Compláceme, Papi - Capítulo 1
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1: CAPÍTULO 1 Mi prometido es gay 1: CAPÍTULO 1 Mi prometido es gay Gracie
Mi prometido es gay.
Ese era el pensamiento que resonaba en mi cabeza mientras me quedaba allí, paralizada, observando una escena que jamás se me borraría de la mente.
Miraba fijamente al hombre que embestía el culo de mi prometido, y a Charles, que gemía como una maldita zorra en celo.
Ese era mi prometido, el hombre con el que iba a casarme en cinco días.
El hombre con el que había compartido la cama, un futuro y toda una vida durante cinco largos años.
Pero allí estaba él, con las piernas abiertas de par en par y los ojos en blanco, sumido en un éxtasis que yo jamás había visto en su rostro cuando estaba conmigo.
Ya no podía respirar, sentía que todo a mi alrededor daba vueltas.
El sonido de la piel chocando contra la piel inundaba la habitación.
Quería apartar la vista, pero no podía.
Mis ojos se quedaron fijos, observando como si mi cerebro no pudiera registrar que aquello era real.
—Ah, joder, Mark… sí, me encanta esto… Joder… eres tan grande —gimió Charles, y sus palabras me golpearon como puñetazos en el estómago.
Me llevé la mano a la boca, presionando con fuerza para reprimir las náuseas.
Sentí como si me hubieran arrancado el corazón del pecho y lo hubieran arrojado a un triturador de basura.
¿Era una pesadilla?
¿Iba a despertarme en nuestro apartamento, a su lado, con sus brazos rodeándome, y que nada de esto fuera real?
—Joder, sí, Charles, cariño —gruñó el hombre—.
Toma a mi chico grande.
Tómalo bien.
—¡Ah, Papi!
¡¡¡Dame a tu chico grande!!!
Las lágrimas me quemaban los ojos.
Me flaquearon un poco las rodillas y me apoyé en el marco de la puerta para no caer.
¿Papi?
A mí nunca me había llamado nada en la cama.
¿Pero qué digo?
Nunca pareció muy interesado en el sexo conmigo.
Dos minutos.
Ese era el tiempo que tardaba en correrse.
Cada vez que le pedía más, decía que estaba cansado o simplemente me dedicaba una mirada de asco antes de marcharse.
Mi mente se aceleró, entrando en una espiral sin control.
¿Es gay?
¿Bisexual?
¿Siempre ha sido así?
¿Ha estado fingiendo conmigo todo este tiempo?
¿Todos estos años?
Cada beso, cada vez que me decía que me quería, cada plan que hacíamos para el futuro… ¿acaso fue todo una mentira?
Me sentía humillada, asqueada y como una maldita idiota.
¿Cómo procesan las mujeres algo así?
¿Cómo reaccionan cuando descubren que a su prometido, supuestamente heterosexual, le están reventando el culo días antes de la boda?
¿Pero qué digo?
La mayoría de las mujeres no han pillado a su futuro marido en plena faena con otro hombre.
Sentí algo húmedo en mis mejillas.
Levanté la mano y me rocé la piel.
Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando.
—¡Joder, sí, estoy a punto!
—gimió Charles desde la cama.
Negué con la cabeza lentamente, como si tal vez, si la sacudía con suficiente fuerza, pudiera despertarme de esta retorcida realidad.
Pero el sonido de sus jadeos, la imagen de ellos dos enredados, seguía allí.
Reí con amargura.
—¿Sabes qué?
—dije, con la voz ronca, casi en un susurro—.
Eres un puto descarado, Charles.
Se quedaron helados y Charles giró la cabeza bruscamente hacia mí.
Sus ojos se abrieron de par en par, llenos de pánico.
Se apartó a toda prisa del hombre que tenía entre las piernas, agarró la manta más cercana y tiró de ella para cubrirse, como si eso pudiera deshacer lo que yo acababa de ver.
—G-Gracie… —tartamudeó, con la voz quebrada—.
¿Qué… qué haces aquí?
Me apreté más contra la pared, secándome las lágrimas con el dorso de mi mano temblorosa, intentando mantenerme en pie.
—¿Que qué hago aquí?
—repetí lentamente, mirándolo a los ojos—.
¿Eso es lo primero que se te ocurre decir?
¿Después de que entre y me encuentre con esto?
Negó con la cabeza, todavía aferrado a la manta.
—No.
No, no es… no es lo que parece.
—¿Que no es lo que parece?
