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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 Dosis Letal y Luces Azules
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16: Capítulo 16: Dosis Letal y Luces Azules 16: Capítulo 16: Dosis Letal y Luces Azules El sonido del cerrojo al cerrarse fue como el disparo de salida de una carrera de velocidad.

Esperé cinco segundos exactos, contando los latidos de mi propio corazón, antes de abandonar mi postura encorvada de hijo preocupado y correr hacia la ventana del salón.

Descorrí la cortina apenas un milímetro.

Abajo, bajo la luz mortecina de las farolas de Koto, Ryoko subía a un sedán negro sin distintivos policiales.

No iba sola; dos hombres con equipo táctico pesado la esperaban.

El coche arrancó con una urgencia que confirmaba mis peores sospechas: el operativo no era para mañana.

Era ahora.

—Maldita sea —siseé en español, el idioma de mis frustraciones más viscerales.

Mi plan original se basaba en la erosión lenta.

Las pastillas falsas que Arata, el infame “Juez”, había ingerido hace unas horas eran meros placebos de tiza y cafeína.

Yo esperaba que la abstinencia de su medicación real, el *Neuro-Calm X*, lo destrozara psicológicamente durante la noche, dejándolo como un guiñapo paranoico para cuando yo llegara al amanecer.

Pero Ryoko había acelerado los tiempos.

Si la policía llegaba a él primero, sucedería una de dos cosas: o Arata se rendía y revelaba la existencia de los “Jugadores” y el Sistema en un interrogatorio, o resistía y mataba a mi madre en el proceso.

Arata era un excomisario de élite con habilidades aumentadas; un equipo SWAT convencional sería carne picada para él.

No podía permitir ninguna de las dos opciones.

Tenía que llegar antes.

Tenía que ser yo quien bajara el telón.

Corrí a mi habitación y levanté las tablas del suelo con una palanca improvisada.

El Sistema parpadeó en mi retina, detectando mi adrenalina.

**[MISIÓN URGENTE ACTUALIZADA: La Carrera del Verdugo]** **[Objetivo: Eliminar a Sojiro Arata antes de que la policía asegure el perímetro.]** **[Recompensa: 500 XP, Título: ‘Asesino de Fantasmas’.]** **[Fracaso: Exposición de identidad o Muerte de Ryoko Sato.]** Me vestí en tiempo récord: ropa negra ajustada, chaleco ligero de kevlar robado a los *Dragones*, y mi máscara balística.

Guardé la Glock 19 silenciada en la sobaquera y el cuchillo táctico en la bota.

No había tiempo para bombas complejas.

Esto iba a ser quirúrgico y sucio.

Salí por la ventana del baño, trepando por las tuberías exteriores con la agilidad felina que me otorgaba mi estadística de [Agilidad: 18].

La noche de Tokio me recibió con una llovizna fría.

Setagaya, el distrito residencial donde vivía Arata, estaba a veinte minutos en tren, pero solo a doce si corría por los tejados y cortaba por las vías del tren elevadas.

Activé **[Sprint Táctico]**.

Mi barra de resistencia apareció en la esquina de mi visión, drenándose lentamente mientras mis piernas bombeaban fuerza con una eficiencia inhumana.

Salté vallas, escalé muros de contención y crucé avenidas saltando entre camiones en movimiento.

Mi mente, la de Javier, calculaba rutas y probabilidades; mi cuerpo, el de Kenji, ejecutaba los movimientos con una precisión mecánica.

Llegué a la residencia de Arata en once minutos.

Era una casa tradicional reformada, rodeada de muros altos con cámaras de seguridad.

Me agazapé en la rama de un pino en la propiedad vecina, activando mi **[Visión Nocturna]**.

Todo se tiñó de verde y gris.

La casa estaba en silencio, pero no en calma.

Podía ver el calor residual de un motor en el garaje.

Había alguien dentro.

—Sistema, escaneo de amenazas —ordené en silencio.

