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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 Fantasmas en el Teléfono
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36: Capítulo 36: Fantasmas en el Teléfono 36: Capítulo 36: Fantasmas en el Teléfono Desperté a las seis de la mañana con el cuerpo gritando.

Cada respiración era una navaja entre las costillas, cada movimiento un recordatorio de que el cuerpo de catorce años que habitaba no estaba diseñado para pelear contra mechas de cincuenta toneladas.

La luz gris del amanecer se filtraba por la ventana.

Ryoko ya se había ido, su taza de café medio llena sobre la mesa de la cocina, una nota pegada a la cafetera: *”Reunión temprana.

Hay dinero para el almuerzo en el cajón.

Te quiero.”* Doblé la nota con cuidado, sintiendo el peso de cada palabra.

Luego me arrastré de vuelta a mi habitación.

Takeshi.

Tenía que saber qué sabía.

El Sistema parpadeó mientras me sentaba frente a mi escritorio, encendiendo la computadora con movimientos deliberados.

*[Salud: 47% (+2% regeneración nocturna)]* *[Resistencia: 60%]* *[Hackeo Básico Nv.

2 — disponible]* Abrí una terminal de comandos, los dedos moviéndose por músculo memorizado.

Javier había sido diseñador web en Madrid, antes de la traición, antes de la bala.

Esas habilidades, combinadas con lo que el Sistema me había otorgado, me convertían en algo más peligroso que un simple hacker.

Takeshi Yamada.

Mi único amigo.

Su número estaba guardado en mi teléfono.

Había hackeado su laptop dos meses atrás, instalando un keylogger disfrazado como actualización de un juego pirata que le había recomendado.

Precaución estándar.

Nunca confíes completamente.

Accedí al servidor remoto donde se almacenaban los registros.

Contraseñas, búsquedas, mensajes.

Todo.

Los últimos tres días eran lo que importaba.

*23:47 — Búsqueda: “Leviatán Odaiba video filtrado”* *23:51 — Búsqueda: “El Carnicero patrón de asesinatos Tokio”* *00:15 — Acceso a foro: DeepWeb_Tokio_Crónicas* *00:43 — Descarga: “Análisis_Carnicero_victimas.pdf”* Mi estómago se contrajo.

Seguí leyendo.

*01:22 — Mensaje privado a usuario *Neko_Ghost*: “¿Sigues teniendo copias de respaldo de los archivos de Eye88?

Necesito ver las fotos originales del almacén.”* Neko_Ghost.

Tenía que ser alguien del círculo de Neko_Eye88, el hacker que había intentado venderle mi identidad al Juez.

El mismo al que dejé inconsciente en un callejón.

*01:35 — Respuesta de Neko_Ghost: “Sí.

50k yenes.

Transferencia primero.”* *01:37 — Takeshi: “Mañana.

Necesito confirmar algo primero.

Si tengo razón, vale mucho más.”* La habitación se enfrió diez grados.

Abrí el historial del navegador de su teléfono móvil, accediendo a través de la sincronización de nube que nunca había desactivado.

Las capturas eran automáticas, guardadas cada hora.

Lo que vi me heló la sangre.

Una hoja de cálculo.

Meticulosa.

Obsesiva.

Columnas: *Fecha.

Ubicación.

Víctimas.

Método.

Testigos.

Distancia desde Koto.* Cada incidente que había causado como el Carnicero, catalogado.

Almacén de los Dragones de Neón.

El piso franco en Kabukicho.

El enfrentamiento con el Juez.

La chatarra de Minato.

Y en una columna separada, resaltada en amarillo: *Ausencias de Kenji Sato.* Había cruzado referencias.

Días en que yo había faltado a clase o había estado “enfermo” o “distraído”.

Las fechas coincidían con un margen de error mínimo.

Pero lo que realmente me paralizó fue la última entrada.

*Incidente Odaiba — Leviatán.

Testigo anónimo reporta estudiante huyendo por los techos, 01:42 AM.

Uniforme escolar.

Kenji no contestó teléfono toda la noche.

