Compañera humana de los tres Alfas - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 15 Un resbalón fue suficiente
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15: 15 Un resbalón, fue suficiente 15: 15 Un resbalón, fue suficiente Cecilia.
La calidez fue lo primero que sintió.
Luego… el silencio.
Cecilia abrió los ojos lentamente, la habitación era amplia, imponente.
La chimenea encendida crepitaba, mientras los ventanales dejaban ver el invierno cubriendo la manada.
El frío afuera con el calor de adentro hacia un contraste perfecto.
Se incorporó con dificultad.
Su cuerpo… pesado.
Agotado.
Intentó levantarse.
No pudo así que no insistió mucho, se quedo ahí pensando en todo.
Un baño.
Eso necesitaba.
Y algo caliente…
un Té.
Suspiro…
—¿Señorita Cecilia?
Una voz suave sonó..
Giró la cabeza y vio a una chica, llevaba uniforme, era una Omega.
—¿Desea algo?—.
Preguntó —Ayúdame al baño… dijo suavemente aún sin fuerzas.
La joven asintió y la sostuvo con cuidado.
El vapor de la tina ya llenaba el lugar cuando llegaron.
La Omega la ayudó a quitarse la ropa.Y ahí…
lo vio, el moretón.
Estaba oscuro alrededor del braso marcando su piel.
Su mandíbula se tensó apenas.
Kieran.!!
No dijo nada, solo entró al agua.
El calor la envolvió, relajándola…
Haciendo que cada músculo cediera al agua caliente.
—Me preparas té de manzanilla… con miel?.
—Sí, señorita.
La Omega asintio retirándose del lugar.
Se quedó sola.
Sus dedos recorrieron el borde de la tina.
Esto era nuevo para ella todas estas sensaciones no poder sostenerse a si misma.
Estaba muy cansada y solo se concentro en el vapor.
El silencio en el cansancio.
Y poco a poco… se quedó dormida nuevamente.
El agua siguió moviéndose y su cuerpo cedió.
Se hundió, sin resistencia.
La puerta se abrió.
—Señorita, su té… No hubo respuesta.
La Omega dejó la taza.
Y se fue.
Segundos después— otra presencia.
Más fuerte.
Más… dominante.
Kieran.
Se detuvo en seco.
Algo no estaba bien.
El agua.
Demasiado quieta.
Su mirada se endureció.
—Cecilia.
Nadie contesto.
En un segundo estuvo junto a la tina.
Y la vio.
Debajo del agua.
Inmóvil.
—¡Maldición!
La sacó sin dudar.
Su cuerpo cayó contra el suyo.
Desnudo.
Cálido… pero sin respuesta.
—Cecilia…la sacudió No respiraba.
La recostó apenas.
Y actuó.
Su mano sostuvo su rostro.
Su boca cubrió la de ella.
Sugetando la nariz y succionó.
Una vez.
Otra.
Más.
Hasta que— ella jadeó.
El aire volvió de golpe.
Violento.
Sus ojos se abrieron.
Confusos.
Y lo vio.
Demasiado cerca.
Demasiado consciente.
Demasiado… presente.
Su respiración se agitó.
Y entonces lo sintió.
El contacto.
El recuerdo.
Sus labios.
Sobre los de ella.
Su mirada cambió.
Pero no dijo nada.
Kieran tampoco se apartó de inmediato.
Sus ojos bajaron.
Recorriéndola.
Sin disimulo.
Sin intención de hacerlo.
Demasiado lento.
Demasiado directo.
—¿Ves?
—murmuró, con la voz más baja, más grave—.
Ni siquiera puedes mantenerte a salvo.
El golpe fue inmediato.
—No fue a propósito… yo..
—No importa.
Su mirada volvió a su rostro.
Intensa.
—Siempre corres hacia lo que te consume.
Cecilia frunció el ceño.
—No hables como si me conocieras.
Pudiendo hablar apenas de la tos.
Kieran soltó una leve exhalación.
Casi una risa.
Sin humor.
—Te conozco más de lo que crees.
Sus ojos descendieron otra vez.
Esta vez sin apuro.
Deteniéndose.
Observando.
Como si cada detalle le perteneciera.
Cecilia sintió el cambio.
La forma en que la miraba.
Diferente.
Más… cruda.
Más peligrosa.
—Y también sé… —añadió, acercándose apenas— que no entiendes lo que provocas.
Su respiración se trabó.
—¿Qué…?
Pero él no retrocedió.
—La forma en que lo mirabas —continuó—.
Cómo dejabas que te tocara.
Su mandíbula se tensó.
—Como si fuera suyo.
El aire entre ellos cambió.
Más denso.
Más caliente.
—No tienes derecho a— —Tengo más del que crees.
La interrumpió.
Directo.
Sin suavizarlo.
Sus dedos se tensaron apenas sobre su brazo.
Justo donde el moretón comenzaba a formarse.
—Y si vuelves a ponerte así frente a otro… Pausa.
Corta.
Peligrosa.
—No voy a responder por lo que haga.
Silencio.
Pesado.
Cecilia lo miró.
Confundida.
Molesta.
Pero algo más.
Algo que no lograba nombrar.
—El único problema aquí eres tú —susurró.
Kieran sostuvo su mirada.
Un segundo.
Dos.
Y entonces— se inclinó apenas.
Lo suficiente para que su voz rozara más que el aire.
—Entonces deja de reaccionar a mí.
El golpe fue distinto.
Más profundo.
Más real.
Se apartó de golpe.
Como si tocarla fuera un error.
Como si quedarse fuera peor.
—Vístete.
Su voz volvió a ser fría.
Controlada.
—Y deja de actuar como si no supieras lo que estás haciendo.
Se giró.
Y salió.
Sin mirarla.
Sin esperar respuesta.
Pero dejando atrás algo mucho peor que antes.
Tensión.
Deseo.
Y una verdad que Cecilia aún no entendía… pero que ya había empezado a sentir.
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