Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 96
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Capítulo 96: Capitulo 96
—Ducanor, ¿estás bien? —preguntó Masha algo preocupada ante el extraño silencio que rodeaba a la figura del guerrero, lo cual de por sí era inusual, ya que normalmente el ambiente a su alrededor era bastante inquieto o altanero.
—Sí, no pasa nada. Simplemente estaba pensando en algo —dijo en un tono tranquilo y un poco más compuesto Ducanor, aunque Masha no pudo evitar preocuparse nuevamente por él.
A razón de ello, la gigante le lanzó una mirada molesta a Randalie y a Cevalier, que estaban en la proa observando el frente del oscuro lugar.
Cevalier sintió la mirada y se dio la vuelta, pero extrañamente miró directamente a Ducanor. Su rostro parcialmente cubierto parecía intentar ver a través del guerrero, pero este se mostró aún más indiferente a su escrutinio, ocultando lo que ella pudo identificar instintivamente como sorpresa.
—Llegaremos pronto a los túmulos y nos encontraremos con peligros, por lo cual dejaremos de lado los conflictos por ahora —dijo en un tono extrañamente más ameno y amable Cevalier, lo cual incluso sorprendió a Randalie, que miró estupefacta a Ducanor antes de asentir ligeramente y volver a observar el frente.
—Os explicaré un poco más la naturaleza de este lugar, a pesar de que probablemente ya lo habíais supuesto —continuó Cevalier, intentando arrojar luz sobre el caótico entorno.
Las almas que habían visto anteriormente, tanto las que flotaban en el interior del Mar de Almas como las que Cevalier había invocado de su bandera, eran “fragmentos de alma”.
Los seres vivos ordinarios tienen un alma que normalmente se puede representar mística y visualmente como una “lámpara de alma”. Cada lámpara representa un ciclo ordinario de sesenta años de vida. Los animales comunes no superaban esa cantidad, ya que solo poseían una lámpara, a excepción de algunos más longevos como reptiles o peces ancestrales que poseían dos o inclusive tres.
Los Fey poseían seis lámparas de alma, por lo cual su máxima esperanza de vida natural era de trescientos sesenta años. Sin embargo, a través del cultivo de la energía, podían conservar su vitalidad evitando que sus lámparas se apagaran.
Los fragmentos de alma que los rodeaban eran los restos dispersos y vacíos de las lámparas apagadas de los muertos. No conservaban recuerdos ni la personalidad de sus vidas anteriores; solo albergaban un deseo instintivo por aferrarse a los vivos y devorar sus almas. Por esa razón era peligrosa su presencia: buscarían apagar las lámparas de los invasores vivos, devorando su longevidad.
Los fragmentos ordinarios recibían el nombre de “almas mortales”. Por encima de ellos estaban las “almas nobles”, existencias que en vida habían dado el primer paso en el cultivo marcial.
—Las existencias que habían abierto su segundo dantian antes de morir toman apariencias humanoides completas —explicó Cevalier—. Devoran a otras almas menores para aumentar su propio poder. Aunque no conservan los recuerdos de su vida anterior, podrían considerarse una nueva forma de vida nacida de la muerte; como los gusanos que nacen de los cadáveres.
»Mientras tanto, las existencias superiores que mueren reciben el nombre de “Señores Mortales”. Y aquellos que trascienden incluso ese límite en la muerte, ya no pueden considerarse simples fantasmas. Pueden manifestar partes de sus cuerpos físicos, aunque lamentablemente están condenados a residir en un área determinada, compartiendo la ubicación de sus restos mortales.
»A esas antiguas y poderosas existencias se les conoce como Tumularios.
—Se ve algo a la distancia —dijo Uisuk algo sorprendido, detectando entre la bruma lo que parecía ser vagamente una pequeña colina de la cual surgía un edificio derruido similar a un mausoleo.
—Este debería ser el lugar —dijo Randalie mientras el barco se detenía y el grupo descendía rápidamente a tierra firme.
La escena que tenían ante sus ojos solo podía describirse como funesta. Tumbas abiertas y enormes bloques de piedra estaban repartidos de forma caótica por los alrededores. Los gemidos y aullidos de las almas errantes surgían del cielo y del mar, pero extrañamente, ninguna parecía atreverse a ingresar al túmulo que sobresalía sobre el agua negra.
