Como Jefe de la Mafia, me Niego a ser un Extra - Capítulo 122
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Capítulo 122: Secuelas 1
[Academia – Aula de la Sección A]
La Profesora Seraphina estaba a mitad de su explicación sobre técnicas avanzadas de circulación de Aura cuando el reloj de una estudiante vibró con insistencia.
La chica intentó silenciarlo discretamente, pero la notificación no dejaba de repetirse.
Transmisión de emergencia. Transmisión de emergencia. Transmisión de emergencia.
Otros relojes también empezaron a vibrar, creando un coro de alertas por toda el aula.
—¿Qué demonios está pasando?
Un estudiante masculló mientras activaba su pantalla holográfica a pesar de estar en plena clase.
Su rostro palideció de inmediato.
—¡Profesora! ¡Algo muy gordo acaba de pasar en la Región Norte! ¡Unos Demonios han atacado un tren hipersónico! Hay una transmisión en directo…, varias transmisiones en directo…, ¡está por todas partes!
Los ojos violetas de Serafina se entrecerraron.
—¿Demonios? Eso no es posible. Las barreras dimensionales todavía son demasiado fuertes como para que las especies de Monstruos de alto rango atraviesen portales con facilidad. Muéstramelo.
El estudiante proyectó su holograma en un tamaño mayor, y en cuestión de segundos la mitad de la clase tenía sus propias pantallas encendidas, todas mostrando las mismas caóticas imágenes.
Un vagón de tren lleno de una masacre. Enormes criaturas de piel carmesí destrozando a los civiles. Sangre y cuerpos por todas partes.
Y en el centro de todo, luchando solo contra siete demonios, había una figura que todos reconocieron de inmediato.
—¡JEFE!
El grito de Ronan fue instintivo, seguido inmediatamente por otros.
—¡Damian!
—¡Es ese tío!
—¡¿Qué está haciendo ahí?!
Las manos de Serafina se aferraron al borde del escritorio con la fuerza suficiente para resquebrajar la madera.
—Estudiantes de la facción Mafia, ¿qué está haciendo Damian en la Región Norte? ¡Se supone que debería estar en el campus!
Edrin se puso de pie, con el rostro pálido tras sus gafas mientras observaba las imágenes.
—Se fue a casa por su cumpleaños, profesora. A la Ciudad Norrington, en la región norte… Se marchó esta mañana.
En las pantallas, Damian recibió un puñetazo devastador que claramente le rompió las costillas, y su cuerpo salió volando por el compartimento.
Varios estudiantes ahogaron un grito y algunas de las chicas incluso se taparon la boca, horrorizadas.
Incluso los estudiantes de la facción Noble que se habían pasado el semestre odiando a Damian observaban con algo cercano al miedo y a un respeto reticente.
Porque no estaba luchando contra unos simples estudiantes.
¡Eran Demonios! ¡Jodidos Demonios de verdad! Especies de Monstruos que se alzaban por encima de los humanos y podían rasgar el acero como si fuera papel.
—Va a morir.
Alguien lo susurró en voz baja, con miedo de decirlo demasiado alto.
—¡Cállate! ¡El Jefe no pierde!
Le espetó Marcus, pero su voz temblaba de incertidumbre.
Vieron cómo Damian salvaba a la niña, decapitando con su hacha a un demonio antes de que pudiera devorarla.
—¡Ahí está! ¿Lo veis? ¡Está bien!
Pero entonces otros seis demonios centraron su atención en él, y la verdadera lucha comenzó.
El aula se sumió en un silencio absoluto mientras presenciaban la brutalidad.
Damian bloqueando una cuchilla que lo hizo deslizarse hacia atrás. Recibiendo un puñetazo que audiblemente le quebró huesos. Siendo arrojado contra las paredes con la fuerza suficiente para abollar el metal. Sangre brotando de heridas que deberían haber sido mortales.
¡Pero él seguía luchando, seguía moviéndose y seguía matando!
—Su arte con el arma…
La voz de Lysa era apenas audible.
—Es la primera vez que le veo necesitar más de un golpe para matar.
Lo vieron decapitar al primer demonio después de cuatro golpes.
Lo vieron vaciar su pistola en la cara de otro a quemarropa.
Lo vieron romperse y sangrar y negarse a caer.
Cuando la cabeza del oficial del SFD fue devorada justo delante de él, varios estudiantes vomitaron en sus asientos.
—Oh, Dios…
—¿A esto es a lo que nos vamos a enfrentar? ¿Esto es lo que hay ahí fuera?
—¿Cómo sigue en pie?
Entonces ocurrió el intercambio final. Las armas de Damian estaban rotas, su cuerpo destrozado y luchaba con pura fuerza de voluntad y lo que fuera que pudiera agarrar.
Cuando las manos del líder de los demonios estaban alrededor de su garganta.
Todos en el aula se inclinaron hacia delante inconscientemente, casi sin respirar.
Entonces vieron cómo Damian clavaba la hoja del hacha rota hacia arriba, atravesando la mandíbula del demonio.
—¡SÍ!
El rugido provino de múltiples gargantas a la vez.
Ronan estaba de pie, agitando el puño. Edrin tenía las manos entrelazadas en señal de alivio. Lysa estaba llorando. Zavier temblaba de adrenalina a pesar de no estar allí.
Incluso algunos estudiantes de la facción Noble parecían aliviados, aunque intentaban ocultarlo.
Serafina permanecía inmóvil al frente de la clase, con sus ojos violetas fijos en la pantalla que mostraba a Damian de rodillas, mientras la niña le limpiaba la sangre de la cara.
