Comenzando Con un Talento de Esgrima de Rango SSS - Capítulo 349
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Capítulo 349: El pequeño pueblo
Michelle miró a Alaric en secreto. Aparentaba tener veintitantos años, pero por lo que ella sabía, aún no llegaba a los 20. También notó otra cosa en él: su aura. Era como una espada en su vaina, silenciosa y letal.
Mientras ella lo observaba, Alaric sacó a relucir el tema que había discutido con el alcalde anteriormente.
—… ¿Qué le parece, Lady Michelle? Si acepta mi petición, cumpliré cualquier condición que establezca siempre que esté a mi alcance.
Todos giraron la cabeza hacia Michelle, preguntándose cómo respondería.
Para su sorpresa, la vizcondesa asintió con calma como si fuera un asunto de poca importancia. —No habrá problema, Su Alteza. Solo tiene que dar la orden y le enviaré a esa gente lo antes posible.
Alaric quedó impresionado por su decisión. ¡No había dudado ni un segundo!
Sin embargo, Alaric no creía que fuera a hacer esto a cambio de nada. Mientras se frotaba la barbilla, preguntó: —Dígame qué quiere a cambio.
Esta vez, Michelle guardó silencio durante medio minuto.
Nadie dijo nada, temerosos de perturbar las negociaciones.
Después de un buen rato, Michelle finalmente respondió: —Me gustaría guardarme este favor por el momento. Cuando haya pensado en algo, le informaré de inmediato.
Alaric entrecerró los ojos, intentando descifrar sus pensamientos, pero la mujer permaneció indiferente. Se parecía a esas bellezas frías que describen en las novelas.
—De acuerdo. —Alaric sonrió levemente. Luego se puso de pie y dijo:
—Discutiré los detalles con usted cuando regrese. Harune ha atacado múltiples ciudades en nuestras fronteras occidentales, así que no puedo quedarme aquí mucho tiempo.
Al oír esto, Michelle preguntó cortésmente: —¿Necesita ayuda, Su Alteza?
Alaric negó con la cabeza. —No es necesario. Puedo encargarme de ellos yo solo.
Con Zephyr a su lado, los guerreros enviados por Harune no eran más que carne de cañón.
Michelle no insistió. —En ese caso, espero que tenga un buen viaje.
—Por favor, infórmeme de inmediato si necesita algo. En las fronteras occidentales, mi Casa Gimena todavía tiene cierta autoridad —dijo con confianza.
Alaric se lo agradeció. Podría necesitar la ayuda de un poder local, así que conseguir su apoyo sería estupendo. Tras unas cuantas palabras más, se despidió de todos y abandonó el ayuntamiento.
Todos lo siguieron, despidiéndolo de la manera más respetuosa.
Alaric saltó a la espalda de Zephyr y le ordenó que volara.
La bestia soltó un rugido y batió las alas, provocando una fuerte ráfaga de viento. Con un ¡vush!, se adentró en las nubes y pronto desapareció de la vista de todos.
Mirando el pequeño punto en el horizonte, todos se sintieron emocionados. Pensaban que su ciudad isleña sería asediada por los enemigos, pero la llegada de Alaric cambió su destino.
—Su Alteza está destinado a mayores alturas. Astania sin duda prosperará si hereda el trono —murmuró Michelle con una mirada profunda.
Nadie se atrevió a comentar sus palabras. Solo alguien tan audaz como ella hablaría del trono con tanta calma.
***
¿Quién hubiera pensado que un viaje a las fronteras occidentales me permitiría conocer a individuos tan talentosos? Esto debe de estar predestinado.
En su vida pasada, su fe no era fuerte, pero tras su regresión, se dio cuenta de que existían fuerzas imprevistas que manipulaban el mundo. Ya fueran dioses o inmortales, Alaric sentía que existían.
¿Cuándo tendré las respuestas a estos misterios?
Pensó para sí mientras exhalaba una profunda bocanada de aire.
Tres días después, Alaric se encontró sobre una pequeña aldea habitada por menos de cien familias. Era una de las muchas aldeas no registradas en los mapas por la razón de que su existencia se consideraba insignificante.
La aldea estaba rodeada por murallas de madera. La mayoría de las casas eran de barro y madera, lo que indicaba las modestas condiciones de vida de los aldeanos.
La razón por la que Alaric se detuvo en esta aldea fue que descubrió un pequeño ejército de unos doscientos guerreros que se acercaba. Por sus estandartes, pudo deducir que eran un pequeño destacamento de Harune, posiblemente allí para reunir información o para tomar provisiones de la aldea.
La aldea solo tenía treinta guerreros defendiéndola y el más fuerte de ellos era solo un viejo Caballero manco. Con la enorme disparidad de número, solo les esperaba la destrucción.
Alaric dirigió su mirada al pequeño destacamento de Harune. Tres Caballeros de Élite los lideraban. También tenían quince Caballeros. El resto eran Aprendices de Caballero y guerreros rasos.
¿Por qué enviaría Harune una formación tan fuerte a esta pequeña aldea?
Alaric sintió que la situación era un poco sospechosa, así que decidió mantenerse al margen y observar.
«¿Hay algo en esta aldea?»
Pensó, con los ojos brillando de interés.
Su instinto le decía que este pequeño destacamento no estaba aquí solo para reunir provisiones e información.
Pensando en esto, Alaric ordenó a Zephyr que descendiera un poco más lejos para no llamar la atención.
¡Vush!
Alaric saltó de la espalda de Zephyr. —Quédate aquí y no dejes que nadie te vea. Puede que me ausente un rato, así que puedes cazar por tu cuenta cuando tengas hambre. Solo no te alejes demasiado.
Comprendiendo sus instrucciones, Zephyr asintió con la cabeza. Sabía que Alaric intentaba ser discreto, así que no hizo ningún ruido, ganándose la aprobación de Alaric.
Después de darle unos cuantos recordatorios más, Alaric corrió hacia la aldea. No ocultó intencionadamente su presencia a los aldeanos, por lo que el viejo Caballero manco sintió que se acercaba.
El viejo Caballero estaba en alerta máxima. Miró a Alaric con la mano apoyada en la empuñadura de su espada.
—¡¿Quién eres?!
No podía medir el poder del joven guerrero, lo que lo alarmó.
Vestido con su llamativa armadura de batalla, Alaric destacaba entre los guerreros de la aldea, que solo llevaban armaduras de cuero.
Alaric levantó la mano. —No pretendo hacerle daño. Soy un guerrero de la Casa Espadaplata. Mi tarea es vigilar la seguridad de las aldeas.
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