Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- Código Cero: El Justiciero de Tokio
- Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 Caos Calculado
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: Capítulo 5: Caos Calculado 5: Capítulo 5: Caos Calculado El plástico barato del detonador cruje bajo la presión de mi pulgar.
No hay fanfarria, ni cuenta atrás dramática, solo la fría ejecución de una sentencia.
Tres.
Dos.
Uno.
El mundo se rompe.
La primera explosión, la que coloqué junto al mecanismo de la puerta enrollable, ruge con una violencia seca y metálica.
El estruendo sacude los cimientos del almacén, doblando el acero como si fuera papel de aluminio y sellando la única salida viable en una maraña de metal retorcido y humo negro.
Antes de que los gritos de sorpresa puedan transformarse en terror, detono la segunda carga.
El generador diésel estalla en una bola de fuego anaranjada.
La onda expansiva golpea el sistema eléctrico y, en un instante, la luz artificial muere.
El almacén se sumerge en una oscuridad casi absoluta, solo rota por las llamas crepitantes del generador y los destellos esporádicos de los cables cortados bailando como serpientes eléctricas.
Finalmente, la tercera carga.
La mesa central.
La madera se astilla y se convierte en metralla, proyectando astillas y piezas de armas automáticas en todas direcciones.
Los hombres que estaban cerca son lanzados hacia atrás como muñecos de trapo rotos.
[Sistema: Daño Crítico Ambiental.
Caos Iniciado.
+150 XP] Es el momento.
Me dejo caer desde mi posición elevada sobre los contenedores.
El aterrizaje es duro, pero mis rodillas flexionadas absorben el impacto con una eficiencia antinatural gracias a la [Agilidad Menor] que el Sistema me otorgó tras mi primer asesinato.
En la oscuridad, soy invisible para ellos, pero ellos brillan para mí.
La interfaz azulada del Sistema resalta sus siluetas térmicas a través del humo y las sombras.
Doce objetivos.
Tres ya no se mueven.
Nueve están desorientados, tosiendo, ciegos.
Me muevo.
No corro; fluyo.
El primer guardia se cruza en mi camino, tropezando mientras intenta sacar su arma.
No le doy tiempo.
Mi cuchillo táctico busca el hueco blando bajo su mandíbula.
Un movimiento rápido, un gorgoteo húmedo, y sigo avanzando.
No hay placer en esto, solo la satisfacción de una ecuación bien resuelta.
—¡Mis ojos!
¡No veo nada!
—grita alguien a mi izquierda.
Giro sobre mis talones, empuñando la Glock 19.
El silenciador escupe dos veces.
*Pff.
Pff.* El hombre cae en silencio.
La falta de fogonazo del arma mantiene mi posición oculta.
El líder del traje blanco, milagrosamente ileso tras haberse protegido tras una columna de hormigón, dispara su pistola dorada a ciegas hacia la oscuridad.
El fogonazo ilumina su rostro sudoroso y distorsionado por el pánico.
—¡Salid y pelead, cobardes!
—aúlla, su voz quebrada por el miedo.
Me deslizo entre las estanterías, flanqueándolo.
Es casi insultante lo fácil que resulta.
En mi vida anterior, habría necesitado años de entrenamiento en las fuerzas especiales para moverme así.
Ahora, con este cuerpo joven y ligero potenciado por el Sistema, es instintivo.
Soy un fantasma de catorce años con la mente de un veterano de guerra.
Elimino a dos secuaces más que intentaban agruparse.
Uno recibe un disparo en la rodilla para inmovilizarlo, seguido de una ejecución limpia.
Al otro le rompo la tráquea con un golpe seco de la culata de mi pistola cuando paso a su lado.
La eficiencia de mis movimientos ahorra energía y munición.
[Contador de Hostiles: 3/12 Restantes] De repente, un sonido nuevo se une a la cacofonía de fuego y gemidos: sirenas.
Crecen en intensidad, acercándose rápidamente.
Las luces azules y rojas comienzan a filtrarse por las grietas altas de las paredes, pintando el humo interior con colores de urgencia.
Mi madre.
Ryoko Sato.
Nunca llega tarde.
Tengo menos de dos minutos antes de que el equipo táctico derribe lo que queda de las puertas o entre por las ventanas.
Acelero el paso.
El líder está intentando recargar su arma, con las manos temblorosas.
Me acerco por su espalda, saliendo de las sombras como una pesadilla materializada.
Le pateo la corva de la rodilla y cae al suelo de cemento, soltando la pistola dorada.
Antes de que pueda girarse, tengo el cañón de mi Glock presionado contra su frente.
Él se congela, mirando hacia arriba.
A través de la oscuridad, apenas puede distinguir mi silueta: un chico delgado con ropa escolar manchada de hollín y unas gafas que reflejan el fuego del generador.
—¿Q-Qué eres?
—balbucea, con los ojos desorbitados.
—La consecuencia de tus actos —respondo en un susurro frío, carente de cualquier inflexión infantil.
Fuera, la voz amplificada de un megáfono atraviesa las paredes.
—¡Policía de Tokio!
¡Están rodeados!
¡Salgan con las manos en alto o entraremos!
Es ella.
La voz de Ryoko es inconfundible, firme y autoritaria.
La misma voz que me dice que coma mis verduras en la cena ahora comanda un escuadrón de asalto a diez metros de mí.
La ironía casi me hace sonreír.
El líder intenta aprovechar mi distracción momentánea para sacar un cuchillo de su bota.
Suspiro internamente.
Predecible.
Aprieto el gatillo.
Una vez.
Suficiente.
[Objetivo Principal Eliminado.
Misión: Limpieza Industrial Completada.] [Recompensa: 500 XP, Desbloqueo: Esquema de Granada de Humo Casera.] El cuerpo del hombre de traje blanco se desploma, inerte.
No hay tiempo para saquear el lugar ni para buscar información adicional.
Las puertas traseras del almacén, aunque bloqueadas por mi primera explosión, están siendo forzadas desde fuera con herramientas hidráulicas.
Escucho el chirrido del metal cediendo.
Guardo el arma en la funda oculta en mi espalda y corro hacia las estanterías del fondo.
Trepo con la agilidad de un gato callejero, impulsándome hacia la claraboya rota por la que entré.
Mientras me izo hacia el techo frío y lluvioso, veo los haces de luz de las linternas tácticas de la policía inundar el almacén abajo.
—¡Despejado izquierda!
¡Cuerpo abatido!
—grita un oficial.
Me deslizo hacia la oscuridad del tejado, la lluvia lavando el olor a pólvora de mi piel.
Me agazapo tras una unidad de aire acondicionado y observo un instante hacia abajo, hacia la calle.
El perímetro está lleno de coches patrulla.
Veo a Ryoko Sato, con su gabardina beige, dirigiendo a los hombres con gestos precisos.
Se la ve cansada, pero implacable.
Si supiera que el “monstruo” que acaba de masacrar a una docena de criminales es el mismo niño que le pidió ayuda con los deberes de matemáticas esta mañana, su mundo se vendría abajo.
Pero ese es mi trabajo: mantener su mundo intacto mientras yo gobierno en las sombras.
El Sistema parpadea en mi visión periférica, insistente.
[Alerta: Presencia de “Observador” detectada en edificio adyacente.
Nivel de Amenaza: Desconocido.] Me tenso.
No estoy solo en los tejados.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com