«Ese es mi alumno. El que me entregó su pistola y me dijo que lo matara si lo creía necesario. El que me confió su vida. Y ahora está ahí, luchando por la humanidad, salvando a la gente, peleando contra Monstruos de los que la mayoría de los adultos huirían».
Le temblaban las manos.
«¡Tomé la puta decisión correcta!»
****
[Cámara del Consejo Estudiantil]
La transmisión de emergencia había interrumpido una reunión sobre el presupuesto.
Elizabeth Murdock estaba de pie frente a la pantalla principal, con sus ojos violetas abiertos de par en par por el horror mientras observaba la transmisión en directo.
Sus habilidades de vidente gritaban advertencias, mostrando futuros que se ramificaban en direcciones imposibles y con demasiadas variables para poder seguirlas correctamente.
—Va a morir. Puedo verlo. Múltiples líneas temporales en las que muere en los próximos sesenta segundos.
Su voz temblaba.
Gareth estaba a su lado, su enorme cuerpo tenso, sus ojos oscuros fijos en la pantalla con una reticente preocupación.
—Vamos, chaval. No te atrevas a morir después de todos los problemas que has causado. ¡Ni se te ocurra, joder!
Había vencido a Damian meses atrás, lo había hospitalizado e incluso le había sermoneado sobre el control y la responsabilidad.
Pero al ver esto, al ver a un estudiante enfrentarse a siete Demonios solo para proteger a los civiles, algo se retorció en su pecho.
«Esto es lo que se supone que deben hacer los despertadores. No jugar a la política ni pelear por las clasificaciones. ¡Esto! Proteger a la gente que no puede protegerse a sí misma».
Victor Cross estaba sentado en un rincón, con el rostro completamente pálido y las manos temblorosas mientras observaba.
Había luchado contra Damian y había perdido. Le habían destrozado la espada de su familia. Y había sido humillado delante de toda la Academia.
Pero esto… esto era diferente.
¡Esto era un combate real con Monstruos!
—A eso es a lo que nos vamos a enfrentar en los campos de batalla.
Su voz era apenas un susurro.
—Eso es lo que nos espera. Y él está luchando contra ellos ahora. Mientras nosotros estamos aquí sentados discutiendo sobre presupuestos de clubes y disputas territoriales.
Adrian permanecía en silencio, con su pelo morado cayéndole sobre la cara y una expresión indescifrable.
«Elizabeth tenía razón sobre él. Va a cambiarlo todo. Porque cualquiera que pueda sobrevivir a esto, cualquiera que pueda ganar contra probabilidades imposibles a través de pura determinación, ya no acepta limitaciones. Rehacen el mundo para que coincida con su visión».
Cuando Damian clavó la cuchilla final en el cráneo del líder de los demonios, toda la cámara del consejo estalló en un clamor.
Algunos vitorearon, otros lloraron de alivio y algunos simplemente emitieron sonidos mudos de conmoción y asombro.
Elizabeth se desplomó en su silla; su precognición finalmente se calmó mientras las líneas temporales se estabilizaban.
—Ha sobrevivido. Contra toda probabilidad, contra toda desventaja táctica, ¡de verdad que ha sobrevivido!
Gareth exhaló lentamente, abriendo unos puños que no recordaba haber cerrado.
—Ese loco cabrón realmente lo ha conseguido.
****
[Sala de Profesores]
Media docena de profesores estaban reunidos alrededor de la pantalla principal, con su habitual compostura hecha añicos por lo que estaban presenciando.
El Profesor Salazar Blackwood caminaba de un lado a otro frenéticamente, con las manos aferradas a su cabello, mientras veía a su antiguo discípulo luchar por su vida.
—¡No, no, no, usa la segunda forma! ¡Angula más el cuerpo! ¡Cuidado con el flanco izquierdo!
Le gritaba instrucciones a la pantalla como si Damian pudiera oírlo.
Cuando el primer golpe de la Masacre Abisal no logró matar al demonio al instante, el rostro de Salazar se puso blanco.
—No está funcionando. La técnica no es lo bastante fuerte contra su durabilidad. Va a…
Pero entonces Damian golpeó de nuevo. Y otra vez. Y otra vez…
Aplicando el principio correctamente, sin perder nunca la fe, solo ajustando la ejecución.
Salazar dejó de caminar de un lado a otro, con los ojos muy abiertos.
—Lo está haciendo. Realmente está aplicando el principio fundamental. Convicción en cada golpe, no solo en el primero.
Cuando el último demonio cayó y Damian sobrevivió, Salazar estalló en una risa salvaje, casi histérica.
—¡¿LO VEIS?! ¡JODER, LO SABÍA! ¡SABÍA QUE TENÍA LO QUE HACÍA FALTA! ¡ESE DE AHÍ ES MI DISCÍPULO!
Prácticamente estaba bailando, abandonando por completo su habitual comportamiento sereno.
Otros profesores se limitaron a negar con la cabeza ante su comportamiento, pero varios sonreían a pesar de todo.
La Profesora Elara Chen, que enseñaba biología de Monstruos, habló en voz baja.
—Esos eran demonios de nivel élite, cada uno equivalente a un despertador de alto rango C en pura capacidad de combate. Se enfrentó a siete de ellos simultáneamente y ganó… Eso no debería ser posible.
—Y, sin embargo, todos acabamos de ver cómo sucedía.
Respondió otro profesor.
—Ese chico va a reescribir todas las suposiciones que tenemos sobre las tasas de crecimiento y la capacidad de combate.
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