Regresó a casa 06:00 AM (confirmado por última vez en línea en app de juegos).* Y debajo, en letras rojas: *Probabilidad: 94%.* Mis manos temblaron sobre el teclado.

No de miedo.

De algo peor.

Decepción.

Había subestimado a Takeshi.

Lo había visto como el chico torpe obsesionado con conspiraciones, útil para información pero inofensivo.

Un peón.

Pero Takeshi era brillante a su manera.

No tenía entrenamiento, ni habilidades de combate, pero tenía algo igual de peligroso: atención al detalle y lealtad.

Lealtad que lo había llevado a perseguir la verdad, incluso cuando esa verdad apuntaba a su único amigo.

Abrí su carpeta de documentos recientes.

Había un archivo de texto sin título, modificado hace dos horas.

*”No quiero creer que sea él.

Pero si lo es…

¿por qué?

¿Qué le hicieron?

Kenji no es un asesino.

No el Kenji que conozco.

Tiene que haber una razón.

Algo que lo obligó.

Si puedo hablar con él, si puedo hacerle saber que estoy de su lado, tal vez…* *Tal vez pueda salvarlo.”* Cerré la laptop de golpe, el sonido resonando en la habitación vacía.

Takeshi no quería exponerme.

Quería salvarme.

Era peor.

Mucho peor.

Porque significaba que tendría que mirarlo a los ojos, escuchar su compasión, su oferta de ayuda, y decidir si esa bondad era algo que podía permitirme conservar.

El Sistema actualizó.

*[Amenaza Identificada: Takeshi Yamada]* *[Nivel de Riesgo: MODERADO → ALTO]* *[Conocimiento: 94% de certeza sobre identidad de El Carnicero]* *[Intención: Confrontación amistosa / Oferta de ayuda]* *[Recomendación: Neutralización Nivel 2 o superior]* *[Opciones disponibles:]* *1.

Eliminación permanente* *2.

Manipulación psicológica / Gaslighting* *3.

Reclutamiento forzado* *4.

[BLOQUEADO]* Miré la cuarta opción, atenuada en gris.

¿Qué era lo que el Sistema no quería que viera?

Clicé.

Una ventana emergente apareció.

*[Opción 4: Confianza — Requiere Humanidad > 40]* *[Humanidad actual: 28/100]* *[INSUFICIENTE]* Me quedé mirando esos números.

Veintiocho.

De cien.

¿Cuánto había tenido cuando desperté en este cuerpo?

¿Cincuenta?

¿Sesenta?

Cada muerte, cada mentira, cada manipulación…

el Sistema había estado midiendo.

Cuantificando mi deterioro.

Y ahora me decía que ya no era lo suficientemente humano para simplemente confiar en alguien.

Sonreí.

Fue una sonrisa amarga, vacía.

Tal vez tenía razón.

Borré mis rastros del servidor, limpié los registros de acceso y cerré todas las conexiones.

Takeshi nunca sabría que había estado husmeando.

Miré mi teléfono.

El mensaje de anoche seguía allí, sin leer desde mi respuesta.

Cyber-Eden.

Después de clases.

Tenía doce horas para decidir qué tipo de monstruo sería hoy.

El que mataba a su único amigo para proteger un secreto.

El que lo manipulaba hasta destruir su cordura.

O el que lo arrastraba a este infierno conmigo.

Ninguna opción era buena.

Pero algunas eran más irreversibles que otras.

Me levanté, sintiendo cada hueso roto protestar, y me vestí el uniforme escolar.

Las vendas apretadas bajo la camisa.

Las gafas sin graduación en su lugar.

La máscara de Kenji Sato, estudiante modelo.

En el espejo, vi a Javier mirándome de vuelta.

Treinta años.

Traicionado.

Ejecutado.

Renacido.

¿Cuántas veces podía morir un hombre antes de dejar de ser uno?

Salí hacia la escuela, el Fragmento de Datos frío contra mi pecho, el peso del Núcleo del Leviatán oculto en mi habitación, y el conocimiento de que antes de que terminara el día, perdería lo único que quedaba de mi humanidad.

O descubriría si todavía valía la pena salvarla.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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