Colisión: La bestia errante - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Nuestra verdad bajo la luna roja
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10: Nuestra verdad bajo la luna roja 10: Nuestra verdad bajo la luna roja Alex y Asuna estaban sentados en la azotea de una casa.
Alex estaba comiendo unas columnas, tenía apartado columnas vertebrales, cabezas rotas y huecas y cerebros.
Asuna con una cuerda capturaba zombis y les quitaba las cabeza y columnas, el resto lo dejaba en el patio de la casa en la que estaban.
Después de que en el camino de su viaje Alex le comentara de su nueva biología decidió ayudarlo a comer balanceado, según lo que le comentó lo que más necesitaba para aumentar sus capacidades físicas era el sistema nervioso central, así que empezó a hacer de carnicera con los cuchillos de la tienda que Alex consiguió para que no gastara el filo de su espada.
Tras comer y ya habiendo anochecido estaban esperando que apareciera la luna roja.
<< Asuna por si me pasa algo tienes mi permiso para matarme >> << ¿por qué dices eso así tan de repente?
>> << ¿recuerdas cuando fuiste a traerme comida y me que solo?
>> << si >> << después de eso comencé a pensar en ti >> << ¿en mi?
>> dijo mientras se sonrojaba.
<< si, pero no me gustó haber pensado lo que pensé de ti y no hablo de que tuvieras segundas intenciones conmigo, pero, cuando me di cuenta no era yo cuando pensé así, y sentí que estaba en la luna roja.
Lo más extraño es que no pensé en ti con odio, normalmente es así con cualquier humano.
>> << ¿de qué hablas tú también eres uno?, o es que te trataron muy mal >> << me despreciaban siempre, incluso mi familia, no valía mucho para ellos.
Pero no entiendo porque no puedo odiarte, ni pensar algo malo de ti.
>> << debe de ser porque te traté bien >> << no, no importa que tan bien me traten los humanos, siempre es igual, al final no soy nada para nadie >> El silencio se hizo por unos momentos, la luna roja salió y los iris de Alex que se habían vuelto blanco cuando comía, cambiaron a un rojo intenso.
<< entonces ¿por qué no me odias?
>> << no te odio, ¡pero eres la humana más molesta que he conocido en toda mi vida!
>> Asuna se levantó, estaba desconcertada, él no era quien estuvo a su lado todo el día.
<< entonces si no me odias ¿por qué soy la molestia más grande de tu vida?
>> Rápidamente Alex se levantó, la tomo por el cuello y la empujó contra la pared de la puerta de la azotea, la miró a los ojos y furioso le respondió.
<< ¡por qué me gustas!, ere hermosa, fuerte y amable, y no puedo tenerte solo para mí, y nadie más >> Alex la soltó, terminó llorando, se dio la vuelta para irse, pero en ese momento la escucho.
<< tú también me gustas >> Se frenó en seco y le respondió: << ¿qué?
el trabajo de caballero y aventurera no te deja conocer gente, y con el primero que tienes tiempo libre vas y le dices “me gustas”.
No te parece un poco explícito el mensaje.
O es que nadie te dio tanta esperanza como yo cuando no te quedaban intentos >> Asuna se quedó sin palabras, pero a pesar de que sonara grosero también sabía que lo decía como si fuera un amigo diciéndote una verdad y que el idiota eres tú.
<< escucha, sí, me diste esperanza cuando lo perdí todo, pero, aunque suene raro, con el día que pasé hoy, aunque fuera poco tiempo, sé que me terminarías gustando de todas maneras, acaso ¿no crees en el amor a primera vista?
>> << esa tontería responde a mi pregunta, pero no resuelve el otro problema >> << ¿qué problema?
>> << que conste que es por tu bien >> Alex se dio media vuelta, se acercó a Asuna, y con una mirada aterradora y algo que el mismo desconocía que tenía, le hizo la pregunta definitiva.
<< ¿serás mi sirvienta?
>> Asuna casi quedó en shock, hasta ahora pensaba que Alex solo estaba siendo más agresivo por la luna roja, pero esta pregunta simplemente la desarmó.
Él no es Alex, esa presencia y esa aura no eran de un humano, ni los asesinos en su mundo tiene tal presencia, solo las bestias más grandes se sienten tan imponentes, pero, aunque no es tan grande, esa aura es bastante pesada.
<< no sé qué responder >> El silencio se apoderó del ambiente y por eso Alex se preocupó, ni un sonido.
Lentamente retrocedió un poco mientras su mirada se dirigía a la calle.
Susurrando le avisó a Asuna.
<< algo pasa >> << ¿a qué te refieres?
>> De pronto escucharon un sonido, alguien golpeaba los dientes, o más bien algo, era como cuando tienes frío y te tiembla la mandíbula, pero con cierto ritmo, como un animal.
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