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Con solo imaginarte - Capítulo 24

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24: Epílogo 24: Epílogo Han pasado tres años desde que dejamos atrás las ruinas de aquel mundo imposible y volvimos a pisar el asfalto frío de New York.

La vida ha seguido su curso, implacable y ordinaria.

Liara y yo hemos construido un imperio sobre las cenizas de nuestros secretos.

Nadie conoce la historia completa; para el mundo, somos la pareja perfecta, exitosa, inquebrantable.

Liara es mi ancla, mi realidad tangible.

Ella cumplió su promesa: me ha dado orden, me ha dado un hogar y una devoción que roza la idolatría.

A cambio, yo le he entregado cada minuto de mis días, cada aliento de mi vigilia.

A veces, la veo mirarme cuando cree que no me doy cuenta.

Busca en mis ojos algún rastro de arrepentimiento, alguna grieta por donde se escape el pasado.

Pero no encuentra nada.

He aprendido a ser el actor perfecto en el escenario de la realidad.

Sin embargo, la verdadera vida comienza cuando el mundo se apaga.

Cada noche, sigo el mismo ritual.

Me acuesto al lado de Liara, siento su calor, escucho su respiración tranquila y espero.

Espero a que la conciencia se desvanezca, a que la gravedad de la tierra me suelte.

Y entonces, cruzo el umbral.

Allí, en la vastedad de mi mente, no existen las leyes que rompimos, ni los edificios que caen, ni el tiempo que desgasta.

Allí, el cielo vuelve a ser de ese púrpura eléctrico que creamos juntos.

Y ella está allí.

Aislinn.

No la Aislinn que lloraba en la acera, no la que me rechazó o la que me insulto.

Sino la Aislinn perfecta, la de mi diseño, la que me espera con una sonrisa que no conoce el dolor.

En ese lugar, no hay culpa.

Corremos por los campos de cristal que una vez existieron, nos amamos sin la sombra de la traición y nos decimos las verdades que la vida real nos prohibió.

Es mi penitencia y mi premio: tenerlo todo, pero nunca al mismo tiempo.

Dicen que no se puede vivir de ilusiones, que la realidad es lo único que importa.

Se equivocan.

Yo he descubierto el secreto para soportar la existencia humana.

Tengo a la mujer que me salvó la vida a la luz del sol, y a la mujer que me salvo el alma a la luz de mis sueños.

A veces, me despierto con el sabor de un beso fantasma en los labios y una lágrima seca en la mejilla.

Liara suele preguntarme si tuve una pesadilla.

Yo la abrazo, la beso en la frente y le miento con la verdad más grande de todas: —No, amor.

Solo estaba soñando.

Porque al final, entendí que no necesitaba romper el universo para ser feliz.

Mi libertad no estaba en un portal mágico ni en una ciudad utópica.

Mi libertad siempre estuvo al alcance de un simple parpadeo.

Para tenerte, Aislinn, no necesito tocarte.

No necesito verte caminar por estas calles grises.

Me basta con cerrar los ojos.

Me basta…

con solo imaginarte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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