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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Cebo de Carne y Neón
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8: Capítulo 8: Cebo de Carne y Neón 8: Capítulo 8: Cebo de Carne y Neón La transición de estudiante ejemplar a depredador urbano no requería un cambio de vestuario al estilo de los cómics americanos, sino un cambio de mentalidad.

En cuanto me despedí de Takeshi en la puerta del instituto, fingiendo tomar el camino hacia la biblioteca municipal, dejé que mis hombros se relajarn y mi expresión facial, cuidadosamente construida para irradiar una inofensiva timidez, se disolviera en una neutralidad fría.

Esperé dos minutos exactos.

Luego, activé [Sigilo Nv.

3].

No me volví invisible, pero mi presencia se volvió irrelevante para el ojo humano.

Me deslicé entre la multitud de estudiantes que abarrotaba la estación de metro, convirtiéndome en una mota de polvo en la periferia de su visión.

Localicé a Takeshi fácilmente; su mochila naranja neón y su postura encorvada lo hacían un faro en medio de la marea gris de uniformes.

El viaje hasta Akihabara fue un ejercicio de paciencia.

Takeshi, en su ingenuidad, miraba constantemente hacia atrás, creyéndose un espía en una película de misterio.

Lo que no sabía era que el verdadero peligro no estaba detrás de él, sino en el mismo vagón, observando su reflejo en el cristal oscuro de la ventana opuesta.

Akihabara nos recibió con su habitual asalto sensorial.

Edificios cubiertos de pantallas LED gigantes proyectaban chicas de anime bailando y anuncios de bebidas energéticas, mientras la cacofonía de las salas de pachinko y las tiendas de electrónica llenaba el aire.

Para un sociópata con sentidos agudizados por un Sistema, era el infierno.

Demasiado ruido, demasiada luz, demasiadas variables.

Takeshi se dirigió directamente a un callejón lateral, lejos de la avenida principal.

El letrero de neón parpadeante rezaba “Cyber-Eden” en katakana rosa y azul.

Era el tipo de lugar que olía a ozono, ramen instantáneo y desesperación adolescente.

Perfecto para transacciones de información dudosa.

Esperé a que entrara y conté hasta diez.

El Sistema parpadeó en mi retina.

[Misión Secundaria: Control de Daños] [Objetivo: Asegurar o destruir la evidencia visual del Incidente del Almacén 4.] [Recompensa: 200 XP, Desbloqueo de función: Interfaz de Hackeo Básico.] Entré.

El local era un laberinto de cubículos privados con ordenadores de alta gama, iluminados por tiras de luz ultravioleta.

El zumbido de los ventiladores de las CPU cubría el sonido de mis pasos amortiguados.

Takeshi estaba en el cubículo 42, hablando con alguien.

Me deslicé hacia el cubículo 43, vacío, y me pegué a la pared divisoria.

Era delgada; podía oírlo todo.

—¿Eres…

Neko_Eye88?

—preguntó Takeshi, con la voz temblorosa por la emoción.

—Shhh.

Baja la voz, niño —respondió una voz nasal y acelerada.

Sonaba como alguien que pasaba demasiado tiempo hablando con pantallas—.

¿Trajiste el dinero?

La información no es gratis.

El foro cobra por el ancho de banda mental, ¿sabes?

—Dijiste que querías compartir la verdad, no venderla —protestó Takeshi, sonando decepcionado.

Me asomé milimétricamente por el borde del separador.

El contacto era un hombre de unos veintitantos años, pálido, con ojeras profundas y una camiseta de una banda de J-Rock.

Tenía un portátil abierto y una tarjeta SD en la mano, jugueteando con ella nerviosamente.

—La verdad es peligrosa —replicó el hombre—.

Lo que tengo en esta tarjeta…

vale mucho.

Vi al Carnicero.

Vi su cara.

Bueno, parte de ella.

Se le cayeron las gafas cuando saltó.

Tengo un frame nítido.

Si la policía ve esto, o peor, los Yakuza…

necesito fondos para desaparecer un tiempo.

Mi pulso se mantuvo estable, pero mi mente calculó las probabilidades.

Si esa imagen existía, mi tapadera de estudiante estaba acabada.

Ryoko, mi madre, reconocería a su hijo, gafas o no.

Ese hombre no podía salir de aquí con la tarjeta.

—No tengo dinero —admitió Takeshi—.

Pero tengo reputación en los foros.

