Comenzando Con un Talento de Esgrima de Rango SSS - Capítulo 315
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Capítulo 315: Ambiente pesado en la mansión del Gran Duque
Aprovechando que los arqueros en lo alto de la muralla se encontraban en un estado de absoluta confusión, Rendon guio a las tropas para que avanzaran dentro del territorio.
Los enemigos tardaron en reaccionar y, para cuando lanzaron sus contramedidas, el ejército ya había entrado en Grateja.
—¡No desperdicien esta oportunidad! ¡Maten a todo el que se resista! —gritó Rendon mientras blandía su hacha.
¡Fiu!
De un solo mandoble, ¡acabó con la vida de cinco soldados enemigos!
Sus lugartenientes no quisieron quedarse atrás: se lanzaron contra la formación enemiga y rompieron sus defensas para abrir un camino a sus tropas.
Por otro lado, las tropas privadas de la Princesa Jade no eran tan agresivas como ellos. Atacaron usando formaciones de batalla y también aprovecharon el impulso para destruir por completo las defensas enemigas.
Mientras tanto, los guerreros de la Casa Espadaplata y sus casas subordinadas no gastaron mucha de su fuerza. Eligieron conservar su maná para las próximas batallas.
En medio de este caos, Alaric dirigió a su grupo para acabar con los enemigos que se habían colado por la red.
—¡No usen su maná! ¡Conserven la energía! —gritó Alaric, recordándoles a sus subordinados que no se confiaran.
Entrar en Grateja era solo el primer paso de su plan. Aún tenían que superar numerosos obstáculos antes de poder llegar a la mansión del Gran Duque, por lo que era necesario ser comedidos con su consumo de maná.
En menos de media hora, las puertas principales de Grateja cayeron, con más de la mitad de sus soldados muertos o heridos de gravedad. Los guerreros restantes se rindieron y se les selló el maná. Luego fueron enviados a una prisión temporal para evitar que se reagruparan con las fuerzas del Gran Duque.
—¡Lord Venerable, hemos asegurado la puerta principal! ¿Cuáles son sus órdenes? —saludó Rendon a Lucas con una mirada respetuosa.
Podía ser un experto en la Clasificación del Dragón Astaniano, pero frente a un Caballero Mítico, ¡no era más que un insecto! Ante un experto de ese nivel, solo podía tragarse el orgullo.
Lucas asintió con indiferencia. Podía percibir el cambio repentino en la actitud de todos. Hasta hacía poco, algunos de ellos aún mostraban un atisbo de desafío, pero ahora, todos obedecían de buen grado sin pronunciar una sola palabra de queja.
Solo los fuertes son respetados. Esa es la verdad absoluta.
Lucas suspiró para sus adentros.
Luego hizo un gesto con la mano y gritó: —¡Reúnan a las tropas! ¡Avanzaremos de inmediato!
Al oír sus palabras, todos respondieron al unísono.
—¡Sí, Lord Venerable!
«Venerable, ¿eh? No suena tan mal».
Esbozó una sonrisa.
***
En la mansión del Gran Duque, reinaba una atmósfera pesada.
Todos habían recibido la noticia de que Lucas era un Caballero Mítico. Al principio, algunos se mostraron escépticos y creyeron que solo era una estratagema para confundirlos. Sin embargo, la noticia del derrumbe de la puerta principal les hizo darse cuenta de que esta información aparentemente descabellada podría ser cierta.
—Mi señor, el ambiente está muy tenso. Los demás podrían traicionarnos si no les damos una explicación satisfactoria —le susurró un viejo sirviente al Gran Duque, Lloyd Astania.
La expresión de Lloyd era horrible.
«¡Mierda! ¿¡Desde cuándo es un Caballero Mítico!? ¡Maldita sea!».
En su fuero interno, el Gran Duque estaba presa del pánico, pero debía mantener la calma frente a sus subordinados. Mostrar el más mínimo atisbo de miedo solo sembraría la inquietud entre sus seguidores.
Respiró hondo para calmar la ansiedad de su corazón. Luego, recorrió con la mirada los rostros de la multitud reunida. Todos ellos eran sus confidentes. Le habían ayudado a convertir Grateja en lo que era ahora.
Sin embargo, estas personas, antes seguras y arrogantes, ahora temblaban de miedo.
Se frotó las sienes y ordenó: —¡Envíen un mensaje de inmediato a Su Alteza e infórmenle de la situación!
Luchar contra un ejército liderado por un Caballero Mítico solo resultaría en la destrucción de los guerreros que tanto le había costado formar. Lo mejor que podía hacer era conseguir que el segundo príncipe interviniera y usara su autoridad como heredero de la corona para detener el avance enemigo.
