Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 Restos del Naufragio y la Mirada del Abismo
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24: Capítulo 24: Restos del Naufragio y la Mirada del Abismo 24: Capítulo 24: Restos del Naufragio y la Mirada del Abismo El descenso desde la grúa fue mucho menos elegante que el ascenso.
La gravedad, esa amante cruel que nunca perdonaba, me recordó con cada metro que bajaba que mi cuerpo de catorce años no estaba diseñado para la guerra de guerrillas.
Mis rodillas crujieron al impactar contra el techo del último contenedor antes del suelo, y tuve que rodar sobre el hombro para disipar la inercia, manchando mi uniforme escolar de óxido y hollín.
Un gemido involuntario escapó de mis labios; la barra de salud en mi interfaz parpadeó en ámbar, indicando una fatiga muscular acumulada que ninguna cantidad de XP podía borrar instantáneamente.
El silencio en el laberinto de acero era sepulcral, solo roto por el sonido distante de las sirenas en el continente, demasiado lejos para importar.
Me acerqué al cadáver del líder de escuadrón, aquel al que había volado la tapa de los sesos desde la altura.
Su cuerpo yacía en una postura antinatural, con las extremidades retorcidas bajo el peso del equipo táctico.
El brillo azul eléctrico que había visto desde arriba emanaba de un dispositivo acoplado a su antebrazo izquierdo.
No era parte de su armadura estándar; parecía injertado, una pieza de tecnología que desentonaba con el resto del equipo genérico de estos “bots” del Sistema.
Me arrodillé, ignorando el charco de sangre oscura que se expandía bajo mis botas, y saqué mi cuchillo táctico.
Con la precisión de un cirujano —o de un carnicero, como me había bautizado la prensa—, corté las correas de kevlar y apalanqué el dispositivo.
—Veamos qué me has traído, amigo —susurré, limpiando la pantalla del aparato con el pulgar.
**[Objeto Identificado: Módulo de Sobrecarga Sináptica (Raro)]** **[Descripción: Un chip de un solo uso que estimula el sistema nervioso central, permitiendo una percepción temporalmente acelerada.
Efecto secundario: Daño neural leve tras su uso.]** **[¿Deseas integrarlo?
S/N]** Una sonrisa torcida cruzó mi rostro.
“Tiempo bala”.
En mi vida pasada en Madrid, esto habría sido ciencia ficción o drogas de diseño de mala calidad.
Aquí, era una herramienta de supervivencia.
Sin dudarlo, seleccioné “Sí”.
El dispositivo se deshizo en una nube de píxeles azules que se filtraron a través de mis guantes hacia mi piel.
Una sacudida eléctrica recorrió mi columna vertebral, tan violenta que tuve que apretar los dientes para no morderme la lengua.
Mi visión se agudizó instantáneamente; el polvo flotando en el aire parecía moverse más despacio.
**[Habilidad Adquirida (Temporal): Reflejos de la Mantis.
1 Uso disponible.]** No era una mejora permanente, pero serviría para lo que se avecinaba.
Sin perder tiempo, procedí a saquear el resto del equipo.
Mi AK-47 estaba seco, un pisapapeles glorificado sin munición del 7.62.
Lo dejé caer con un suspiro de pesar; me había encariñado con su peso.
Del líder de escuadrón tomé su arma principal: un subfusil MP7 con silenciador integrado y mira holográfica.
Mucho más ligero, munición perforante de 4.6mm y, lo más importante, tres cargadores llenos en su chaleco.
También me hice con dos granadas de fragmentación y un paquete médico de campo que inyecté directamente en mi muslo para restaurar un 15% de salud y eliminar el dolor de las articulaciones.
Revisé el contador del Sistema.
**[Tiempo hasta la Oleada Final: 00:18:42]** Dieciocho minutos.
Tiempo suficiente para preparar un escenario, pero no para huir.
La “zona de juego” estaba delimitada por una barrera invisible que ya había probado antes; intentar cruzarla resultaba en una advertencia de “Desincronización Inminente”.