¡¿Que no es lo que parece?!
Me separé de la pared de un empujón, con las piernas temblorosas y las manos hechas un puño.
—Charles, me estás engañando con un puto hombre.
En nuestra cama.
En la casa que compramos para vivir juntos después de la boda.
Estás abriéndole el culo a otro, gimiendo su nombre como si nunca te hubieran follado, ¿y tienes el descaro de decirme que no es lo que parece?
Entonces, ¿qué es lo que parece exactamente?
Abrió la boca, pero no dijo nada.
Su rostro se descompuso mientras me miraba con una mezcla de vergüenza, culpa y, sobre todo, miedo.
—Eres un cabrón —siseé—.
Después de todo lo que he hecho por ti.
Después de cinco años de lealtad, paciencia, de planear nuestro puto futuro juntos, ¿esto es lo que recibo a cambio?
¿Este eres tú cuando no estoy mirando?
¡Cómo te atreves a hacerme esto!
El hombre que había estado dentro de él hacía solo unos instantes puso los ojos en blanco y se incorporó.
—Jesús —masculló—.
Qué dramática.
Empezó a vestirse, sin inmutarse.
—No quiero verme metido en este lío, Charles.
Me largo.
Charles se volvió hacia él, presa del pánico.
—Mark, espera… Lo siento.
No sabía…
Mark lo interrumpió con un gesto despectivo.
—No pasa nada.
Aunque tenías razón sobre ella.
Es una dramática.
Aquello fue la gota que colmó el vaso.
Algo dentro de mí se quebró.
Mi cuerpo entero temblaba de rabia.
¿Por qué actuaban como si fuera normal?
¿Por qué no estaban de rodillas, suplicando?
¿Por qué la única que lloraba era yo?
Él ni siquiera parecía sorprendido, lo que significaba que sabía que Charles ya tenía una relación y, aun así, se lo había follado en nuestra cama.
—¡Maldito gilipollas!
Me abalancé hacia él con la mano en alto, lista para darle la bofetada que se merecía con creces, pero antes de que pudiera alcanzarlo, Charles se movió con rapidez.
—¡Para ya, Gracie!
—gritó, agarrándome de la muñeca y tirando de mí hacia atrás.
Su agarre era firme, con los dedos clavándose en mi piel—.
¿¡Qué demonios haces?!
—¿Que qué hago?
—escupí, con la mirada encendida en llamas—.
¡No te metas, cabrón!
Espera tu puto turno.
Me lancé de nuevo hacia Mark, pero Charles volvió a interponerse, bloqueándome el paso.
—No delires —dijo con frialdad—.
No dejaré que lo toques.
Ni se te ocurra.
Se me encogió el corazón.
Sonaba tan… protector con él.
El hombre con el que me engañaba.
El hombre que acababa de burlarse de mí, de sonreírme con suficiencia y de salir de la cama con mi prometido como si aquello fuera una maldita comedia de televisión.
—¿Por qué?
—susurré, atónita—.
¿Por qué lo proteges?
¿En serio lo estás defendiendo?
¿Después de lo que me has hecho?
¿No deberías estar de rodillas ahora mismo?
Detrás de Charles, Mark se arregló la camisa, sin siquiera intentar ocultar la arrogancia de su rostro.
Luego me miró como si yo fuera algo pegado a la suela de su zapato.
—¿Por qué te sorprendes?
—dijo, encogiéndose de hombros con indiferencia—.
¿Sinceramente creíste que alguna vez le gustaste?
Usa el cerebro, chica.
Abrí la boca, pero no salió ningún sonido.
—Si no fuera porque vuestras familias están involucradas —continuó Mark—, ¿de verdad crees que él se fijaría en alguien como tú?
La ira me nubló la vista.
Podía sentir la sangre rugir en mis oídos.
—Suéltame —gruñí entre dientes, tirando de mi brazo—.
¡Suéltame ahora mismo, Charles!
—¡No!
—ladró él—.
¡Para ya, Gracie!
Lo empujé con la fuerza suficiente para que diera un traspié.
Me abalancé hacia Mark, dispuesta a borrarle de una bofetada esa sonrisa arrogante de su maldita cara, pero Charles se interpuso entre nosotros y, en un instante, su mano salió disparada y me abofeteó con fuerza.
Mi cabeza se giró bruscamente hacia un lado, y la mejilla me ardió por el impacto repentino.
—¡No te atrevas a ponerle una puta mano encima a Mark!
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