CLUE: SERENDIPIA - Capítulo 240
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240: Día 1: Búsqueda Parte III 240: Día 1: Búsqueda Parte III – No creo que esto vaya a funcionar.
– Isabella tosió un poco mientras sujetaba el cabello de Matt con fuerza.
– Ah, no te agarres así.
– Se quejó Mateo dándole unas palmaditas en la pierna a la joven que seguía batallando para mantener el equilibrio.
– No te muevas.
– Isabella termino por aferrarse a la cabeza de mi amigo quien no podía ver nada.
– ¡Quítenme a esta mujer!
¡Suéltame!
– Mi amigo terminó por sujetarse de el librero para no tropezar.
– ¿Cuánto tiempo van a seguir jugando?
– Ashley les miraba divertida desde la cama mientras comía palomitas.
– ¡No estamos jugando!
– Gritaron ambos molestos para después seguir peleando entre ellos.
– Te ayudo a bajar.
– Se ofreció Tom pero en cuanto intento bajar a Isabella de los hombros ella se aferro a su cabeza.
– ¡Alex ayúdalo!
– Dije girando a ver a mi amigo que reía a mi lado.
En cuanto vio que no estaba jugando él suspiro resignado y sin ningún problema tomo a Isabella de la cintura y la bajo.
– Gracias.
Pensé que moriría.
– Isabella se dejo caer en un sillón como si fuese a desmallarse.
– Los que iban a morir éramos Tom y yo.
– Mateo la miró frustrado y cansado, su cabello estaba hecho un desastre.
– Oh, vamos.
– Isa le resto importancia con la mano y se abalanzo a la cama con Ashley que reía como loca.
– Mis hermanos ni siquiera vinieron a ver si estaba bien.
– Claro que vinieron, pero en cuanto vieron como tenías a Mateo se fueron sin hacer ruido.
– Contestó Alex abriendo la ventana para que la habitación se ventilara un poco.
– Esos dos me la pagaran más tarde.
– Murmuró Mateo tratando de peinar su cabello.
– Pero primero bajemos ese libro de ahí arriba.
– Todos miramos hasta la parte superior del librero de donde sobresalía un libro que se encontraba casi por el techo.
– Yo no volveré a subir.
–
– No te lo estoy diciendo a ti.
– Mateo respondió un poco rencoroso mientras sujetaba su cabello.
– Vamos, yo lo intentaré esta vez.
– Dije acercándome a él, quien de inmediato se puso de cuclillas para que me subiera a sus hombros.
– Puedes sujetarte de mi cabeza, pero no como Isabella.
– Rogó Mateo mientras me levantaba y acercaba a el librero.
– Estoy bien, no te preocupes.
– Estiré los brazos y me sujete del estante.
– Ve un poco a la izquierda.
– Le di instrucciones a Mateo para que me acercara lo más posible a el libro.
– Solo un poco más, Sash.
– Dijo Alex desde atrás motivándome a que continuara estirándome para tomarlo.
– ¡Encontramos un libro!
– Era Joseph que corría con un libro desde el pasillo.
– ¡No corras!
– Gritó desde atrás Louis intentando controlar a su hermano.
– ¿Qué hacen?
– Joseph se detuvo y miró con atención como Mateo y yo sufríamos.
– Ya casi.
– Murmuré sacando la lengua como si eso me ayudará a estirarme.
– Un poco más Matty.
– Estiré todo lo que pude la mano hasta que mis manos rozaron la pasta del libro.
– ¡Otro poco más Sasha!
– Dijeron a coro Isabella y Ashley que estaban paradas en la cama tomadas de la mano.
– Creo que – Coloqué mi mano en la cabeza de mi amigo y me impulsé en esta para sujetar el libro.
– ¡Lo tengo!
– Festejé sosteniendo el libro en mis manos pero a los segundos comencé a toser por el polvo que había desprendido el libro.
– Dámelo.
– Tom corrió hacia mi para agarrar el libro y sacudirlo por la ventana.
– Déjame bajarte.
– Louis caminó hasta donde estaba y estiró sus brazos para atraparme.
Envolví mis brazos en su cuello y por fin toque el suelo.
– Perdón por apoyarme en tu cabeza Matt.
– Solté a Louis y avancé hacia mi amigo quien nuevamente estaba despeinado.
– Eso fue mejor a que te aferraras a mi cuero cabelludo como Isabella.
