Con solo imaginarte - Capítulo 3
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3: El gran comienzo 3: El gran comienzo El sol brilla intensamente sobre el campus de la universidad de New York, y me encuentro en medio de risas y juegos con mis amigos.
La energía vibrante de la ciudad nos rodea, pero en mi corazón, anhelo algo más.
Mientras lanzamos un frisbee, empezamos a hablar.
—Chicos, tengo la idea de viajar a un lugar que sea más tranquilo, donde yo pueda relajarme y desconectarme de todo este ajetreo —les cuento a mis amigos.
Se miraron entre sí y luego estallaron en carcajadas: —¿Con que dinero vas a viajar si no ganas bien, Elián?
Apenas te alcanza para comer —pregunta Dorian, riendo mientras me da unas palmadas por la espalda.
—Vamos, Elián, deja la broma ¿de verdad crees que puedas hacerlo?
—reclama Nino, con odiosidad.
—Yo creo en mis sueños, de una manera u otra, ¡lo lograré!
Sin ayuda de ustedes —sonrío de manera desafiante.
En ese momento, una chica que pasa por ahí, quedó sorprendida.
Me imagino que fue por lo que acaba de escuchar.
Ella queda parada, intentando escuchar un poco más la conversación, hasta que se acerca.
—Eso es lo mejor de un chico y más cuando es guapo, que tenga la visión y este seguro de lo que quiere —dice la chica a sus amigas que estaba a una distancia corta de nosotros.
Ella me mira con interés, como si mis palabras resonaran en su corazón.
Justo entonces, el sonido del teléfono me interrumpe el juego con mis amigos, y contesto: —¡Hola!, Elián —dicen a través del teléfono, con una voz calida—.
¿Dónde andas?
—¡Hola!
Mamá, Estoy en la universidad, salgo como a las 6:00 pm, te visito mañana —respondo, un poco molesto por la hora en la que me llama.
Mientras hablo, mis pensamientos regresan al viaje que deseo emprender, y una chispa de determinación se enciende en mi interior.
El mundo está lleno de posibilidades, y yo estoy dispuesto a encontrarlas.
Miro a mis amigos, que siguen riendo, y siento una chispa de emoción y frustración.
—¡No se rían, en serio, quiero hacer algo diferente!
Este lugar está bien, pero a veces siento que necesito más paz, conocer culturas y gastronomías de otros lugares —Ellos aún bromeando, comienzan a calmarse al ver mi rostro y la seriedad con la que hablo.
—¿Y qué lugar tienes en mente?
—Pregunta Dorian, ya un poco más interesado.
—Quizás un pueblo o una ciudad, donde la vida sea más tranquila, ordenada.
Un lugar donde puedas soñar sin distracciones —respondo, automáticamente molesto.
—Es interesante, pero es difícil ir a un lugar desconocido, y más si es solo —dijo Nino.
La chica que ha escuchado y mirado, decide acercarse a nosotros: —La dificultad enseña a ser fuertes; la fuerza trae paz; la paz, si no se vigila, engendra la debilidad; y la debilidad inevitablemente devuelve al mundo a la dificultad —digo con una actitud amenazante y arrogante.
—¡Interesante!
—dice la chica —Disculpa.
¿Te conozco?
¿Cuál es tu nombre?
—La miro con misterio.
—Me presento, soy Liara Estrellana —Estrecha su mano.
—Mucho gusto Liara, es un placer conocerte.
Yo soy Elián Valteris —digo sonriendo mientras la saludo con un beso en la mejilla.
Liara siente un cosquilleo de nerviosismo y atracción al sentir ese beso mío en su mejilla del chico encantador, perfume hipnotizante.
—Hace rato, escuché lo que hablaste, con tus amigos.
Eso a mí me pareció interesante —dice con su voz angelical, tratando de no revelar el nerviosismo.
—Bueno, sí, es así, tengo un plan en mente, pero no tengo algo concreto para determinar cuál será el lugar —respondo pensativo.
Mientras la conversación continúa, no puedo evitar que ella, con su energía positiva, podamos ser buenos amigos y que sea parte de mi viaje, de alguna manera.
La idea de explorar un nuevo mundo empieza a tomar forma en mi mente, y sé que debo seguir adelante con mi plan.
Llega la tarde-noche y tomo el camino hacia el apartamento, reflexionando sobre si es posible dejar atrás a mis amigos.
Lo haré, si no me llegan apoyar en mis sueños.
A pesar de la duda, sé que mi éxito depende de mis decisiones.
—El camino hacia el éxito es como un río que fluye: a veces tranquilo, a veces turbulento, pero siempre avanza.
