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Con solo imaginarte - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Un viaje una nueva vida
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13: Un viaje, una nueva vida 13: Un viaje, una nueva vida En busca de tener el perdón de Aislinn, le regalo una rosa y un libro lleno de versos, pero…

No basta un libro de versos ni el aroma de una rosa carmesí para borrar la herida; el perdón, como una flor delicada, necesita más que un instante, requiere el sol de la verdad y el agua del arrepentimiento sincero para florecer en el jardín del alma.

En medio del caos, la voz de Liara resuena llena de furia y las acusaciones de Aislinn siguen flotando en el aire como dagas.

Cada palabra es un golpe, cada mirada una herida.

Sin pensarlo dos veces, y con una resolución que me sorprende incluso a mí mismo, le doy la espalda a Aislinn con todo el dolor del mundo, pero también su dolor y rabia.

En ese instante, tomo a Liara de la cintura con una determinación férrea, aferrándola a mí como si fuera lo único que me mantiene anclado a la realidad.

Su cuerpo tiembla, pero yo necesito que sienta mi apoyo, mi protección.

—Agarremos a las muchachas y larguémonos —le digo a Liara, tratando de evitar un mayor problema con Aislinn.

No espero su respuesta.

Tiro suavemente de ella, guiándola hacia nuestras amigas, quienes nos miran con confusión y preocupación—.

En realidad, no sé, si debí nacer antes o quizás no haber conocido a Aislinn.

Juntos, nos dirigimos a mi casa, dejando atrás a explosión y el caos, pero sabiendo que nada volverá hacer lo mismo.

Llegando a mi casa, mi mente empieza a maquinar nuevamente todo lo sucedido, todo esto me perseguirá, la Promesa de cuidar a las muchachas las cumplí, pero que hay de mí.

Lo que deje hace muchos años atrás volvió aparecer, atormentarme.

Ya ni me conozco, no sé quién soy.

Tengo que irme, no esperare como estúpido a que llegue la policía a buscarme.

Al llegar a casa, Liara me ayuda a sentar a Rosa y a Hellen en el mueble.

Ellas aun se ven pálidas, y aun mas por lo sucedido con Aislinn.

Liara se sienta junto a ellas, ofreciéndoles una mirada de consuelo y ayudándolas a que se puedan tranquilizar y respirar con tranquilidad.

Yo aun no me siento, los pensamientos me están destruyendo lentamente.

Estoy de derecha a izquierda en la sala como un loco, hasta que me senté de golpe, tratando de olvidar los momentos que pase junto a Aislinn, esos momentos donde compartíamos, momentos juntos como dos niños que se buscaron para encontrarse.

Cuando éramos amigos, y leíamos todas las historias de amor que un día deseábamos vivir.

No sé, si decirlo así, pero mientras andaba ciegamente enamorado, ella hacía lo posible para mantenerme a su lado, para después ser completamente traicionado.

Siento las miradas de las chicas sobre mí.

Los recuerdos me persiguen, atormentándome con la dualidad de nuestra relación.

¿Cómo pase de ser su amigo a que me odiara tanto?

¿Qué hice mal?

Si aun así como me traste, aun sigo amándote ¿Yo me merecía esto?

La verdad es que…

Ni cuando tenga 80 años, voy a olvidar como moría de amor por ti a mis 20.

Listo vida, ya no te debo ni mierda.

Ya perdí a la mujer que quería conmigo en toda mi puta vida.

Me la alejaste, porque sabias que mataría al mundo tan solo tenerla.

Te la entregaste al idiota que la dejo con los brazos abiertos para correr a otros.

La buscaría nuevamente, pero me negaría, prefiero verla a distancia sonreír y aun así yo moriría feliz con tan solo imaginarte.

Aunque tanto daño me hiciste con esas palabras inmunda que salieron de tu boca.

Aun digo, que…

Si tan solo pudiera, retrocediera el tiempo al momento en el que te conocí, incluso, me atrevería a perderte de nuevo.

Y solamente es para tener la oportunidad de volverme a enamorar de ti.

Tan solo una vez más.

Y así sean 3, 6, 8 meses o incluso años te seguiré esperando, como tu loco enamorado.

De repente, empiezo a ver borroso y escuchar voces como que se acercan, luego las empiezo a escuchar con más claridad.