Al parecer, había reglas territoriales no escritas en este enorme mar espiritual, pero el grupo no era consciente de aquello. Cevalier no parecía interesada en hablar de este lugar más de lo necesario, tratándolo como si fuera tierra prohibida.
Repentinamente, la tierra pareció abrirse y temblar levemente. Al sentir el aliento de la vida llegar a ellos, algo en las profundidades despertó.
De la tierra surgieron cadáveres sombríos: esqueletos de huesos negros y calcinados, con los pocos restos de carne podrida aún colgando. La sangre hacía siglos que no fluía en esos cuerpos, pero la deseaban con una fuerza aterradora.
Los Tumularios se movieron al unísono como autómatas, a una velocidad que era imposible de seguir para un mortal. Un fragmento de espada oxidada intentó atravesar el pecho de Uisuk, quien todavía estaba aterrado ante la horrenda escena.
—Qué problemático. Supongo que igual podría terminar esto de forma rápida; después de todo, son simplemente “Falsos Tumularios” —dijo con total indiferencia Cevalier, mientras sacaba una flauta de su bolsa en la cintura y empezaba a tocarla suavemente, emitiendo un sonido agudo y místico.
Repentinamente, el aire y la escena que tenían ante sus ojos se congelaron, como si fuera un lienzo siendo desplegado.
—Dindsenchas: Sellar Paisaje.
La magia de Cevalier aprisionó el entorno.
—No han pasado por el bautismo de la tierra hasta crear un cuerpo nuevo —murmuró ella, casi como si estuviera dando una clase—. Los renacidos son débiles y deben pasar por un periodo de renacimiento, regenerando un nuevo cuerpo a través de diferentes estadios. Creación de huesos, regeneración de músculos, fortalecimiento de tendones, regeneración de órganos, circulación de sangre espiritual…
Mientras tarareaba los pasos por los que un cadáver debía pasar para convertirse en un verdadero Tumulario, la escena ante ellos sorprendió a todos. Los Falsos Tumularios habían sido capturados completamente en el interior de una especie de lienzo invisible en el aire, como si la imagen ante sus ojos se hubiera separado del mundo real, encarcelando a las abominaciones en una pintura tridimensional.
—Al parecer, un Filiad Brehon ha atravesado el reino de los muertos —gruñó una voz sombría desde las profundidades de la tierra.
De una enorme tumba en la entrada del mausoleo surgió una figura negra. Era diferente a los demás cadáveres; estaba cubierto por una pesada armadura negra llena de pinchos y óxido. A pesar de que su cuerpo lucía pálido y marchito, parecía tener una pizca de vitalidad en su carne.
—Al parecer ya formaste una vena espiritual en tu cuerpo, lo cual significa que estás a medio camino de convertirte en un verdadero Dragur. Solo te falta robar una lámpara de alma y encender el fuego espiritual en tu cráneo para lograr convertirte finalmente en un Señor Tumulario —dijo Cevalier con una expresión llena de interés, como si estuviera evaluando de forma académica el nivel de cultivo del monstruo frente a ella.
—Para ser alguien que habla mucho, no pareces ser demasiado inteligente. Que seas un Filiad Brehon no me importa —susurró entre dientes el Dragur—. Vuestra sangre será mía, vuestra carne formará parte de mí y usaré vuestras almas como ofrendas para mi maestro.
Pero antes de que el Dragur pudiese dar un paso más, de las profundidades del lienzo mágico que Cevalier había conjurado surgió repentinamente una figura fantasmal, una copia exacta de ella misma.
—Esas palabras solo muestran tu ignorancia, anciano —dijo el clon de Cevalier—. El cultivo es un camino arduo y no tiene atajos. Depender de los demás forma una obsesión; las obsesiones quiebran el espíritu y corrompen el Dao. El Dao se vuelve Diablo, y el Diablo devora el Dao. Ya no serás un cultivador, sino un demonio estancado en el abismo eterno.
La figura clonada parecía una pintura realista. La tinta escurría por sus bordes, pareciendo plana y con profundidad al mismo tiempo, integrando magistralmente los conceptos de lo real y lo ilusorio.
