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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 Matemáticas de la Muerte
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10: Capítulo 10: Matemáticas de la Muerte 10: Capítulo 10: Matemáticas de la Muerte El regreso a casa fue un ejercicio de teatro.

Al cruzar el umbral del apartamento, mi postura cambió instantáneamente: los hombros se encorvaron ligeramente, la mirada depredadora se suavizó tras mis gafas sin graduación y mi respiración se volvió errática, propia de un adolescente que había corrido para no perder el último tren.

Ryoko estaba en la cocina, con la luz tenue del extractor iluminando una montaña de expedientes sobre la mesa.

El olor a curry recalentado luchaba contra el aroma metálico del café negro.

Ella levantó la vista, sus ojos oscuros rodeados por ojeras que delataban días sin dormir.

—Llegas tarde, Kenji —dijo, su voz una mezcla de severidad maternal y agotamiento policial.

—Lo siento, mamá —respondí con una voz perfectamente modulada para sonar arrepentido—.

Takeshi insistió en ir a una tienda de componentes en Akihabara.

Se fue la luz en la zona y los trenes se retrasaron.

Ella suspiró, frotándose las sienes.

La mentira era sólida; el apagón que yo mismo había provocado era noticia de última hora.

—Está bien.

Hay curry en la nevera.

Come y vete a dormir.

Mañana tienes escuela.

—¿Tú no duermes?

—Tengo trabajo.

El caso del “Carnicero” se está complicando.

Han aparecido nuevos actores en el tablero.

Sentí una punzada de ironía fría en el pecho.

Si supiera que el “actor” estaba sacando un tupper de arroz a dos metros de ella…

Comí rápido, fingiendo desinterés por los papeles que, desde mi ángulo, mostraban fotos borrosas del almacén quemado.

Me retiré a mi habitación con un “buenas noches” susurrado, cerrando la puerta con suavidad.

En cuanto el pestillo hizo clic, la máscara cayó.

Mi rostro se volvió inexpresivo.

No había tiempo para descansar.

Faltaban dos horas para la medianoche.

Me senté en el suelo, con las piernas cruzadas, y cerré los ojos para invocar la interfaz.

Necesitaba saber con qué herramientas contaba antes de entrar en la boca del lobo.

—Sistema, estado actual —ordené mentalmente.

El texto azul neón se desplegó en mi retina, flotando en la oscuridad de mi cuarto.

**[PERFIL DE JUGADOR]** **Nombre:** Kenji Sato **Nivel:** 4 (XP: 650/1000) **Edad Biológica:** 14 años **Estado:** Saludable (Fatiga leve) **[ESTADÍSTICAS]** **Fuerza:** 8 (Inferior a la media adulta) **Agilidad:** 16 (Reflejos aumentados) **Inteligencia:** 22 (Mente táctica de vida anterior) **Constitución:** 9 (Frágil) **[HABILIDADES ACTIVAS]** **- Sigilo (Nv.

3):** Movimiento silencioso, reducción de presencia en un 30%.

**- Manejo de Armas Cortas (Nv.

2):** Precisión mejorada con pistolas.

**- Combate CQC (Nv.

1):** Técnicas básicas de neutralización.

**- Ingeniería Improvisada (Nv.

1):** Creación de explosivos y trampas con materiales caseros.

**- Hackeo Básico (Nv.

1):** Intrusión en sistemas civiles no encriptados.

**[Puntos de Habilidad Disponibles:** 0] Mi fuerza seguía siendo mi talón de Aquiles.

Un enfrentamiento directo contra un adulto entrenado, como ese tal “Juez”, sería un suicidio si se prolongaba.

Mi ventaja residía en la preparación y la crueldad.

Levanté las tablas sueltas del suelo bajo mi cama.

Allí descansaba mi arsenal: la Glock 19 silenciada, el cuchillo táctico y, lo más importante para esta noche, los restos de los materiales químicos que había robado del laboratorio del instituto y de la ferretería.

Tenía suficiente para dos cargas más.