Cuando me doy cuenta, son las muchachas llamándome asustadas, diciendo unisonó: —¡Elián, despierta carajo!

—¿En qué momento paso todo esto?

—les digo a las muchachas acomodándome correctamente en el mueble.

—Te acostaste y de la nada dejaste de reaccionar, Elián.

Te desmayaste de tantas vueltas que diste.

¿Estás bien?

Respira hondo y exhala.

Vaya y toma agua, carajo.

¿Qué coño está pasando contigo?

—Dice Hellen, preocupada y molesta.

Me levanto, con la cabeza aun dando vueltas.

La sensación de lo que acababa de suceder se aferra a mí como una sombra.

Voy a la cocina, con la mente en blanco, buscando un vaso de agua para mojar los escombros que siento en la garganta.

El frio del cristal de mi mano me trae de vuelta a la realidad.

Fue entonces que recordé el viaje, la única escapatoria de esta pesadilla.

Subo al baño, necesitando desesperadamente la paz y la claridad que el agua fría que caiga me pueda brindar.

El agua fría golpea mi piel, haciendo que entre en un estado de tranquilidad, un alivio llego a mí que no quise salir de ahí por unos minutos.

Salgo del baño y, sin perder el tiempo bajo una maleta de me escaparate, arreglándola con: Ropa, documentos, dinero, lo esencial para escapar porque se lo que hice.

Cada movimiento es preciso, calculado.

Al bajar, ordeno todo lo que puedo, intentando dejar atrás el desorden emocional.

Ya no sé nada de mi madre, totalmente puedo decir que me quede solo.

Voy nuevamente a la sala, me acerco a Hellen, tomándola de las manos, diciéndole: —Barbee, necesito que me hagas un favor, confió en ti.

—Que pasa, Elián?

Suenas raro ¾dice Hellen con sus ojitos húmedos y brillosos.

—Solo cuida la casa.

Por favor, sé que es mucho pedir, pero no puedo dejarla sola —secándole las lagrimas que recorre por su rostro angelical.

—Elián, es mucha responsabilidad, y mi mama me puede regañar al quedarme en otro lado y no la puedo dejar sola, discúlpame, papito rico —dice Hellen, con la voz cargada de culpa, mientras me toca el rostro con su mano izquierda.

Siento que el mundo se pone contra mí, creo que no quiere que logre mi superación personal.

Cuando escucho a Hellen, decir que no puede cuidar mi casa, me bloquee por completo sin saber que responderle, arregle mi ropa sin saber lo que me iba a decir.

—Tranquilo, yo puedo cuidar tu casa, sin ningún problema.

Siempre anhele estar sola —dice Rosa, con una sonrisa suave.

La miro sorprendido.

¿Rosa cuidando mi casa?

¿Rosa querer estar sola?

Miles de preguntas me invaden, sin ninguna respuesta coherente.

Nunca lo hubiera imaginado.

Pero en este momento, su oferta es un salvavidas.

Para no dejar pasar mucho el tiempo, subo al cuarto corriendo, buscando la maleta con todo lo necesario que guarde para llevar.

Antes de bajar me quedo mirando, mi cuarto por unos minutos, recordando momentos que disfrute, llore y los secretos que conté.

Lucho con la maleta bajando por las escaleras crujientes, el golpe de cada escalón resuena por la casa silenciosa.

Al llegar a la sala, doy vuelta por toda la casa para llevarla en mi mente por si no regreso.

A las chicas se les aguan los ojos, al saber que ya no podemos estar más juntos, así que se le empiezan a bajar las lagrimas.

Empiezan hablarse entre ellas, pero no les entiendo lo que dicen; es como si estuvieran viviendo recuerdos juntas porque de la nada empiezan a escucharse risas que hacen que ellas dejen de llorar.

Por un momento al verlas juntas y ver como Rosa y Hellen están muy maltratadas, llega el pensamiento de quedarme más días para cuidarlas hasta que se recuperen por completo porque ¿cómo podrán ella solucionarlo así, solas?

¿Y si alguien más les hace daño?

Pero no me dejo engañar de mis pensamientos nuevamente, no dejare mi sueño, esta vez sí lo cumplo.

Me arrodillo ante Rosa y Hellen.

