Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Código Binario y Recetas Médicas
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13: Capítulo 13: Código Binario y Recetas Médicas 13: Capítulo 13: Código Binario y Recetas Médicas El aburrimiento en la escuela secundaria es una forma de tortura que ni siquiera Dante pudo imaginar.
Mientras el profesor de química explicaba la diferencia entre enlaces iónicos y covalentes, yo estaba mentalmente desmantelando la vida digital de un ex comisario de policía.
Mis dedos tamborileaban sobre la mesa, no por ansiedad, sino marcando el ritmo de un algoritmo que aún no podía ejecutar.
Sojiro Arata.
El nombre pesaba en mi memoria reciente como una bala en la recámara.
En cuanto sonó la campana final, ignoré los intentos de Takeshi de mostrarme un nuevo hilo en *2chan* sobre avistamientos de ovnis en Hokkaido.
Hoy no había tiempo para conspiraciones de aficionados.
Hoy cazaba a un profesional.
Me dirigí a Ikebukuro, lejos de mi barrio y lejos de Akihabara.
Elegí un cibercafé en un sótano, “The Spider’s Web”, un lugar con olor a ramen instantáneo rancio y poca ventilación, perfecto para el anonimato.
Pagué en efectivo, alquilé un cubículo privado por tres horas y me senté frente a la pantalla parpadeante.
—Sistema, inicia interfaz de hackeo.
Objetivo: Sojiro Arata.
Una cuadrícula azul se superpuso a mi visión, convirtiendo el monitor LCD barato en una terminal de comando avanzada.
**[HABILIDAD ACTIVA: Hackeo Básico (Nv.
1)]** **[Coste de Energía: 15 SP/hora]** Mis dedos volaron sobre el teclado pegajoso.
No necesitaba ser un genio de la informática; el Sistema actuaba como un puente, rellenando los huecos de mi conocimiento y forzando las cerraduras digitales con una eficiencia brutal.
Mi primer objetivo fue el registro civil y financiero.
Acceder a las cuentas bancarias de un ciudadano promedio es fácil.
Acceder a las de un ex comisario con paranoia clínica era otro asunto.
El Sistema detectó tres cortafuegos.
El primero cayó con un simple script de inyección SQL.
El segundo, una encriptación biométrica, requirió que el Sistema simulara una “llave maestra” basada en antiguos protocolos policiales que Arata no había actualizado.
Las finanzas de Arata eran un poema de austeridad fingida.
Su pensión oficial apenas cubría el alquiler de una casa en Setagaya y gastos básicos.
Sin embargo, al cruzar datos con cuentas *offshore* en las Islas Caimán —vinculadas a una empresa fantasma llamada “Balanza Cero”—, encontré el flujo real.
—Ahí estás —murmuré.
Retiros mensuales de 500.000 yenes en efectivo.
Compras de equipo “industrial” a través de intermediarios.
Pero lo que me llamó la atención fue un pago recurrente, inamovible, cada día 15 del mes: “Clínica Privada Aojiro”.
La suma era exorbitante para un chequeo rutinario.
Cambié de objetivo.
Historial médico.
Esto fue más difícil.
La Clínica Aojiro tenía seguridad de nivel corporativo.
Tuve que gastar 50 XP para que el Sistema ejecutara un *exploit* de día cero en sus servidores.
La pantalla parpadeó en rojo antes de volverse verde.
Acceso concedido.
Busqué el expediente de Arata.
Lo que encontré me hizo sonreír sin alegría.
**Paciente:** Sojiro Arata (58 años) **Diagnóstico (2018):** Trastorno de identidad disociativo, TEPT complejo con delirios mesiánicos.
**Notas del terapeuta:** *”El paciente muestra una obsesión patológica con la ‘justicia absoluta’.
La disociación se manifiesta como una personalidad alterna que él llama ‘El Juez’, capaz de violencia extrema sin remordimiento moral.
Se recomienda internamiento.
El paciente rechaza la custodia.”* Ahí estaba.
No era solo un vigilante; era un loco con placa retirada.
Pero la locura necesita combustible, o en su caso, frenos.
Revisé la lista de medicamentos.
Arata consumía un cóctel químico potente: antipsicóticos de tercera generación y estabilizadores del ánimo experimentales.
*Neuro-Calm X*.
Una droga que no se vende en farmacias normales, solo bajo prescripción estricta y controlada.
Seguí el rastro del suministro.
Arata no iba a la clínica.
La clínica enviaba los medicamentos mediante un servicio de mensajería privada y “discreta” a un apartado de correos en Shinjuku, no a su casa.
El próximo envío estaba programado para…
mañana.
La debilidad de Arata no era su hija, ni su dinero, ni su orgullo.
Era su propia química cerebral.
Sin esas pastillas, el “Juez” perdería la fría precisión que lo hacía letal y se convertiría en un animal rabioso y descuidado.
O peor, colapsaría en temblores y alucinaciones.
El Sistema vibró, ofreciendo una deducción táctica.
**[ANÁLISIS COMPLETADO]** **[Debilidad Identificada: Dependencia Química]** **[Oportunidad Táctica: Interceptación de Suministros]** Descargué los archivos en una unidad encriptada y luego borré mis huellas, dejando un rastro falso que apuntaba a una IP en Rusia.
Me quité los auriculares y me estiré, sintiendo cómo mis vértebras crujían.
Tenía la dirección del apartado de correos.
Tenía la hora aproximada de entrega basada en los registros anteriores (entre las 14:00 y las 16:00).
Y tenía la certeza de que Arata iría personalmente a recogerlo.
Un paranoico como él no confiaría su cordura a nadie más.
Salí del cibercafé a la luz naranja del atardecer de Tokio.
La ciudad parecía tranquila, ajena a los monstruos que caminaban por sus calles.
Mañana, Arata iría a buscar su paz mental en una caja de cartón.
Yo estaría allí para asegurarme de que encontrara algo muy diferente.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo.
Era un mensaje de Ryoko: *”Cenaré fuera.
Turno doble.
Hay curry en la nevera.
No te acuestes tarde.”* Leí el mensaje con una mezcla de alivio y cinismo.
Mamá estaba fuera cazando fantasmas mientras su hijo planeaba emboscar al rey de los espectros.
Guardé el teléfono y me ajusté las gafas.
El plan era simple: llegar al punto de entrega antes que él, sabotear el paquete o usarlo como cebo.
Pero el Sistema tenía una última sorpresa para mí.
Mientras caminaba hacia la estación de tren, una notificación urgente brilló en mi retina, roja como la sangre.
**[ALERTA DE PROXIMIDAD: Usuario del Sistema detectado en un radio de 500m]** Me detuve en seco en medio del paso de peatones, ignorando los cláxenes.
No era Arata.
El ping venía de una dirección diferente, hacia el este, cerca de un parque infantil.
¿Otro usuario?
¿Cuántos éramos en este maldito juego?
Me giré lentamente, activando mi visión mejorada, buscando entre la multitud de asalariados y estudiantes.
Y entonces lo vi.
O mejor dicho, la vi.
Una chica con el uniforme de una escuela privada de élite, sentada en un columpio, mirando directamente hacia mí con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Sobre su cabeza, invisible para los civiles, flotaba un marcador dorado.
**[NIVEL: ???]** Ella levantó una mano y saludó con un leve movimiento de dedos.
Luego, se llevó el índice a los labios en un gesto de silencio universal.
El Juez era mi problema inmediato.
Pero esto…
esto era una complicación que no había calculado.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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