—¡Sí, mi señor!
«Esto no es suficiente. Su Alteza tardará un tiempo en llegar. Debo ganar tiempo, pero ¿cómo?».
«¡Mierda!».
Lloyd maldijo para sus adentros, sintiéndose más alterado cuanto más pensaba en la situación.
—Mi señor, ¿qué tal si nos rendimos? No creo que Lucas nos mate si…
Lloyd fulminó con la mirada al hombre, haciendo que se tragara las palabras que estaba a punto de decir.
—¿Rendirnos? ¿¡Estás jodidamente loco!? ¿¡Cómo te atreves a decirme que me rinda!? —golpeó el reposabrazos de su asiento con la mano, ¡haciéndolo añicos!
No podía soportar la idea de rendirse ante un barón de campo. Su orgullo no podía permitir tal afrenta a su reputación.
—M-Mi señor, por favor, reconsidérelo. Nos enfrentamos a una entidad poderosa, una cuya fuerza podría diezmar fácilmente un ejército de miles. Resistirse obstinadamente a una potencia de ese nivel sería una elección necia. Por el bien de la seguridad de nuestro pueblo, espero que tome la decisión correcta —sugirió un anciano, un alto funcionario de Grateja.
Lloyd casi estalló de rabia, pero contuvo su furia. Descargarla sobre sus subordinados solo lo haría parecer débil, así que reprimió su ira y replicó con voz fría: —¡Si quieren rendirse, salgan de mi mansión! ¡No tengo necesidad de cobardes!
El anciano funcionario frunció el ceño al oír sus palabras. Luego se puso de pie y suspiró, negando con la cabeza. —Lo siento, mi señor.
Estaba a punto de irse cuando Lloyd apareció de repente a su lado y lo apuñaló con una espada.
¡¡Chrrsk!!
—¡Tú!
El anciano oficial era un Caballero de Élite, por lo que no murió de inmediato.
Miró fijamente a Lloyd y murmuró: —Mi señor, lo seguí porque pensé que nos ayudaría a convertir Grateja en un paraíso. Lo ha hecho bien en las últimas décadas, así que, ¿por qué tuvo que involucrarse en la batalla por la sucesión?
La sangre brotaba del cuerpo del anciano, haciendo que su rostro palideciera. Sin embargo, sus ojos permanecieron firmes mientras miraba profundamente al Gran Duque.
Al ver el espíritu inquebrantable del viejo funcionario, todos no pudieron evitar emocionarse. Recordaron los sacrificios que hicieron para convertir a Gretaja en lo que era ahora.
—Mi señor, también creo que deberíamos rendirnos. Así podremos minimizar nuestras pérdidas. Es la única forma de evitar más derramamiento de sangre —declaró otro funcionario.
La expresión de Lloyd se ensombreció.
—¡Bastardos sin agallas! ¡¿Cómo se atreven a sugerir algo tan ridículo?! ¡Todavía tenemos a Su Alteza! ¡Solo necesitamos resistir hasta que llegue! —espetó uno de los partidarios acérrimos del Gran Duque.
Se formó una brecha entre los seguidores del Gran Duque. Discutieron e intercambiaron comentarios despectivos, convirtiendo todo el lugar en un caos total.
—¡Silencio! —gritó Lloyd, con la voz temblando de furia.
Todos cerraron la boca al sentir el aura abrumadora del Gran Duque.
—¡Envíen a nuestras tropas y díganles que detengan a los invasores a toda costa, aunque signifique su muerte! —gritó agitando la manga.
El viejo funcionario que se le había opuesto antes quiso decir algo, pero el Gran Duque desató de repente toda su aura sobre él, ¡dejándolo sin poder respirar!
¡Ugh!
El viejo funcionario se cayó de la silla, luchando por respirar.
Algunos quisieron ayudarlo, pero temían enfrentarse a la ira del Gran Duque, así que decidieron mirar hacia otro lado.
—¡¿A qué esperan?! ¡Transmitan mis instrucciones de inmediato! —rugió el Gran Duque.
—¡S-sí, mi señor!
Todos salieron rápidamente para entregar su mensaje a las tropas.
Después de que todos despejaron la sala de reuniones, Lloyd, con el rostro sombrío, golpeó la pared.
¡Bang!
El grueso hormigón mezclado con otros materiales duraderos se hizo pedazos, ¡dejando un enorme agujero en la pared!
«¡Lucas Espadaplata! ¡Si quieres matar, entonces te arrastraré al infierno conmigo!»
