Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 40
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- Capítulo 40 - 40 Capítulo 40 Cazador en la Oscuridad Digital
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40: Capítulo 40: Cazador en la Oscuridad Digital 40: Capítulo 40: Cazador en la Oscuridad Digital Cerré el video con un golpe seco en la tecla de escape.
Mi reflejo en la pantalla oscurecida me devolvió la mirada: un chico de catorce años con gafas sin graduación y expresión vacía que ocultaba el cálculo frío de un hombre que había muerto una vez y no pensaba morir de nuevo.
Copié todo el servidor de Neko_Ghost en una unidad encriptada, luego planté un troyano profundo que me alertaría de cualquier actividad.
Borrar los archivos ahora solo confirmaría que alguien con habilidades avanzadas estaba protegiéndose, haciendo más obvia mi identidad.
No.
Necesitaba eliminar la fuente.
Abrí mi armario y saqué la mochila táctica que había limpiado después de Odaiba.
Mis costillas todavía protestaban con cada movimiento brusco, el Sistema indicaba 51% de salud, regeneración lenta pero constante.
No estaba en condiciones óptimas para una operación, pero no tenía el lujo de esperar.
Glock 19, dos cargadores.
Cuchillo táctico.
Guantes de polímero.
Ganzúas.
Un pequeño inhibidor de señal que había construido con componentes robados.
Y algo nuevo: una jeringa precargada con ketamina veterinaria, suficiente para noquear a un adulto sin matarlo.
Aún tenía opciones además de la eliminación permanente.
Por ahora.
Salí por la ventana de mi habitación a las 22:47, deslizándome por la tubería de drenaje con movimientos practicados.
Ryoko no regresaría hasta pasada la medianoche según su mensaje.
Tiempo suficiente.
El viaje a Nakano tomó cuarenta minutos en tren nocturno.
Mantuve la cabeza gacha, capucha levantada, proyectando el aura de un estudiante cualquiera volviendo tarde a casa.
El Sistema rastreaba las cámaras de seguridad en cada estación, ajustando mi ruta para minimizar exposición facial.
Desde la estación de Nakano, activé el programa de triangulación.
Los metadatos de conexión de Neko_Ghost señalaban un área de seis manzanas al noroeste.
Caminé despacio, usando mi teléfono modificado para detectar firmas de red específicas.
El Sistema proyectó un mapa sobre mi visión, destacando puntos de acceso WiFi, señales Bluetooth, patrones de tráfico de datos.
Después de veinte minutos de búsqueda metódica, identifiqué una anomalía: un apartamento en el tercer piso de un edificio de cinco plantas, cerca de un restaurante de ramen cerrado.
La actividad de red era intensa, múltiples VPNs activos, encriptación en capas.
Esa era la guarida.
*[Sigilo Nv.
3]* se activó automáticamente cuando me acerqué.
Mis pasos se volvieron inaudibles, mi respiración regulada, mi presencia reducida a casi nada.
Evité el elevador ruidoso y subí por las escaleras externas de emergencia.
El pasillo del tercer piso estaba vacío, iluminado por fluorescentes parpadeantes.
Tres puertas.
El Sistema señaló la del medio: 3-B.
Música electrónica amortiguada filtraba desde dentro.
Alguien estaba despierto.
Me arrodillé frente a la cerradura, ganzúas en mano.
Era un modelo antiguo, fácil de manipular.
Cuarenta segundos después, el pestillo cedió con un clic suave.
Abrí la puerta milímetro a milímetro, Glock en mano izquierda, jeringa en el bolsillo derecho.
El apartamento era pequeño, desordenado, apestaba a comida rápida y sudor rancio.
La luz provenía de una habitación al fondo.
Avancé pegado a la pared, evitando las tablas del suelo que crujían.
La música se hacía más fuerte.
Voces superpuestas, sintetizadores agresivos.
Perfecta cobertura de sonido.
Llegué al umbral de la habitación iluminada y me asomé con cuidado.
La escena me detuvo en seco.
Neko_Ghost no era lo que esperaba.
Frente a cuatro monitores dispuestos en semicírculo, iluminados por el resplandor azul y verde de códigos en cascada, estaba una chica.
No podía tener más de dieciséis años.
Cabello negro corto, auriculares enormes sobre las orejas, dedos volando sobre dos teclados simultáneamente.
Una lata de bebida energética vacía rodaba entre cables enmarañados a sus pies.
El Sistema actualizó la información.
*[Objetivo confirmado: Neko_Ghost]* *[Identidad real: Saki Mori, 15 años, estudiante de preparatoria Nakano]* *[Nivel de amenaza recalibrado: ALTO – Genio técnico, recursos limitados, vulnerabilidades psicológicas detectadas]* Mis ojos recorrieron la habitación.
Había pósteres en las paredes, personajes de anime junto a diagramas de redes de computadoras.
Una cama deshecha en la esquina.
Libros de texto apilados sin orden.
Esto no era la operación de un criminal endurecido.
Era el cuarto de una adolescente que se había metido demasiado profundo.
En uno de los monitores reconocí mi propio edificio de apartamentos en la grabación en bucle.
En otro, archivos de texto desfilaban rápidamente: ella estaba preparando el paquete de datos para la entrega policial.
Tenía quizás dos horas antes de que finalizara la compilación.
Guardé la Glock silenciosamente.
La jeringa permaneció en mi bolsillo.
Esto requería un enfoque diferente.
“Trabajas tarde,” dije con voz calmada.
Saki se congeló.
Sus dedos se levantaron de los teclados como si hubieran tocado fuego.
Giró lentamente en su silla, ojos enormes detrás de gafas rectangulares.
Me vio allí, parado en el umbral con la capucha todavía puesta, rostro parcialmente en sombras.
Su expresión pasó de shock a reconocimiento en dos segundos.
“Tú,” susurró.
No era una pregunta.
“Yo,” confirmé, dando un paso adelante.
Cerré la puerta de la habitación detrás de mí con el pie.
“Tenemos que hablar sobre lo que estás a punto de vender.” Su mano se movió hacia el mouse, probablemente para activar algún tipo de alarma o protocolo de emergencia.
El Sistema detectó el movimiento antes de que yo lo procesara conscientemente.
“No lo hagas,” dije con voz plana.
“No estoy aquí para hacerte daño.
Todavía.
Pero si ejecutas ese script, cambiaré de opinión muy rápidamente.” Su mano se detuvo, temblando visiblemente.
“¿Cómo me encontraste?” preguntó con voz temblorosa pero desafiante.
“Mis capas de seguridad son…” “Insuficientes,” la interrumpí.
“Eres buena, Saki.
Muy buena para tu edad.
Pero yo también tengo recursos.” Hice una pausa.
“Y a diferencia de ti, tengo mucho más que perder.” Sus ojos se movieron hacia el monitor con mi edificio.
“Sé dónde vives.
Sé quién eres.
Bueno, casi.” Tragó saliva.
“Si me pasa algo, hay un dead man’s switch.
Todo se publica automáticamente.” Estaba mintiendo.
El Sistema analizaba sus microexpresiones, ritmo cardíaco visible en el pulso de su cuello, dilatación pupilar.
Confianza: 78% de falsedad.
“No, no lo hay,” respondí con suavidad.
“Porque si tuvieras ese tipo de seguro, no estarías vendiendo la información pieza por pieza.
La habrías usado como apalancamiento ya.” Su máscara de valentía se agrietó ligeramente.
Me senté en el borde de su cama, manteniendo distancia no amenazante pero controlando la salida.
“Háblame de tu comprador.
El de la IP policial.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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