Con solo imaginarte - Capítulo 11
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11: El momento ha llegado 11: El momento ha llegado Hellen molesta, se coloca la falda y se posiciona a mi izquierda donde se encontraba antes de mover la ficha.
Normalmente seguimos jugando, la noche continua con cada reto, cada uno más apasionado, difícil y fácil, donde cada desafío revela más nuestros deseos ocultos.
El adultopoly se convirtió en un juego de seducción y exploración, donde los límites se desdibujan y la amistad se transforma en algo mucho más intenso.
Me levanto y me dirijo a la cocina para agarrar un vaso de agua, tomándolo me recuesto al mesón, mientras pienso si pudiera lograr mi viaje, ¿lo podré lograr?
¡Na, no creo!
¡No iré a ningún lugar, mejor me quedo aquí!
Me desanimo, se me quitan las ganas de viajar, trato de olvidar todo, así decido asomarme desde la puerta para ver que esta haciendo Nino con las chicas.
Nino, mira a Hellen con perversidad, deseo con ganas de hacerle de todo.
—¿Qué estará pasando por su mente?
—me pregunto a mí mismo.
Hellen anda distraída con su celular, ni cuenta se da como la esta mirando Nino, Rosa se acerca y trato de hacer que estoy lavando mi vaso y otros trastes para que no se dé cuenta que estoy chismoseando.
—Muy juicioso estas hoy —Posicionándose a mi lado.
—Practicando para cuando tenga a mi mujer —volteando a verla.
Rosa toma su vaso de agua y lo lava rápidamente.
Al irse para de sala, me dirijo nuevamente a asomarme para seguir viendo cada reacción y uno de sus movimientos porque no estoy creyendo en el últimamente.
Hellen sigue distraída ¿qué estará haciendo que la distrae tanto?
No lo sé, tampoco me importa ¿cierto?
Pero a Nino como que no le importa que no le hagan caso porque la mira fijamente.
—Chicas, ¿Qué les parece si hacemos algo diferente?
Un trío, tal vez…
algo que nunca olviden.
La atmosfera se vuelve tensa al instante.
Hellen deja de ver el teléfono, sus ojos se abren como platos, no puede evitar contener la respiración.
—¡No!
¡Estás loco, Nino!
—grita, Hellen horrorizada.
Su grito resuena en la habitación, haciendo eco en mi mente.
Nino se ríe, disfrutando de la incomodidad que ha creado, como un depredador acechando a su presa.
—Vamos, Hellen.
No seas aburrida.
La vida es corta ¡aprovéchala!
—Te dije que no, déjame quieta ¾dice Hellen —Ya escuchaste, Nino —dice, Rosa, mirando a Nino.
Luego voltea a donde esta Hellen, mantiene su mirada, dándole señas que se alejaran donde están, pero Hellen no le entiende.
Las miradas entre Rosa y Hellen son un torbellino de emociones, y yo siento que la tensión en el aire se vuelve casi palpable.
Mis manos sudan por todo el tiempo en que he estado aferrado en el marco de la puerta.
Quito mis manos para lavarlas, pero cuando me la estaba lavando escucho unas discusiones, no entiendo pero vuelvo asomarme para seguir viendo.
—Esto no puede terminar bien.
Debo hacer algo —pienso mientras sigo viendo cada uno de sus movimientos.
Las chicas se alejan un poco, Nino dice cosas sin parar, pero ellas no le hacen caso.
De tantas cosas que dice, Nino, hay una que se quedo repitiendo en mi cabeza: «tengo algo que revelar de mí».
Las muchachas voltean con asombro al escuchar por lo que acabo de decir Nino.
Nino al darse cuenta que tiene la atención de todas las chicas, se para y se acerca un poco a ellas y le pregunta; —¿Elián, donde está?
¿Saben para donde se fue?
—susurra con posición.
—Creo que se tomo su vaso de agua y se fue porque se aburrió del compartir.
