Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 El Primer Coordinador
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45: Capítulo 45: El Primer Coordinador 45: Capítulo 45: El Primer Coordinador Los datos que Kitsune transfirió se desplegaron en mi interfaz como un árbol genealógico de pesadilla.
Tres nombres.
Tres rostros.
Tres piezas del consejo que convertía personas en peones.
*Coordinador Alfa: Dr.
Hiroshi Tanaka.
Ubicación primaria: Laboratorio Kusanagi, Instalación Subterránea, Chiba.
Especialidad: Integración neural Sistema-Huésped.
Seguridad: Alta.
Ventanas operativas: Martes/Jueves 02:00-04:00.* *Coordinador Beta: Teniente Coronel (Retirado) Isamu Kuroda.
Ubicación primaria: Residencia privada, Setagaya.
Operaciones secundarias: Club Hanzō, Roppongi.
Especialidad: Gestión de Activos de Campo (Auditores/Carroñeros).
Seguridad: Moderada-Alta.
Vulnerable durante traslados nocturnos.* *Coordinador Gamma: [CLASIFICADO – NIVEL OMEGA].
Conexión directa: Unidad Sato.
ADVERTENCIA: Protección institucional activa.
Aproximación NO recomendada sin neutralización previa de Alfa/Beta.* El tercero era el intocable.
El que estaba cerca de Ryoko, tejido tan profundamente en su mundo que arrancarlo significaría destruir todo lo que ella conocía.
Primero los otros dos.
Eran las once de la noche cuando Saki respondió mi mensaje encriptado.
Su respuesta llegó en menos de treinta segundos: *Kuroda sale del Club Hanzō cada viernes a las 02:30.
Ruta fija hacia Setagaya.
Dos guardaespaldas, sedán blindado clase B.
Puedo hackear el sistema de semáforos en su ruta si me das veinte minutos de aviso.* Viernes.
Eso era en dos días.
Tanaka sería más difícil.
Una instalación subterránea de Kusanagi significaba múltiples capas de seguridad biométrica, guardias armados, posiblemente protocolos de respuesta automática.
Pero las ventanas operativas eran específicas: madrugadas de martes y jueves, probablemente cuando realizaba experimentos que requerían mínimo personal.
Hoy era miércoles.
Abrí un archivo secundario que Kitsune había incluido: planos arquitectónicos del complejo de Chiba, marcados con rutas de ventilación, puntos ciegos de cámaras y horarios de rotación de guardias.
También había una nota al margen: *Tanaka tiene un ego del tamaño de Tokio.
Si lo presionas correctamente, hablará.
Grábalo todo.* Pasé el jueves preparándome.
Escuela.
Sonrisas falsas.
Takeshi me preguntó si estaba bien tres veces; le dije que solo estaba estresado por los exámenes.
Técnicamente no era mentira: estaba a punto de examinar cuánta presión podía soportar un Coordinador antes de romperse.
Ryoko llegó tarde otra vez, oliendo a café institucional y papel.
Me abrazó más tiempo de lo normal antes de irse a dormir.
No dijo nada sobre Los Arquitectos, pero vi el peso en sus hombros, la forma en que sus dedos temblaban ligeramente al sostener su taza.
*Aguanta un poco más*, pensé.
*Pronto terminaré esto.* A la una de la madrugada del viernes, salí por la ventana con mi equipo completo: Glock, cuchillo táctico, tres dispositivos que Saki había modificado según mis especificaciones: un inhibidor de señal, un inyector de malware con conexión USB-C y una pequeña cámara con micrófono que se adhería magnéticamente.
También llevaba algo nuevo: un kit de interrogatorio que incluía una jeringa de pentotal sódico diluido, cortesía de un contacto del mercado negro que el Sistema me había conectado.
Chiba estaba a cuarenta minutos en tren.
La Instalación Kusanagi se escondía detrás de un almacén farmacéutico aparentemente abandonado en una zona industrial cerca del puerto.
Los planos de Kitsune eran precisos: la entrada real estaba en un conducto de mantenimiento sellado detrás de contenedores oxidados.
Llegué a las dos y cuarto.
El Sistema activó visión térmica, detectando cuatro guardias en rotación perimetral y dos estacionarios en la entrada subterránea.
Esperé hasta que las rutas de patrulla crearan una ventana de noventa segundos, luego me moví.
El conducto descendía quince metros en espiral.
Al fondo, una puerta de seguridad con escáner biométrico parpadeaba en rojo.
Conecté el dispositivo de Saki, que comenzó a ciclar combinaciones de huellas dactilares robadas de la base de datos de empleados de Kusanagi.
Tardó ocho minutos; el Sistema mantuvo cuenta regresiva mientras yo monitoreaba los pasos de los guardias arriba.
La puerta se abrió con un siseo neumático.
El corredor más allá estaba iluminado con luz azul estéril, paredes de concreto reforzado y puertas de acero cada veinte metros.
Según los planos, el laboratorio de Tanaka estaba en el nivel B2, tercera puerta a la izquierda.
Me moví en [Sigilo Nv.
3], respiración controlada, pasos silenciosos.
Pasé junto a una sala de observación donde monitores mostraban grabaciones de sujetos de prueba: adolescentes con interfaces neuronales, algunos convulsionando, otros inmóviles.
El Sistema catalogó las imágenes automáticamente.
Mi Humanidad bajó otro punto.
*25/100.
ADVERTENCIA: Umbral crítico aproximándose.* Ignoré la notificación.
La puerta del laboratorio de Tanaka no estaba cerrada.
Lo encontré inclinado sobre una mesa de operaciones donde un cuerpo cubierto con una sábana yacía conectado a docenas de cables.
Tanaka era un hombre de cincuenta y tantos años, cabello gris perfectamente peinado, bata de laboratorio inmaculada.
Estaba murmurando notas en una grabadora.
Cerré la puerta detrás de mí con un clic suave.
Él se giró, y su expresión pasó de sorpresa a reconocimiento en un segundo.
“Sujeto K-14”, dijo, sin miedo, solo curiosidad clínica.
“Fascinante.
¿Cómo eludiste los protocolos de seguridad?” “Hablemos sobre Los Arquitectos”, respondí, levantando la Glock.
“Y sobre qué le hiciste a Ryoko Sato.” Tanaka sonrió, y fue la sonrisa de alguien que creía tener todas las respuestas.
“Inspectora Sato.
Sí.
Caso interesante.
¿Sabías que su perfil psicológico la hacía perfecta para manipulación emocional?
Apego materno profundo, sentido de justicia inflexible, miedo al abandono.
Hermoso, realmente.” Mi dedo se tensó en el gatillo, pero me contuve.
Necesitaba información, no cadáveres.
Todavía.
“¿Quién es Coordinador Gamma?” “Ah.” Su sonrisa se amplió.
“Eso es clasificado, muchacho.
Pero te diré algo: está más cerca de lo que piensas.
Y cuando finalmente comprendas quién es, desearás haberte quedado en las sombras.” Activé la cámara oculta en mi chaqueta.
“Entonces hablemos de lo que sí puedes decirme.
Empezando por cuántos como yo existen.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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