Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 Fragmentos de Verdad y Arquitectura Invisible
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34: Capítulo 34: Fragmentos de Verdad y Arquitectura Invisible 34: Capítulo 34: Fragmentos de Verdad y Arquitectura Invisible Presioné Enter.
La pantalla del ordenador parpadeó, y una barra de progreso se materializó sobre el fondo negro.
Era inusualmente lenta, como si el Sistema estuviera tanteando el fragmento con cautela quirúrgica.
Los números hexadecimales comenzaron a reorganizarse, formando patrones que mi mente de Javier —treinta años de experiencia en análisis de datos— reconocía como capas de cifrado militar.
No era tecnología japonesa.
Tampoco estadounidense.
La arquitectura del código era extraña, orgánica, como si alguien hubiera enseñado a una inteligencia artificial a escribir en un lenguaje que los humanos solo podíamos imitar.
**[Desencriptando…
12%]** Mis costillas protestaron cuando me incliné hacia adelante.
Ignoré el dolor.
En la sala de al lado, escuché el tintineo del vaso de whisky de Ryoko contra la mesa de centro.
Imaginé su rostro cansado, sus ojos enrojecidos, su brazo vendado.
La imagen me apretó el pecho con más fuerza que las fracturas.
Concentración.
Ahora no.
**[Desencriptando…
28%]** El ventilador del ordenador comenzó a girar más rápido, calentándose con el esfuerzo de procesar algoritmos que no estaban diseñados para hardware comercial.
Coloqué la mano sobre la torre, sintiendo las vibraciones.
Si se sobrecalentaba y se apagaba, perdería todo.
Abrí el cajón del escritorio y saqué un pequeño ventilador USB que usaba en verano.
Lo conecté y lo apunté directamente a las rejillas de ventilación.
El aire fresco zumbó contra el plástico.
**[Desencriptando…
45%]** La barra superó el umbral del cuarenta por ciento.
Mi pulso se aceleró.
Esto iba a funcionar.
Tenía que funcionar.
Entonces, la pantalla se congeló.
Un mensaje rojo sangre apareció en el centro: **[ADVERTENCIA: CAPA DE SEGURIDAD ACTIVA]** **[Contador de intrusos detectado.
Solución requerida en 60 segundos o se autodestruirán los datos.]** Un temporizador comenzó a correr hacia atrás.
59…
58…
57…
Maldije entre dientes.
No era solo encriptación; era una trampa.
Alguien había diseñado este fragmento para que se borrara si caía en manos equivocadas.
Mis dedos volaron sobre el teclado, abriendo ventanas de terminal, buscando el proceso que ejecutaba la autodestrucción.
Ahí.
Un script oculto, enterrado en la partición raíz del chip.
42…
41…
40…
No tenía tiempo para desactivarlo con elegancia.
Necesitaba fuerza bruta.
Mis atributos de Inteligencia pulsaron detrás de mis ojos mientras escribía una serie de comandos en rápida sucesión, ordenando al sistema operativo que congelara todos los procesos no esenciales y aislara el script en una máquina virtual.
25…
24…
23…
La pantalla titileó.
El cursor desapareció.
Durante tres segundos interminables, no pasó nada.
Luego, el mensaje rojo se desvaneció.
**[Capa de seguridad neutralizada.]** **[Reanudando desencriptación…
47%]** Exhalé un suspiro que no sabía que estaba conteniendo.
Mis manos temblaban, no de miedo, sino de adrenalina pura.
Esto era lo que echaba de menos de mi vida anterior: el filo de la navaja, la sensación de desarmar una bomba digital segundo a segundo.
**[Desencriptando…
68%]** En la sala, escuché el crujido del sofá.
Ryoko se estaba moviendo.
Agucé el oído, pero solo hubo silencio.
Probablemente se había recostado.
Aun así, mi corazón latía como un tambor de guerra.
**[Desencriptando…
89%]** Casi.
Casi.
**[Desencriptación completa: 92% RECUPERADO]** **[ADVERTENCIA: 8% de datos corruptos irrecuperables.]** La pantalla se llenó de texto.
No era código esta vez, sino archivos.
Documentos.
Planos.
Y algo más: un video.
Hice clic en el primer archivo de texto.
Era un informe, redactado en inglés técnico.
*Proyecto Leviatán – Fase III Contratista: Kusanagi Heavy Industries (Subsidiaria no oficial) Financiador: [CENSURADO] Objetivo: Integración de Núcleos Cuánticos clase B en plataformas de asedio urbano autónomas.