Estaba atrapado en Odaiba hasta que el Sistema decidiera que había superado la auditoría.
Me moví hacia el borde del muelle, donde los contenedores daban paso al agua negra de la bahía de Tokio.
La niebla se había espesado, convirtiendo el horizonte en un muro gris impenetrable.
Sin embargo, el agua no estaba tranquila.
Burbujas del tamaño de balones de fútbol emergían a la superficie, rompiéndose con un gorgoteo nauseabundo.
El olor a salitre se mezclaba con algo más…
azufre y carne podrida.
—Kitsune dijo que esto era una prueba de equilibrio —murmuré para mí mismo, comprobando el mecanismo del MP7—.
Si elimino al Jefe de Zona, creo un vacío.
Si sobrevivo a la purga, demuestro que soy digno de llenarlo.
Lógica darwinista aplicada a la metafísica de videojuegos.
Decidí no esperar a la orilla.
Retrocedí hacia el “callejón de la muerte” donde había emboscado a la segunda oleada.
Aún quedaba el charco de combustible que no había llegado a prender.
Coloqué una de las granadas de fragmentación recién adquiridas bajo un palé de madera podrida, atando la anilla a un cable trampa hecho con sedal de pesca que siempre llevaba en mi mochila.
Ingeniería improvisada básica, pero efectiva.
Me posicioné de nuevo en lo alto, pero esta vez no en la grúa, que era demasiado expuesta, sino dentro de un contenedor azul abierto en la tercera fila, con vista directa al muelle.
Era una posición de francotirador clásica: cobertura sólida, líneas de tiro despejadas y una ruta de escape por la parte trasera hacia el laberinto interior.
Los minutos pasaron.
Comí una barrita energética rancia, sintiendo cómo los carbohidratos sintéticos calmaban el temblor de mis manos.
Pensé en Ryoko.
A estas horas estaría en la comisaría, frustrada, leyendo informes sobre el tiroteo en Setagaya, sin saber que su hijo estaba a kilómetros de distancia esperando a que un monstruo saliera del mar.
**[00:00:10]** El contador empezó a parpadear en rojo.
El agua de la bahía, que había estado burbujeando, de repente se calmó.
Un silencio absoluto cayó sobre Odaiba.
Ni viento, ni sirenas, ni siquiera el zumbido eléctrico de las farolas lejanas.
**[00:00:00]** **[INICIO DE OLEADA FINAL: EL JUEZ DE LAS PROFUNDIDADES]** El muelle de hormigón tembló.
No fue una explosión, sino un impacto masivo desde abajo.
El borde del muelle estalló hacia arriba, lanzando bloques de cemento de toneladas al aire como si fueran gravilla.
De la brecha emergió una garra.
Era biomecánica, una pesadilla de metal negro y carne pálida fusionados.
El tamaño era absurdo; solo la garra era más grande que un coche compacto.
La criatura se izó sobre la plataforma con un chillido de metal retorcido que me heló la sangre.
No era un kaiju orgánico.
Era una abominación construida.
Un torso humanoide gigantesco, sin piernas, que se arrastraba sobre dos brazos masivos reforzados con pistones hidráulicos.
Donde debería estar la cabeza, había una amalgama de cámaras de vigilancia y sensores rojos que giraban frenéticamente, buscando.
Y en su espalda, cargaba lo que parecía una batería de misiles de corto alcance injertada en la columna vertebral.
El Sistema lo etiquetó inmediatamente: **[Jefe de Evento: Prototipo de Asedio ‘Leviatán’ – Nivel ???]** El Leviatán giró sus sensores hacia los contenedores.
Un haz de luz roja barrió la zona y se detuvo, inevitablemente, en mi posición.
—Mierda —susurré, levantando el MP7 aunque sabía que las balas de 4.6mm serían como tirarle piedras a un tanque.
La batería de misiles en su espalda siseó y se abrió.
No había negociación posible.
Esto no era una pelea, era una ejecución.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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