**[ERROR: Objetivo protegido por contramedidas de alto nivel.

Escaneo bloqueado.]** Chasqueé la lengua.

Por supuesto.

Kitsune tenía razón; Arata no era un simple loco, era un pez gordo.

Salté el muro, aterrizando en el césped húmedo sin hacer ruido gracias a mi **[Sigilo Nv.

3]**.

Evité los sensores láser visibles solo a través de la interfaz del Sistema y me pegué a la pared lateral.

Desde el interior, escuché un grito ahogado y el sonido de cristales rotos.

Me asomé por una ventana lateral.

El estudio estaba hecho un desastre.

Libros y expedientes cubrían el suelo.

En el centro, Sojiro Arata, un hombre de cincuenta años con el físico de un levantador de pesas, caminaba en círculos como un tigre enjaulado.

Llevaba su máscara de hueso a medio poner y empuñaba su revólver *Ronin* .454 Casull.

—¡No funcionan!

—gritó, golpeando un frasco de pastillas contra la mesa.

Eran mis pastillas falsas—.

¡Las voces no callan!

¡¿Por qué no callan?!

El placebo y la cafeína estaban haciendo efecto, pero no el que él esperaba.

En lugar de calmarlo, la falta de su antipsicótico real estaba acelerando su TEPT, y la cafeína lo mantenía en un estado de hiperalerta agresiva.

Estaba perdiendo la cabeza, pero sus músculos estaban tensos, listos para matar.

Era peligrosísimo.

De repente, el sonido de sirenas cortó el aire.

Lejanas, pero acercándose rápido.

Ryoko.

—Mierda —susurré.

No podía esperar a que se debilitara más.

Tenía que entrar.

Saqué la Glock y busqué un ángulo de tiro a través del cristal.

Apunté a su cabeza.

El Sistema calculó la trayectoria: 92% de probabilidad de impacto.

*Pffft.* El disparo del silenciador fue un susurro metálico.

El cristal se rompió, pero en el último microsegundo, Arata se movió.

No fue suerte.

Fue un reflejo sobrenatural.

La bala le rozó la oreja, arrancando un pedazo de carne y hueso, pero no lo mató.

Arata giró hacia la ventana con una velocidad espantosa, sus ojos inyectados en sangre clavándose en los míos a través de la oscuridad.

—¡Tú!

—rugió, su voz distorsionada por la máscara y la locura—.

¡El Carnicero!

Levantó el cañón de su *Ronin*.

Me tiré al suelo justo cuando el disparo de su revólver destrozó la pared donde yo había estado una fracción de segundo antes.

El estruendo fue ensordecedor, nada que ver con mi pistola silenciada.

Ese disparo había despertado a todo el vecindario.

Las sirenas se hicieron más fuertes.

Ya no estaban a kilómetros, estaban doblando la esquina.

No tenía opción de retirada.

Si huía ahora, Ryoko entraría y Arata la mataría.

Si me quedaba, quedaba atrapado entre un psicópata nivel jefe y un equipo táctico de la policía.

Me levanté y pateé la puerta trasera, entrando en el estudio entre una lluvia de astillas.

Arata reía, recargando su arma con una sola mano mientras con la otra se arrancaba la máscara rota.

—¡Justicia!

—aulló, apuntándome de nuevo.

El tiempo pareció ralentizarse.

El Sistema dibujó líneas de ataque en rojo sobre mi visión.

Tenía que cerrar la distancia.

Tenía que matarlo en combate cuerpo a cuerpo antes de que la policía derribara la puerta principal.

—Juicio denegado —gruñí, lanzando una granada de humo casera a sus pies y cargando hacia la niebla gris con el cuchillo en la mano.

Las luces azules de las patrullas comenzaron a parpadear contra las paredes del salón, proyectando sombras danzantes mientras el humo nos envolvía.

Estaba atrapado en la boca del lobo, y la única salida era abrirme paso a cuchilladas.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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