Fuente de tecnología: Recuperación de Zona Restringida 07 (Incidente de Kamchatka, 2019).* *Notas: Los Núcleos responden a estímulos neuronales de operadores con Interface System Mk-II o superior.
Sujetos no compatibles experimentan rechazo psicológico severo (Tasa de mortalidad: 73%).* Mis ojos se detuvieron en una línea al final del documento.
*Aprobado por: Consejo de Los Arquitectos.
Fecha: [CENSURADO].* Los Arquitectos.
El mismo nombre que el Sistema había mencionado al analizar el Núcleo.
No eran una leyenda urbana ni una facción de jugadores.
Eran reales, organizados, y tenían acceso a tecnología alienígena.
Abrí el siguiente archivo: un esquema del Leviatán.
No solo mostraba el diseño externo, sino también su sistema nervioso artificial, una red de fibra óptica y tejido sintético que imitaba el cerebro humano.
En el centro, donde debería estar el corazón, había una ilustración del Núcleo, etiquetado como *Fuente de Energía Punto Cero – Origen: No Terrestre*.
Y luego vi el video.
La miniatura mostraba un laboratorio subterráneo, iluminado con luz azul quirúrgica.
Hice doble clic.
La imagen era granulada, grabada con una cámara de seguridad.
Mostraba una sala blanca, estéril, con técnicos en trajes de biocontención rodeando una mesa de operaciones.
Sobre la mesa, medio abierto como un cadáver en autopsia, yacía algo que no debería existir.
No era mecánico.
No era orgánico.
Era ambos.
Una estructura de metal retorcido y carne púrpura, pulsando con luz propia.
Los técnicos extraían fragmentos de su interior con pinzas, colocándolos en contenedores sellados.
Una voz fuera de cámara, distorsionada pero claramente humana, hablaba en japonés: “Muestra Alfa-Seven responde a estímulos eléctricos.
Confirmado: la tecnología puede integrarse con hardware terrestre.
Proceder con Fase Dos.
Los Arquitectos estarán complacidos.” La cámara hizo zoom en una placa metálica en la pared del laboratorio.
Decía: *Instalación Subterránea K-14.
Hokkaido.
Prohibido el acceso no autorizado.* El video se cortó abruptamente.
Me recosté en la silla, el cerebro zumbando.
Ahora entendía.
El Leviatán no era solo un monstruo del Sistema.
Era un prototipo, una prueba de concepto.
Y si había un prototipo MK-IV, significaba que había versiones anteriores.
Y probablemente, versiones posteriores.
Peor aún: Los Arquitectos no eran jugadores.
Eran los diseñadores del tablero.
Un golpe suave en la puerta me hizo saltar.
“¿Kenji?” La voz de Ryoko era ronca, cansada.
“¿Estás despierto?” Apagué la pantalla de un manotazo y giré en la silla, mi corazón martilleando.
“Sí, mamá.
Solo…
estaba estudiando.” Hubo una pausa.
“¿Puedo entrar?” Mis ojos volaron al microondas en la esquina, donde el Núcleo pulsaba silenciosamente.
Luego al ordenador, todavía caliente.
Luego a la cama, donde las glándulas de adrenalina sintética y el MP7 dañado estaban medio escondidos bajo la almohada.
“Claro —dije, forzando un tono ligero—.
Dame un segundo.” Me moví rápido, empujando los objetos comprometedores dentro del cajón del escritorio y cerrándolo.
Mi mano rozó el Fragmento de Datos, todavía conectado al lector de tarjetas.
Lo arranqué y lo metí en el bolsillo de mi sudadera justo cuando la puerta se abría.
Ryoko entró, todavía con su ropa de trabajo manchada, el brazo en cabestrillo colgando inerte.
Sus ojos, enrojecidos por el alcohol y el agotamiento, me estudiaron con una intensidad que me heló la sangre.
“No podía dormir —dijo en voz baja—.
Sigo…
viendo la grúa caer.
Sigo pensando que si hubiera sido más rápida…” Su voz se quebró.
Me puse de pie, ignorando el dolor, y me acerqué a ella.
“No fue tu culpa, mamá.” Ella me miró, y por un instante terrible, pensé que sabía.
Que había visto a través de todas mis mentiras.
Pero solo me abrazó, torpemente, con su brazo bueno.
“Solo quería asegurarme de que estabas bien —susurró contra mi cabello—.
Que estabas a salvo.” Le devolví el abrazo, sintiendo el Fragmento presionar contra mi pecho como una confesión no pronunciada.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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