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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Humo en los Pulmones y Sangre en los Nudillos
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12: Capítulo 12: Humo en los Pulmones y Sangre en los Nudillos 12: Capítulo 12: Humo en los Pulmones y Sangre en los Nudillos La abstinencia psicológica es una bestia curiosa cuando tu cuerpo no tiene memoria química de la sustancia.

Mis manos de catorce años no temblaban por falta de nicotina en el torrente sanguíneo; temblaban porque mi mente de treinta años, estresada y paranoica, exigía el ritual del humo para ordenar el caos.

Estaba sentado en la última fila del aula, golpeteando el lápiz contra el pupitre con un ritmo sincopado que empezaba a molestar a Kobayashi, el chico sentado delante de mí.

—Yamada —susurré sin mover los labios, mirando fijamente la nuca del profesor de historia.

Takeshi se giró levemente, con esa expresión de conspirador perpetuo que tanto me irritaba y, a la vez, me resultaba útil.

—¿Qué pasa, Kenji?

—respondió bajito, ocultando la boca tras su libro de texto.

—Necesito que busques algo en tus foros de frikis de las armas.

Revólveres de gran calibre.

Modelos antiguos, personalizados.

Algo que parezca sacado de un western pero que dispare munición moderna capaz de perforar kevlar.

Los ojos de Takeshi brillaron.

Para él, esto era un juego, una pieza más del rompecabezas urbano del “Juez” y el “Carnicero”.

Para mí, era la diferencia entre vivir o morir la próxima vez que me cruzara con ese psicópata enmascarado.

—¿Crees que el Juez usa algo así?

—preguntó emocionado.

—Solo busca.

Y hazlo desde un ordenador público.

No seas idiota.

La campana sonó, salvándome de tener que fingir una sonrisa.

Salí disparado hacia el baño.

Me encerré en el último cubículo, saqué el paquete arrugado que había robado la noche anterior y encendí un cigarrillo con manos expertas.

La primera calada me quemó la garganta virgen de este cuerpo adolescente, provocándome una tos seca y violenta que tuve que sofocar con la manga del uniforme.

Pero cuando la nicotina golpeó mi cerebro, el ruido del mundo se apagó.

El zumbido constante del Sistema, la presión de Ryoko, la amenaza del Juez…

todo se volvió manejable.

El Juez.

Ese tipo no era un aficionado.

Su equipo costaba millones de yenes.

Su entrenamiento era militar o policial de élite.

No se movía como un yakuza ni como un mercenario extranjero.

Se movía con la autoridad de quien cree que la ley le pertenece.

Necesitaba saber quién era bajo esa máscara de hueso.

Si Ryoko estaba investigando al “Carnicero”, seguro que tenía algo sobre el Juez.

Esa noche, mi madre traería trabajo a casa; era mi oportunidad.

Pero antes, necesitaba purgar la energía sobrante.

Y tenía una habilidad nueva que probar.

La noche cayó sobre Kabukicho con su habitual manto de neón y depravación.

Me había cambiado en un callejón: sudadera negra con capucha, mascarilla médica negra y mis guantes tácticos.

El Sistema parpadeó en mi retina.

**[OBJETIVO DETECTADO: Pandilla “Los Cuervos de Cromo”.

Nivel de Amenaza: Bajo]** Eran seis.

Estaban ocupando el sótano de un edificio de máquinas recreativas abandonado, usándolo para menudeo de drogas sintéticas.

El escenario perfecto: pasillos estrechos, esquinas ciegas, espacios confinados.

El terreno de juego ideal para mi nueva habilidad: [Combate CQC en Interiores].

Bajé las escaleras silenciosamente.

El olor a humedad y orina era penetrante.

Escuché risas y el sonido de botellas rompiéndose.

Me asomé por la esquina.

Estaban en una sala rectangular llena de viejas máquinas de pachinko cubiertas de lonas.

No saqué la pistola.

Esta noche era para los huesos y el acero frío.

Entré caminando.

El primero en verme fue un chico con el pelo teñido de rubio platino.

Antes de que pudiera gritar, activé la habilidad.

No fue como una posesión, sino como si de repente entendiera la geometría de la violencia de una forma matemática.

Me lancé hacia él.

Usé la pared del pasillo para impulsarme, cerrando la distancia en un parpadeo.

Mi codo impactó en su plexo solar, doblándolo, y con un movimiento fluido agarré su cabeza y la estrellé contra el marco de la puerta.

