Ciclo de fresno y hierro - Capítulo 97
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Capítulo 97: Capitulo 97
En el mundo de los vivos, las puertas de la atalaya enemiga estaban abiertas de par en par.
Tolrik ordenó con gran velocidad la toma total del torreón, mientras intentaba contener la propia sed de sangre de sus enardecidos soldados. Después de todo, las puertas no habían cedido por la fuerza de su ejército, sino que habían sido abiertas desde adentro por los propios esclavos, quienes, inspirados por el inminente asedio, se habían rebelado, logrando matar a varios de los captores.
—¡No matéis a nadie que baje su arma! Nuestros hermanos y hermanas se encuentran prisioneros en esta atalaya. ¡Derramen sangre traidora, no inocente! —gritó Tolrik.
A lomos de su ya acostumbrado caballo de guerra, corrió en dirección a las escaleras laterales de la torre principal. Era una enorme construcción de doscientos metros de alto, la cual flanqueó rápidamente. Descendió de su montura, seguido de cerca nada menos que por el propio anciano Wine y la princesa Matilde.
—Princesa, no deberías estar aquí, es peligroso —dijo con un tono preocupado Wine, intentando persuadir a la joven. Luego de haber absorbido aquel extraño tesoro óseo de dragón, Matilde parecía haber ganado un impulso de poder y fiereza considerable, lanzándose a la vanguardia de la batalla.
—¿Crees que estoy más segura en la retaguardia que aquí en el frente contigo, Wine? Si nuestro oponente fuera tan simple, tal vez tendrías razón. Pero estamos tratando con las fuerzas de las Siete Banderas de Alma.
El anciano guardó silencio antes de asentir ligeramente, permitiendo su intervención. Y justo cuando Tolrik pensaba abrir a patadas las gruesas puertas del salón principal, estas simplemente explotaron hacia afuera.
La figura de cabello azul de Redsu surgió de entre los escombros, estampando con su colosal martillo contra la pared a un poderoso guerrero desconocido de la raza Mantichor.
—No pensé que las Siete Banderas mandarían a sus hombres de élite hacia aquí —murmuró Tolrik, mientras atravesaba el agujero en la entrada seguido a su vez de sus leales guardias, Fernand y Gedik.
Estos reaccionaron al instante, haciendo uso de los sellos de su destino mágico.
—Evocatio: Portuno.
El agua del ambiente se condensó frente a Fernand como cuchillas líquidas afiladísimas, que cercenaron el cuello de varios espadachines enemigos que, con movimientos ágiles, habían logrado esquivar la ráfaga inicial.
—¡Ahora es mi turno, malditos marcialistas! —gritó Gedik.
Su espada desapareció en un destello de velocidad, atravesando el pecho de uno de los asesinos que apenas logró cambiar la posición de su cuerpo en el último milisegundo para que la hoja no perforara su corazón.
—Un esfuerzo inútil —murmuró Tolrik.
Desenvainó su propia espada y comenzó a golpear el suelo y las paredes rítmicamente con ella, emitiendo un sonido extraño y vibrante.
Los ojos de los diferentes marcialistas enemigos se empañaron ante el sonido de la “música”. Incluso Gedik y Fernand quedaron aturdidos momentáneamente por las ondas sonoras. Para cuando los enemigos recobraron el sentido, era muy tarde: la espada de Tolrik ya había cortado el cuello de tres de ellos en un baile mortal.
El cuarto asesino apenas respiraba mientras se resistía a morir en un combate sin cuartel. Pero una figura alta y robusta apareció a sus espaldas. Wine, con un simple y certero golpe de su palma, destrozó por completo la columna del marcialista, hundiendo la carne y los huesos del enemigo, dejando la marca humeante de una palma gigante en su espalda.
—Un Filiad, qué aterrador don es el manipular la mente y los sentidos con un ruido tan simple —dijo Wine con una sonrisa llena de genuino aprecio marcial—. ¿No lo cree, princesa?
Matilde, que caminaba por encima de los cadáveres y los charcos de sangre con total indiferencia, preguntó al joven señor: —¿Esa es acaso la famosa Oda de la Espada de los Filiad?
Tolrik se sorprendió de que ella lo supiera y asintió. —Sí, es uno de los estilos en los que nos especializamos. Yo, como un Filiad de dos colores, apenas domino la Oda de la Espada correctamente, aunque este último tiempo he mejorado un poco bajo presión.
Los Filiad de un color eran abundantes como la maleza, pero los que lograban manifestar dos colores eran tan escasos como las flores en invierno. Por ejemplo, Derin, a pesar de ser un afamado Magister Filiad, solo era uno de tres colores.
—Vamos, apresurémonos a terminar esto y encontrar al líder —murmuró Matilde, mientras corría a gran velocidad pero con una elegancia sobrenatural por el pasillo interior de la atalaya.
Un suspirante Tolrik la siguió de cerca junto al resto, empuñando fuertemente su espada.
….
En el Reino Yin, la tensión podía cortarse con un cuchillo.
—¡¿Cómo pudo haber ocurrido eso?! —gruñó furioso Ducanor, mientras observaba con ira asesina a una indiferente Randalie y a Cevalier.
