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Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 95

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Capítulo 95: Capitulo 95

Dolor. El dolor era una emoción molesta. Los animales manifiestan su dolor con llanto y gritos, pero no lo internalizan como las personas. El dolor puede romper el espíritu y provocar que una simple advertencia evolutiva al peligro se vuelva un estado de ánimo perpetuo.

Las palabras, las acciones, incluso los pensamientos podían provocar dolor en el alma y el espíritu.

Pero era difícil ignorar los gritos de una mente que busca la destrucción y la muerte.

Guerrero. Ducanor siempre había querido ser un guerrero. Había admiración en sus ojos al pensar en sí mismo portando una espada y derrotando a adversarios dignos en combate. Pero esas visiones gloriosas se convertían lentamente en baños de sangre ante su verdadero deseo oscuro.

Matar.

Desde que era un niño sabía que había algo mal en él. Tal vez intentó ocultarlo bajo la máscara de buenismo y compañerismo que emitía. No explotaba en ira; simplemente actuaba y liberaba en pequeñas dosis su deseo de violencia.

Como un terremoto. La energía liberada en los sismos es simplemente una porción gradual de liberación de tensión entre las placas tectónicas: pequeños movimientos y explosiones de violencia aleatoria. La mayoría son pequeñas, pero las pocas que se acumulan son tan violentas que podrían partir la corteza terrestre en dos.

Esa era la mente de Ducanor, pero nunca se había quebrado del todo. Su deseo de sangre lo liberaba de forma consciente; sus frustraciones y su cólera oculta las liberaba poco a poco en cada combate. Cada vez más sangriento. Cada vez más violento.

Eso era un guerrero para él: alguien que podía combatir, alguien que podía liberar toda su ira y voluntad en el campo de batalla de manera justificada.

Al final, ser un guerrero tal vez era solo una excusa. Una excusa para liberar al monstruo en su corazón. Matar. Para que no duela. Matar. Para detener las voces. Matar. Para dejar de pensar. Matar. Solo para vivir.

Eso era un guerrero: la máxima extensión del asesinato. El mejor asesino. Un asesino es aquel que mata inocentes; un guerrero es aquel que mata a otros guerreros.

Y él quería matar. Y rezaba para que sus vidas fueran solo un sueño efímero.

…..

Tolrik no disfrutaba ver la sangre derramada. Había visto demasiada para su gusto en estos días, y mientras sus tropas se alineaban a lo largo del terreno frente al torreón, su ceño fruncido se amplió.

No había guardias prácticamente. En pocas horas sería mediodía; habían pasado dos días desde la incursión nocturna y la masacre de Chess. Y las defensas de la atalaya eran peores que antes. Apenas pudo ver a algunos hombres e inclusive a mujeres apostados con rifles espirituales, temblando en la oscuridad del fuerte.

—¿Qué están haciendo? —gruñó con furia Tolrik—. ¿Acaso están esperando que no ataquemos?

—No esperan que ataquemos, joven maestro —dijo Wine mientras se adelantaba a su lado en un corcel. A pesar del fallo en la entrega de la dote a Tolrik, él seguía reconociéndolo como yerno y como futuro señor de Ulstrost por ese acuerdo político.

A pesar de que tanto él como Matilde distaban bastante de tener una relación cordial. Además de que Benia estaba en su mente…

Quitando esos pensamientos por ahora, Tolrik miró hacia la atalaya. Esta se ubicaba en terreno abierto, rodeada por diferentes asentamientos y pueblos que ahora estaban destrozados.

Entrar en ella no sería difícil, pero la fortaleza era pequeña y estaba atrincherada, y mientras los bandidos cerraran filas en el cuello de botella, las bajas serían considerables. Especialmente tomando en cuenta la frágil moral actual de su tropa.

—¿Qué haría un buen general para tomar la atalaya? —dijo repentinamente Tolrik.

Dracma, que estaba a su lado, fue el que respondió: —Realizaríamos un sitio. Normalmente cercaríamos con una porción de las tropas la atalaya mientras preparamos herramientas y armas de asedio para irrumpir, o hasta que el hambre obligue a salir por sí mismas a las tropas enemigas.

Wine asintió. —Esa sería la táctica básica de cualquier asedio, pero duraría días en el mejor de los casos, semanas en el peor.

Tolrik frunció el ceño y suspiró mientras decía con una sonrisa feroz: —No puedo arriesgar la vida de tantos esperando semanas.

Y, desenvainando su espada, gritó a todo pulmón: —¡Hombres de Ulheim, escúchenme!

Su voz reverberó con una potencia absurda. Su voluntad se había materializado y, con ella, finalmente había mostrado su Runa Dhármica, que se manifestó en su espalda retorciéndose emocionada por ser al fin liberada.

Hacía tiempo que él venía conteniendo ese poder.

—Primera Runa Dhármica: Montaña Solitaria.

Con el ímpetu inamovible de una montaña, rugió: —Soy Tolrik Kangqueror, hijo de Alzarq Kangqueror, guardián de Ulstrost. —Su voz vaciló ligeramente al inicio, pero la fuerza de su runa dhármica le dio una confianza abrumadora—. ¡Soy su comandante! No por elección, ni por designación, sino por obligación.

»¡Mi obligación con Ulheim y la Hegemonía!

Mirando a sus hombres, arrimó el caballo observando a las tropas. Eran hombres altos con armaduras color rojo, todos completamente armados, pero aun así con un ánimo sombrío. Como si una nube oscura se cerniese sobre ellos.

—¡Pero, ¿acaso no ven que esa también es vuestra obligación?! —Señalando la desolación alrededor, gritó—: ¿No ven lo que le ha hecho nuestra debilidad a Ulheim?

»Hemos sido derrotados, sí, pero no por las armas, ni por debilidad de nuestra sangre, sino por la traición y la codicia de nuestros propios líderes. Hombres que se supone que debían liderarnos lucharon entre nosotros, asesinando a sus pares en luchas intestinas, arrebatándonos la gloria de la batalla para sumirnos en la vergüenza de la traición de nuestros generales.

»¡Pero ya basta de excusas! Mirad a vuestro alrededor. ¿Acaso este es el futuro que le espera a Ulheim? Si desertáis de una batalla injusta lo entenderé, pero si desertáis de esta, permitiendo la perfidia de los más bajos hombres y saqueadores, ¿qué gloria buscaréis después?

»¿Qué batalla más justa que esta encontraréis en vuestras vidas? La gloria nos espera al clavar la espada de la justicia y la venganza en el corazón del violador de nuestras tierras, riquezas e inclusive habitantes.

La sangre hirvió en el corazón del ejército mientras sus lanzas golpeaban el suelo unísono, haciendo temblar la tierra.

Más de tres mil hombres golpeaban la tierra con una fuerza que dispersó la nieve del suelo, mientras el sol frío de Ulheim recibía los gritos de guerra de sus hijos.

—Si quieren una razón para pelear, la encontrarán ahora. ¡Porque la sangre que derramaremos hoy es la de nuestro enemigo más odiado! ¡Muerte al traidor, muerte al invasor, y tiñamos la nieve de rojo!

—¡POR ULHEIM!

Los gritos resonaron en todas direcciones. Tolrik vio cómo su ejército se movía en formación, como un solo cuerpo vivo, a las órdenes de cada uno de los centuriones y decuriones que, igual de ansiosos que sus soldados, apresuraban a sus tropas a llegar primero a las puertas.

Pero él no lo permitiría. Nadie más que él llegaría primero a las murallas de la atalaya. Las escalaría y abriría las puertas por sí mismo si era necesario.

Y mientras las tropas de lo que en el futuro sería conocido como el Ejército de la Liberación de Ulheim marchaban hacia adelante, haciendo retumbar la tierra con su determinación, algo inesperado ocurrió.

En el interior de la atalaya , la lucha había empezado.

Sus defensores estaban aterrados, cuando el primero de ello empezo a huir el resto le siguió como una inundación.

Ignorando las riquezas y la codicia , el miedo había penetrado sus mentes e inundando sus pensamientos.

Mientras que sus esclavos , tantos hombres como mujeres sintieron algo que antes no habían sentido.

Valor.

El miedo se había desvanecido, cuando escalas una montaña , la primera vez siempre es la mas difícil, después se hace cada vez mas facil.

Y el miedo era lo mismo, cuando te das cuenta de que una situación insuperable , cede, el miedo se desvanece, un tirano solo necesita una caída , pero perderlo todo , y un castillo una grieta para colapsar.

Esta era la grieta que esperaban.

Un hombre con miedo era incapaz de luchar incluso contra alguien mas débil, alguien sin miedo era capaz de luchar contra cualquier cosa.

Uno de los pocos bandidos intentaron llevarse a las mujeres con ellos, incluso algunos pensaron en llevarse de los hombres para escapar usándolos como carne de cañón.

Lamentablemente habian olvidado que les habían dado armas , a esa misma carne de cañón.

armas que ahora ya no temen usar en contra de sus dueños.

-Muevanse , malditos ..-antes de que otra palabras salieran de la boca del saqueador, su traquea había sido atravesado por un disparo de un rifle espiritual.

