Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 52

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Código Cero: El Justiciero de Tokio
  4. Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 El Peso del Presente
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

52: Capítulo 52: El Peso del Presente 52: Capítulo 52: El Peso del Presente Aparté la mirada de la tableta.

La pantalla brillaba con promesas de un pasado que había perseguido durante catorce años de esta vida y treinta de la anterior.

Nombres.

Razones.

La verdad detrás de la traición de Marcos.

Pero cuando cerré los ojos, no vi el callejón de Madrid donde Javier murió.

Vi a Ryoko durmiendo en el sofá con su arma al lado, agotada de preocuparse por un hijo que no sabía que la estaba destrozando.

“No,” dije simplemente.

Hayashi parpadeó.

“¿Perdón?” “Que no me interesa.” Levanté la vista, sosteniéndole la mirada.

“Javier está muerto.

Lo que sea que pasó en Madrid, lo que sea que Marcos hizo o no hizo, pertenece a un cadáver en una morgue española.

No a mí.” “Eso es extremadamente poco característico en ti,” murmuró Kuroda desde su posición.

“Hemos monitoreado tus patrones psicológicos durante años.

La venganza contra tu traidor original era uno de tus motivadores nucleares.” “*Era*,” corregí.

“Antes de que me dieran algo real que proteger.

Antes de Ryoko.” Mi Sistema parpadeó: *Humanidad: 21/100.

Incremento detectado.

Causa: Priorización de vínculo presente sobre trauma pasado.* Un punto.

Un miserable punto.

Pero se sentía como una victoria.

Hayashi bajó lentamente la tableta.

Por primera vez desde que lo conocí, parecía genuinamente sorprendido.

“Los modelos predictivos sugerían un 89% de probabilidad de que aceptaras esa información.

Incluso a costa de otras concesiones.” “Tus modelos están obsoletos,” respondí fríamente.

“Porque no soy solo K-14.

No soy solo Javier.

Soy Kenji Sato, y tengo catorce años, y tengo una madre que me importa más que cualquier fantasma.” “Interesante.” Hayashi guardó la tableta.

“Entonces, ¿qué quieres a cambio de la confesión de Tanaka?” “Garantías sobre Ryoko.

Reales.

Verificables.” “¿Qué tipo de garantías?” Respire hondo, organizando mis pensamientos con la misma precisión táctica que usaba para planificar eliminaciones.

“Primero: todos los expedientes sobre ella, físicos y digitales, destruidos completamente.

No solo archivados.

*Destruidos*.

Segundo: ningún Arquitecto, Auditor, o cualquier entidad asociada al Proyecto puede contactarla, vigilarla o manipularla de ninguna forma.

Tercero: si algo me pasa, si el Sistema decide que soy un riesgo y me convierte en Carroñero o me elimina, ella nunca sabrá la verdad.

Le dan una historia creíble.

Un accidente.

Lo que sea.

Pero no la destruyen diciéndole que su hijo era un asesino.” Hayashi me estudió durante un largo momento.

“Eso es…

sorprendentemente considerado viniendo de alguien que eliminó a diecisiete personas en los últimos tres meses.” “Esas diecisiete personas eran traficantes, yakuza y un psicópata enmascarado tratando de matarme,” repliqué.

“Ryoko es diferente.

Ella es la línea que no cruzo.” “¿Y Takeshi Yamada?” preguntó Hayashi.

“Tu único amigo también merece protección, supongo.” “Takeshi se incluye en el acuerdo.

Él también queda fuera de esto completamente.” Kuroda soltó una risa áspera.

“Estás negociando como si tuvieras todas las cartas.

Nosotros todavía controlamos la infraestructura del Sistema.

Podríamos forzar una Depuración remota ahora mismo.” “Podrían,” acepté, sin mover la mano hacia mi arma.

“Pero Saki tiene instrucciones claras: si mi señal biométrica se detiene o muestra signos de compromiso neural, la confesión de Tanaka se distribuye automáticamente.

Veintisiete servidores en dieciséis países.

Ustedes pasarían los próximos cinco años apagando incendios mediáticos mientras sus financiadores los abandonan.” La expresión de Hayashi se endureció.

“Estás haciendo esto muy difícil.” “Bien.

Porque ustedes hicieron mi vida un infierno.

Ahora juego con mis reglas.” Hayashi intercambió una mirada con Kuroda.

Algo pasó entre ellos, algún tipo de comunicación silenciosa desarrollada tras años de colaboración.

Finalmente, Hayashi suspiró.

“De acuerdo.

Garantías sobre Sato y Yamada.

Destrucción verificable de expedientes.

Protección post-mortem de su imagen de ti.

A cambio, nos das la confesión de Tanaka y todas las copias.

Firmas un acuerdo de no divulgación respaldado por el Sistema, vinculante a nivel neurológico.” “¿Vinculante cómo?” “Si intentas exponer el Proyecto después de este acuerdo, el Sistema inducirá un bloqueo cognitivo.

No podrás comunicar la información, verbal o digitalmente.

Es invasivo, pero no letal.

Y reversible si el Consejo lo aprueba en el futuro.” Lo pensé.

Un bloqueo neural era básicamente una mordaza permanente.

Pero si protegía a Ryoko…

“Quiero supervisión externa,” agregué.

“Alguien fuera de los Arquitectos que verifique que cumplen su parte.” “¿Quién?

No muchas personas conocen esto.” “Kitsune.” La nombré sin dudarlo.

“Ella es Despertada.

Tiene tanto que perder como yo.

Y no confía en ustedes más de lo que yo lo hago.” Hayashi frunció el ceño.

“La Sujeto F-02 es…

impredecible.” “Exactamente por eso.

No la pueden comprar ni intimidar.

Si ella confirma que Ryoko y Takeshi están realmente protegidos, acepto el acuerdo.” Hubo un largo silencio.

Escuché el viento silbando a través de las ventanas rotas del almacén.

En algún lugar afuera, una sirena distante aullaba, probablemente respondiendo a la falsa alarma que había alejado a Ryoko.

Hayashi extendió su mano.

“Trato.

Pero necesito esa confesión dentro de seis horas.

Y Kitsune debe presentarse para la verificación dentro de veinticuatro.” Miré su mano.

Esta era la decisión final.

Una vez que la estrechara, estaría comprometido.

No habría vuelta atrás.

Pensé en Ryoko preparando el desayuno.

En Takeshi compartiendo teorías absurdas en el almuerzo.

En Saki enviándome actualizaciones técnicas a las tres de la mañana.

En Kitsune observando desde las sombras, esperando a ver si yo era digno de sobrevivir.

En todas las pequeñas cosas que componían esta vida, esta segunda oportunidad que nunca pedí pero que ahora me negaba a desperdiciar.

Estreché su mano.

“Seis horas.

Kitsune estará aquí.” Mi Sistema actualizó: *Humanidad: 22/100.

Misión Actualizada: [Pacto del Sobreviviente].

Objetivo: Cumplir los términos del acuerdo sin comprometer a aliados.

Recompensa: Libertad Condicional.

Penalización por fallo: Depuración Inmediata.* Solté su mano y me di la vuelta para irme.

“Kenji,” llamó Hayashi.

Me detuve sin voltear.

“Para lo que vale, creo que tomaste la decisión correcta.

Javier habría elegido venganza.

Kenji eligió familia.

Eso te hace más humano que la mayoría de nosotros.” No respondí.

Solo salí hacia la madrugada, donde Kitsune me esperaba en las sombras con una sonrisa enigmática.

“Así que elegiste el presente,” dijo suavemente.

“Interesante.” REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo