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Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 1

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1: 1 Ultimo dia 1: 1 Ultimo dia —¿A quién tocaste?

—gruñó.

Rodé los ojos, exhalando por la nariz.

—En serio, Tilas, no empieces— No terminé la frase.

Porque ya me había agarrado.

Me embistió contra la pared con una fuerza brutal, haciendo que el aire abandonara mis pulmones.

—¿CON QUIÉN ESTUVISTE?

—rugió, fuera de sí.

—¡Cálmate!

—espeté, intentando apartarlo—.

No es lo que crees— Pero entonces dijo algo que me heló la sangre.

—Hueles a ella.

A mi compañera!!

Me quedé quieto.

—Tocaste a mi compañera.

El mundo se detuvo.

¿Tu…

Compañera?

Parpadeé, confundido.

No.

No…

eso no podía ser… Mi mirada se clavó en él.

—¿De qué estás hablando…?

Tilas mostró los dientes, furioso.

—¡¡¡No te hagas el idiota!!!—.

Grito de nuevo Y ahí encajó todo.

El aroma.

La reacción.

La intensidad.

Mi estómago cayó.

—No… —susurré, más para mí que para él—.

No puede ser… Cecilia.

Ellos… también… El agarre de Tilas se aflojó apenas al notar mi expresión, pero solo fue un segundo.

Porque lo siguiente que hizo fue peor.

Soltó un gruñido bajo y giró la cabeza hacia las escaleras.

Olfateandola.

Buscandola.

—Está aquí —murmuró.

Y salió disparado.

—¡TILAS, ESPERA!

—grité, empujándome contra la pared para seguirlo.

Subió los escalones de dos en dos, guiado puramente por el instinto.

Maldición.

Corrí detrás de él, el corazón golpeándome con fuerza.

Esto se estaba yendo completamente de control.

—¡NO SUBAS!

—le grité—.

¡NO ASÍ!

Pero no iba a escuchar.

Nunca lo hacía, pero entonces lo vi.

Norman.

Ya estaba arriba.

Frente a la puerta estaba quieto, demasiado quieto.

Su mano en el picaporte, y su postura… tensa.

No se había detenido por nosotros.

Se había detenido por ella.

Por quién estaba detrás de esa puerta.

Mi pulso se disparó.

—Norman… —advertí, pero ya era tarde.

Abrió.

El aroma golpeó.

Fue inmediato, brutal y delicioso.

Arrasador.

Me atravesó el pecho como un impacto directo.

Cecilia.

Tilas se detuvo en seco a mi lado.

Norman no se movió.

Pero lo sentí.

Cómo la absorbía.

Cómo la reconocía.

Cómo la reclamaba.

Maldición.

Todo se fue a la mierda.

————— Cecilia.

—Cecilia, baja ya… ¡llegarás tarde!

La voz de mi madre atraviesa la casa por tercera vez.

Es mi último día de clases y, aun así, sigo frente al espejo sin decidirme.

Me queda bien.

Lo sé.

Pero “bien” no basta.

Tiene que ser perfecto.

—Ceci… estás muy bonita, cariño.

La veo reflejada detrás de mí antes de girarme.

Sonríe como si todo fuera sencillo.

—¿Qué dices?

¿Me queda bien?

Asiente, soltando una risita suave.

—Lo que te pongas está bien.

Su mano tibia roza mi mejilla, pero no me convence.

Nunca lo hace.

Se dirige a la puerta y, justo antes de salir, añade: —Ryan nos acompañará hoy.

Dice que tiene una noticia para ti.

Mi estómago se contrae.

¿Una noticia?

¿La carta…?

No.

Imposible.

Nadie sabe que apliqué a una universidad en otro continente.

—¿De qué se trata, mamá?

—No lo sé, cariño.

Pero es Ryan… nunca sería algo malo.

Ojalá tuviera razón.

Lanzo una última mirada al espejo.

Suficiente.

Por hoy tendrá que bastar.

Tomo el bolso, el móvil y la laptop, y bajo apresurada.

En las escaleras, una de las muchachas me intercepta y me entrega un sobre amarillo.

Lo guardo sin dudar.

Miro alrededor.

Nadie lo ha visto.

Perfecto.

En la mesa, todo está listo: café, huevos con tocino y fruta.

Me siento en silencio.

Ryan está en la cabecera.

Mamá, a su derecha.

Yo, a su izquierda.

Tomo la taza de café, pero el carraspeo de Ryan me detiene.

Levanto la vista.

Me observa fijamente.

No ha dicho nada… pero ya sé por dónde va.

Y no quiero escucharlo.

Aun así, finjo.

Por última vez.

—Kieran está de visita en la manada.

Aprieto la taza con más fuerza de la necesaria.

Claro.

Tenía que ser él.

—Sé que tienen sus diferencias, pero… —¿Qué?

—lo corto, sin suavizar el tono.

Su expresión cambia.

La severidad del Alfa desaparece, sustituida por una sonrisa casi divertida.

—Has crecido, Ceci.

Sé que podrás manejarlo.

Me guiña un ojo.

Qué equivocado está.

Salimos hacia el vehículo.

Y entonces lo veo.

Y, en ese instante, sé que nada de este día saldra bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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