Entonces, nosotras como que nos vamos también —responde Rosa.
Trato de estar escondido lo mejor posible para que él no se dé cuenta, que aun sigo en la casa, ¿qué revelara Nino?
¿Qué tiene oculto, que siendo yo su amigo no me lo ha contado?
Hoy es el día en que veré su verdadera cara.
—Él que recalca la lealtad, es el que te apuñala primero hasta que tenga sus manos llenas de sangre, la deslealtad absoluta —hablo conmigo mismo en voz baja.
—Esto es lo que voy a revelar —dice, Nino.
Sacando una cinta como de piel de su brazo, se va notando lo que realmente tiene, aparecían arboles pequeños, hasta que finalmente aparecieron cuervos en forma de semicírculos en posición superior¾.
Soy integrante de la banda de los Cuervos de Nox, marcado por una sociedad, una banda que tiene como objetivo matar a Elián y demás personas.
Cuando termino de decir todo, me di cuenta que el tiempo de nuestra amistad, nunca fue verdadera.
La vida es dura, pero no tengo el porqué endurecerla más, cargando con alguien que no respeta mi tiempo de lealtad y atención.
—¡Nos traicionaste!
¡Nos mentiste!
¡Traidor!
Confiamos siempre en ti y nos paga con esta.
Ahora te vas al infierno porque con nosotras no vas a contar —Señala, Rosa a Nino con lagrimas en los ojos, dando poco a poco pasos hacia atrás.
Nino se ríe con sarcasmo, gusto al ver que ellas están sufriendo.
Mientras se acerca aplaude despacio, pero fuerte.
—Llego el momento que siempre esperé.
Ya no tengo que ocultar lo que en realidad soy.
Lástima que su héroe no esta, ya nadie podrá salvarte —sus manos las coloca en su cara como asombro, burlándose de ellas, viendo que están solas, pero si supiera que estoy aquí escondido, no lo diría.
Las muchachas intentan llegar a la puerta, pero Nino las detiene, y se coloca delante de ellas, sacando una daga de sus botas, haciendo que se asuntaran y no intentaran escapar.
Ellas retroceden atemorizadas.
Intento esconderme y dejar de vigilar para que no se dé de cuenta que estoy en la casa.
Ellas voltean para colocar a Nino del otro lado y poder llegarle de espalda por cualquier movimiento brusco de él.
—¿Por qué haces esto?
¿Qué te hicimos nosotras para que nos trates así?
—dicen unisonó las muchachas.
Nino se burla de ellas y agarra a Hellen bruscamente, mostrándole a Rosa como pasa su daga por su cuello, haciendo que la va a cortar, pero se detiene y la daga, la pasa por su lengua de satisfacción.
—¿Dónde estás, Elián?
Tu muñeca está en peligro, ven a salvarla, te necesita —Mirando a todos lados, gritando, esperando escuchar mi respuesta, pero Rosa con un grito le responde que yo no estoy que me fui.
Nino se molesta y empieza a lastimar a Hellen con la punta de su daga, gritándole a Rosa que me llamara y si no lo hace, asesina a Hellen.
Salgo del escondite, me quito mis zapatos para poder caminar en silencio y no se dé cuenta que me acerco hacia él.
Me acerco con cautela y lo agarro por detrás, quitándole su daga para atraparlo justo con ella.
—¿Me llamabas?
Pues…
aquí estoy.
¡Sorpresa!
—lo agarro con fuerza, mientras le mantengo el cuchillo en el cuello.
Hellen esta agitada, asustada, parece que le va a dar un infarto, pero Rosa la intenta calmar, busca rápidamente un vaso de agua para darle con calma, su respiración empieza calmarse.
Nino moviéndose, intentado zafarse, pero no puede porque lo agarro con más fuerza y presiono la daga en su cuello hasta hacerle una marca.
—Mátame ya de una vez ¿qué esperas?