La desaparición de Masha había pasado desapercibida durante los intensos segundos finales del combate. Solo cuando Ducanor reaccionó e intentó alcanzarla desesperadamente, se dio cuenta de su fatídico destino: ella simplemente había sido absorbida por un agujero negro de distorsión espacial, desapareciendo completamente del campo de visión y del plano en el que se encontraban.
—Vuestra falta de cuidado fue lo que provocó que uno de los vuestros fuera secuestrado. Aunque supongo que es normal, tomando en cuenta que todos ustedes no son más que fuerza bruta para evitar problemas mayores —se burló Randalie con crueldad.
Las venas se hincharon peligrosamente en la sien de Ducanor. Apretó los puños, controlando a duras penas su impulso primario de estampar el cráneo de la mujer frente a sus ojos contra el duro suelo de piedra del mausoleo.
Tal vez detectando la letalidad inminente que emanaba de Ducanor, esta vez Randalie no continuó con sus burlas. Mientras tanto, la propia Cevalier se adelantó hacia el punto exacto donde había desaparecido Masha.
—El Dragur no estaba solo —gruñó algo sorprendida Cevalier mientras evaluaba el tejido espacial rasgado—. Fue obra de uno que ya ha alcanzado la capacidad de manipular la vena espiritual y las leyes de este túmulo.
—¿Qué carajos significa eso? —preguntó Ducanor, intentando sonar algo más calmado, aunque su voz temblaba de furia.
—Ese Dragur no era más que un títere. El verdadero Señor de este túmulo no está presente. Por lo cual, probablemente ha usado la “Reencarnación Akáshica” para escapar del Reino Yin hacia el mundo de los vivos, tal como temíamos —suspiró finalmente Cevalier, observando la inmensidad del oscuro mausoleo frente a ellos.
—¿A qué te refieres? ¡¿De qué mierda estás hablando?! —casi gritó Ducanor. La llama de su ira se reavivó violentamente al escuchar las crípticas y aterradoras palabras de Cevalier.
Los pensamientos de Uisuk y Hebith no iban muy lejos de los de su amigo. Cevalier y Randalie les habían ocultado el verdadero alcance del peligro, un peligro que si no había matado ya a Masha, no tardaría en hacerlo.
—No se los conté porque no era seguro. La existencia de la Reencarnación Akáshica es casi legendaria y su porcentaje de éxito es bajísimo. Pero si hay la más mínima posibilidad de que un Señor de los Túmulos haya vuelto a la vida, hay que eliminarlo —dijo Cevalier en un intento vano de calmar la situación.
Lamentablemente, ya era demasiado tarde para la diplomacia.
Ducanor dio un paso firme hacia adelante, amenazando con saltar directamente a la garganta de Cevalier.
—Dao de sombras: Sustitución de sombras.
Repentinamente, la figura de Randalie desapareció. Se teletransportó cruzando el espacio y surgió directamente de la propia sombra de Ducanor, apoyando el filo helado de su daga firmemente contra el cuello del guerrero.
—¿Ahora intentas matarme? —gruñó Ducanor con una risa oscura.
Con una fiereza encomiable, su apariencia comenzó a cambiar completamente, activándose inconscientemente su transformación maldita de licántropo. Su cabello se volvió de un tono verde oscuro, sus músculos se expandieron y sus manos se convirtieron en monstruosas garras cubiertas de un espeso pelaje rojizo y afiladas uñas de reptil, las cuales se alzaron para destrozar el brazo de Randalie.
—¡Randalie, detente! Esto solo empeorará las cosas —ordenó fríamente Cevalier, mirando fijamente a Ducanor—. Nuestro objetivo es más grande que cualquier venganza personal o inclusive mi propia vida. Así que espero que evalúes bien esta situación, Ducanor. Después de todo, te mandó Ernzu, e incluso ella sabe la inmensa importancia que tiene detener esto.
Pero en ese instante de tensión, Uisuk y Hebith se movieron en perfecta sincronía para proteger a su líder.
—Dao de armas: Lanza —gritó rápidamente Hebith.
Una luz dorada y pura cubrió su mano, materializando una lanza hecha totalmente de energía destellante que apuntó directamente al pecho de Cevalier.
Al mismo tiempo, la piel escamosa de los antebrazos de Uisuk se rasgó, permitiendo que dos brutales cuchillas de hueso surgieran, apuntando al corazón de Randalie.
—Tengan mucho cuidado si piensan dar un solo paso —gruñó fríamente Hebith, para frustración no solo de Cevalier, sino también de Randalie, quien se vio rodeada.
La balanza de poder estaba en un punto de ebullición.
—Está bien. Habla y explícate ahora mismo, Cevalier. O si no, no me culpes si pierdes algo más que una hebra de cabello en este lugar —gruñó Ducanor con una frialdad absoluta, haciendo retroceder ligeramente sus garras demoníacas.
Cevalier lanzó un pesado suspiro. Al ver que el grupo de mercenarios no dudaría en matarlas si no obtenían respuestas, empezó a explicarles de forma detallada la magnitud y naturaleza del enemigo ancestral al que ahora se estaban enfrentando.
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