Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 51
- Inicio
- Todas las novelas
- Código Cero: El Justiciero de Tokio
- Capítulo 51 - 51 Capítulo 51 Negociación bajo Amenaza
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
51: Capítulo 51: Negociación bajo Amenaza 51: Capítulo 51: Negociación bajo Amenaza Caí los seis metros usando una viga como punto de apoyo intermedio, aterrizando en cuclillas a diez pasos de Hayashi.
El impacto resonó en el concreto agrietado.
Mi Glock permaneció enfundada.
Mis manos vacías, visibles.
Hayashi me apuntó directamente al pecho, pero no disparó.
Sus ojos me evaluaron con la misma frialdad clínica que probablemente usaba al revisar los expedientes de los veintitrés sujetos muertos.
“Más joven de lo que imaginaba,” dijo finalmente.
“Catorce años.
El cuerpo de un estudiante de secundaria.
La eficiencia operacional de un asesino experimentado.” “Inspector General Masaru Hayashi,” respondí, manteniendo mi voz estable.
“El hombre en quien la Inspectora Sato confía como mentor.
El hombre que la manipuló para que espiara a su propio hijo.” Algo cruzó su rostro.
¿Culpa?
¿Sorpresa?
Desapareció rápidamente.
“Ella nunca supo lo que estaba haciendo realmente,” dijo Hayashi.
“Cada informe que me daba, cada duda que compartía sobre ti, creía que me ayudaba a protegerte.
A entenderte.” “Mientras ustedes decidían si valía la pena mantenerme vivo.” “Exactamente.” Hayashi no se disculpó.
“Eres un arma, K-14.
Diseñada, calibrada, probada.
La pregunta nunca fue si eras peligroso.
Fue si eras *controlable*.” Kuroda habló desde su posición.
“Le ofrecí unirse a nosotros, Hayashi.
Rechazó la propuesta.” “Por supuesto que lo hizo,” murmuró Hayashi, sin apartar su arma.
“Todavía cree que puede volver a una vida normal.
Que puede proteger a Ryoko manteniendo secretos.
Ingenuo.” “No vine a discutir filosofía,” corté.
“Vine por los códigos de anulación de los Auditores.
Kuroda me dijo que requieren autenticación de dos Coordinadores.
Él ya accedió.
Ahora te toca a ti.” Hayashi rio sin humor.
“¿Y por qué diablos haría eso?” “Porque Tanaka está en custodia de mi aliada.
Porque tengo veintitrés minutos de confesión grabada que exponen todo: Kamchatka, los fragmentos cuánticos, los veintidós asesinatos disfrazados de ‘fallas de integración’.
Porque si no cooperas, esa grabación llega a cada medio de comunicación y foro darknet antes del amanecer.” La mandíbula de Hayashi se tensó.
“Eso destruiría el Proyecto.
Desestabilizaría las defensas contra amenazas que la población civil ni siquiera sabe que existen.” “Me importa un carajo tu proyecto,” repliqué, sintiendo cómo mi Humanidad parpadeaba en la periferia de mi visión.
“Me importa que Ryoko viva sin tener que mirar por encima del hombro.
Que Takeshi no termine como material de experimentación.
Que yo pueda dormir una noche sin preguntarme si mañana me convertirán en un Carroñero.” Hayashi bajó su arma cinco centímetros.
No completamente, pero suficiente.
“Ryoko habla de ti constantemente,” dijo con un tono diferente.
Más suave.
“Se preocupa.
Tiene pesadillas donde algo te arrebata de ella.
Cuando le pregunté por qué te adoptó, dijo que vio algo en tus ojos.
Soledad.
Como si hubieras vivido demasiado para alguien tan joven.” Mis manos se cerraron en puños.
“Tenía razón,” continuó Hayashi.
“Moriste antes, ¿verdad?
En otra vida.
Madrid.
Un hombre de treinta años traicionado por alguien en quien confiaba.