La sangre floreció de la herida aturdiendo a todos los presentes , y entonces los gritos volvieron a resonar en la atalaya pero ya no de ordenes o gritos , si no de terror y miedo.

Hombres y mujeres luchaban entre sí , en una lucha desesperada de poder , unos por miedo a morir , otros por su libertad , tal vez otros por simple y venganza.

Y cuando Tolrik estaba a pocas decenas de metros de la atalaya esperando el ataque feroz de las fuerzas defensoras.

Las puertas cerradas de la atalaya, de par en par, se abrieron repentinamente desde adentro.

El sonido del avance de Tolrik había inspirado a los que ya no tenían esperanza. Mientras las puertas se abrían, la cabeza de uno de los jefes bandidos cayó desde la almena de la atalaya.

Y seguido de aquello, decenas de cabezas más cayeron al suelo desde las murallas, junto con los gritos de lucha desesperada de decenas de prisioneros y esclavos que, aprovechando el pánico de sus captores ante el ejército, se habían alzado en rebelión.

Sin comprender del todo qué estaba pasando, Tolrik cruzó la puerta de la atalaya y fue recibido por el grito unísono de cientos de personas demacradas y cubiertas de sangre.

Mientras, una sola palabra se repetía en los labios rotos de todos ellos al verlo entrar:

—¡Libertador!

—Ducanor, ¿estás bien? —preguntó Masha algo preocupada ante el extraño silencio que rodeaba a la figura del guerrero, lo cual de por sí era inusual, ya que normalmente el ambiente a su alrededor era bastante inquieto o altanero.

—Sí, no pasa nada. Simplemente estaba pensando en algo —dijo en un tono tranquilo y un poco más compuesto Ducanor, aunque Masha no pudo evitar preocuparse nuevamente por él.

A razón de ello, la gigante le lanzó una mirada molesta a Randalie y a Cevalier, que estaban en la proa observando el frente del oscuro lugar.

Cevalier sintió la mirada y se dio la vuelta, pero extrañamente miró directamente a Ducanor. Su rostro parcialmente cubierto parecía intentar ver a través del guerrero, pero este se mostró aún más indiferente a su escrutinio, ocultando lo que ella pudo identificar instintivamente como sorpresa.

—Llegaremos pronto a los túmulos y nos encontraremos con peligros, por lo cual dejaremos de lado los conflictos por ahora —dijo en un tono extrañamente más ameno y amable Cevalier, lo cual incluso sorprendió a Randalie, que miró estupefacta a Ducanor antes de asentir ligeramente y volver a observar el frente.

—Os explicaré un poco más la naturaleza de este lugar, a pesar de que probablemente ya lo habíais supuesto —continuó Cevalier, intentando arrojar luz sobre el caótico entorno.

Las almas que habían visto anteriormente, tanto las que flotaban en el interior del Mar de Almas como las que Cevalier había invocado de su bandera, eran “fragmentos de alma”.

Los seres vivos ordinarios tienen un alma que normalmente se puede representar mística y visualmente como una “lámpara de alma”. Cada lámpara representa un ciclo ordinario de sesenta años de vida. Los animales comunes no superaban esa cantidad, ya que solo poseían una lámpara, a excepción de algunos más longevos como reptiles o peces ancestrales que poseían dos o inclusive tres.

Los Fey poseían seis lámparas de alma, por lo cual su máxima esperanza de vida natural era de trescientos sesenta años. Sin embargo, a través del cultivo de la energía, podían conservar su vitalidad evitando que sus lámparas se apagaran.

Los fragmentos de alma que los rodeaban eran los restos dispersos y vacíos de las lámparas apagadas de los muertos. No conservaban recuerdos ni la personalidad de sus vidas anteriores; solo albergaban un deseo instintivo por aferrarse a los vivos y devorar sus almas. Por esa razón era peligrosa su presencia: buscarían apagar las lámparas de los invasores vivos, devorando su longevidad.

Los fragmentos ordinarios recibían el nombre de “almas mortales”. Por encima de ellos estaban las “almas nobles”, existencias que en vida habían dado el primer paso en el cultivo marcial.

—Las existencias que habían abierto su segundo dantian antes de morir toman apariencias humanoides completas —explicó Cevalier—. Devoran a otras almas menores para aumentar su propio poder. Aunque no conservan los recuerdos de su vida anterior, podrían considerarse una nueva forma de vida nacida de la muerte; como los gusanos que nacen de los cadáveres.