No lo puedes ocultar, no puedes dejar esto que tanto te apasiona.
La sangre, la violencia es lo que te gusta y teniéndome así, te satisface.
Rosa me pasa una soga, que hay debajo del mueble, amarro a Nino fuerte para que la soga marque sus brazos, pueda que se pongan morados y empiece a moverse porque no aguanta el dolor, pero eso no importa, quiero hacerlo sufrir por niveles y poco a poco.
Lo tiro al suelo, cae como un costal.
—¡Recuerda!
¡No eres nadie!
No vales nada —Se burla, gritando, tiene una actitud segura como si supiera como zafarse.
—Nino, tus palabras no me hieren, para mi eres…
nada más y nada menos; un falso —casi sentado, hablándole en la cara, fuerte—.
Setenta veces siete, tu puta madre, te voy hacer mierda hasta que me odies, y recuerde letra por letra, mi nombre porque de mi nadie se burla.
Decido agarrar un gorro grande para taparle la cabeza a Nino y llevarlo a sufrir en ese lugar donde me encontré con Maicol; el lugar podrido, esa pocilga para que viva con cada mordida de cada rata, hasta que reúna a toda la banda.
Las muchachas asustadas, están pálidas, no saben qué hacer, están paralizadas.
No sueltan ni una palabra, moviendo mis manos frente a sus ojos para que reaccionaran, pero nada, aplaudo hasta que reaccionan como si no estuviesen en este momento.
—No se asusten, conmigo estarán a salvo, pero es mejor que se retiren, y hagan como si nada paso.
Rosa, jala a Hellen agarran sus bolsos y salen veloz como si fueran unas leonas cuando va a atacar a su presa.
En un instante quede solo con Nino, quería acabar de una vez con él, pero tengo que reunir a todos para que vean como asesino uno x uno.
Robo sus llaves de un colgadero, siento que esta desmayado porque lo levanto y no se movió para nada; observo desde la ventana para verificar si hay alguien o no.
Salgo de la casa, abro el maletero y lo acomodo en él, lo cierro y entro al carro de Nino.
Camino a la casa abandonada, observo que sale una chica, vestimenta negra, es como una bata.
¿Esa chica, será la que hablo aquella vez?
No lo sé, pero es como otro misterio, pero no quiero meterme en ese lio.
Al llegar completamente a ese lugar, vuelvo a voltear por todos lados, no veo a nadie, y decido sacar a Nino, lo alzo como costal y lo llevo a la habitación para colgarlo como un pedazo de carne de res, pero vivo.
Lo dejo solo para reunir a todos y hacerlo sufrir a cada uno; eso es lo que quiero y necesito.
Volviendo a mi casa, empiezo a pensar en voz alta en lo que en realidad puedo hacer con la edad que tengo.
Ya estoy en la edad de poder gritar con todas las fuerzas desde mi interior.
Estoy en esa edad de no quedarme con las ganas, ni con la culpa.
De que se rían conmigo, y no de mí.
También, estoy en esa edad, de decir lo que pienso, y pensar en lo que digo.
De que me sueñen, y también de soñar.
Ya estoy en esa edad, donde puedo decir basta, y mandar a la mierda.
—Tantas cosas que puedo sacar y hacer, por solo tener un simple número.
La edad no define de lo que eres, pero desde pequeño, te inculcan de lo que debes hacer y que no debes, hasta que tenga una edad, donde puedes hacer lo que se te dé la gana —digo.
Estoy en la edad de ya no creerme las excusas, ya no tienen precio para mí, tampoco de darlas.
Estoy en esa edad, de no conformarme.
De no arrepentirme por mis acciones, por algo las hago.
Estoy en la edad de atreverme hacer lo que me apasiona y decirle en la cara, las cosas a las personas.
De seguir siempre adelante, y no mirar hacia atrás.
Estoy en la edad de que me necesiten porque me quieran, y no me quieran porque me necesitan.
