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Código Cero: El Justiciero de Tokio - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 El Fantasma en la Máquina
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9: Capítulo 9: El Fantasma en la Máquina 9: Capítulo 9: El Fantasma en la Máquina La lluvia en Akihabara no limpia la suciedad, solo la hace brillar bajo las luces de neón.

De pie en el callejón trasero, con los restos de la tarjeta SD en la alcantarilla, sentí una punzada en la base del cráneo.

No era el Sistema avisando de un enemigo, sino mi propia paranoia, esa vieja amiga que me había mantenido vivo en mi vida anterior y que ahora gritaba que el trabajo estaba incompleto.

Miré hacia la puerta de emergencia entreabierta del Cyber-Eden.

Neko_Eye88 era un informante digital.

¿Quién en su sano juicio tendría una única copia de un archivo valioso en una tarjeta física?

Nadie.

Si el tipo era medianamente competente, habría una copia de seguridad automática o una transferencia en la nube programada.

Haber destruido la tarjeta era solo una medida analógica para un problema digital.

—Maldita sea —susurré, ajustándome las gafas empapadas.

No podía irme.

No todavía.

Activé [Sigilo Nv.

3] de nuevo.

Mi reserva de energía bajó ligeramente, pero la sombra del callejón pareció abrazarme, difuminando mis contornos.

Me deslicé por la puerta trasera, volviendo al olor a ozono y sudor rancio del cibercafé.

El caos seguía reinando.

La mitad de las luces estaban apagadas por mi sabotaje eléctrico, y los gritos de los clientes indignados por las partidas perdidas llenaban el aire.

Me moví pegado a la pared, esquivando a un empleado que corría con una linterna hacia el cuadro de luces.

En el cubículo 42, la escena era patética: Takeshi y Neko_Eye88 estaban a cuatro patas, iluminando el suelo con las pantallas de sus móviles, buscando la tarjeta que yo ya había triturado.

—¡Tiene que estar aquí!

—gemía Neko, apartando una silla vacía.

El portátil seguía abierto sobre el escritorio, brillando con la luz de la batería en medio de la penumbra.

Era mi oportunidad.

Me acerqué por el lado opuesto al que buscaban, aprovechando el ruido ambiental.

Mis ojos se posaron en la pantalla.

Una barra de progreso roja parpadeaba en el centro: “Error de conexión.

Subida interrumpida: 87%.” Mi corazón, ese músculo traicionero que fingía emociones para los demás, latió con fuerza, pero mi mente se mantuvo gélida.

Había estado subiendo la foto a un servidor privado justo cuando corté la luz y el router se apagó.

La suerte favorece a los audaces, o a los sociópatas preparados.

Extendí la mano hacia el teclado.

En mi retina, el texto azul del Sistema se desplegó.

[Interfaz de Hackeo Básico detectada.

¿Iniciar intrusión en terminal local?] —Sí —pensé.

No tuve que teclear frenéticamente como en las películas.

Fue más visceral.

Al tocar el trackpad, sentí una corriente estática recorrer mis dedos.

Una superposición visual apareció ante mis ojos: líneas de código y directorios flotando sobre la realidad.

Era tosco, básico, pero efectivo para un sistema operativo civil sin encriptación militar.

[Acceso concedido: Usuario Admin] Mis dedos volaron, pero en mi mente yo solo estaba moviendo bloques de datos.

Localicé el archivo original: `Carnicero_Face_Reveal.jpg`.

Lo borré.

Luego busqué en la caché, en los temporales y en la papelera.

Eliminación segura de tres pasos.

Sobrescribí los sectores con ceros.

Entonces, algo en la bandeja de entrada del correo llamó mi atención.

Era el destinatario del archivo fallido.

*Para: [email protected]* *Asunto: Tengo al chico.

Prueba adjunta.* El Juez.

Neko no solo quería vender la información al mejor postor; ya tenía un comprador específico.

Abrí el último correo recibido de esa dirección, fechado hace dos horas.

“Trae la prueba física al viejo depósito de trenes en Minato a medianoche.

Si es legítima, recibirás el pago.

Si es un montaje, recibirás un juicio.” Minato.

Medianoche.

Hoy.

Una sonrisa involuntaria curvó mis labios.

No solo estaba limpiando mi rastro, estaba obteniendo las coordenadas de mi enemigo.

El Juez me estaba invitando a una cita, aunque él esperaba a una rata informática y no al depredador que estaba cazando.

—¡Oye!

—gritó Neko de repente, levantando la vista del suelo—.

¿Quién anda ahí?

Me había demorado demasiado.

Cerré la tapa del portátil de un golpe seco.

El ruido los hizo saltar a ambos.

—¡Mi ordenador!

—chilló Neko, levantándose.

Pero yo ya no estaba allí.

Con un movimiento fluido, salté sobre el separador del cubículo adyacente, rodé por el suelo para amortiguar el impacto y me mezclé con un grupo de jugadores que salían del local quejándose del apagón.

Salí a la calle principal, respirando el aire húmedo de la noche.

Mi misión de control de daños había evolucionado en una oportunidad de inteligencia táctica.

Sabía dónde estaría el Juez esta noche.

Sabía que esperaba a Neko.

Esperé en la esquina, oculto tras una máquina expendedora, hasta que vi salir a Takeshi.

Caminaba cabizbajo, pateando un bote vacío, claramente decepcionado por no haber conseguido la “verdad” para su colección de conspiraciones.

Lo seguí a distancia, asegurándome de que subiera al tren de la línea Yamanote sin incidentes.

Él era mi única conexión “humana” en este mundo, una herramienta útil que no podía permitirme perder por un daño colateral.

Cuando las puertas del vagón se cerraron y el tren se alejó, mi teléfono vibró.

Era una notificación del Sistema.

[Misión Oculta Completada: Cabos Sueltos Digitales] [Recompensa: 150 XP] [Nuevo Dato de Inteligencia: Ubicación de reunión de ‘El Juez’.] Miré el reloj en mi muñeca.

Eran las 21:45.

Tenía tiempo para volver a casa, cenar la comida recalentada que mi madre, la inspectora Sato, me había dejado con tanto cariño, y luego…

luego tenía una decisión que tomar.

El depósito de trenes en Minato estaría lleno de sombras, y yo me sentía extrañamente cómodo en ellas.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DaniJCP_134 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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