Como Jefe de la Mafia, me Niego a ser un Extra - Capítulo 159
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Capítulo 159: Hipnosis 3
La habitación se había quedado en completo silencio, a excepción del sonido de la sangre goteando en el suelo.
—Me convertí en un monstruo porque los monstruos son lo que el mundo realmente respeta. Porque la crueldad y la violencia son el idioma que el poder domina a la perfección. Porque mostrar piedad a los enemigos solo anima a que aparezcan más.
Su sonrisa era salvaje, completamente desprovista de humanidad.
—Je, je… ¡Quería que murieran horriblemente! ¡Quería que cada uno de los Gigantes en ese portal experimentara un sufrimiento que hiciera que la muerte pareciera un alivio! Y lo conseguí.
Me aseguré de que todos y cada uno de ellos sintieran el mismo dolor e impotencia que infligieron a MI gente. Me aseguré de que murieran de la forma más brutal posible. Me aseguré de que sus últimos pensamientos fueran de arrepentimiento por haber venido a ese portal.
Luna miraba a su hermano con los ojos muy abiertos, no por miedo, sino por una profunda y honda tristeza.
«Ahora lo entiendo. La oscuridad que veo en sus emociones. El rojo y el negro que lo dominan todo… Por esto es. Trauma sobre trauma, creando a alguien que procesa el mundo a través de la violencia y las dinámicas de poder.
No es malvado. Solo está… roto. Moldeado por experiencias que destruirían a la mayoría. Y, de algún modo, a pesar de todo, sigue siendo capaz de amar».
Las manos de Lyandra temblaban mientras preparaba las últimas preguntas.
—… ¿Qué piensas de nosotros? ¿De tu familia de aquí?
Damian no dudó ni una fracción de segundo antes de responder.
—No tuve familia en mi vida pasada. Mi hermano murió cuando yo era demasiado joven para salvarlo. Todos los demás eran solo gente que yo usaba o que me usaba a mí. Relaciones basadas en el beneficio mutuo en lugar de una conexión genuina.
Su voz se suavizó ligeramente a pesar de la Hipnosis.
—Ahora tengo una segunda oportunidad. Una familia de verdad y gente que se preocupa por mí no por lo que puedo hacer por ellos, sino porque de verdad me quieren. Estos son los lazos que nunca experimenté en aquella vida.
Las lágrimas brotaron más rápido de sus ojos sin expresión.
—¡Los protegeré a todos de cualquier daño! Haré lo que sea necesario para mantenerlos a salvo… En mi vida pasada, creé mi propia familia a través de la Mafia. Gente leal a mí, que luchaba a mi lado. Pero en esta vida, tengo una familia que de verdad puedo llamar mía. Gente que importa más que el poder, el control o cualquier objetivo que pueda perseguir.
Su voz se redujo a un susurro.
—Los quiero a todos más de lo que creía posible. Más de lo que admito. Más de lo que probablemente sea sano, dado que ese amor podría ser usado en mi contra. Pero no me importa. Son míos para protegerlos, míos para cuidarlos y míos para mantenerlos a salvo, sin importar el coste.
Ahora, las lágrimas corrían por los rostros de todos.
Lyandra sollozaba abiertamente, aplastada por la culpa de haber dudado de su bebé, de haber forzado este interrogatorio, de haber hecho que su hijo desnudara su alma de esta manera.
Alaric se había dado la vuelta, incapaz de seguir mirando, con los hombros sacudidos por la emoción contenida.
Lyandra formuló una última pregunta entre lágrimas.
—¿Quién eres ahora? ¿Nuestro Damy? O… ¿Alessio D’Rossi?
Damian guardó silencio durante un largo rato.
Su expresión vacía cambió a una de desamparo, confusión y extravío, de tal forma que parecía más joven de su edad física.
Entonces, una sonrisa triste y rota apareció en su rostro.
—… No lo sé.
La honesta confesión quedó suspendida en el aire.
—Ya no sé quién soy con los recuerdos de estas dos vidas. Dos personas diferentes con experiencias, valores y comprensiones del mundo distintas. Ambas son reales… Ambas soy yo y ambas moldean cómo pienso, siento y reacciono.
Su voz era apenas audible mientras continuaba hablando.
—¿Soy Damian que obtuvo recuerdos? ¿O Alessio renacido en una nueva vida? Sinceramente, no lo sé. Quizá soy ambos. Quizá no soy ninguno. Quizá soy algo nuevo creado de la fusión. Pero no puedo darles una respuesta clara porque ni yo mismo la tengo.
Lyandra no pudo soportarlo más.
—Liberación.
La Hipnosis se hizo añicos y la consciencia de Damian recuperó bruscamente el control total de su cuerpo.
Parpadeó rápidamente, su consciencia regresaba y su expresión vacía se tornaba en confusión mientras procesaba que lo habían liberado.
Entonces… vio los rostros de su familia.
Los tres estaban llorando. Lo miraban con expresiones que mezclaban amor, dolor, culpa y aceptación.
—Lo… lo siento.
La voz de Lyandra se quebró por completo.
—¡Lo siento mucho, Damy! Por dudar de ti, por obligarte a revivir todo eso y por hacerte desnudar tu alma cuando en su lugar merecías confianza y amor.
Avanzó y lo atrajo hacia sí en un abrazo feroz, con el cuerpo sacudido por los sollozos.
—Eres mi hijo. Eres nuestro Damy. No me importa qué recuerdos tengas o qué vida vivieras antes. Eres nuestro y te amamos incondicionalmente. Siento tanto haberte hecho demostrarlo.
Damian se quedó helado un momento, procesando todo lo que se vio forzado a decir en estado de trance.
Entonces… sus brazos se alzaron lentamente y rodearon a su madre, devolviéndole el abrazo con cuidadosa delicadeza.
—Está bien… Entiendo por qué necesitaban saberlo. No estoy enfadado.
Su voz era baja y cansada, sin rastro de la frialdad de antes.
Alaric se acercó y los rodeó a ambos con sus brazos, su rostro severo mojado por las lágrimas, su voz embargada por la emoción.
—¡S-Siempre serás nuestro hijo! ¡Seas lo que fueras antes, en lo que sea que te conviertas en el futuro, eres nuestro hijo! Estaremos a tu lado, te apoyaremos y te querremos… Siempre.
Luna se unió al abrazo grupal, apretándose contra el costado de Damian, mientras sus lágrimas empapaban la camisa de él.
—Lo sabía. Siempre supe que eras tú. Podía verlo en tus emociones. El amor que sientes por nosotros es real. Todo lo demás no importa.
Permanecieron así durante varios largos minutos, una familia recomponiéndose tras haberse casi resquebrajado, con sus lazos reforzados a través de una dolorosa honestidad y una aceptación incondicional.
Cuando finalmente se separaron, Lyandra acunó suavemente el rostro de Damian entre sus manos.
—Nunca volveré a dudar de ti ni a cuestionar tus decisiones… Eres nuestro y eso es todo lo que importa.
Damian asintió, incapaz de hablar por el nudo que tenía en la garganta.
Ahora su familia lo sabía. Sabía lo que había sido, lo que había hecho y lo que había moldeado la oscuridad en su interior.
Y aun así, lo querían.
Por primera vez desde que despertaron esos recuerdos, Damian sintió que quizá podría integrar ambas vidas en algo completo.
Quizá no necesitaba elegir entre Damian y Alessio.
Quizá podía ser simplemente él mismo, quienquiera que resultara ser.
Con una familia que lo aceptaría sin importar nada.
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