De caminar descalzo, solo si quiero y si no, haciendo ruido, pero del bueno.
Dejando huellas, y no cicatrices.
Estoy en donde puedo olvidar a quien se olvido de mí.
De aceptar, lo que yo únicamente crea que sea correcto.
De no estar, dando explicaciones a quien no se las merece.
De follar, y no follar.
Estoy en la edad, que suena y se ve seria, pero puedes hacer lo que quiera, sabiendo que resultados puedes tener.
No adelantes, el tiempo si no es necesario, espera que las cosas, lleguen a ti para que puedas disfrutarlo.
Llegando a mi casa, voy directamente a la ducha, mientras el agua cae sobre mi cabeza, me vuelvo pensativo sobre lo que voy hacer, pero recuerdo que prometí hacerlo para salvar a Liara y Aislinn; siempre serán mis niñas, las llevare en el alma, aunque miles de kilómetros nos separen.
Me vuelvo pensativo con ansiedad por lo que ya estoy por hacer, pero no puedo detenerme porque prometí proteger a Liara y a Aislinn.
Ellas siempre serán por las que arriesgaría mi vida, aunque una no me hable y la otra me tenga en un mar de confusión.
No importa por lo que tenga que pasar para salvarlas.
Después que suceda todo esto, cumpliré el sueño de hacer ese viaje que vengo planeando desde hace mucho; junto a Liara lo haré.
Si en ese viaje, tengo la oportunidad de conocerla y enamorarme completamente; yo moriría para igualar o sumar el amor que ella siente por mí.
No sé como es el movimiento de mi vida, pero quiero hacer las cosas a mi modo porque de que sirve vivir; si no disfrutas lo que haces.
Prefiero hacer mil locuras, vivir mil vidas en unas cuantas páginas llenas de letras y poesía que estar en una, donde en realidad vivo la vida de otras personas, y no disfruto la mía.
¾Tengo la gran idea de secuestrar a Dorian para llevarlo con Nino, pero con Damon y Royner debo llamarlos, dejando saber que están secuestrados para que lo busquen y así muera la banda ¾pienso en voz alta.
Dudo de tomar la decisión de hacerlo solo, porque no tengo a nadie quien me ayude; a mis secuaces lo mataron, los torturando y es hora de sumar eso para cobrar venganza.
Salgo del baño con miles de preguntas, sin respuestas.
Me arreglo y bajo a la sala, me siento en el mueble, mis codos apoyados en mis piernas, mientras me frotaba la cara con desaparición de no sé qué hacer y de no tener lo que quiero.
En un momento, tocan la puerta con desesperación.
Quedo en silencio completamente, me acerco sigilosamente a la puerta, detallo ver una silueta, pero no distingo quien pueda ser; la vuelven a tocar, pero más fuerte como si la fueran a tumbar o buscándome para matarme.
No quiero hacer ruido para que no sepan que estoy adentro, prefiero que digan algo para confirmar que no es algo riesgoso.
Se queda en silencio porque no volvió a tocar, pero aunse le escuchan los pasos como si estuviera con urgencia.
Tocan de nuevo, pero pausada mente como si fuera de algún delivery.
Después de tocar, dicen desesperadamente: —Elián, ¿estás ahí?
Al escuchar esa voz, supe que ya no era una emboscada, abro la puerta y Liara salta a mis brazos con felicidad, apretando mi cintura con sus piernas, mientras me besaba por toda la cara.
—¿Dónde andabas?
Te extrañaba loquito.
Tenía tiempo sin verte, pero que hermoso seguís.
—dice, mientras me sigue acariciando la cara y cabello.
Se baja y se sienta en el mueble mientras pasa su cabello por detrás de la oreja, mirándome siempre a los ojos, no me los quita de encima.
Es una mirada como cazadora de deseo.
—¿Qué te pasa?
¿Por qué me miras así?