Tomo sus manos, juntándolas con la mías.

Siento el temblor en sus dedos, el miedo que aún los atenaza.

En ese instante, somos uno solo, unidos por el terror y la necesidad de sobrevivir.

—¡Escuchen!

—les digo, mi voz un gruñido apenas contenido, una promesa que nace desde lo más profundo de mí ser—.

Juro por todo lo que es sagrado, por la sangre que corre por nuestras venas, por esta tierra que pisamos…

Volveré, se los aseguro.

Siempre las protegeré.

Mis ojos se van a Liara, ella se ve asustada, con unas ganas profundas de votar todo lo que ha guardado, sus ojos empezaron aguarse, y su corazón agitado más de lo normal.

Me acerco a ella, y la abrazo fuerte, como si fuera toda mi vida y me la estuvieran quitando.

La apoyo en mi hombro, sintiendo que toda la vida esta en ella, deseo que sane tan profundamente que ya no sienta la necesidad de entender que paso…

luego le agarro la cara para secarle las lagrimas con todo el cuidado.

—Ven conmigo, chispita —le hago la invitación, lo que un día le prometí de llevarla conmigo.

—¿Y mis cosas?

¿Mis amigos?

—Liara duda, sus ojos reflejan un torbellino de emociones.

—Te comprare ropa nueva al llegar —digo, tomándola de las manos—.

Vámonos de aquí, disfrutemos solo tú y yo.

Te daré el mundo entero, si es necesario.

Lo que me importa es tenerte a salvo y pasar tiempo a tu lado.

—si, acepto ir contigo —sonriendo, su voz llena de emoción.

La tarde se siente calidad y llenas de promesa, mientras me despido de Hellen y Rosa.

El aire esta impregnado de un aroma a flores fresca y el canto de los pájaros se mezcla con el murmullo de la brisa.

Hellen con todas sus fuerzas se levanta y me abraza con cariño, sus ojos brillan con lágrimas que reflejan la mezcla de alegría y tristeza.

—Cuídense mucho, mis queridos —Con una voz suave y llena de amor—.

Recuerden que siempre seremos amigos.

—Lo haremos, Hellen —respondo sonriendo, mientras me seco una lágrima que amenaza con asomarse.

Me siento afortunado de tener a alguien como ella en mi vida.

Tomo las maletas, sintiendo su peso en mis manos, y salgo de la casa, dejando todo atrás.

Liara me sigue, su energía es contagiosa.

Juntos, caminamos hacia mi carro, donde la emoción de una nueva aventura nos envuelve.

El sol comienza descender, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y me hace sentir lleno de esperanza al poder construir una nueva vida.

Una vez dentro del carro, el ambiente se llena de risas y música suave.

Prendo el carro y escucho cómo el sonido del motor se mezcla con la melodía que emite la radio.

Empezamos a rodar, mientras la ciudad que me vio nacer se desdibuja en el retrovisor.

—¿Lista para una nueva vida, juntos?

—pregunto, mirando a Liara, sonriendo le tomo la mano.

Su mirada brilla con emoción.

—¡Completamente lista!

—responde con un entusiasmo que me estremece.

Conduciendo, la brisa se cuela por las ventanas, trayendo consigo el aroma terroso de los árboles y la sinfonía de la naturaleza.

Jamás había presenciado lo hermoso que se ve la tonalidad del naranja en el cielo y la sensación de recibir aire fresco.

Liara mira por la ventana, su cabello danza con el viento, mientras nuestras voces se entrelazan al compartir sueños y metas a cumplir en este nuevo pueblo.

—Elián debería estudiar algo que realmente te guste —dice Liara, su voz es un murmullo suave y profundo—.

Algo que te apasione.

Su comentario me hace reflexionar.

La idea de estudiar algo que realmente me apasione florece en mí.

Me visualizo con una cámara en mis manos, capturando la belleza efímera del mundo.

—Me voy a proponer a estudiarla.

Siempre me ha gustado la fotografía —le digo, sintiendo como mi corazón late con fuerza—.

Imagínate, podría capturar momentos hermosos de todos nuestros días —Me imagino sus poses, su risa, esa mirada brillante que cargar, todo capturado en mi cámara.

—¡Eso sería increíble!

Podrías hacer un álbum de nuestras aventuras.