No grandes bombas destructoras de edificios, sino dispositivos antipersona direccionales.

Usé latas de refresco vacías como carcasas, rellenándolas con metralla improvisada: clavos oxidados y rodamientos de bolas.

El explosivo, una mezcla inestable pero potente, formaba el núcleo.

—Ingeniería improvisada al servicio del asesinato —murmuré, conectando los detonadores a receptores de radiofrecuencia extraídos de juguetes viejos.

Salí por la ventana diez minutos después, descendiendo por las tuberías con la agilidad de una sombra.

La ciudad dormía, pero yo estaba más despierto que nunca.

El depósito de trenes de Minato era un cementerio de hierro y óxido.

Vagones de la era Showa se pudrían bajo la luz de la luna, cubiertos de grafitis y enredaderas.

El lugar perfecto para una reunión clandestina: aislado, acústicamente amortiguado y lleno de vías de escape.

O trampas.

Llegué treinta minutos antes de la hora acordada.

Activé mi [Visión Nocturna] (proporcionada por las gafas tácticas que el Sistema me había “regalado” en el Nivel 2, aunque ahora las llevaba integradas con mis lentes normales mediante una modificación).

El mundo se tiñó de verde y gris.

Analicé el terreno.

Había un claro entre dos locomotoras diésel antiguas, el único espacio lo suficientemente abierto para una transacción, pero lo bastante cubierto para evitar satélites.

Ese sería el punto de encuentro.

Me moví rápido.

Coloqué la primera trampa, la “Lata A”, dentro de un montón de basura cerca de donde Neko_Eye88 probablemente se pararía.

Los informantes suelen buscar la seguridad de tener una pared a la espalda.

Elegí el vagón oxidado del este.

La lata quedó oculta bajo periódicos viejos y hojas secas, camuflada perfectamente con el entorno.

La segunda trampa, la “Lata B”, fue más difícil.

El Juez era una incógnita.

Si era tan arrogante como parecía en el tejado, querría dominar el espacio.

Se quedaría en el centro o en una posición elevada.

Decidí colocar la carga magnéticamente adherida a la parte inferior de una viga de acero que cruzaba el claro, justo encima del punto central.

Si detonaba, la lluvia de metal fundido y metralla caería verticalmente.

—Trampas listas.

Sincronización de detonador completa —susurré.

Me alejé unos cincuenta metros y trepé a la parte superior de una grúa de carga abandonada.

Desde allí, tenía una vista perfecta del escenario.

Me tumbé sobre el metal frío, controlando mi respiración para que el vaho no me delatara.

El plan era simple: esperar a que ambos estuvieran en posición.

Esperar a que Neko intentara vender una información que ya no tenía.

Esperar a que el Juez bajara la guardia para examinar la mercancía.

Y entonces, apretar el botón.

Dos pájaros de un tiro.

Sin testigos.

Sin rivales.

Cinco minutos para la medianoche.

El sonido de pasos sobre la grava rompió el silencio.

Una figura encapuchada, nerviosa, entró en el claro.

Neko_Eye88.

Miraba a todos lados, abrazando una mochila contra su pecho.

Pobre idiota.

No sabía que su tarjeta SD estaba destruida y que su vida valía aún menos.

Dos minutos después, la temperatura pareció bajar.

Una sombra se desprendió de la oscuridad en el extremo opuesto.

La máscara blanca de hueso brilló bajo la luz de la luna.

El abrigo largo ondeaba con una brisa inexistente.

El Juez había llegado.

Mi dedo acarició el botón del detonador.

—Llegas tarde —la voz del Juez, distorsionada mecánicamente, resonó en el claro.

—Tengo lo que pediste —dijo Neko, con la voz temblorosa—.

Pero el precio ha subido.

Sonreí en la oscuridad.

Negociando con un verdugo.

—La justicia no negocia —respondió el Juez, dando un paso hacia el centro, justo debajo de mi trampa B—.

Muestra la prueba.

Era el momento.

Estaban en posición.

Mi pulgar presionó el interruptor.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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