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Como Jefe de la Mafia, me Niego a ser un Extra - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Damian Valcor
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2: Damian Valcor 2: Damian Valcor A Damian Valcor le estaba costando dormir.

Mañana se anunciarían los resultados de los exámenes de ingreso a las Academias de los Despertados; unos resultados que decidirían su futuro.

Estos exámenes eran el nuevo rito de iniciación de la humanidad.

En el viejo mundo, había habido exámenes de acceso a la universidad; ahora, determinaban si uno podía unirse a una Academia de los Despertados.

Existían docenas por todo el mundo, pero solo una se erigía en la cúspide:
La Academia Stormhold.

La primera y la más grande de todas, construida por los Despertados más poderosos de la historia.

Su propósito era forjar una generación capaz de contener las oleadas de monstruosidades que salían de los portales y proteger a la humanidad.

Cuando los portales se abrieron por primera vez, la humanidad fue masacrada hasta el borde de la extinción.

Para sobrevivir, la Federación de la Tierra —el frágil gobierno formado por los restos de las antiguas naciones— declaró los quince años como la nueva mayoría de edad.

Aunque la humanidad tomó el control total de la Tierra después de estabilizarse, los portales nunca se cerraron.

De vez en cuando, se abrían algunos portales más en cualquier lugar y causaban una gran cantidad de muerte y destrucción si no se estaba preparado de antemano.

Una vez que alcanzaban la mayoría de edad, todos los niños, sin excepción, se sometían a los Exámenes de Ingreso.

Si su talento era suficiente, se unirían a una academia y se convertirían en un arma para la supervivencia de la humanidad.

Y ahora, era el turno de Damian.

Se revolvió inquieto en la cama, exhalando un largo suspiro.

«No sirve de nada preocuparse.

Debería haber hecho lo suficiente para entrar en Stormhold.

El resto… depende del destino».

Cerró los ojos.

Y entonces…, el dolor lo golpeó.

Comenzó como una punzada aguda, y luego se extendió como fuego arrasando su cráneo.

La vista se le nubló y se le cortó la respiración.

Se agarró la cabeza mientras la agonía lo abrumaba.

¡AHHHHH!

El grito se desgarró en su garganta, resonando por la silenciosa casa.

Momentos después, la puerta de su habitación se abrió de golpe.

—¡Damy!

Su madre, Lyandra Valcor, corrió a su lado, acunando su cuerpo tembloroso entre sus brazos.

Las lágrimas corrían por su rostro mientras lo mecía desesperadamente.

—¿¡Qué le está pasando, Alaric!?

Su esposo, Alaric Valcor, se adelantó con firme compostura, aunque sus puños apretados delataban su miedo.

Colocó una mano brillante sobre la frente de Damian, escaneando su cuerpo con experta precisión.

—… Su cuerpo está bien.

No hay señales de heridas ni de alteraciones internas.

Quizá… solo esté teniendo una pesadilla.

—¿¡Pesadilla!?

—la voz de Lyandra se quebró de furia—.

¿Te parece que esto es una pesadilla?

Míralo…

¡está agonizando!

Alaric titubeó al no tener respuesta.

Entonces…

—Argh…
Damian se agitó, agarrándose la cabeza, aún entumecida por el dolor.

Sus ojos se abrieron con un aleteo y la confusión inundó su rostro.

—Cariño, ¿¡qué ha pasado!?

—la voz de Lyandra tembló mientras le ahuecaba las mejillas—.

Dile a Mamá quién te ha hecho daño.

¡Te juro que se lo haré pagar diez veces!

Pero Damian solo la miró fijamente a ella, y luego a Alaric, con los labios entreabiertos.

«¿… Quiénes son?

¿Dónde… estoy?».

De repente, los recuerdos llegaron uno tras otro a su mente: una azotea, una caída, la ráfaga de aire antes del final y su último momento como…

Alessio.

El despiadado jefe de la mafia que había gobernado a través de la sangre y el miedo.

Pero ahora…
«No.

No soy Alessio.

Soy Damian Valcor… un estudiante.

Y, sin embargo…».

La verdad lo golpeó como una tormenta.

Ya no era solo Damian.

Llevaba ambos nombres y vidas, unidos en un solo cuerpo.

Volvió a mirar a la mujer que lo sostenía, con el pelo negro surcado de lágrimas, y al hombre cuya máscara de calma no podía ocultar el temblor de sus puños.