—Todos los caminos llevan al Dao —susurraron las dos voces de Cevalier al unísono—. El “Clon de Colores” es un Dao. Así como el cultivo del alma para convertirse en un fantasma sempiterno también es un Dao. Pero vas por el camino incorrecto. Un verdadero Tumulario pasa por una forja: creación de huesos, regeneración de músculos, fortalecimiento de tendones y órganos, corazón Yin, apertura de meridianos y despertar de las nueve venas espirituales. Tú eres un cadáver que desafía las reglas de la vida y la muerte para prolongar su existencia artificialmente.
—¡Cállate! Tus palabras son verborrea inútil. ¡Mi maestro ha encontrado la forma de robar la suerte de los cielos y pronto todos conocerán su poder! —gruñó con furia el Dragur.
La figura del monstruo creció repentinamente hasta los seis metros de altura, luciendo gigantesco frente a la baja estatura de Cevalier. Portando un espadón de hoja ancha con ambas manos, el Dragur barrió el aire a una velocidad inimaginable, con una fuerza capaz de partir una montaña en dos, apuntando directamente a ella.
—Tumulario, Dragur, Señor Tumulario, Trogull… ese es el camino para convertirse en un verdadero espectro —continuó impasible Cevalier, esquivando el colosal ataque—. Robar la fortuna de los cielos significa alterar el orden natural del mundo. Los muertos no deben dominar la vida, y los vivos no deben dominar a la muerte.
Las palabras resonaron en la mente de todos los presentes, haciéndolos iluminarse fugazmente respecto a la naturaleza del Dao, a pesar del inminente peligro.
Y con un segundo movimiento, el clon de Cevalier paralizó al Dragur.
—Dindsenchas: El azul es agua. Canción de elementos cromáticos.
—Mar Celestial.
Para sorpresa de todos los presentes, incluido el propio Dragur, el “cielo” pintado en el lienzo mágico en el que estaban atrapados empezó a caer literalmente. El color azul del firmamento ilusorio se convirtió en un océano de agua real y pesada que aplastó los cuerpos de los falsos tumularios y arrastró al enorme Dragur hacia atrás, haciéndole perder el equilibrio.
—¡Tú, maldita! —rugió el Dragur.
Su grito provocó que el agua mística se dividiera. Usando la fuerza bruta, el monstruo partió la ola azul en dos. Pero Cevalier ya estaba lista. En su mano ahora sostenía una aguja de cabello que brillaba peligrosamente.
—Tú no eres una simple Filiad de Tres Colores… —gruñó el Dragur, intentando retroceder al sentir el verdadero peligro.
—No, no lo soy —dijo confiada Cevalier, mientras susurraba en un tono autoritario—: Dindsenchas: Cielo Invernal.
El agua mística que todavía cubría los pies del Dragur se congeló al instante, convirtiéndose en glaciares absolutos que impidieron su movimiento, a pesar de que este usó todas sus fuerzas demoníacas para destrozar las capas de hielo.
Pero era demasiado tarde. El combate había terminado.
Cevalier atacó. El brazo calavérico del Dragur cayó amputado al suelo, igual que el resto de su enorme cuerpo destrozado por la técnica.
—Esta aguja no es tan corta como piensas. En verdad es un látigo creado de viento puro; incluso podría dividir un tronco de acero y destrozar el metal de tu armadura. Así que no pienses mucho en ti mismo, ¿quieres? —respondió con su habitual lengua venenosa Cevalier, mientras dispersaba su arma y dejaba que los restos del Dragur descansaran en la tierra sin cuidado.
La victoria parecía absoluta. El grupo relajó sus posturas, pero ese exceso de confianza fue su perdición.
Nadie se dio cuenta de que la verdadera trampa del Dragur no estaba en su ataque físico.
Lamentablemente, el final de ese combate fue lo último que Masha presenció. Antes de que cualquiera de los presentes pudiera reaccionar, el espacio detrás de la gigante de la tormenta se distorsionó violentamente. Un agujero negro en medio del vacío se abrió a sus espaldas, tragándola por completo en una fracción de segundo, haciéndole perder el conocimiento mientras desaparecía en la oscuridad sin dejar rastro.
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