Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Código Cero: El Justiciero de Tokio
  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 El Peso de la Sangre y el Polvo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capítulo 17: El Peso de la Sangre y el Polvo 17: Capítulo 17: El Peso de la Sangre y el Polvo El humo gris y denso de mi granada casera no era solo una cobertura visual; era una mezcla irritante de nitrato de potasio y azúcar quemado que picaba en la garganta y hacía lagrimear los ojos.

Para Arata, cegado por la ira y el síndrome de abstinencia, debió ser como entrar en el infierno.

Para mí, gracias a la interfaz del Sistema que resaltaba su silueta térmica en un rojo furioso, era un patio de recreo.

Me deslicé bajo su guardia como una sombra.

El cañón del *Ronin* tronó una vez más, un estruendo que hizo vibrar mis molares, pero el disparo se perdió en el techo, haciendo llover yeso sobre nosotros.

Arata era fuerte, brutalmente fuerte, pero peleaba contra fantasmas.

Yo era real.

—¡Sal, rata!

—bramó, girando su torso con un golpe de revés que habría decapitado a un adulto promedio.

Me agaché, sintiendo el viento de su puño sobre mi cabello revuelto, y activé **[CQC: Golpe Preciso]**.

Mi cuchillo táctico buscó el hueco entre las costillas flotantes y la cadera, hundiendo el acero hasta el mango.

La resistencia de la carne cedió con una facilidad repugnante.

Arata soltó un gruñido ahogado, más de sorpresa que de dolor, y trató de agarrarme.

Su mano, grande como un guante de béisbol, se cerró en el aire donde yo había estado un segundo antes.

Aprovechando mi baja estatura y mi agilidad aumentada, giré sobre mis talones para situarme a su espalda.

—Tu justicia está caducada —susurré en su oído.

No hubo piedad ni vacilación.

Mi vida anterior en Madrid me había enseñado que las segundas oportunidades en una pelea a muerte son tumbas cavadas por uno mismo.

Con un movimiento fluido, saqué el cuchillo de su costado y tracé una línea profunda y definitiva a través de su garganta.

Un spray carmesí pintó el humo de negro bajo mi visión térmica.

El gigante se tambaleó.

El revólver cayó de su mano con un golpe sordo contra la madera del suelo.

Se llevó las manos al cuello, intentando contener lo incontenible, gorgoteando sonidos húmedos que ya no eran palabras.

Cayó de rodillas primero, luego se desplomó boca abajo, convulsionando una última vez antes de quedarse quieto.

**[OBJETIVO ELIMINADO: Sojiro Arata (Jefe de Zona)]** **[Experiencia Ganada: 500 XP]** **[Nivel Subido: 5]** No tuve tiempo de celebrar.

El sonido de botas pesadas subiendo los escalones del porche y el chirrido de los neumáticos frenando en seco frente a la casa me devolvieron a la realidad.

Las sirenas ya no aullaban; las habían apagado para mantener el factor sorpresa, pero las luces azules seguían girando, colándose por las ventanas rotas como relámpagos estroboscópicos.

—¡Policía de Tokio!

¡Tenemos el perímetro rodeado!

—La voz amplificada por un megáfono resonó fuera.

No era Ryoko.

Era un oficial de apoyo.

Miré el cadáver a mis pies.

Si salía por la ventana trasera, me toparía con el equipo táctico que seguramente estaba cubriendo las salidas.

Si me quedaba aquí, Ryoko me encontraría junto al cuerpo.

Sería el fin del juego.

—Mierda, mierda, mierda —murmuré, enfundando el cuchillo ensangrentado y limpiando mis guantes en la chaqueta de Arata con frenesí.

Miré hacia arriba.

El disparo fallido de Arata había abierto un agujero en el falso techo de escayola, revelando vigas de madera y oscuridad.

Una trampilla de acceso al ático se encontraba apenas a dos metros, en el pasillo adyacente al estudio.

*¡CRASH!* La puerta principal de la casa voló por los aires, derribada por un ariete.

—¡Entrando!

¡Izquierda despejada!

—Gritos tácticos.

Pasos rápidos y pesados sobre el parqué.

