CLUE: SERENDIPIA - Capítulo 266
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
266: Escondite 266: Escondite – Sash.
– Isabella me miró desde una esquina con los ojos llorosos mientras sujetaba con fuerza el brazo de Joseph que lloraba como un niño pequeño.
– Vengan.
– Abrí los brazos y ellos corrieron inmediatamente hacia mi para abrazarme.
– Mi cuñada esta bien.
– Joseph sollozó en mi hombro.
– Hice que se preocuparan mucho, ¿cierto?
–
– ¡SI!
– Gritaron los dos hermanos aferrándose con más fuerza a mi.
– Lo siento mucho.
– Di un par de palmaditas en sus espaldas tratando de consolarlos.
– Me alegro que estés bien.
– Sebastián me saludo sosteniendo la mano de una mujer que me sonrió cálidamente.
– Perdón sin avisar con mucha anticipación, pero escuche a Snake hablar por teléfono y me pegue a él.
–
– No te preocupes.
Eres bienvenida aquí.
– Respondió la mujer aún sonriendo.
– Es hora.
– Snake abrió la puerta.
– Dijiste que tocarías la ventana.
– Reproché aún consolándolos.
– No me escuchaste.
– Señalo a los culpables y reí.
– Tengo que irme.
– Ambos se alejaron de mi gracias a que Louis y Sebastián los quitaron.
– Cuídate mucho.
– Asentí tras las suplicas de los pequeños Truswell.
– Ten para que nos podamos comunicar.
– Louis extendió un teléfono, yo miré a Snake buscando su aprobación y él asintió.
– Gracias.
– Murmuré aún tratando de sonreír.
– ¿Te están tratando bien?
– Sebastián miro con desconfianza a el hombre que me escoltaba.
– Si, es un poco gruñón pero me cuida mucho.
También me cocina y compra cosas.
– Todos parecieron asombrarse, y no los juzgo porque Snake da una impresión un poco mala.
– Date prisa.
– Snake miró el teléfono y me miró impaciente.
– Voy.
– Abracé el teléfono y les dije adiós a todos con la mano.
Iba a irme pero Louis se veía mal.
– Por favor diles a mis tíos y a los chicos que estoy bien.
Les llamaré cada que pueda y encontré señal.
Cuídate y come a tus horas, no quiero que trabajes mucho, debes tomar tus descansos.
Regresaré pronto.
– Acaricié su mejilla lentamente para recordarlo en mi corazón.
Louis se inclinó y me dio un par de besos acompañado de un efusivo abrazo que me hizo sonrojarme al ver las miradas de todos los presentes.
– Tengo que irme o si no Snake no volverá a traerme.
– Bromé acariciando su cabello.
– Tengo una buena noticia, mi mamá esta viva.
Aunque tengo que buscarla.
– Murmuré de tal forma que solo él me escuchara.
– ¿En serio?
– Me alejó y me miró con un rostro sorprendido.
Asentí y él sonrió.
– Adiós.
– Aproveché el momento para salir.
– Nos vemos pronto.
Cuídense.
– Dije cubriéndome con la manta hasta llegar con Snake.
– No se preocupen, yo la cuido.
Estamos en contacto.
Será mejor que actúen como si no supieran donde está ella.
Dependiendo de la situación veré si es posible que se reúnan con Sasha.
– Snake no espero respuesta y cerró la puerta.
Ambos corrimos hasta la camioneta, subí a la parte trasera en donde me recibió Rocky.
– Abran las puertas.
– Indicó Snake a unos hombres que siguieron sus ordenes de manera inmediata.
El auto avanzó velozmente por la carretera aunque nadie nos perseguía.
Aunque tampoco queríamos levantar sospechas e involucrar a Sebastián y a su mujer.
– De haber sabido que llorarías así no te hubiera traído.
– Se quejó Snake una vez que salimos de la ciudad.
– Estoy feliz de que estén bien.
– Sollocé mientras me sentaba y limpiaba las lagrimas con la manga de la chamarra.
– Claro que están bien, nosotros también los cuidamos a ellos.
–
– Gracias.
– Lloré con más intensidad y Rocky se acercó a mi preocupado.
– Sonreíste frente a ellos pero frente a mi lloras.
– Me paso un par de pañuelos sin quitar la mirada de la carretera.
Una llamada entró en celular de Snake, quien inmediatamente se puso los manos libres y contestó, dijo un par de cosas y colgó la llamada.
– ¿Conociste al padre de Mía?
– Miro por el retrovisor y yo asentí.
– Parece que se enteró de tu desaparición y esta volteando patas arriba la ciudad.
– Se frotó la frente frustrado.
– ¿El señor Gerard?
– Cuestioné mientras limpiaba mi nariz que estaba constipada.
– ¿No lo llamas abuelo?
–
– Seria raro que lo llamara así cuando solo lo he visto una vez.
–
– Tienes razón.
– Sonrió irónicamente.
– Nos quedaremos aquí hasta que se despejen las salidas de la ciudad.
Nos pondremos en marcha a otro lugar en cuanto me avisen los chicos.
–
– ¿De cuantos días estamos hablando?
– Miré por la ventana al ver que ya habíamos llegado.
– ¿Quién dice que son días?
Prepara tus cosas, nos iremos en cuanto podamos.
– Abrió la puerta y entro a la casa.
Me bajé junto con Rocky y lo seguimos, me dio una maleta un poco vieja para que juntara un poco de ropa.
– Salgamos ya.
Caminaremos por el bosque hasta llegar a un sendero.
Mis muchachos nos esperarán con un auto listo para marcharnos.
– Tomó una mochila y abrió la puerta trasera de la casa.
– ¿Y Rocky?
También lo llevaremos, ¿cierto?
– Me agache y lo abracé al ver que había preparado muchos casos con comida y agua.
– Bien, vamos.
– Se resignó y Rocky salió de la casa mientras movía la cola.
– Date prisa.
– Corrí tras su mascota feliz de que no lo dejáramos solo en medio de la nada.
– Síganme en silencio los dos.
El camino es largo y algo difícil de atravesar.
Si nos damos prisa llegaremos en menos de unas tres horas.
– Se adelantó y comenzó a guiarnos por el bosque.
– ¿No pudimos haber ido en auto?
– Pregunté al llegar a la cima de la colina.
Casi caía la noche y el cielo comenzaba a nublarse.
– No.
Mira.
– Señalo en dirección a la casa, unas luces se aproximaron a esta.
– ¿Nos encontraron?
– Lo miré asustada mientras le daba de beber a Rocky.
– Sospecharon de mi, por eso vinieron a buscarme.
Pero como no me encontraran entonces ahora están tras los dos.
– Extendió su mano y me ayudó a descender por el camino empinado.
– ¿Cuánto falta?
– Me limpié el sudor mientras encendía la lampara para poder vislumbrar el camino.
– Ya llegamos.
– Unos hombres con linternas se apresuraron hasta nosotros y nos guiaron hasta unos autos en donde abordamos tan pronto llegamos.
– Por la mañana estaremos en la frontera.
Ahí los llevaremos a un lugar seguro.
– Informó uno de sus hombres que se subió al auto y comenzó a conducir.
– Bien hecho.
¿Qué hay con el resto?
–
– Ya se les informó a los Truswell, ellos les avisaran al resto.
–
– Gracias.
– Miré a Snake y acaricie a Rocky que estaba un poco agitado por el recorrido.
– Duerme un rato.
– Tomó una manta y me cubrió la cabeza, estaba algo avergonzado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com