—Es que no puedo dejar de pensar, que tú sabes que me gustas, y yo se que te gusto.
Y que no estemos juntos, eso es una bobada tuya, Elián —Con un tono pasivo, pero al fondo con estrés—.
¿Podemos ser novios?
Ya no aguanto esperarte.
—Siendo claro, no creo que seamos novios en estos momentos, y más adelante no sé, porque no estoy seguro de que sienta algo serio por ti —respondo con sinceridad con calma para que ella no se altere y pueda entender lo que trato de decir.
No quiero ponerla en riesgo, quiero terminar la misión y veré si se podrá armar algo.
—¡Claro!
Esto es por Aislinn ¿no?
Por andar atrás de ella, dejas las cosas buenas que te pasan —Se altera con lagrimas en los ojos.
—No, no es por ella, pero ¿podemos ser amigos?
—¿Amigos?
¡En serio!
¿De verdad me estás pidiendo eso?
—Si, Liara.
No perdemos nada intentándolo.
Se levanta bruscamente del mueble, empoderada, molesta.
Tiene un torbellino de sentimientos encontrados.
—¡Entonces!
A partir de ahora, yo te cuento con quien me acuesto y tú me cuentas quien es la chica que te gusta y yo si puedo te ayudo, te aconsejo para que te ligues con ella, paseamos y pasamos todos los día juntos, pero sin tocarnos, sin besarnos ¿no?
Como amigos.
Me acerco y empiezo a secarle las lagrimas con delicadeza, paso su cabello por detrás de su oreja, implantando seguridad.
—Es mejor a que vivir siempre peleando como andamos ahora ¿no?
—Elián, tú y yo nunca hemos sido amigos y nunca podremos serlo porque cuando te miro y recuerdo que no estamos juntos, me destroza.
Así que no me pidas que sea tu amiga, porque simplemente no puedo.
Sale de mi casa, alterada, tira la puerta con fuerza.
Sus ojos están llenos de lágrimas, espero que no haga ninguna locura.
—Mierda ¿por qué no puedo complacer a todo mundo?
Tengo que estar cumpliendo las cosas de los demás, hasta cuando cumpliré las mías.
Perdóname Liara, no puedo ponerte en peligro, estoy a punto de hacer algo que puede dañarla internamente —grito, frustrado.
Mi mente se llena de preguntas, que ni yo me puedo responder.
Mi confusión se vuelve más fuerte, ya no se qué hacer, tengo ganas de colgar los guantes.
—¿Dime, quién es la persona que me ha cambiado la manera de pensar?
¿Quién es la que en cada segundo, cada minuto, no la dejo de imaginar?
¿Quién es la que es un sí, pero cuando me preguntan es un no?
Tantas mujeres en el mundo, pero solo es ella la que imagino conmigo ¿ahora dime, quién es?
¿Quién es esa persona, que con solo pensarla, me hace dudar si estoy enamorado o no?
¾digo solo para mi.
Respiro y sigo hablando solo: —¿Ahora dime, quién es?
Estoy en un mar lleno de confusión, donde no encuentro respuesta.
¿Cómo se llamará?
¿Quién será?
¡Dime, alma mía?
¿Quién es de las que estoy pensando?
Ya hasta estoy hablando con mi propio interior como si me fuera a responder.
De verdad que debo concentrarme en lo que debo de hacer y así olvidarme de los problemas internos.
De un momento a otro, me entra una llamada que no esperaba; es de un número desconocido.
¿Quién será?
Dejo que siga repicando.
Se acaba el tiempo esperado, y no volvieron a llamar y mucho menos dejó un mensaje.
Al ver que no dejaron información, supe que ya no era importante.
Me siento de nuevo en el mueble, y vuelvo a pensar, todo lo que me ha pasado últimamente en mi vida.
De tanto analizar para resolver todos estos problemas, me he dado cuenta que he dejado al lado lo que yo quiero lograr para superarme como persona.