***
Mientras tanto, las tropas de Lucas se enfrentaron a otra resistencia de los guardias armados de Gratreja. Eran las élites del territorio encargadas de proteger la tierra. A diferencia de los guardias de la guarnición que habían protegido la puerta principal, estos guerreros estaban curtidos en la batalla.
—Mi señor, parecen ser los guardias de élite de Grateja. ¿Cómo deberíamos encargarnos de ellos? —preguntó Rendon en voz baja.
Lucas examinó la formación enemiga. Ellos también tenían Trascendentes de su lado, pero aún les faltaba en comparación con sus tropas, que contaban con expertos de alto nivel como Rendon y Sherwin.
Lucas no respondió de inmediato. Él era el comandante, así que tenía que tomar la decisión final.
«Son ciudadanos de Astania, ¿de verdad debo matarlos?»
Dudó.
«No. No hay necesidad de matar a más gente inocente. ¡Solo el Gran Duque debe pagar por sus crímenes!»
Pensando en esto, dijo: —No hay necesidad de un derramamiento de sangre sin sentido. Yo me encargaré de esto. ¡Quédense aquí y esperen mi orden!
Rendon bajó la cabeza y no dijo nada.
Tras tomar su decisión, Lucas se acercó lentamente a los enemigos. Sus ojos estaban aterradoramente tranquilos.
—¡Intrusos! ¡Abandonen nuestro territorio de inmediato! —gritó el comandante de los guardias armados de Grateja, ¡un guerrero del Reino Trascendente!
Sin embargo, su advertencia no inmutó al inexpresivo Lucas.
Tiró de las riendas, indicando a su caballo que se detuviera. Luego gritó: —¡El Gran Duque, Lloyd Astania, rompió el acuerdo que hicimos con las tribus bárbaras! ¡Para satisfacer sus retorcidos deseos, secuestró a bárbaros y a otras víctimas indefensas y los subastó en un establecimiento ilegal que él había creado! ¡¿Por el bien de este hombre malvado, de verdad desean empuñar sus armas contra mí?!
Los soldados de Grateja vacilaron al oír sus palabras. Ya habían oído rumores sobre los sucesos de Copperglade. Al principio, todos pensaron que era ridículo. Nadie quería creerlo, pero el repentino ataque a Grateja apuntaba claramente al Gran Duque, lo que les hizo recordar aquellos rumores.
«¿De verdad el Gran Duque secuestró a los bárbaros?»
«¿De verdad fundó la Torre Carmesí?»
«¿Vale la pena servir a un hombre tan sin escrúpulos?»
Mientras dudaban, la voz de Lucas llegó a sus oídos.
—¡Somos guerreros de Astania y es nuestro deber proteger al pueblo! ¡Aunque estemos divididos en varios territorios, compartimos el mismo origen! ¡Tenemos el objetivo común de defender nuestro imperio! ¡Sin embargo, el hombre al que sirven provocó que las tribus bárbaras nos malinterpretaran! ¡Por su codicia, Astania podría verse de nuevo envuelta en las llamas de la guerra!
—¡¿Es esa la clase de hombre al que desean servir?!
Lucas reveló su poderosa aura tras decir esas palabras, pero no la usó para oprimir a los guerreros. Solo exhibió su fuerza sin igual para decirles que podría matarlos si quisiera.
«¡Nos está obligando a elegir!»
El comandante de los guardias armados de Grateja se estremeció al sentir el aura de Lucas.
«No hay duda. ¡Es un Caballero Mítico!»
—Mi señor, seguiremos sus órdenes. Solo dé la palabra —resonó una voz en sus oídos.
Provenía de un joven guerrero que él había entrenado cuidadosamente. Era un talento prometedor con grandes sueños.
Mirando el rostro del joven guerrero, el comandante de los guardias armados de Gretaja suspiró.
«Muchos jóvenes prometedores morirán si elijo luchar contra los enemigos, pero ya he jurado lealtad al Gran Duque.»
Cayó en un dilema.
La tensión llenó el aire mientras todos esperaban la decisión del comandante.
Después de lo que pareció una eternidad, el comandante finalmente abrió la boca.
—¡Lord Lucas, cambiaré mi vida por la seguridad de mis subordinados y los residentes del territorio!
Todos quedaron atónitos por su decisión.
Lucas miró al leal hombre. —¿Acepto tu petición, pero obedecerán a un comandante muerto?
El hombre sonrió. Luego gritó a sus tropas: —¡Guerreros de Grateja, escuchen mi llamado! ¡Deben rendirse de inmediato!
Al oír sus palabras, los soldados de Grateja respondieron con emoción: —¡Sí, Señor Comandante!
Lucas reveló una mirada de interés. —¿Cuál es tu nombre?
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