– Rio Mateo restándole importancia.
– No fue mi intención.
– Protestó Isabella dejándose caer sobre el colchón.
– Estas hecho un desastre.
– Sacudí con cuidado la cabeza de Mateo que tenía polvo en el cabello.
– Déjame arreglar tu cabello.
– Me sentí culpable al ver un nido de pájaros en vez de cabello.
– Esta bien, de igual manera me iré a bañar.
Lo bueno es que encontramos los libros después de revisar toda la cabaña.
– Palmeo mi cabeza y fue directamente hacia Tom y Joseph que sostenían los libros ya limpios.
– ¿Dónde estaban?
–
– Louis lo encontró en la habitación del fondo.
– Señalo Joseph las escaleras.
– ¿En la habitación de mi madre?
– Dije algo extrañada porque justamente cuando murió mi madre yo vacié la habitación y llevé todo a el sótano.
– Si es la habitación en la que se van a quedar ustedes sí.
– Respondió Joseph.
– Creo que son los únicos que están aquí.
Ya revisamos toda la casa.
– Ash se estiró mientras bostezaba.
– Bueno, vamos a comer.
–
– Primero deja que nos demos un baño.
– Alex señalo a los chicos que estaban llenos de polvo porque nos ayudaron a limpiar.
– Ustedes ya se bañaron, pueden ir haciendo algo de comer.
Por favor.
–
– Esta bien.
– Ashley me miró.
– Yo pongo la mesa.
Isabella hace el postre y Sasha cocina.
– Sonrió y salió corriendo de la sala.
– Yo estoy de acuerdo, a Isabella casi no cocina.
– Joseph salió de la habitación siendo perseguido por su hermana quien le juraba que ya no cocinaría para él.
– Pedimos los baños de arriba.
– Dijo Mateo subiendo las escaleras con los chicos.
– Puedes usar el baño de abajo en lo que cocino.
– Miré a Louis que asintió.
Él avanzó unos pasos pero se detuvo y regresó a darme un abrazo.
– Te pondré más comida en tu plato.
Abrígate bien cuando termines de bañarte, hace frio.
– Le di palmaditas en su espalda.
– Voy a bañarme rápido para ayudarte.
– Besó mi frente y sonrió.
– ¡Dios mío, consíganse un cuarto!
– Joseph intentaba cubrirse el rostro con las manos y actuar tímido.
– Ve a bañarte.
– Louis le dio una mirada corta y subió las escaleras.
– Cuñada, mi hermano me trata mal.
– Fingió estar dolido y corrió hacia mi para que lo consolara.
– Vamos.
– Louis regreso y lo tomó del cuello de la camisa para llevárselo consigo.
Ashley se rio desde el comedor mientras que Isabella solo negaba con la cabeza.
Levanté los hombros y me dirigí a la cocina en donde comencé a preparar la comida, miré por la ventana y pude ver que ya era bastante tarde porque el cielo ya se estaba oscureciendo.
El estofado de carne ya estaba casi hecho y el resto de las cosas ya estaban en la mesa.
Los chicos aún no bajaban y yo podía ver en la mesa a dos pobres mujeres sentadas en la mesa afilando el cuchillo para poder comer.
– ¿Te ayudo en algo?
– Preguntó Louis secándose el cabello húmedo con una toalla pequeña.
El verlo usar ropa deportiva era mi nueva cosa favorita.
Le quedaba espectacular cualquier cosa que se pusiera.
– Solo falta esto.
Pruébalo y dime que tal esta.
– Tomé un poco de caldo del estofado con una cuchara, soplé un par de veces para que no se quemara y se lo di a probar.
– ¿Qué tal está?
– Lo mire con atención esperando que tuviera buen sabor.
– Muy rico.
– Sonrió y me dio un pequeño beso en los labios.
– Tu cabello sigue mojado.
Déjame ayudarte.
– Tomé la toalla y comencé a secar con cuidado su cabello para evitar que se resfriara.
Sentí un par de miradas y volteé a ver la mesa del comedor en donde me veían las chicas que sostenían su barbilla con su mano y sonreían.
Mis mejillas se tornaron rojas y desvié la mirada hasta que seque por completo el cabello de Louis que incluso se había agachado un poco para que no estuviera de puntitas.
Escuché pasos y voces provenientes de las escaleras y le pedí de favor a Louis que me ayudara a servir el estofado.
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