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Cirujano en el Quirófano, Ama de Casa en su Corazón - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 Seducción acertada
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1: Capítulo 1 Seducción acertada 1: Capítulo 1 Seducción acertada Emma Hilker visitó premeditadamente al ginecólogo el día que se enteró del engaño de su novio Aiden Koch.

El médico, un joven alto con gafas de montura dorada, garabateaba en su historial médico algunas instrucciones con sus largos dedos.

Su presencia emanaba un aura fría.

Los hombros anchos y su elevada estatura le hacían lucir aún más atractivo e interesante con su bata blanca.

De un momento a otro habló con despreocupación: —¿Siente comezón en su zona intima durante el día?

Emma, avergonzada por su pregunta, se sonrojó e instintivamente miró la insignia de trabajo que llevaba en el pecho.

Era Cirilo Balton, uno de los mejores ginecólogos del país, heredero de la familia Balton, la más rica de Southville.

Era un verdadero “principe azul” y también el tío de Aiden.

¡Había acudido a la persona adecuada!

Emma se tranquilizó y entreabrió los labios para murmurar una confesión.

A decir verdad, no estaba enferma.

Buscar a Cirilo había sido totalmente intencionado.

Quería acostarse con él para volver con Aiden y lastimarlo.

Cirilo no dijo nada y se dirigió hacia la cabina de examen privada.

Emma apretó los labios y lo siguió de cerca observando su amplia espalda.

Mientras Cirilo se ponía los guantes estériles, la parte de su rostro visible por encima de la máscara permanecía indiferente.

Para él, ella podría ser un objeto más, tan mundano como la carne de cerdo en una carnicería.

Señaló la camilla.

—¡Acuéstate ahí por favor!

Asustada por la altura de la cama y el equipo médico, Emma dudó un momento y preguntó en voz baja: —Doctor Balton, ¿Me va a doler?

Cirilo levantó los ojos y la miró.

Con su piel de porcelana y su frágil complexión, llevaba un vestido blanco impoluto y tenía un cuello esbelto que la hacía parecer extraordinariamente delicada, como un capullo a punto de florecer.

De esos que cualquiera estaría tentado de arrancar sólo para ver si se rompía.

Pareció afectarle su aspecto y dijo en tono intrigante: —¡No, te aseguro que no dolerá!

Mientras Emma se acomodaba, no podía ver a Cirilo, pero sus sentidos se agudizaron.

Además, Cirilo tenía un aura impresionante que llenaba la habitación.

Las mejillas de Emma ardieron, su joven cuerpo hormigueaba con una mezcla de vergüenza y sensibilidad.

En medio de sus piernas un líquido caliente fluía lentamente producto de su excitación.

De repente, Cirilo se detuvo.

Levantó la mirada y le agarró el tobillo.

Con un poco más de fuerza, su delicada piel quedaría cubierta de marcas rojas.

La voz de Cirilo, teñida de fría indiferencia, preguntó: —Señorita Hilker, ¿finge estar enferma?

¿A qué juega?

¿Intenta seducirme?

Emma no se esperaba tanta franqueza.

Se puso colorada de la vergüenza, pero no se atrevió a negarlo.

Bajo la mirada penetrante de Cirilo, Emma se sintió expuesta, sus intenciones quedaron al descubierto.

De un momento a otro la vergüenza y el pánico se apoderaron de ella y la obligaron a disculparse: —¡Lo siento!

Emma intentó zafarse y él le soltó el tobillo.

—Señorita Hilker, debería justificarse.

Ha malgastado recursos médicos valiosos y mi tiempo —comentó Cirilo con frialdad, quitándose los guantes—.

Por culpa de sus payasadas, es posible que alguien no haya recibido la atención oportuna y haya fallecido.

Humillada y arrepentida, las lágrimas brotaron de sus ojos.

—¡Lo siento mucho!

—repitió Emma.

Luego de vestirse se marchó precipitadamente.

Apenas salió del hospital, su teléfono vibró.

Era Aiden.

Quería rechazar la llamada, pero estaba tan nerviosa que contestó sin querer.

—Emma —chirrió la voz de Aiden—.

Por tu propio bien, mantente alejada de Laura y no vuelvas a hacerle daño, de lo contrario, te arrepentirás.

»Tu abuela sufre del corazón, ¿verdad?

¿Morirá de rabia cuando sepa la verdad?

La amenaza de Aiden era tan afilada como un cuchillo e increíblemente poderosa.

Abrumada por la ira, Emma temblaba, pero no tuvo más remedio que someterse.

—Aiden, te lo suplico.

Mi abuela es demasiado vieja para soportar esto.

¡Por favor, déjala tranquila!.

Aiden se burló y sonrió satisfecho.

—Reúnete conmigo en la habitación 909 del Hotel Estrella dentro de tres días.

Sé buena y llega puntual.

¡Sabes que tengo poca paciencia!

Emma no dijo nada.

El cielo se oscureció, insinuando una tormenta inminente.

La menuda figura de Emma parecía a punto de desplomarse con la fría brisa.

Sujetando con fuerza el teléfono ya desconectado, dudó un momento antes de volver al hospital.

Cuando Cirilo terminó de trabajar, Emma lo acorraló.

Le dirigió una mirada profunda y escrutadora.

—¡Tienes agallas Señorita!

Tras quitarse la bata blanca, Cirilo estaba elegante y guapo con un estupendo traje negro, que emanaba un aura dominante.

Al sentirse atraída por él, Emma sintió que sus miembros flaqueaban.

Ruborizada, se armó de valor y le preguntó, mirándole directamente a los ojos: —Doctor Balton, ¿quiere acostarse conmigo?

Su mirada se paseó por ella, deteniéndose en su delicada cintura.

