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Comenzando Con un Talento de Esgrima de Rango SSS - Capítulo 350

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  4. Capítulo 350 - Capítulo 350: El secreto del pueblo
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Capítulo 350: El secreto del pueblo

—¿La Casa Espadaplata? —El anciano Caballero manco frunció el ceño al oír aquello.

La Casa Espadaplata se encontraba en la región más al norte del imperio, muy lejos de su aldea. A un humano corriente le llevaría más de un mes de viaje a pie. Incluso con un carruaje, les tomaría de tres a cuatro semanas, dependiendo del clima.

Al ver su mirada dubitativa, Alaric sacó algo del bolsillo.

—Aquí tienen una insignia para probar mi identidad. —Alaric les mostró una insignia que representaba el símbolo de la Casa Espadaplata.

El anciano Caballero era un individuo instruido y también había estado en la región norte varias veces en el pasado, así que estaba familiarizado con la insignia de la Casa Espadaplata.

Al ver la insignia, el anciano Caballero no podía saber si era auténtica. Necesitaba observarla de cerca por si era una imitación.

—Lánzala aquí —le dijo a Alaric.

A Alaric no le importó su cautela y le lanzó la insignia.

El anciano Caballero atrapó la insignia y la inspeccionó con cuidado. El peso parecía correcto y el material era legítimo.

Era auténtica. En efecto, era de la Casa Espadaplata.

Tras verificar que era auténtica, el anciano Caballero bajó la guardia y le devolvió la insignia. —Aquí tiene su insignia, mi señor. Le pido disculpas por mi rudeza.

Alaric se guardó la insignia en el bolsillo y asintió con indiferencia. —Por ahora, deberíamos entrar en la aldea. ¡Se acercan enemigos!

Al oír esto, el anciano Caballero se quedó atónito. Su aldea tenía exploradores, pero no habían recibido noticias de ellos.

Al pensar en ello, se dio cuenta de que había pasado un tiempo desde que sus exploradores se habían marchado.

¿Podría ser que les hubiera pasado algo?

Su expresión se ensombreció. Esos exploradores habían sido entrenados por él y eran como hermanos pequeños para él.

Se giró hacia sus subordinados y gritó: —¡Reúnan a todos y díganles que se preparen para la batalla!

Al oír sus órdenes, todos se quedaron atónitos, pero se marcharon rápidamente para transmitir sus mandatos.

El anciano invitó entonces a Alaric a la aldea. —Sígame, mi señor.

Alaric asintió y lo siguió a la aldea.

—Ehm…, ¿podría decirme su nombre, mi señor? —preguntó el anciano con cautela.

—Mi nombre es Alaric…

Al oír esto, el anciano lo miró fijamente, conmocionado.

—Su Al… —Estaba a punto de presentar sus respetos cuando vio que Alaric le lanzaba una mirada severa, como advirtiéndole que no dijera nada.

Comprendiendo sus intenciones, el anciano cerró la boca, pero por dentro estaba gritando.

¡Alaric Espadaplata! ¡El joven heredero de la Casa Espadaplata y el tercer heredero al trono!

A veces, pequeños mercaderes pasaban por su aldea para proporcionarles suministros e información de la capital. Había oído hablar de Alaric a uno de esos mercaderes.

Sabiendo que estaba tratando con un miembro de la familia imperial, el anciano Caballero se volvió más cauto. Temía que Alaric se ofendiera, así que medía cada palabra que pronunciaba.

—¿Cuál es su nombre, señor? —inquirió Alaric.

—Este siervo se llama Rewin, Su Al…, ejem, mi señor —respondió el anciano Caballero con servilismo.

—¿Rewin? Escuche con atención, que se nos acaba el tiempo. —La voz de Alaric se tornó seria de repente.

—Sí, mi señor. Soy todo oídos.

—Se están acercando a la aldea doscientos guerreros Harune liderados por tres Caballeros de Élite…

—¡¿Qué?! —El anciano Caballero estaba aterrorizado. Un solo Caballero de Élite era más que suficiente para masacrar su pequeña aldea, ¡y mucho menos tres! Por no mencionar que tenían doscientos guerreros de su lado. ¡Solo de pensarlo se le erizaba el cuero cabelludo de pavor!

—No se alarme. Yo me encargaré de ellos. Solo quiero que sea sincero conmigo. —Alaric miró profundamente al anciano. No tenía forma de confirmarlo, pero creía que había algo especial en la aldea para que fuera el objetivo específico de un destacamento de este calibre.

El anciano frunció el ceño, dubitativo, pero al recordar la identidad de Alaric, finalmente asintió. —Está bien. Responderé a sus preguntas, mi señor.

—Bien. Ahora dígame qué tiene de especial esta aldea. ¿Esconden algo muy valioso? —preguntó Alaric sin rodeos.

Rewin respiró hondo, con el rostro ensombrecido. Apretando los dientes, decidió confiar en Alaric. —A decir verdad, en efecto, hay algo especial en nuestra aldea.

Alaric entrecerró los ojos. —Continúe.

—Creo que esos guerreros han venido por esa niña. Es una mezcla de humano y dragón.

¡¿Un dragón?!

Alaric no podía creerlo. Los dragones eran bestias veneradas. ¡Eran extremadamente poderosos y poseían una inteligencia que sobrepasaba a la de la humanidad!

¡Según las leyendas, al nacer ya poseían una fuerza equivalente a la de los monstruos de grado catástrofe!

Como si hubiera tomado una decisión difícil, Rewin dijo con determinación:

—¡Mi señor, por favor, llévesela con usted y escape de este lugar!

Alaric podía percibir que el anciano se preocupaba de verdad por la niña, pero seguía escéptico sobre si sus palabras eran ciertas. Después de todo, nunca había visto un dragón, ni una sola vez en sus dos vidas.

—¿Dónde está la niña? —Alaric lo miró profundamente.

Sabiendo que la situación era urgente, Rewin respondió: —Por favor, sígame, mi señor. Lo llevaré a verla.

—De acuerdo. —Alaric asintió y siguió al anciano.

Pasaron junto a unas cuantas casas de barro y chozas con techo de paja antes de llegar a una vivienda subterránea que estaba oculta bajo un granero.

—¡Abuelo, has vuelto! —Una voz dulce y alegre de niña llegó a sus oídos.

El rostro severo de Rewin se relajó en una sonrisa al oír esa adorable voz.

Al instante siguiente, una niña de unos tres años vino corriendo hacia ellos, con el rostro lleno de alegría.

—¡Mi adorable nieta, ven aquí! Te voy a presentar a alguien. —Rewin tomó a la niña en su brazo y la levantó del suelo de un solo movimiento.

La pequeña miró a Alaric con curiosidad mientras se mordía el dedo. —Abuelo, ¿quién es ese tío?

A Alaric le tembló la comisura de los labios al oír aquello.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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