Puedo verificar tu historia, darte credibilidad…

El hombre, Neko_Eye88, soltó una risa amarga y empezó a guardar la tarjeta en su bolsillo.

—La credibilidad no compra fideos, chico.

Si no tienes yenes, largo.

Buscaré otro comprador.

Tal vez ese tal “Juez” pague mejor.

El nombre actuó como un detonante.

Takeshi se quedó paralizado.

Yo también.

Si este idiota intentaba contactar al Juez, terminaría muerto o interrogado.

Tenía que actuar.

Pero no podía dejar que Takeshi me viera.

Miré a mi alrededor.

En el pasillo, un carrito de limpieza abandonado temporalmente contenía un spray de aire comprimido y un mechero olvidado por algún empleado.

Mi mente, entrenada en tácticas de guerrilla urbana gracias a mi vida pasada y al Sistema, trazó un plan en dos segundos.

Me deslicé fuera del cubículo, aprovechando que ambos estaban discutiendo.

Cogí el spray y el mechero.

Me acerqué al panel de disyuntores que estaba al final del pasillo, apenas protegido por una tapa de plástico.

—Sistema, ¿probabilidad de fallo eléctrico localizado?

—pensé.

[Cálculo: 98% de éxito.

Riesgo de detección: Bajo.] Sujeté el mechero encendido frente a la boquilla del spray y apunté a los cables expuestos que entraban en la pared cerca del cubículo 42.

Una llamarada breve, controlada, lamió el aislamiento plástico.

El olor a quemado fue instantáneo.

Segundos después, las luces de esa sección parpadearon y se apagaron con un chasquido eléctrico, seguidas por el gemido de los ordenadores reiniciándose.

—¡¿Qué demonios?!

—gritó Neko_Eye88 en la oscuridad repentina.

—¡No veo nada!

—exclamó Takeshi.

Era mi momento.

Con [Visión Nocturna] básica, la oscuridad era mi aliada.

Me moví rápido y silencioso.

Neko_Eye88 estaba tanteando su bolsillo, protegiendo la tarjeta SD.

Me acerqué por su espalda.

No usé fuerza letal; no era necesario manchar el suelo.

Apliqué presión precisa en el nervio radial de su muñeca.

Su mano se abrió por reflejo, soltando la tarjeta.

La atrapé en el aire antes de que tocara el suelo.

—¡Ah!

¡Algo me ha picado!

—gritó el hombre, frotándose el brazo.

En el caos, empujé ligeramente una lata de refresco vacía hacia el otro lado del pasillo para crear ruido y distraerlos.

Mientras Takeshi encendía la linterna de su móvil, yo ya estaba deslizándome hacia la salida de emergencia trasera, con la tarjeta SD ardiendo en mi bolsillo.

Desde el callejón trasero, bajo la lluvia fina que empezaba a caer, escuché la confusión dentro.

—¡Mi tarjeta!

¡Se ha caído!

—chillaba el informante.

—Ayúdame a buscarla —decía Takeshi, inocente y servicial como siempre.

Saqué la tarjeta SD y la apreté entre mis dedos hasta que el plástico crujió y el chip se partió en dos.

[Misión Completada: Control de Daños] [Recompensa: 200 XP] [Nueva Función Desbloqueada: Interfaz de Hackeo Básico (Nv.

1) – Permite interactuar con cerraduras electrónicas simples y redes no seguras.] Tiré los restos a una alcantarilla.

Takeshi había servido su propósito: me había llevado directo a la amenaza sin saberlo.

Ahora, estaba a salvo de nuevo, aunque él pensaría que simplemente tuvo mala suerte.

Sin embargo, mientras me ajustaba la mochila y volvía a mi postura de estudiante encorvado para mezclarme con la gente de Akihabara, una sensación de inquietud me recorrió la nuca.

No era el Sistema.

Era instinto.

Miré hacia los tejados de neón.

Nadie.

Pero la mención del Juez por parte del informante confirmaba mis temores: él también estaba cazando información.

Y si Neko_Eye88 había intentado contactarlo…

quizás yo no había sido el único escuchando.

Mi móvil vibró.

Era un mensaje de mamá: “Llegaré tarde.

Cena en el microondas.

Te quiero”.

Guardé el teléfono.

La vida doble continuaba, pero el cerco se estrechaba.

Tenía que volver a casa, hacer los deberes y fingir que no acababa de destruir la única prueba que podía condenarme.

Pero primero, necesitaba asegurarme de que Takeshi saliera de allí sin que nadie más lo interceptara.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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