la vida es dualidad. Un orden dentro del caos, caos dentro del orden. Pero ahora el orden quiere imponerse sobre los seres vivos, impidiéndoles luchar. ¿Qué otro nombre podrían tener aquellos que luchan contra ellos sino la tempestad que vendría a arrasarlo todo?
Tal vez esto no sea correcto, tal vez esté equivocado, pero en este punto no hay vuelta atrás. Por el mundo que deseamos, por el mundo que soñamos.
Un mundo no de luz ni de oscuridad, un mundo sin buenos ni malos.
Solo tempestad.
Atte. —Apollo Labele».
….
Elios vio el destino de la comitiva a la distancia como si se tratase de un espejismo; las puertas de la ciudad eran tan amplias que resultaban sobrecogedoras.
Aunque insignificantes en comparación al bastión titánico que era el propio castillo de Viddar.
—¿Cómo estás, Elios? ¿Cómo estuvo el castigo? —preguntó Serach, quien apareció con una sonrisa en el rostro a pesar de que su cuello torcido hacía que su expresión fuese más perversa de lo que ya era.
—Estuvo genial. Las mazmorras de Viddar deberían ser más duras —gruñó Elios—. Las camas son blandas y las mujeres de ahí aún más. Tal vez deba enviarte ahí algún día, tal vez conozcas al amor de tu vida ahí.
Una risa surgió detrás mientras Apocaline se posicionaba a su lado con una expresión amable y conciliadora.
—Primo, deberías dejar de molestar a Elios. ¿Por qué no vamos a beber un poco? Después de todo, ya no estamos en Viddar, Vitalis es nuestra para tomarla.
—¡Claro que sí! —respondió con una carcajada Serach, mientras le daba una mirada de reojo a Elios—. Al igual que toda Ulheim.
Apocaline arrastró a Serach fuera de su campo de visión mientras desmontaban del caballo y se iban hacia la ciudad. La comitiva que estaba entrando se estaba dispersando. Las tropas personales seguían a sus maestros, pero los siervos y esclavos se dispersaron por la ciudad.
Comprar información, beber, conseguir amistades, así como comprar provisiones, eran sus deberes. Muchos Magister Iaspis tenían a su cargo varios siervos, si no esclavos; incluso los más pobres tenían un par que les servían como ayudantes en todas esas funciones y labores de las cuales no podían ocuparse mientras protegían a su señor.
Y Elios estaba libre de ambas responsabilidades, por lo cual, cuando pensaba colarse en medio de la ciudad, chocó contra alguien.
—Disculpa, no te vi —dijo Elios mientras se inclinaba hacia el desconocido. O mejor dicho, desconocida.
Una figura encapuchada estaba de pie frente a él, aturdida y casi temblando de pánico. —Yo… lo siento, tengo que irme. —
Y apresuradamente corrió en dirección a un callejón escondido, desapareciendo de su vista. No sin antes dejar caer algo: un amuleto extraño, y una mirada.
El rostro de la chica quedó impreso en la mente de Elios.
Era la mujer más hermosa que había visto en su vida, y había visto decenas de bellezas, desde sus tías hasta muchas mujeres nobles, entre otras.
Pero todas palidecían en comparación al rostro pálido y los labios rojos de esa chica, que había dejado tras de sí un aroma a orquídeas y menta.
…..
«La transcripción de la conversación de los sujetos A, B y C podría resumirse en la explicación del concepto de un universo paralelo individual e imaginario para cada individuo, lo cual entra dentro del ámbito del concepto Samsara de la iglesia Dhármica».
Inicio de transcripción
Sujeto A: Oigan, ¿saben cuál es la razón por la que no hay dioses en este mundo?
Sujeto B: Por que ze mataron entre elloz.
Sujeto A: En un principio esa sería la respuesta más sencilla: los dioses se matan entre ellos y no hay dioses, un apocalipsis divino prácticamente. Pero entonces, ¿por qué sigue existiendo el mundo si los dioses han muerto?
Sujeto C: Esa es otra pregunta capciosa, porque yo creo conocer la respuesta. Los dioses han muerto porque ya no eran necesarios. Un nuevo orden fue instaurado en el mundo de arriba y ese orden se ha extendido hasta acá.
Sujeto B: ¿Ezo ez bueno o malo?
Sujeto A: No lo sé, lo que sí sé es que no es bueno para nosotros.
Sujeto C: Entonces, ¿qué hacemos? ¿Matamos a los nuevos dioses?
Sujeto A: No me gusta llamarlos dioses, es un título demasiado vago.
Sujeto B: Demonioz.
Sujeto C: No resuelves el problema de vaguedad del concepto, pero da igual. ¿Crees que funcione? A pesar de que podría funcionar, los dioses ya están muertos.
Sujeto A: Ya se los dije, ¿por qué murieron los dioses?
Sujeto C: Sí, y no respondiste.
Sujeto B: Bueno, dijo que había ocurrido un apocalipziz.
Sujeto A: No exactamente. Si los dioses mueren, ¿a dónde irán sus almas? ¿Tienen alma los dioses? Si los mortales tienen un alma inmortal a través del Samsara, los dioses están fuera del Samsara, o tal vez en un sueño.
Sujeto C: ¿Qué tipo de sueño?
Sujeto C: Espera un momento, ¿por qué ceceas?
Sujeto B: ¿A qué te refierez con que ceceo?
Sujeto C: A eso mismo, estás ceceando. Tú no hablas así, ¿por qué hablas como imbécil ahora?
Sujeto B: Oye, no eztoy ceceando, zimplemente eztoy hablando normal.
Sujeto A: Pareces un poco drogado.
Sujeto B: Claro que no.
…..
—Hubo una vez una princesa. Era la princesa más hermosa del reino, tal vez por eso su arrogancia la hizo a su vez una figura altanera y orgullosa a la que ningún hombre se atrevía a acercarse, lo cual también encendía su soledad. »
Pero sorpresivamente hubo alguien que logró romper esa barrera invisible en el corazón de la doncella: un guerrero, un mercenario sin nombre cuya fuerza era tal que incluso el rey le temía y, al igual que la princesa, era arrogante y severo.
»Aun así tenía algo que proteger: su familia, o lo que quedaba de ella, un hermano famélico que necesitaba su apoyo para sobrevivir, y también sus propias ansias de muerte por la frustración de la vida.
»Tal vez por eso se odiaron a primera vista, un odio nacido de sus propias vidas frustradas, de sus sueños, las cadenas que los obligaban a seguir en este mundo; la familia y el deber a veces son lo mismo, pero a veces son diferentes.
»Para felicidad de ambos, los dioses vieron la tristeza de su corazón y unieron sus destinos como si de un cuento de hadas se tratase. Eliminaron los obstáculos y el amor floreció entre ambos. Eliminando los obstáculos, ambos huyeron del reino a las heladas tierras del norte, donde vivieron felices para siempre.
—Fin —murmuró el hombre mientras se reía entre dientes de sus propias palabras. Su cuerpo, oculto entre sombras, estaba desplegado en un auditorio donde una figura crucificada estaba en el centro del escenario, como si de un espectáculo siniestro se tratase—. ¿Os ha gustado la historia, Dama de las Sombras? —gruñó el hombre en la penumbra.
Pero la mujer crucificada no respondió, mientras la sangre goteaba al suelo desde el lugar donde unas estacas atravesaban su carne hacia la madera. Alana Jagger simplemente sonrió con arrogancia y vio la oscuridad frente a ella con desdén.
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