Y yo, tu chispita seré tu modelo favorita y única porque no acepto que tengas más —Una sonrisa ilumina el rostro de Liara, sus ojos brillan con el mismo entusiasmo que siento.

—Por supuesto —le respondo, con la voz llena de risa—.

¡Te capturare en cada instante!

Al llegar al pueblo de Sylas, me detengo un momento para absorber el ambiente.

El pueblo nos da la bienvenida con un silencio que susurra historias.

Las casas, como joyas de un cofre olvidado, resplandecen en tonos pastel bajo la luz dorada del atardecer.

Un aroma a pan recién horneado nos envuelve, un abrazo invisible que nos invita a explorar.

—Mira qué bonito es todo —Señalando un pequeño oasis de flores que resplandece bajo la luz del sol.

—Elián, te amo.

Esto está perfecto —dice Liara, sus ojos brillan con un asombro que me hace sentir que estamos en un sueño.

De repente, veo una tienda de ropa, con su fachada de colores vibrantes y vitrinas llenas de brillos, me atrae.

Pienso que es el lugar indicado para Liara.

—¡Vamos a entrar!

Yo te invito —Agarrándola de la mano, mientras llegamos al local para abrirle la puerta.

Entramos.

El lugar se siente como un universo aparte.

El aire esta saturado con la fragancia de perfumes, y las risas de los clientes son como música para mis oídos.

Liara se ilumina, como si hubiera entrado en su propio paraíso.

—Elián, ¡esto es increíble!

—exclama, mientras comienza a explorar, tocando las telas con asombro, sus dedos se deslizan por la seda, el lino y el algodón, cada textura es una nueva historia.

La observo mientras se prueba vestidos, faldas, blusas.

Su rostro se ilumina con cada cambio, como si cada prenda fuera una versión de ella misma.

La luz de la tienda, resalta su belleza, y en cada sonrisa que le roba al espejo, siento una felicidad que me llena el alma.

—¿Qué opinas de esto?

—me pregunta, luciendo un vestido azul que resalta su figura y sus ojos marrones, como si el color estuviera hecho solo para ella.

Mi voz se quiebra un poco al decir lo hermosa que se ve.

—Te queda increíble.

¡Llevémoslo!

—le digo, la emoción me hace querer que ella tenga todo lo que desee.

Su felicidad es mi felicidad.

Nos quedamos un rato más en la tienda, eligiendo ropa, maquillaje, accesorios y perfumes.

Cada prenda que elige parece contar una historia, y Liara se siente como una reina.

La felicidad en su rostro me llena de alegría, y no puedo evitar sonreír al verla tan radiante.

Con nuestras bolsas llenas, salimos de la tienda y continuamos nuestro camino.

A medida que nos alejábamos de la tienda, Liara señala hacia el horizonte.

—Elián ¡Mira!

Ahí esta la mansión Roys —dice emocionada, sus ojos brillan con anticipación.

Mis ojos siguen su dedo.

Una edificación majestuosa, sus torres y ventanales parecen susurrar secretos antiguos.

Mi corazón late con una emoción incontrolable.

—¡Por fin!

Lo logramos, Chispita —respondo, mi voz es un murmullo.

—Es más impresionante de lo que imaginaba —dice Liara, con la mirada fija en la mansión, como si estuviera contemplando un sueño hecho realidad.

La emoción en su voz me hace sentir que este momento es especial y único.

El día se rinde a la noche.

Después de pasear un rato más por todo el pueblo, empezamos la búsqueda de un lugar para dormir, encontramos una cabaña acogedora donde decidimos quedarnos.

El ambiente es cálido y acogedor, y el crepitar de la chimenea nos envuelve en una sensación de confort.

Las paredes de maderas y las luces tenues crean un refugio perfecto, un lugar donde podemos relajarnos y disfrutar de la compañía del otro.

—Yo dormiré aquí en el mueble —digo, señalando el sofá—.

Tú duermes en la cama para que estés cómoda.

Liara se acerca y posa su mano en mi pecho, acariciándolo suavemente, mi piel se eriza al contacto.

Sus ojos brillan, una risa suave, llena de complicidad, escapa de su boca.

—Elián, no seas tonto.

No te apenes de dormir conmigo.