Crujido.

Silencio.

Uno menos.

Los otros cinco reaccionaron.

Sacaron navajas y bates.

En un espacio abierto, me habrían rodeado.

Aquí, entre las filas de máquinas de pachinko, se estorbaban unos a otros.

El Sistema proyectaba líneas azules en el suelo, indicándome las rutas de evasión y los puntos ciegos.

Esquivé un batazo agachándome y barriendo las piernas del agresor.

Mientras caía, usé su cuerpo como escudo humano contra otro que venía con una navaja.

La hoja se clavó en el hombro de su compañero.

Gritos de dolor.

—¡Maldito crío!

—rugió el más grande del grupo.

Me moví entre las máquinas como agua sucia.

[Combate CQC en Interiores] guiaba mis manos.

Desvié un puñetazo, atrapé la muñeca, roté la articulación hasta que el hueso cedió y lo empujé contra una máquina de pinball, rompiendo el cristal con su cara.

La sangre manchó el tablero descolorido.

Era una danza brutal.

No había desperdicio de energía.

Cada golpe tenía un propósito: incapacitar, romper, silenciar.

Cuando el último de ellos intentó huir hacia la salida, le lancé una de las bolas de pachinko de metal pesado que había tomado del suelo.

Le dio en la nuca.

Cayó redondo.

Jadeaba, pero no por cansancio, sino por la euforia fría de la violencia eficiente.

Seis oponentes en cuarenta segundos.

Sin disparos.

Sin alarmas.

**[Progreso de Habilidad: Combate CQC (Nv.

1) -> 45%]** Salí del edificio dejando atrás un coro de gemidos.

En la azotea contigua, con la sirena de una patrulla lejana como banda sonora, encendí otro cigarrillo.

El humo azul se mezcló con el vaho de mi respiración.

Mis nudillos estaban rojos, pero mi mente estaba clara.

Regresé a casa a las 23:00.

Ryoko estaba en la cocina, rodeada de carpetas, con una copa de vino tinto y ojeras marcadas.

Olía a estrés y lavanda.

—Llegas tarde, Kenji —dijo sin levantar la vista del informe.

—Estaba estudiando con Takeshi.

Se nos pasó la hora —mentí con la facilidad de un sociópata, poniendo mi mejor cara de “niño bueno arrepentido”.

—Ve a dormir.

Mañana tienes escuela.

Esperé en mi habitación cuarenta minutos.

Escuché cómo se duchaba y luego cómo su respiración se volvía pesada desde su dormitorio.

Salí descalzo, evitando las tablas del suelo que crujían.

Fui a la mesa de la cocina.

Ahí estaba.

El expediente que buscaba.

No ponía “El Juez”, ponía “Caso: Espectro”.

Abrí la carpeta con cuidado quirúrgico.

Había fotos borrosas de las escenas del crimen atribuidas al Juez.

Siempre criminales de cuello blanco o traficantes de alto nivel.

Y entonces, vi la nota al pie de una foto de balística.

*”Proyectil recuperado: Calibre .454 Casull.

Estrías compatibles con cañón personalizado de la marca ‘Kusanagi Gunsmiths’.

Taller cerrado en 2015.

Solo se fabricaron doce unidades de ese modelo específico, el ‘Ronin'”*.

Una lista de compradores.

La mayoría tachados o muertos.

Pero uno resaltaba, un nombre que Ryoko había subrayado dos veces con rotulador rojo: *”Sojiro Arata – Ex Comisario de Policía, retirado por invalidez psicológica en 2018″*.

Sojiro Arata.

Un ex policía.

Eso explicaba el entrenamiento, el equipo y la obsesión por una justicia retorcida.

Pero lo más interesante era la dirección anotada al margen, en el distrito de Setagaya, una zona de clase alta.

Sonreí en la oscuridad.

El Juez ya no era un fantasma.

Tenía nombre, tenía dirección, y pronto, tendría una visita.

Cerré la carpeta y volví a mi cama.

El Sistema vibró suavemente, reconociendo el hallazgo.

**[NUEVA MISIÓN DESBLOQUEADA: Juicio Final]** *Objetivo: Confirmar la identidad de El Juez y neutralizar la amenaza antes de que él te encuentre a ti.* Me giré hacia la pared, sintiendo el leve cosquilleo de la nicotina desvaneciéndose.

La caza había cambiado de dirección.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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