Corrí hacia el pasillo.

Salté, agarrándome al marco de la trampilla.

Mis dedos enguantados resbalaron un instante por el sudor frío, pero mi **[Fuerza: 9]** (aún patética, pero suficiente para mi propio peso ligero) me permitió impulsarme hacia arriba.

Me introduje en la oscuridad del ático, raspándome los codos y las rodillas, y cerré la tapa de madera justo cuando el haz de luz de una linterna táctica barría la pared donde habían estado mis piernas colgando.

Me quedé inmóvil, tumbado sobre el aislamiento de fibra de vidrio, respirando a través de la boca para no hacer ruido.

El polvo del ático me picaba en la nariz, amenazando con un estornudo que tuve que reprimir mordiéndome el interior de la mejilla hasta sentir sabor a sangre.

Abajo, el caos controlado de la redada policial llenaba la casa.

—¡Estudio despejado!

—gritó alguien.

—¡Tengo un cuerpo!

Varón, caucásico…

no, japonés, corpulento.

Heridas masivas.

Sin constantes.

Escuché el sonido inconfundible de unos tacones firmes entrando en la escena.

El ritmo de esos pasos me era tan familiar como mi propio pulso.

Ryoko.

—Déjenme ver —ordenó ella.

Su voz sonaba tensa, profesional, pero con un hilo de ansiedad subyacente.

Hubo una pausa.

Imaginé a mi madre arrodillándose junto al hombre que yo acababa de destripar.

Imaginé su rostro iluminado por las linternas, analizando el corte limpio, la eficiencia de la ejecución.

—Está caliente —dijo Ryoko, su voz bajando una octava—.

La sangre aún no ha coagulado.

El agresor…

el Carnicero…

acaba de irse.

—Inspectora, el perímetro está sellado.

Nadie ha salido por la parte trasera ni lateral —informó un agente.

—Entonces está cerca —concluyó ella.

Sentí un escalofrío recorrer mi columna.

Podía sentir su inteligencia afilada buscando patrones, buscando huecos.

Me arrastré milímetro a milímetro hacia una pequeña rejilla de ventilación que daba al estudio.

A través de las lamas polvorientas, vi la escena desde arriba.

El humo se disipaba lentamente.

Ryoko estaba de pie junto al cadáver de Arata, con su arma reglamentaria en la mano, barriendo la habitación con la mirada.

Parecía cansada, con ojeras profundas bajo el maquillaje, y una mancha de café en la solapa de su traje que me provocó una punzada de culpa absurda.

—Revisen cada habitación.

Armarios, bajo las camas.

Quiero a la unidad K-9 aquí ahora —ordenó ella—.

Si sigue en la casa, lo quiero vivo.

Si ha escapado, quiero saber cómo.

Me pegué contra las tejas frías del tejado.

Perros.

Eso era un problema grave.

Mi olor estaba por todas partes: adrenalina, pólvora y la sangre de Arata en mis botas.

Tenía quizás diez minutos antes de que trajeran a los pastores alemanes.

El Sistema parpadeó suavemente en la oscuridad.

**[Misión Cumplida: La Carrera del Verdugo]** **[Título Obtenido: Asesino de Fantasmas (Otorga +5% de daño contra objetivos con sigilo)]** **[Advertencia: Enemigos en proximidad extrema.

Sigilo comprometido si se realiza movimiento rápido.]** Miré alrededor del ático.

Era un espacio angosto, lleno de cajas viejas y polvo de décadas.

La única luz entraba por los aleros.

Hacia el norte, una pequeña claraboya estaba entreabierta.

Podría caber por ahí, pero salir al tejado significaba exponerme a cualquier policía que hubiera quedado fuera vigilando.

Quedarme significaba enfrentarme a los perros y a Ryoko.

Abajo, escuché cómo abrían la puerta del sótano.

Se estaban acercando.

Mi mano se cerró en torno a la empuñadura de mi Glock.

No quería disparar a policías.

No quería disparar a mi madre.

Pero la supervivencia, ese instinto animal que Javier me había legado y que Kenji había perfeccionado, rugía en mis oídos más fuerte que cualquier sirena.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo