Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 Frecuencias Fantasma
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18: Capítulo 18: Frecuencias Fantasma 18: Capítulo 18: Frecuencias Fantasma El polvo de fibra de vidrio se me pegaba a la piel sudorosa como agujas microscópicas.
Desde mi escondite en el ático, podía oír el crujido de la madera bajo las botas tácticas del equipo de asalto.
Estaban barriendo el pasillo, habitación por habitación.
Mi madre, la inspectora Ryoko Sato, estaba de pie justo debajo de mí, junto al cadáver aún caliente de Sojiro Arata.
La ironía de la situación no se me escapaba: la mujer que me preparaba el desayuno estaba coordinando la caza de su propio hijo, separada de mí solo por una fina capa de yeso y vigas viejas.
—¡Unidad K-9 en posición!
—ladró una voz masculina desde la entrada principal.
—¡Soltando al perro en tres, dos…!
Se me heló la sangre.
Los perros no entienden de coartadas ni de gafas de estudiante modelo.
Si soltaban a un pastor alemán ahí dentro, olería la adrenalina, la pólvora y la sangre de Arata en mi ropa en cuestión de segundos.
El aislamiento del ático no detendría su olfato.
Tenía, siendo optimista, cuarenta segundos antes de que ese animal empezara a ladrarle al techo.
Necesitaba un milagro, o mejor dicho, una distracción.
Y la necesitaba ya.
Cerré los ojos y activé la interfaz del Sistema.
El brillo azulado del menú se superpuso a la oscuridad del ático.
No tenía granadas, y cualquier ruido físico que hiciera yo mismo delataría mi posición exacta.
Mis ojos recorrieron mis habilidades disponibles.
**[Interfaz de Hackeo Básico (Nv.
1)]** Me concentré en el entorno digital.
El mundo físico se desvaneció ligeramente, reemplazado por líneas de red que pulsaban a través de las paredes de la casa.
La residencia de Arata era vieja, pero como buen paranoico, había instalado un sistema de seguridad independiente y cableado interno.
Mis opciones eran limitadas con mi nivel actual, pero detecté un nodo activo en el subsuelo.
Un sistema de intercomunicación antiguo conectado a la red eléctrica y, curiosamente, vinculado a un sensor de movimiento en el sótano que Arata debía usar para vigilar su perímetro inferior.
—Vamos, vamos…
—susurré mentalmente, forzando mi voluntad a través de la conexión inalámbrica de mi Sistema.
Gasté 20 Puntos de Sistema (SP) para forzar un *bypass* rápido.
El firewall era rudimentario.
Arata se preocupaba por las balas, no por los bits.
Accedí al control de audio del sótano.
No podía proyectar una voz, pero podía causar un *feedback*, una sobrecarga en los altavoces viejos que sonaría como algo mucho peor.
Abajo, escuché el tintineo de las cadenas del perro y el resuello del animal ansioso.
—¡Busca!
—ordenó el guía canino.
Ahora.
Ejecuté el comando **[Sobrecarga de Audio: Distorsión Máxima]**.
Desde las profundidades de la casa, un sonido agudo y metálico, similar al de una tubería de vapor estallando o un grito electrónico distorsionado, rasgó el silencio tenso de la escena.
Fue un estruendo breve pero violento, seguido del sonido de algo cayendo —probablemente el propio altavoz reventando por la vibración—, lo que provocó un golpe seco que resonó contra las vigas.
—¡Contacto en el sótano!
—gritó uno de los oficiales del equipo SWAT.
—¡Ruido de movimiento abajo!
Ryoko reaccionó al instante, su instinto policial tomando el control.
—¡El sospechoso podría haberse atrincherado abajo!
¡Equipo Azul, conmigo!
¡K-9, al frente!
—ordenó ella, su voz alejándose del estudio.
El estruendo de botas corriendo hacia las escaleras del sótano fue música para mis oídos.
Sentí cómo la presión en la planta superior disminuía drásticamente.
El perro, excitado por el ruido repentino, ladraba furioso mientras lo arrastraban escaleras abajo.
No perdí ni un segundo.
Me giré hacia la claraboya norte.
Estaba sellada con pintura vieja y suciedad, pero la adrenalina y mi **[Fuerza: 9]** —que aunque mediocre, se sentía amplificada por la urgencia— me permitieron empujar el marco.
La madera cedió con un gemido que quedó enmascarado por los gritos de la policía en el piso inferior.
Me deslicé hacia el tejado húmedo.
El aire nocturno de Tokio me golpeó la cara, frío y limpio, limpiando el olor a muerte de mis fosas nasales.