»Mientras tanto, las existencias superiores que mueren reciben el nombre de “Señores Mortales”. Y aquellos que trascienden incluso ese límite en la muerte, ya no pueden considerarse simples fantasmas. Pueden manifestar partes de sus cuerpos físicos, aunque lamentablemente están condenados a residir en un área determinada, compartiendo la ubicación de sus restos mortales.

»A esas antiguas y poderosas existencias se les conoce como Tumularios.

—Se ve algo a la distancia —dijo Uisuk algo sorprendido, detectando entre la bruma lo que parecía ser vagamente una pequeña colina de la cual surgía un edificio derruido similar a un mausoleo.

—Este debería ser el lugar —dijo Randalie mientras el barco se detenía y el grupo descendía rápidamente a tierra firme.

La escena que tenían ante sus ojos solo podía describirse como funesta. Tumbas abiertas y enormes bloques de piedra estaban repartidos de forma caótica por los alrededores. Los gemidos y aullidos de las almas errantes surgían del cielo y del mar, pero extrañamente, ninguna parecía atreverse a ingresar al túmulo que sobresalía sobre el agua negra.

Al parecer, había reglas territoriales no escritas en este enorme mar espiritual, pero el grupo no era consciente de aquello. Cevalier no parecía interesada en hablar de este lugar más de lo necesario, tratándolo como si fuera tierra prohibida.

Repentinamente, la tierra pareció abrirse y temblar levemente. Al sentir el aliento de la vida llegar a ellos, algo en las profundidades despertó.

De la tierra surgieron cadáveres sombríos: esqueletos de huesos negros y calcinados, con los pocos restos de carne podrida aún colgando. La sangre hacía siglos que no fluía en esos cuerpos, pero la deseaban con una fuerza aterradora.

Los Tumularios se movieron al unísono como autómatas, a una velocidad que era imposible de seguir para un mortal. Un fragmento de espada oxidada intentó atravesar el pecho de Uisuk, quien todavía estaba aterrado ante la horrenda escena.

—Qué problemático. Supongo que igual podría terminar esto de forma rápida; después de todo, son simplemente “Falsos Tumularios” —dijo con total indiferencia Cevalier, mientras sacaba una flauta de su bolsa en la cintura y empezaba a tocarla suavemente, emitiendo un sonido agudo y místico.

Repentinamente, el aire y la escena que tenían ante sus ojos se congelaron, como si fuera un lienzo siendo desplegado.

—Dindsenchas: Sellar Paisaje.

La magia de Cevalier aprisionó el entorno.

—No han pasado por el bautismo de la tierra hasta crear un cuerpo nuevo —murmuró ella, casi como si estuviera dando una clase—. Los renacidos son débiles y deben pasar por un periodo de renacimiento, regenerando un nuevo cuerpo a través de diferentes estadios. Creación de huesos, regeneración de músculos, fortalecimiento de tendones, regeneración de órganos, circulación de sangre espiritual…

Mientras tarareaba los pasos por los que un cadáver debía pasar para convertirse en un verdadero Tumulario, la escena ante ellos sorprendió a todos. Los Falsos Tumularios habían sido capturados completamente en el interior de una especie de lienzo invisible en el aire, como si la imagen ante sus ojos se hubiera separado del mundo real, encarcelando a las abominaciones en una pintura tridimensional.

—Al parecer, un Filiad Brehon ha atravesado el reino de los muertos —gruñó una voz sombría desde las profundidades de la tierra.

De una enorme tumba en la entrada del mausoleo surgió una figura negra. Era diferente a los demás cadáveres; estaba cubierto por una pesada armadura negra llena de pinchos y óxido. A pesar de que su cuerpo lucía pálido y marchito, parecía tener una pizca de vitalidad en su carne.

—Al parecer ya formaste una vena espiritual en tu cuerpo, lo cual significa que estás a medio camino de convertirte en un verdadero Dragur. Solo te falta robar una lámpara de alma y encender el fuego espiritual en tu cráneo para lograr convertirte finalmente en un Señor Tumulario —dijo Cevalier con una expresión llena de interés, como si estuviera evaluando de forma académica el nivel de cultivo del monstruo frente a ella.

—Para ser alguien que habla mucho, no pareces ser demasiado inteligente. Que seas un Filiad Brehon no me importa —susurró entre dientes el Dragur—. Vuestra sangre será mía, vuestra carne formará parte de mí y usaré vuestras almas como ofrendas para mi maestro.

Pero antes de que el Dragur pudiese dar un paso más, de las profundidades del lienzo mágico que Cevalier había conjurado surgió repentinamente una figura fantasmal, una copia exacta de ella misma.

—Esas palabras solo muestran tu ignorancia, anciano —dijo el clon de Cevalier—. El cultivo es un camino arduo y no tiene atajos. Depender de los demás forma una obsesión; las obsesiones quiebran el espíritu y corrompen el Dao. El Dao se vuelve Diablo, y el Diablo devora el Dao. Ya no serás un cultivador, sino un demonio estancado en el abismo eterno.

La figura clonada parecía una pintura realista. La tinta escurría por sus bordes, pareciendo plana y con profundidad al mismo tiempo, integrando magistralmente los conceptos de lo real y lo ilusorio.

—Todos los caminos llevan al Dao —susurraron las dos voces de Cevalier al unísono—. El “Clon de Colores” es un Dao. Así como el cultivo del alma para convertirse en un fantasma sempiterno también es un Dao. Pero vas por el camino incorrecto. Un verdadero Tumulario pasa por una forja: creación de huesos, regeneración de músculos, fortalecimiento de tendones y órganos, corazón Yin, apertura de meridianos y despertar de las nueve venas espirituales. Tú eres un cadáver que desafía las reglas de la vida y la muerte para prolongar su existencia artificialmente.

—¡Cállate! Tus palabras son verborrea inútil. ¡Mi maestro ha encontrado la forma de robar la suerte de los cielos y pronto todos conocerán su poder! —gruñó con furia el Dragur.

La figura del monstruo creció repentinamente hasta los seis metros de altura, luciendo gigantesco frente a la baja estatura de Cevalier. Portando un espadón de hoja ancha con ambas manos, el Dragur barrió el aire a una velocidad inimaginable, con una fuerza capaz de partir una montaña en dos, apuntando directamente a ella.

—Tumulario, Dragur, Señor Tumulario, Trogull… ese es el camino para convertirse en un verdadero espectro —continuó impasible Cevalier, esquivando el colosal ataque—. Robar la fortuna de los cielos significa alterar el orden natural del mundo. Los muertos no deben dominar la vida, y los vivos no deben dominar a la muerte.

Las palabras resonaron en la mente de todos los presentes, haciéndolos iluminarse fugazmente respecto a la naturaleza del Dao, a pesar del inminente peligro.

Y con un segundo movimiento, el clon de Cevalier paralizó al Dragur.

—Dindsenchas: El azul es agua. Canción de elementos cromáticos.

—Mar Celestial.

Para sorpresa de todos los presentes, incluido el propio Dragur, el “cielo” pintado en el lienzo mágico en el que estaban atrapados empezó a caer literalmente. El color azul del firmamento ilusorio se convirtió en un océano de agua real y pesada que aplastó los cuerpos de los falsos tumularios y arrastró al enorme Dragur hacia atrás, haciéndole perder el equilibrio.

—¡Tú, maldita! —rugió el Dragur.

Su grito provocó que el agua mística se dividiera. Usando la fuerza bruta, el monstruo partió la ola azul en dos. Pero Cevalier ya estaba lista. En su mano ahora sostenía una aguja de cabello que brillaba peligrosamente.

—Tú no eres una simple Filiad de Tres Colores… —gruñó el Dragur, intentando retroceder al sentir el verdadero peligro.

—No, no lo soy —dijo confiada Cevalier, mientras susurraba en un tono autoritario—: Dindsenchas: Cielo Invernal.

El agua mística que todavía cubría los pies del Dragur se congeló al instante, convirtiéndose en glaciares absolutos que impidieron su movimiento, a pesar de que este usó todas sus fuerzas demoníacas para destrozar las capas de hielo.

Pero era demasiado tarde. El combate había terminado.

Cevalier atacó. El brazo calavérico del Dragur cayó amputado al suelo, igual que el resto de su enorme cuerpo destrozado por la técnica.

—Esta aguja no es tan corta como piensas. En verdad es un látigo creado de viento puro; incluso podría dividir un tronco de acero y destrozar el metal de tu armadura. Así que no pienses mucho en ti mismo, ¿quieres? —respondió con su habitual lengua venenosa Cevalier, mientras dispersaba su arma y dejaba que los restos del Dragur descansaran en la tierra sin cuidado.

La victoria parecía absoluta. El grupo relajó sus posturas, pero ese exceso de confianza fue su perdición.

Nadie se dio cuenta de que la verdadera trampa del Dragur no estaba en su ataque físico.

Lamentablemente, el final de ese combate fue lo último que Masha presenció. Antes de que cualquiera de los presentes pudiera reaccionar, el espacio detrás de la gigante de la tormenta se distorsionó violentamente. Un agujero negro en medio del vacío se abrió a sus espaldas, tragándola por completo en una fracción de segundo, haciéndole perder el conocimiento mientras desaparecía en la oscuridad sin dejar rastro.

…..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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