Ya somos adultos, sabemos lo que hacemos —dice, con una sonrisa traviesa que me hace sentir un cosquilleo en el estomago.

Siento una descarga eléctrica ante su tacto.

La tensión en el aire es palpable, un hilo invisible que nos une, y mi corazón late con fuerza, resonando en mis odios como un tambor.

—Esta bien —respondo, la voz me sale más ronca de lo que esperaba—.

Pero solo si prometes que no te moverás mucho, sino, te tiro de la cama.

Ella se ríe, una risa suave y dulce que me hipnotiza.

Las horas pasan como una estrella fugaz.

Nos fuimos a acostar, y se acomoda a mi lado.

En ese instante, sé que esta noche será diferente, especial.

La conexión entre nosotros se siente más fuerte que nunca, un fuego que ha estado ardiendo en silencio y que ahora amenaza con consumirlo todo.

La luz de la chimenea proyecta sombras danzantes sobre las paredes mientras nos acomodamos.

El crepitar de la leña es el único sonido que se escucha, una melodía intima que llena el silencio.

Liara se acurruca más cerca, su aliento cálido roza mi cuello, un susurro de deseo.

La miro y sus ojos, antes llenos de travesura, ahora reflejan una vulnerabilidad y una ternura que me desarma por completo.

Acaricio su rostro, su piel es suave como el terciopelo bajo mis dedos.

Mis pulgares delinean sus pómulos y me pierdo en ese instante, en la curva de sus labios.

Me inclino lentamente, y el aire entre nosotros se vuelve espeso, cargado de promesas.

El mundo exterior desaparece.

Solo existimos ella y yo, en este refugio perfecto, envueltos por la magia de la noche.

Nuestros labios se encuentran en un beso suave, y en ese instante, una chispa se enciende.

La suavidad del primer contacto se transforma en una intensidad que me hace cerrar los ojos.

No es solo un beso, es la culminación de todas las miradas, las risas, las aventuras que hemos compartido.

La beso con una urgencia que no puedo controlar, mis manos en su cintura atrayéndola más cerca.

Mis manos recorren su espalda, memorizando cada cura, cada centímetro de su piel sedosa.

Ella se estremece bajo mi tacto, y un gemido ahogado escapa de sus labios.

—Hazme tuya —susurra entre besos—.

Necesito tu verga adentro de mí.

El beso se vuelve más profundo, mas intimo.

Nos separamos por un instante para tomar aire, nuestros pechos suben y bajan, y nuestras frentes se tocan.

La veo sonreír.

Sus ojos, ahora abiertos, brillan con una luz que no había visto antes.

—Ya eres mía, Liara —le susurro al odio, con una voz ronca y suave—.

Desde hace mucho tiempo, pero hoy nos haremos uno.

—Si —gime ella, y sus manos se aferran a mi nuca.

Con una reverencia a la intimidad, mis caricias se vuelven más audaces.

Mientras la pasión nos domina, Liara jadea, su respiración se vuelve errática y corta.

El aire se llena con el sonido de su anhelo mientras chupo su clítoris rosadito, ahora excitado y seguir viendo como mis dedos se introducen delicadamente a su vagina, envuelta de fuego y deseo.

Cuando veo que esta bien mojada y lubricada, la volteo bruscamente colocándola en cuatro, admirando su hermosa figura.

Posicionando mis manos en sus glúteos redondos, golpeándolos con fuerza, hasta dejarla marcada.

Comienzo a besar sus nalgas, pasándole mi lengua a su alrededor, mientras la acariciaba, de modo, que ella ya tiene nuevamente mojadisima su vagina.

—Mira esta posición.

¡Me encanta!

Ahora, en este momento, quiero esto tan prohibido.

¿Me dejas hacerlo?

—Mi voz es una orden baja y obsesiva.

—¿Dejarte hacer lo que ya hiciste, Elián?

¡Qué tontería tan deliciosa!

Eres un desastre —Su cabeza gira hacia a mí, con una voz de burla y deseo.

—No es una pregunta.

Dímelo.

¿Sí o no?

—insisto, mis manos agarran su cadera firme y demandante.

—Bien.

No te lo permito.

¡Te lo he prohibido!

—Su voz se quiebra en un susurro ardiente de rendición sádica.

Gime al darle una nalgada—.

