Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Capítulo 49 El Señuelo
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49: Capítulo 49: El Señuelo 49: Capítulo 49: El Señuelo El tren se detuvo en Akihabara.
Hora: 03:17 AM.
Bajamos en silencio, yo manteniendo a Kuroda cerca mientras navegábamos por la estación casi desierta.
Mi mente procesaba variables, calculando el siguiente movimiento.
Ryoko estaba con Hayashi.
Ahora mismo.
En la comisaría central, piso doce, siendo usada como herramienta sin saberlo para decidir si su hijo adoptivo vivía o moría.
La rabia era un sabor metálico en mi boca.
Guié a Kuroda hacia una salida lateral que daba a un callejón de carga.
Saqué mi teléfono y llamé a Saki.
“¿Estado?” “Tanaka sigue inconsciente.
Sistemas del laboratorio completamente bajo mi control.
¿Necesitas algo?” “Prepara un enlace de comunicación encriptado.
Voy a necesitar que Kuroda haga una llamada, y quiero cada palabra grabada y rastreada.” “Dame dos minutos.” Mientras esperaba, empujé a Kuroda contra la pared del callejón.
“Vas a llamar a Hayashi.
Le dirás que capturaste información crítica sobre K-14.
Que necesitas reunirte de inmediato, fuera de la comisaría.” Kuroda soltó una risa seca.
“¿Y por qué cooperaría?
Me estás pidiendo que traicione al Coordinador principal.” “Porque si no lo haces, subo la confesión de Tanaka a la red en—” consulté mi reloj “—cuatro minutos.
Cada medio de comunicación, cada foro de la dark web, cada contacto periodístico que Saki tiene.
Los Arquitectos se desmoronan públicamente antes del amanecer.” “Nos destruyes a nosotros, te destruyes a ti mismo.
El Sistema se rastreará hasta ti.” “Ya estoy destruido.” Las palabras salieron más frías de lo que pretendía.
“La diferencia es que yo elijo cómo termina esto.
¿Tú?” Mi teléfono vibró.
Saki: *Enlace listo.
Canal seguro establecido.* Corté los cinchos de plástico de las muñecas de Kuroda pero mantuve la Glock presionada contra su columna vertebral.
Le entregué un teléfono desechable que Saki había configurado.
“Llámalo.
Dile que tienes prueba física de que K-14 estuvo en el laboratorio de Chiba esta madrugada.
Que encontraste evidencia que vincula a Tanaka con filtración de datos.
Que necesitas entregar el material en persona porque no confías en canales digitales.” Kuroda sopesó el teléfono en su mano.
“¿Y la ubicación?” “Almacén 340, distrito portuario de Koto.
Está abandonado, fuera de cámaras de tráfico, y lo suficientemente aislado para que Hayashi no sospeche apoyo policial inmediato.” “Sospechará de todos modos.
Hayashi no es idiota.” “No necesito que no sospeche.
Necesito que su curiosidad y su ego sean más fuertes que su cautela.” Me incliné más cerca.
“Dile que Tanaka está comprometido.
Que el sujeto K-14 es más peligroso de lo que proyectaron.
Que si no actúan esta noche, toda la operación de Tokio colapsa.” Kuroda me estudió durante largo rato.
Finalmente, marcó.
La llamada conectó al tercer tono.
Incluso a través del pequeño parlante, reconocí la voz de Hayashi: autoritaria, calmada, el tipo de voz que Ryoko había mencionado docenas de veces con respeto.
“Kuroda.
Es tarde.” “Tenemos un problema crítico.” La voz de Kuroda no tembló.
Profesional, controlada.
“K-14 infiltró la instalación de Chiba hace seis horas.
Tanaka no responde comunicaciones desde las cero-cuatro-cero-cero.” Silencio en la línea.
Luego: “¿Confirmado?” “Tengo registros de seguridad.
Imágenes térmicas.
Y algo más.” Kuroda me miró brevemente.
“Evidencia física que sugiere que Tanaka pudo haber estado filtrando datos sobre la estructura de los Coordinadores.” Otra pausa.
Más larga.
Podía casi escuchar a Hayashi recalculando.
“¿Dónde estás?” “Roppongi.
Acabo de recuperar el material de un contacto.
Pero no puedo llevarlo a la comisaría, no hasta verificar la extensión de la filtración.
Si Tanaka comprometió sistemas internos…” “Entiendo.” La voz de Hayashi se endureció.
“Ubicación para entrega.” “Almacén 340, puerto de Koto.
Conozco al dueño, el espacio es seguro.
Una hora.” “Cuarenta minutos.
Y Kuroda—si esto es un error de juicio, sabes las consecuencias.” La llamada terminó.
Respire por primera vez en treinta segundos.
El Sistema confirmó: *REGISTRO COMPLETO CAPTURADO.
ANÁLISIS DE VOZ: HAYASHI MOSTRÓ MARCADORES DE ESTRÉS EN 87% DE RESPUESTAS.
PROBABILIDAD DE ASISTENCIA: 78%.* Le quité el teléfono a Kuroda y lo destruí bajo mi bota.
“Bien.
Ahora caminamos.” “¿Y qué pasa con la Inspectora Sato?” preguntó Kuroda mientras lo guiaba hacia la calle.
“Hayashi no la dejará atrás.
Si viene, ella viene con él.” Mi Humanidad parpadeó: 21/100.
“Lo sé.” “¿Y estás dispuesto a que ella vea lo que realmente eres?
¿A que presencie lo que vas a hacer?” No respondí.
No tenía respuesta que no me destruyera más.
Envié mensajes rápidos mientras caminábamos hacia la estación: uno a Saki (*Mueve a Tanaka a ubicación segura.
Borra rastros.
Prepárate para extracción si fallo*), otro a Kitsune (*Necesito ojos en comisaría central, piso 12.
Rastrea si Hayashi sale y con quién*).
Kitsune respondió primero: *Ya estoy observando.
Qué divertido te has vuelto, K-14.* Llegamos al almacén a las 03:52.
El edificio era exactamente como lo recordaba de una misión anterior: estructura de acero corrugado, claraboyas rotas, múltiples salidas.
Revisé posiciones mientras Kuroda esperaba, ahora con las manos libres pero consciente de que un movimiento falso significaba una bala.
Coloqué tres dispositivos de escucha que Saki había modificado.
Verifiqué líneas de visión.
Identifiqué cobertura.
A las 04:10, mi teléfono vibró.
Kitsune: *Hayashi salió.
Vehículo civil, no oficial.
Pasajero: Inspector Sato.
ETA tu posición: 18 minutos.* Mi pecho se contrajo.
Ryoko venía.
Vería todo.
Sabría todo.
El Sistema proyectó una última advertencia: *UMBRAL CRÍTICO: 21/100.
SIGUIENTE ACCIÓN VIOLENTA PUEDE ACTIVAR PROTOCOLO DE DEPURACIÓN.* Miré a Kuroda, quien observaba la entrada con expresión ilegible.
“Última oportunidad,” dije en voz baja.
“Códigos de autenticación para los Auditores.
Ahora.” Kuroda sonrió apenas.
“No hasta ver cómo termina esto.
Quiero saber si realmente tienes el valor de destruir a la única persona que te importa para llegar a Hayashi.” Afuera, el sonido distante de un motor aproximándose.
Levanté mi Glock y esperé en las sombras, el peso de todas mis decisiones cayendo como concreto en mis hombros.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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