Los hombres eran más propensos a sentir deseo por las jóvenes de cintura esbelta y aspecto puro.

Emma era exactamente de ese tipo.

Pero Cirilo no se dejaba convencer fácilmente.

Tenía gustos refinados y solía inclinarse por las mujeres que tenían clase.

El simple encanto de Emma no le convencía.

Sin embargo, no se oponía a una aventura con ella, sobre todo después de confirmar su castidad.

Para él, podría ser sólo un poco de diversión después del trabajo.

Pero a Cirilo le interesaba la emoción, no la responsabilidad.

Por lo tanto, había cosas que debían confirmarse de antemano.

Así que se inclinó hacia ella, con voz ronca: —Emma, ¿a qué juegas?

¿Vas a fastidiarme?

Ella soltó una risita, haciéndose la interesante: —Sólo quiero un poco de diversión, Doctor Balton.

¡No se lo piense demasiado!

Sin mediar palabra, Cirilo le colocó suavemente un mechón de cabello detrás de la oreja.

Emma era menuda, tenía las orejas pequeñas y la piel blanca.

Por eso, el pequeño lunar rojo que tenía detrás de la oreja, en contraste con su piel pálida, parecía una gota de sangre sobre la nieve: tentadoramente vívido.

Cirilo sintió la boca seca al verla.

—¡Vayamos a otro sitio!

El deseo sexual está en la naturaleza humana y explota en segundos.

Como adultos, no hay necesidad de andarse con rodeos.

*** En la cama grande del hotel.

Emma intentó hacer su parte, pero su inexperiencia era evidente.

Tras un apasionado intercambio de besos, no pudo aguantar más.

Sus ojos almendrados eran tan encantadores y su esbelto cuerpo se ablandó.

Cirilo acarició su esbelta cintura.

Emma tenía los ojos empañados, la piel blanca como la nieve y los labios rojos.

Su cabello estaba revuelto sobre la cama.

Era tan hermosa como una sirena.

Cirilo, embelesado, la besó apasionadamente.

A Emma se le llenaron los ojos de lágrimas.

La había besado profundamente, haciendo que sus labios temblaban con jadeos suaves y quejumbrosos, suplicando: —Doctor Balton…

Aunque Emma había venido con la intención de seducir a Cirilo, a la hora de hacerlo, era completamente ignorante.

Guiada sólo por el instinto, sollozó suavemente, suplicándole.

Justo entonces, sonó el teléfono de Emma, que estaba en el sofá.

El enrojecimiento tiñó las comisuras de los ojos de Cirilo, pero no le prestó atención.

Sin embargo, el teléfono seguía sonando, persistente e incómodo.

De repente, Emma tuvo un presentimiento.

Miró la pantalla y vio un identificador de llamada desconocido, luego volvió la mirada hacia Cirilo.

Cirilo la observaba fijamente.

Sus ojos, aún húmedos por las lágrimas que habían brotado de ellos hacía unos instantes, brillaban.

Parecía un cachorro indefenso que despertaba simpatía y compasión.

Las venas del dorso de la mano de Cirilo se abultaron y gotas de sudor se deslizaron desde su frente, aterrizando en los pechos hermosos y redondos de Emma.

Tenía un aspecto tentadoramente dulce, casi como si estuviera empapando en miel.

Después de lo que parecieron siglos, Cirilo, que nunca había pronunciado una palabrota en su vida, soltó de repente un improperio.

—¡Maldición!

Entonces se levantó, abandonó la cama y se dirigió al baño.

Quedarse cortado a mitad de la acción era una sensación incómoda y Emma sintió lo mismo que él.

Respirando hondo, contestó a la llamada: —¿Diga?

—¿Señorita Hilker?

Su padre ha tenido un accidente.

El padre de Emma había tenido un accidente de auto y estaba ingresado en el hospital de Southville.

La noticia golpeó a Emma como si le hubiesen vaciado una tonelada de ladrillos encima.

Todo parecía borroso y, con voz de pánico, exclamó: —¡Por favor, sálvenlo!

Hagan todo lo que puedan por mi padre…

Después de colgar el teléfono, se levantó rápidamente de la cama.

Para su sorpresa, las piernas le flaquearon y se lanzó hacia delante.

Los ojos de Emma se abrieron de golpe, pero estaba tan tensa que se olvidó de gritar.

Justo cuando su cabeza estaba a punto de chocar contra la esquina de la pared, una gran mano la agarró por la cintura y la estrechó en un fuerte abrazo.

La nariz de Emma chocó contra el pecho macizo de Cirilo, provocándole una sensación de escozor en las fosas nasales.

Las lágrimas que había estado conteniendo fluyeron libremente.

—Gracias, gracias —dijo incoherentemente—.

Doctor Balton, lo siento mucho.

—La llevaré al hospital —se ofreció Cirilo, que había oído su conversación.

La agitación que sintió antes se había disipado por completo.

Conocía la urgencia del momento.

Emma no declinó su oferta y volvió a darle las gracias.

La noche era oscura y, de repente, empezó a llover a cántaros.

El Land Rover pasó a toda velocidad, sus ocupantes iban en silencio.

Emma estaba inquieta.

Al llegar al hospital de Southville, apenas esperó a que el auto se detuviera para salir corriendo.

En el auto, Cirilo observó a Emma corriendo bajo la lluvia.

La esbelta muchacha, frágil y delicada, corría hacia delante con determinación.

La fresca brisa levantaba el dobladillo de su vestido y besaba sus pequeñas piernas.

Sus cabellos negros hasta la cintura bailaban alborotados al viento, dándole el aspecto de un hada nocturna.

Había un leve rastro del dulce aroma de Emma en el aire, pero Cirilo lo ignoró y se quedó mirando a la joven que corría cada vez más lejos de él.

Su repentina huida no le molestó demasiado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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