Como Jefe de la Mafia, me Niego a ser un Extra - Capítulo 155
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Capítulo 155: Necesito saber
[Veinte minutos antes – Sala de interrogatorios militar]
La sala de interrogatorios estaba en silencio, a excepción de la voz de Ryan que explicaba los horrores del mundo del portal, con sus palabras cargadas de trauma y culpa.
Pero la sala no estaba tan vacía como creían los supervivientes y los oficiales militares.
Dos figuras estaban de pie en la esquina, completamente invisibles gracias a las habilidades de Alaric, con su presencia indetectable para cualquiera por debajo del Rango S.
Alaric y Lyandra Valcor escuchaban cada palabra, y sus rostros palidecían progresivamente a medida que el testimonio continuaba.
La voz de Ryan describía el Arte Corporal del Devorador, el consumo de carne de Gigante y la transformación sistemática de su hijo en algo que cruzaba los límites fundamentales de la moralidad humana.
—Mataba Gigantes, luego consumía partes de sus cuerpos —brazos, piernas, órganos, sangre— y su cuerpo se transformaba, obteniendo su inmensa fuerza física.
La mano de Lyandra comenzó a temblar sin control.
Alaric la agarró de inmediato, apretando con fuerza, mientras su propio rostro mostraba un horror apenas contenido.
El testimonio continuaba… Cientos de muertes, comer corazones, beber sangre y transformarse en un arma a través de métodos que enfermaban incluso a los soldados más curtidos.
La respiración de Lyandra se volvió irregular, y su rostro, normalmente sereno, mostraba grietas en su fachada maternal.
«Eso no es… eso no puede ser… nuestro Damy no lo haría…».
Pero la evidencia era innegable, con los diez supervivientes contando los mismos detalles horribles.
Su hijo se había convertido en algo que asustaba incluso a la gente que había salvado…
Alaric agitó la mano, creando una barrera aislante a su alrededor que impedía que el sonido escapara.
En el momento en que se formó la barrera, la compostura de Lyandra se hizo añicos.
—H-he estado evitando esto.
Su voz salió ahogada, mientras las lágrimas se formaban en sus ojos negros.
—He estado tratando de no decir nada. Tratando de no pensar en ello. Pero Alaric… ¿sigue siendo Damian nuestro Damy? No entiendo nada de esto.
Se giró para mirarlo, con una expresión desesperada.
—¿Recuerdos de una vida pasada? Nunca he oído que nadie los obtenga. Ni una sola vez en los muchos años de servicio militar… ¿Qué clase de recuerdos tenía?
¿Qué podría transformar a un chico dulce y gentil en alguien que come seres sintientes sin dudarlo?
Su voz se hizo más fuerte, más frenética.
—¡¿Es esto una especie de ardid?! ¡¿Un complot de nuestros enemigos?! Hemos hecho muchos durante nuestras carreras. ¡Gente que haría cualquier cosa para hacernos daño!
¡¿Alguien se acercó a Damy esa noche en que recuperó sus recuerdos y gritó?! ¿Lo reemplazaron con otra cosa? ¡¿O es que de verdad, de repente, mágicamente, obtuvo recuerdos de otra vida?!
Ahora las lágrimas corrían libremente, y sus manos estaban apretadas en puños.
—¡¿Qué es todo esto, Alaric?! ¡Estoy perdiendo la paciencia! ¡Necesito saberlo! ¿Sigue siendo nuestro hijo? ¡¿O alguien lo reemplazó con un monstruo que lleva su cara?!
Alaric permaneció en silencio un largo momento, con sus ojos plateados turbados y su rostro severo mostrando una rara vulnerabilidad.
Luego suspiró, y el sonido transmitía el peso de los secretos y las verdades difíciles.
—Tú y yo sabemos que nadie podría haber escapado a nuestros sentidos para hacerle daño. Estábamos en casa esa noche. Nuestras habilidades de detección habrían captado cualquier intrusión, cualquier reemplazo y toda forma de manipulación.
Su mano apretó la de ella con más fuerza.