El Sistema te trajo aquí, te dio un cuerpo nuevo, una oportunidad de reescribir tu historia.” ¿Cómo sabía eso?
Tanaka no tenía esos detalles.
Ni siquiera Kitsune conocía mi muerte anterior con certeza.
“El Sistema no solo mide estadísticas de combate,” explicó Hayashi como si leyera mi confusión.
“Mapea traumas.
Motivaciones nucleares.
Los Arquitectos buscamos sujetos con razones *existenciales* para sobrevivir.
Tú calificaste perfectamente: un hombre asesinado por lealtad, renacido con la oportunidad de proteger a alguien que realmente lo valora.” Mi respiración se volvió irregular.
“Ryoko no fue asignada al azar,” dijo Hayashi suavemente.
“La elegimos porque era psicológicamente compatible contigo.
Una madre que perdió a alguien.
Un hijo que nunca tuvo una familia real.
Ambos necesitándose mutuamente.” “Estás mintiendo,” susurré, aunque algo dentro de mí sabía que no era cierto.
“Revisa los archivos de Tanaka si no me crees.
Sección Siete, Protocolos de Anclaje Emocional.
Ryoko Sato, Expediente Psicológico, Código de Compatibilidad Theta-Nueve.” El almacén pareció inclinarse.
Mi Sistema lanzó una advertencia: *Humanidad: 20/100.
Umbral crítico alcanzado.* “Te estoy ofreciendo una salida,” dijo Hayashi, enfundando lentamente su arma.
“Dame la grabación de Tanaka.
Elimina cualquier copia.
A cambio, te doy los códigos de anulación y borramos tu expediente.
K-14 deja de existir oficialmente.
Vuelves a ser solo Kenji Sato, estudiante de secundaria, hijo de Ryoko.” “¿Y los otros Despertados?” pregunté.
“¿Kitsune?
¿Los que puedan despertar después?” “El Proyecto continúa, pero con nuevas salvaguardas.
Sin más Auditores.
Sin más manipulación de familias.
Supervisión externa independiente.
Tanaka será removido de su posición.” Kuroda se puso de pie bruscamente.
“Hayashi, no puedes simplemente—” “Tú tampoco tienes autoridad aquí ya, Kuroda.” Hayashi le lanzó una mirada cortante.
“Tu ambición casi destruye todo.” Me miró de nuevo.
“Tienes treinta segundos para decidir.
Venganza o redención.
Destrucción o reconstrucción.” Mi teléfono vibró.
Saki: *Tanaka despertó.
Está pidiendo negociar.
Dice que tiene información sobre tu muerte en Madrid.
Nombres.
Quién te traicionó realmente.* Marcos.
El nombre ardió en mi mente como siempre lo hacía.
Pero luego pensé en Ryoko durmiendo en el sofá con su arma cerca, agotada de preocuparse por mí.
En Takeshi borrando archivos porque confiaba en nuestra amistad.
En Saki, una huérfana de quince años que aceptó ayudarme porque le di una razón para importarle a alguien.
En Kitsune, la única otra sobreviviente de este infierno, observando desde las sombras para ver qué elegiría.
“Los códigos primero,” dije finalmente.
“Luego negociamos el resto.” Hayashi asintió lentamente, sacando una tableta encriptada de su chaqueta.
“Kuroda, tu autenticación.” Kurodo se acercó, reacio pero derrotado.
Ambos ingresaron secuencias complejas.
Mi Sistema recibió una transmisión: *Códigos de Anulación Maestra recibidos.
Acceso Nivel Omega desbloqueado.
Auditores: Modo Hibernación disponible.* La tensión en mi pecho se aflojó ligeramente.
Pero Hayashi no guardó la tableta.
En cambio, mostró una segunda pantalla.
“Ahora,” dijo calmadamente, “hablemos sobre quién realmente mató a Javier en Madrid.
Y por qué el Sistema te eligió para vengarte.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com