AHHH.

Pero…

Hazlo.

Átame, cógeme de una vez con tu desobediencia, papi.

Comienzo a lamer en medio de sus dos piernas, dejando una huella de saliva.

Se le abro un poco, mientras coloco saliva en mis dedos, luego se la empiezo a frotar, y frotar.

Le introduzco un dedo, ella se queja, pero luego se acostumbra, ya cuando vi que se habituó, le meto un segundo dedo y así le estuve mamando la concha.

Luego de eso me puse de pie y lentamente, le voy introduciendo mi verga en su culo.

Ella se queja, pero sus gemidos, me hace entender que lo disfruta.

—Así, si ¡Mételo más, papi!

—jadea, mordiendo la cama.

—Eres solo mía, atrapada en mi dominio —Agarrándola del cabello, acercándome a su oído con una voz ronca, pero suave—.

Tu voluntad no cuenta; lo único que importa es tu obediencia a mí.

Yo se lo introduzco suave, entra y sale.

Luego se lo coloco, más adentro, hasta que siento que es hora de subir el ritmo.

Le doy durísimo por ese culito delgado y delicioso.

La volteo para seguir de frente, la pongo paticas al hombro y la sigo clavando.

—Eres completamente hermosa, pero eso solo alimenta mi deseo de poseerte —le digo con voz ronca, mientras mis labios recorren su cuello—.

Cada vez que me miras, me atas más a esta obsesión que voy teniendo por ti.

Comienzo a moverme despacio, y su reacción es inmediata.

Eso me enciende más; ella misma arquea su cadera, impulsándose hacia mí para sentirse en toda mi profundidad.

Nuestros alientos se mezclan, nuestros cuerpos se mueven en un ritmo ancestral, jadeando y gimiendo, disfrutándonos plenamente.

En el pico de nuestra pasión, ella me susurra al oído, la voz ahogada por la emoción: —Me voy a venir.

Hazlo conmigo, quiero sentir todo de ti, dentro de mi…

Aceleramos nuestro ritmo, liberando oleadas de placer que nos hacen temblar.

Expulsamos nuestros líquidos en un grito silencioso y nos desplomamos, exhaustos, abrazados en el refugio tibio de la cabaña.

Antes de que el dulce letargo nos envuelva, me susurra al odio, mientras acaricia mi pecho: —Traeré unas fresas y crema batida.

Me encantara que te devores todo…

Al reponernos, el festín de los sentidos comienza.

Deslizo las fresas en trozos sobre su piel, adornándola con crema batida.

Fantaseamos como adolescentes enloquecidos, y volvemos a explorarnos.

Yo estoy cautivado; su sed por mi tacto es increíble, una mezcla de salvajismo y ternura.

Mis besos se hacen más profundos, recorriendo, su cuerpo.

Disfruto lamiendo y mordiendo con suavidad sus redondos senos pequeños.

Disfruto volver a lamer su vagina, mezclada entre la húmeda y la crema.

No puedo describir lo exquisito que es sentir la furia de nuestro deseo consumirse una y otra vez.

Solo puedo decir que este día, lo disfruto como si fuera el último.

Los gemidos y suspiros de Liara, se oyen mas allá de las paredes, y sin importar el mundo dejamos la realidad.

Por horas nos amamos libres y sin frenos.

Me separo apenas, lo suficiente para ver su rostro bañado en sudor y placer.

Sus ojos están cerrados, una sonrisa diminuta juega en sus labios.

No puedo permitir que este momento termine.

Caigo rendido a su lado derecho.

La atraigo hacia a mí, y la beso apasionado, hasta que sus músculos se relajan por completo y su respiración se vuelve uniforme.

Acaricio su cabello, lo enrollo en mis dedos, sintiendo mi poder sobre ella.

—Te juro que voy a hacer que aborrezcas la idea de cualquier otro toque, que no sea el mío —prometo—.

Tu cuerpo y tu mente me pertenecen ahora.

Arrastro las sábanas sobre nosotros.

La abrazo contra mí pecho, sintiendo su cuerpo completamente abandonado en mis brazos.

Me duermo de inmediato, sabiendo que su cuerpo y su presencia son el único lugar que necesito.

Ella está segura conmigo, la protegeré como el cristal más valioso de este mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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