El reconocimiento floreció con una claridad innegable.

—… Soy Damian Valcor —susurró.

Sus padres se quedaron helados en cuanto susurró.

Las palabras ya eran extrañas, pero el tono también lo era.

Por decirlo de alguna manera, la voz se sentía completamente diferente a la habitual.

Los ojos de Lyandra se abrieron de par en par y el ceño de Alaric se frunció aún más.

Y entonces Damian volvió a hablar.

—Madre.

Padre.

Yo… parece que he despertado los recuerdos de mi vida pasada.

La habitación se sumió en un silencio absoluto.

Alaric fue el primero en romper el silencio, con voz baja e incierta.

—… Estás bromeando.

—No.

Mírale los ojos y la cara —murmuró Lyandra con voz temblorosa—.

Esto no es una broma…
Damian negó lentamente con la cabeza.

—Lo siento.

Sé que suena a locura.

Pero mi mente está… llena de este repentino torrente de recuerdos.

Por favor…, dadme hasta la mañana.

Solo necesito algo de tiempo para procesarlo.

Durante un largo momento, pareció que Alaric iba a protestar.

Pero Lyandra le puso una mano en el brazo y atrajo a Damian en un fuerte abrazo.

—Puedes tomarte todo el tiempo que necesites —le susurró contra el pelo—.

Solo recuerda que eres mi hijo.

Siempre.

Sin esperar respuesta, guio a su marido fuera de la habitación.

La puerta se cerró suavemente tras ellos.

El silencio volvió a la habitación.

Damian se plantó ante el espejo, mirando fijamente su reflejo.

Un chico de quince años, de rasgos afilados, ojos carmesí y pelo rojo oscuro.

Ni guapo ni corriente, pero con un toque que lo distinguía.

Esbozó una leve sonrisa socarrona.

—Mmm.

Ahora que tengo estos recuerdos en mi mente, he de decir que soy realmente guapo en esta vida.

Mucho más guapo que «Alessio».

Su mirada se endureció.

«Pero este mundo… parece completamente diferente al mundo de mi vida pasada y, sin embargo, me resulta tan familiar».

Un recuerdo afloró en su mente: un viejo libro andrajoso con olor a podredumbre y tinta.

La única novela que había visto en su vida de niño hambriento, leída en voz alta por un mendigo a cambio de comida.

No podía recordar gran parte de la historia, solo algunos fragmentos.

Pero este mundo…, sus academias, sus despertados, sus monstruos…, todo resonaba como un déjà vu.

—Por lo que recuerdo, ese viejo solo enfatizaba el mundo y sus peligros, junto con algunas cosas interesantes.

No sé nada de los personajes principales de la novela.

Pero sé con certeza que mi yo actual no es uno de ellos.

Es seguro asumir que solo soy un tipo cualquiera en la novela —murmuró.

Intentó recordar los detalles de la novela, pero había pasado tanto tiempo que ni siquiera recordaba los nombres de los personajes principales.

—Olvídalo, todo lo que necesito saber es que este mundo es peligroso.

Y el peligro… es algo que conozco demasiado bien.

Levantó la mano.

Su voz tenía el peso de una orden.

—Estado.

Una pantalla translúcida parpadeó hasta materializarse.

━━━━━━━━━━━━━
Nombre: Damian Valcor
Edad: 15
Rango: F-
Talento: B → S
Atributos Principales:
Fuerza: 9
Velocidad: 8
Resistencia: 9
Vitalidad: 10
Aura: 0
Voluntad: 3 → 120
Habilidades: —
Disparo: C+
Combate a mano: B
Artes de Armas: —
━━━━━━━━━━━━━
La respiración de Damian se profundizó y luego se estabilizó al cabo de un rato, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa lobuna.

Así que era verdad.

Este mundo no estaba gobernado por políticos ni por reyes.

¡Estaba gobernado por la fuerza!

Y por aquellos que estaban dispuestos a tomar lo que otros no podían.

—El poder no se concede —murmuró—.

Se toma.

Y yo he tenido toda una vida de práctica.

Su risa comenzó en voz baja, creciendo, hasta convertirse en una carcajada desenfrenada que llenó la habitación.

—Je, je, je… ja, ja… ¡JA, JA, JA, JA, JA, JA!

Era la risa de un hombre renacido.

La risa de un depredador que acababa de descubrir el coto de caza perfecto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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