Comenzando Con un Talento de Esgrima de Rango SSS - Capítulo 380
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Capítulo 380: Loras Marchan
Limuel pensó que los enemigos solo oponían una resistencia inútil, pero algo increíble sucedió justo delante de sus ojos.
Los diez mil guerreros liderados por Marco se mantuvieron firmes, aprovechando las empinadas laderas.
Limuel sintió un déjà vu al observar la escena. Algo similar había ocurrido en la primera batalla en el Paso Aklan. Incluso él mismo estuvo a punto de perecer en aquella ocasión.
¡¿Cómo es que sus guerreros eran tan fuertes?!
Marco, en particular, era muy notorio.
¡Era imbatible!
¡Allá donde iba, docenas de guerreros perecían!
¡Sus espadas se movían como fantasmas, indetectables y mortales!
No era solo él, también había varios guerreros notables siguiéndolo. Aunque no eran tan impresionantes como Marco, ¡podían luchar contra múltiples enemigos a la vez!
En solo un cuarto de hora, miles de las tropas de Harune cayeron. Mientras tanto, en el bando contrario solo murieron unos cientos. Si no fuera por su ventaja numérica, ya habrían sido derrotados.
Esta revelación hizo que el semblante de Limuel se ensombreciera.
—¡Arqueros, dispárenles sus flechas! —gritó con el rostro helado.
Al oír sus palabras, las tropas de Harune vacilaron.
—Mi señor, si disparamos, podríamos alcanzar a nuestros camaradas… —vaciló uno de sus oficiales.
Limuel lo fulminó con la mirada. —¿¡Estás cuestionando mis órdenes!?
El rostro del oficial se ensombreció mientras negaba con la cabeza. —No me atrevería, mi señor.
—¡Entonces haz lo que te digo de una jodida vez y acribíllalos con nuestras flechas! —ladró Limuel, con el rostro desfigurado por la ira.
El repetido contratiempo lo había puesto nervioso y, sin que se diera cuenta, había nublado su juicio.
Estaba tan ansioso por ganar méritos que incluso había recurrido a decisiones extremas.
Al instante siguiente, miles de flechas oscurecieron el cielo y cayeron sobre las tropas de Marco.
Al ver esto, Marco quedó atónito.
¡¿Qué estaban haciendo?!
¡¿Planeaban sacrificar a sus propios hombres solo para eliminarnos?!
—¡Alcen los escudos! —gritó a sus tropas.
Sin embargo, su voz apenas se oía en medio de la caótica situación. Solo los que estaban cerca de él lograron escuchar sus palabras.
La mayoría no pudo defenderse a tiempo, por lo que sus cuerpos fueron atravesados, dejando tras de sí numerosas heridas sangrientas.
Cientos murieron al instante, mientras que varios miles sufrieron heridas de diversa gravedad.
—¡¿Por qué nos disparan?! ¡Es fuego amigo!
—¡Fuego amigo!
Muchos guerreros de Harune se quejaron al ver morir a sus compañeros a manos de sus propios aliados.
Sin embargo, sus quejas fueron recibidas con una fría indiferencia.
¡La andanada de flechas no se detuvo, matando a más en el proceso!
Por otro lado, las tropas de Marco también sufrieron cuantiosas bajas, ya que eran el objetivo principal. ¡Casi un tercio murió, mientras que la mitad de los supervivientes tenía flechas clavadas en el cuerpo, lo que les hacía sangrar profusamente!
¡Qué locura! ¡Su comandante debe de haberse vuelto loco!
La expresión de Marco se ensombreció ante la brutal escena. Sentía que el comandante del bando contrario era demasiado cruel. ¡No perdonaba ni a sus propios hombres!
¡Lleno de una ira profunda, Marco estimuló su núcleo de energía y desató una ráfaga concentrada de maná para fortalecer su cuerpo!
Mientras fijaba la mirada en un objetivo concreto, apretó las piernas e instó a su caballo a abalanzarse hacia adelante.
Limuel era muy fácil de distinguir en la formación enemiga, ya que era el único que cabalgaba una montura especial.
Hasta un idiota podría darse cuenta de que ostentaba una autoridad considerable.
Marco supuso que aquel anciano era un oficial enemigo, así que lo eligió como objetivo.
—¡Abran paso! —exclamó, abriéndose paso a la fuerza entre la formación enemiga.
Las tropas de Harune intentaron detenerlo, ¡pero era como una bestia imparable! ¡Quienes se interponían en su camino morían con solo unos pocos mandobles de sus espadas!
¡Marco penetró en la formación enemiga, dejando un rastro de sangre que se extendía casi media milla!
Al ver a Marco acercarse, Limuel se sintió inexplicablemente nervioso, pero no lo demostró en su rostro.
El otro era un Caballero Trascendente, al igual que él, pero podía sentir la enorme diferencia de fuerza entre ambos.
Poniéndose nervioso, Limuel gritó: —¡Mátenlo! ¡Quien lo mate recibirá tierras de mi parte!
Bajo su mando, cientos de guerreros cargaron hacia Marco, rugiendo con entusiasmo.
¡Marco, potenciado por su núcleo de energía, no mostró temor ante cientos de enemigos!
¡Blandía sus espadas con una fuerza aterradora, matando a docenas de hombres con cada golpe!
¡Nadie podía acercársele y los que lo lograron acabaron decapitados!
¡Mierda! ¡¿Qué tan fuerte es ese tipo?!
El rostro de Limuel estaba cubierto de sudor.
¡Marco se acercaba cada vez más y nadie era capaz siquiera de frenarlo!
—¡¿Qué has hecho, Señor Limuel?! —llegó una voz furiosa a sus oídos.
Limuel frunció el ceño y giró la cabeza.
Acercándose a él por la espalda y a caballo, venía un hombre de mediana edad con el pelo largo, negro y rizado. Sostenía un enorme martillo de guerra que duplicaba su tamaño.
Este hombre era un Caballero Trascendente, al igual que él. Su nombre era Loras Marchan. Era un exgeneral de Harune conocido por ser demasiado protector con sus soldados.
Incluso se había opuesto una vez a la familia imperial por proteger a sus subordinados. Por ello, Loras fue despojado de su título militar y reducido a la condición de plebeyo.
Limuel le tenía un poco de miedo a este hombre, así que no se atrevió a replicar. Se limitó a desviar la mirada y a murmurar: —Loras, no tengo tiempo para discutir contigo. ¡Si quieres que ganemos, mata a ese hombre de una vez!
Loras hervía de ira. Algunos de los soldados muertos por la andanada de flechas eran hombres suyos.
Respiró hondo para contener la rabia. Luego, dirigió la mirada hacia Marco.
—Ya me encargaré de ti más tarde —masculló Loras con frialdad, lanzándole a Limuel una mirada de reojo.
El viejo estratega no quería parecer débil delante de sus hombres, así que bufó como respuesta.
—¿Fuiste tú quien ordenó lanzar esas flechas? —resonó de repente una voz escalofriante.
Loras miró fijamente a Marco y estaba a punto de responder, cuando Limuel se le adelantó.
—¡Fue este anciano quien dio la orden!
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