—Y en cuanto a si es Damian… Escaneé su cuerpo a fondo esa misma noche. Examiné cada célula. Incluso sentí su alma directamente usando técnicas que prometí que nunca usaría con nuestros hijos.
La voz de Alaric estaba cuidadosamente controlada.
—No había cambios. Ni fragmentos de alma extraños… Ni posesión… Ni reemplazo…
Solo su propia alma volviéndose más poderosa y completa, como si algo que siempre había estado ahí finalmente pudiera emerger por completo. Te lo expliqué esa misma noche.
—¡No me importan las explicaciones!
La voz de Lyandra se quebró por completo.
—¡Quiero verlo con mis propios ojos! ¡Amo a Damy más que a nada! Y si existe la más mínima posibilidad de que nuestro niño haya sido reemplazado por otra persona… Yo… yo…
No pudo terminar, las palabras se ahogaron en su garganta.
Alaric la atrajo hacia sí en un fuerte abrazo, pasando la mano por su pelo negro con el gesto tranquilizador que había usado innumerables veces a lo largo de las décadas que llevaban juntos.
—Lo sé. Lo entiendo. Nos aseguraremos y lo verificaremos de nuevo… Haremos lo que necesites para estar segura.
Lo que Lyandra no podía ver, apretada contra su pecho, era la compleja expresión en el rostro de Alaric.
Como alguien que sabía algo que no podía decirse y que intentaba proteger a su esposa de la misma carga.
Sus ojos estaban distantes, turbados y ocultaban secretos incluso a la mujer en la que más confiaba.
Lyandra se apartó ligeramente, su rostro bañado en lágrimas mostraba determinación bajo el dolor.
—U-usaré mi habilidad de hipnosis en él. Aunque me odie por ello después. Aunque nunca me perdone… ¡Necesito saberlo con certeza!
La expresión de Alaric cambió inmediatamente a una de severa negativa, y sus instintos protectores se encendieron.
—Lyandra, esa habilidad es…
—¡No me importa! ¡Necesito saberlo!
La rara visión de su normalmente gentil esposa tan desesperada hizo que Alaric se detuviera.
Normalmente, él era el calzonazos en su relación, cediendo a su juicio en la mayoría de los asuntos, mostrando el lado tierno que no revelaba a nadie más.
Pero ahora su rostro mostraba la severa autoridad que había hecho que sus enemigos le temieran en múltiples zonas de guerra.
—Primero tenemos que preguntarle. Solo si él lo permite, te dejaré usar esa habilidad en nuestro hijo.
Lyandra asintió lentamente, reconociendo que era la única forma de avanzar.
Alaric disipó la barrera de aislamiento y su habilidad de invisibilidad, permitiéndoles hacerse visibles en el pasillo justo cuando Eric se acercaba a la puerta de Damian.
****
[Tiempo presente – Habitación de Damian]
Alaric y Lyandra entraron en la habitación de su hijo, y la puerta se cerró silenciosamente tras ellos.
Damian yacía durmiendo, su cuerpo agotado obteniendo por fin el descanso que necesitaba desesperadamente tras dos meses de constante presión por sobrevivir.
Pero al mirarlo ahora —los cambios en su físico, las nuevas cicatrices, el aire más duro de sus facciones incluso dormido—, la fría y serena máscara de Lyandra se resquebrajó por completo.
Sus instintos maternales superaron la sospecha y el miedo, al ver a su niño herido, cambiado y necesitado de protección.
Agitó la mano suavemente, y su Aura envolvió a Damian como seda invisible, levantándolo de la cama sin perturbar su sueño.
Ni siquiera se movió; su agotamiento era demasiado profundo para sentir nada.
Alaric abrió un portal espacial con practicada facilidad, y el desgarro dimensional apareció silenciosamente en el centro de la habitación.
Juntos, llevaron a su hijo dormido a casa.
Cualesquiera que fueran las respuestas que necesitaran, podían esperar hasta que se hubiera recuperado adecuadamente.
Por ahora, solo necesitaba estar a salvo… Estar con su familia.
Y estar… en casa.
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