En una tomada de aire, de nuevo aparece Aislinn en mis pensamientos, ya no se qué hacer en realidad; creo que vivirá en mi mente y el deseo de tenerla hasta el día de mi muerte.
De qué sirve imaginar e idealizar tanto a la persona que quiero tener en mi vida; si al final o va a estar.
≪Te perdí…
Pere gané; gane tranquilidad, gané paz, gané irme a dormir por las noches sin la duda y sin sentirme insuficiente.
Gané todo eso porque desde que perdí a Aislinn no la había pensado más, pero…
¿cuál será el motivo del por qué llego a mi mente?≫.
Me levanto con el pensamiento de ir a la cocina para hacer algo de comer, pero dando los primeros pasos repica de nuevo el teléfono.
Ring, ring, ring, ring…
Tuve la iniciativa de esta vez, si contestar.
Decido acercarme al mesón donde tengo el teléfono, pero al estirar el brazo para agarrarlo, dudo de nuevo para contestar, pero esta vez no me dejo llevar de la duda y esta vez sí contesto.
—¡Hola!..
¡Hola!..
¡Hola!..
Nadie responde, hay un silencio profundo, intimidante que me deja sin palabras, y aun así decido no colgar para esperar si llego a escuchar algo más, pero un mini ruido.
Después de unos minutos suena como si estuvieran susurrando, trato de captar si en realidad están susurrando, pero vuelve el silencio incomodo.
Después de unos segundos deciden hablar.
—¿Elián?
—Una voz desconocida aunque extrañamente familiar.
—¿Sí?
—Mantengo la calma, pero mi mente ya está trabajando a todo velocidad.
—No preguntes quien soy, eso no te debe de interesar.
Solo te notifico que Rosa y Hellen están secuestradas.
El destino esta en tus manos.
¡Adiós!
—con un tono frio y directo, su voz es como la de un trueno.
Entra un frio por todo mi cuerpo, mis oídos se taparon, quede paralizado.
No sé qué decir, ni qué hacer.
El teléfono cae al suelo, no reacciono como debería porque en mi mente, solo está: «Rosa y Hellen están secuestradas».
El teléfono yace inerte a mis pies, pero la voz helada sigue resonando en mi mente.
«El destino está en tus manos».
Un escalofrió recorre por mi espina dorsal, pero esta vez no es de miedo, sino de determinación.
Me agacho, recojo el teléfono y marco el número de Kristin Rosmer, la antigua integrante de la banda de: “Los cuervos de Nox”.
Ella será la que me podrá ayudar en todo esto, aunque su nombre, no encaja con su personalidad porque ella es una chica de barrio, que no le importa nada.
Sé que estará dispuesta a verlos caer también.
Al momento de escuchar la voz de ella, digo: —Necesito ayuda, Kristin.
¿Nos podemos ver en el parque ahorita?
Y te cuento todo.
—Mi voztemblorosa, preocupado.
—Déjame arreglarme y nos vemos en el parque, ahora mismo —responde con una actitud servicial.
Al colgar, lanzo el teléfono al mueble, ya que a mi mente, me llego la idea de buscar pruebas.
Mi casa se vuelve un laberinto de sombras mientras busco desesperadamente alguna pista, algo que me indique donde podrían estar Rosa y Hellen.
Reviso cada rincón, cada cajón, cada papel, con la esperanza de encontrar una nota, un mensaje, cualquier cosa que me dé una ventaja.
Mis manos tiemblan mientras revuelvo entre los objetos, sintiendo que el tiempo se agota.
De repente, mis dedos rozan algo oculto entre las páginas de un viejo libro de investigación.
Lo abro con cuidado y encuentro una nota que dice: Hoy estoy en la casa de Dorian y he encontrado una habitación secreta como un sótano, y en este lugar es donde se reúne la banda a armar sus planes y guardar a las personan que secuestran.
El lugar es aterrador parece como si fuera de una secta satánica.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com