Lloviznaba ligeramente.
Perfecto.
El agua ayudaría a disipar mi rastro olfativo en el exterior.
Me pegué a las tejas negras, reptando como un insecto hasta el borde del alero opuesto a la entrada principal.
Desde mi posición elevada, vi el despliegue policial: tres coches patrulla bloqueando la calle y una furgoneta táctica.
Pero todos los ojos estaban fijos en la puerta principal y las ventanas laterales.
Nadie miraba hacia el callejón trasero, asumiendo que el perímetro estaba sellado.
Activé **[Agilidad Menor]**.
Tomé impulso y salté hacia la rama gruesa de un roble que crecía en la propiedad vecina.
Aterricé con un impacto sordo, mis guantes agarrando la corteza mojada, y me deslicé por el tronco hasta el muro de hormigón que separaba las parcelas.
—¡Sótano despejado!
—escuché gritar a alguien desde el interior de la casa, la voz amortiguada por la distancia.
—¡No hay nadie aquí!
¡Ha sido una falla eléctrica o una trampa!
—¡Maldita sea!
—La voz de Ryoko sonó furiosa, flotando desde una ventana abierta.
—¡Ha jugado con nosotros!
¡Volved arriba, revisad el tejado!
Demasiado tarde, mamá.
Ya estaba corriendo por el callejón, mis botas chapoteando en los charcos, poniendo metros de asfalto y hormigón entre el *Carnicero* y la policía.
Me movía rápido, usando las sombras proyectadas por los edificios de Setagaya, evitando las farolas como si fueran lava.
Corrí durante quince minutos sin detenerme, zigzagueando por calles secundarias hasta llegar a una zona comercial más concurrida donde el anonimato era más fácil.
Me detuve en un baño público de un parque desierto para quitarme la máscara balística y la chaqueta táctica, guardándolo todo en mi mochila escolar que había dejado escondida previamente bajo una lona de construcción cercana.
Al mirarme en el espejo roto del baño, vi a Kenji Sato: un chico de catorce años, pálido, con el pelo revuelto y los ojos grandes tras unas gafas baratas.
Pero detrás de esos ojos, Javier estaba haciendo inventario.
Arata estaba muerto.
La amenaza inmediata había sido neutralizada.
Ryoko estaba viva.
Sin embargo, mis manos temblaban ligeramente.
No por miedo a Arata, sino por la proximidad del encuentro con Ryoko.
Había estado a tres metros de destruirla.
Si me hubiera encontrado…
el disparo no habría sido físico, sino emocional, y habría sido mortal para ambos.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo.
Lo saqué con cuidado.
*Mamá (Llamada entrante)* Respiré hondo.
Uno, dos, tres.
Contesté con voz adormilada, frotándome los ojos para que el sonido de mi propia fatiga fuera real.
—¿Diga…?
—murmuré, fingiendo un bostezo.
—Kenji…
—La voz de Ryoko sonaba temblorosa, agotada.
De fondo se oían sirenas y estática de radio.
—Perdona que te llame tan tarde.
¿Estás bien?
¿Estás en casa?
—Sí, mamá…
estaba durmiendo.
¿Pasa algo?
¿Cuándo vas a venir?
—La mentira fluyó de mis labios con una facilidad que me dio asco.
—No…
no pasa nada.
Solo quería oír tu voz.
—Hubo una pausa, un silencio cargado donde casi pude sentir su miedo.
—Tengo mucho trabajo.
Ha habido un incidente.
No me esperes despierto.
Cierra bien la puerta, ¿vale?
—Vale.
Ten cuidado, mamá.
—Siempre.
Te quiero, Kenji.
Colgó.
Me quedé mirando la pantalla negra del móvil bajo la luz parpadeante del baño público.
**[Misión Cumplida]**.
Había ganado 500 XP, había subido de nivel y había eliminado a un *Jefe de Zona*.
Pero mientras caminaba de regreso a casa bajo la lluvia fina, no me sentía como un ganador.
Me sentía como un funambulista que acababa de darse cuenta de que no había red de seguridad, y que la cuerda por la que caminaba estaba atada al cuello de las personas que se suponía que debía proteger.
El Sistema emitió un pitido suave, indiferente a mi crisis moral.
**[Nuevo Mensaje Privado: Usuario Desconocido]** Abrí la notificación.
No era de Kitsune.
El remitente aparecía como *”Auditor_01″*.
*”El equilibrio ha sido alterado.
El vacío debe llenarse.
Nos veremos pronto, Carnicero.”* Borré el mensaje y apreté el paso.
La noche en Tokio acababa de volverse mucho más oscura.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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