Así que con cada paso firme y decidido, forjo mi destino, dejando atrás las dudas y abrazando mis sueños —me digo a mí mismo, con entusiasmo.
Esta noche, mientras me preparo para dormir, miro por la ventana de mi pequeño departamento en New York.
Las luces de la ciudad brillan, pero mi mente, está lejos, del lugar donde la belleza y la tranquilidad me esperan.
—Mañana hago un plan —digo en voz alta, decidido a hacer realidad mi sueño.
Al día siguiente, me despierto con una mezcla de emoción y ansiedad.
Sé que debo ir a casa de mi madre, pero mi mente esta ocupada con la imagen de Liara, de que ella, podrá ser parte de mi viaje.
Mientras me arreglo para ir a la universidad, suena mi teléfono.
—¡Hola!
Mamá —contesto, serio.
—¡Hola!, si vendrás a casa hoy —dice, entusiasmada de querer verme.
—Al Salir de la universidad de una vez, voy para tu casa, mamá —respondo saliendo de mi departamento.
Cuando llego a la universidad, me dirijo a mi clase de dibujo arquitectónico.
El salón está lleno de risas y conversaciones, al sentarme en mi lugar, Liara se me queda mirando y decide acercarse con su sonrisa brillante.
—¿Puedo sentarme junto a ti?
En este momento, no pude evitar sonreír al verla.
—Por supuesto —respondo con una sonrisa, sintiéndome afortunado por compartir este momento con ella.
Mientras me estoy acomodando, una suave brisa mueve mi cabello rubio.
Ella se queda mirando por un buen rato, sin decir una palabra.
Tengo que empezar yo, la conversación porque no puedo estar callado toda la clase.
—Eres bonita Liara, con un toque de odiosidad.
Eso me encanta —confieso con un guiño seductor.
Liara se sonroja, su risa llena el aire.
—Anote mi número, Elián y así podemos hablarnos más seguido —sugiere Liara, con la voz un poco entrecortada.
—Esta bien, me encantaría, ¿me lo puedes dictar?
—digo con susurro juguetón.
Justo en ese momento, cuando estoy anotando el número de Liara, vemos al profesor que entra al aula atrasado.
—Muchachos, discúlpame la tardanza, pero necesito que me dibujen la mansión más conocida, ¿saben cuál es?
—Anuncia el profesor.
—La mansión Roys, profesor.
Esa se encuentra en el pueblo Sylas —responden con cierta seguridad.
—Eso es correcto, Liara.
En pareja necesito que me hagan un dibujo de cómo es esa mansión —asigna el profesor con más tranquilidad.
—Elián, te explicare como es la mansión para que tengas una idea de cómo la vamos a dibujar —aclara Liara, con entusiasmo y ganas de describir esa lujosa mansión.
—Te escucho, chispita —respondo, mirando sus ojos color café iluminados.
Detallando cada movimiento de sus labios, cuando habla.
—¡awww, Elián!
Bueno.
La mansión Roys es una obra maestra de la arquitectura moderna, gigantesca y hermosa, nunca antes vista.
Su exterior es de un blanco resplandeciente, con amplios ventanales que reflejan la luz del sol.
No solo es impresionante por fuera, sino que en su interior tiene todo lo soñado en un solo lugar.
Imagínate una biblioteca repleta de libros, un cine privado donde disfrutar de tus películas favoritas, un gimnasio completamente equipado, una cocina de ensueño, un jardín que parece sacado de un cuento de hadas, eso no es nada con el garaje que alberga una colección de carros antiguos y modernos, cada uno más deslumbrante que el otro, y una gran piscina y muchas cosas más.
—¡Waoo, chispita!
No sabía que fuera tan grandiosa esa mansión.
¡Vamos a hacer un trato!
Tú dibujas una parte y yo hago la otra —propongo con entusiasmo—.
Empecemos de una vez, para terminar rápido.
Dibujando la mansión Roys, empezamos a hablar de todo un poco, más sobre nosotros, entre risas y elogios.
Liara empezó a admirarme más.
Me sigue mirando con sus ojos café iluminado, mientras sostiene su cara con un brazo y el otro enrollando las puntas de su pelo lacio, mientras yo termino la parte del dibujo.
Después de unos minutos trabajando en el dibujo de la mansión, nosotros finalmente dijimos unísono: —¡Terminamos!
Dibujamos la parte de atrás de la mansión.
En ese momento nos miramos y comenzamos a reírnos, disfrutando de la conexión que se ha formado entre nosotros.
El ambiente en el salón se volvió casi palpable, como si todos pudieran sentir la chispa romántica en el aire.
—Pueden, salir del aula —dice el profesor, con una sonrisa en la cara.
Al salir del aula.
Invito a Liara a la cafetería de la universidad.
Ya estando en la cafetería, volvemos a empezar a hablar.
—Chispita, ¿qué quieres de un hombre?
—pregunto con curiosidad.
—Busco a un hombre con alma de pirata: Un espíritu audaz e irreverente que se atreva a cruzar la línea de lo prohibido, sin miedo al juicio ni a las consecuencias.
Quiero un cómplice que no conozca la vergüenza, listo para hacer locuras y para arriesgarse sin medir.
Necesito a mi lado a alguien que sepa reírse de las pendejadas de la vida, que no se inmute ante mis ocurrencias subidas de tono y que, ante todo, esté siempre dispuesto a conséntirme y ser mi compañero en la aventura diaria.
Que su temperamento solo sirva para encender la chispa, no para apagarnos con tonterías comunes —responde con un sentimiento de deseo de tenerlo.
Quedo sorprendido por la forma en la que se expresa.
—Ya es seguro de que ella, podrá ser mi gran acompañante de viaje —pienso con gran entusiasmo.
_Vamos para las otras clases, ya es el horario —dice Liara, cambiando de tema.
—Está bien, Chispita.
Pero rápido porque yo, ya no quiero estar aquí —respondo con estrés.
Llegamos a la siguiente clase y esperando para ver las otras.
Tengo ganas de que el tiempo pase volando, para salir de aquí.
Llegaron las 6:00 pm, la hora de la salida de la universidad.
Todos mis compañeros salieron primero, detrás de ellos, salimos nosotros.
«Es mi nueva amiga de apenas unas horas y ya hay tanta confianza, ¿podría terminar mal, está amistad?».
Pienso, sintiendo que la confianza que hemos construido en tan poco tiempo es a la vez hermosa y peligrosa.
Corren rumores en la universidad sobre el pasado de Liara, pero los ignoro como si nada pasara.
Caminando por el pasillo de la universidad, se me ocurre algo.
—¿A dónde vas?
—pregunto con curiosidad.
—Voy a casa.
Yo vivo por la calle 5, en las residencias Tildaría —responde Liara, con una sonrisa que ilumina su rostro.
—¡Wau!
Paso por allá.
Si gustas, te llevo.
Tengo que ir a la casa de mi mamá —me ofrezco, sintiendo que cada palabra me acerca más a ella.
—¡Sería genial!
—responde Liara, mirándome con sorpresa y alegría.
Mientras caminamos hacia la salida, no puedo evitar pensar, que Liara será mi primera acompañante al viaje que emprendo.
Cada momento con Liara parece abrir nuevas posibilidades, con la emoción de lo desconocido.
Mientras nos montamos en el carro, comenzamos a hablar sobre nuestros gustos musicales.
—¿Te gustaría escuchar algo mientras conduzco?
¿Una música, entrevista o qué?
—pregunto con cariño.
—¡Claro!
Me encanta la música que tiene buen ritmo y letras inspiradoras —Liara, sonríe y asiente.
Una vez dentro del coche, selecciono la playlist favorita de ella.
Suena la primera canción happy de Pharrell Williams, comienza a sonar y, de inmediato, se le dibuja una sonrisa, coqueta.
Las melodías flotan en el aire como un abrazo cálido.
Liara no me dejaba de ver, eso me apena.
—Su cabello rubio cae desordenadamente sobre su frente, brillando como el oro bajo la luz del sol, atrayéndome de inmediato, cómo un imán irresistible.
Su camisa blanca, ajustada, que abraza su torso musculoso, dejando poco a la imaginación, provoca un cosquilleo ardiente en mi interior, y no puedo evitar imaginar cómo se sentiría tocarlo y recorrer su cuerpo.
La chaqueta de cuero negra que lleva, parece estar cargada de misterio, dándole un aire peligroso que me hace sentir un escalofrío que me eriza la piel.
Sus ojos, profundos, con mirada hipnotizante y amenazante, llenos de deseos, como si me invitarán a perderme en ellos.
La sonrisa que se dibuja en sus labios provocativos es deslumbrante, y cuando se ríe, suena como una melodía que resuena en mi pecho.
Los jeans oscuros y ajustados moldean sus piernas con una precisión que me roba el aliento, despertando en mí una mezcla embriagadora de admiración y deseo incontrolable.
Hay una chispa de confianza en cada movimiento que hace, un magnetismo que me atrae irresistiblemente hacia él.
Siento un cosquilleo recorriendo mi piel, un ardor que me hace desear acercarme más, perderme en ese instante donde el mundo desaparece y solo existimos nosotros dos —susurra Liara, mientras toca sus piernas.
Piensa que no la escucho, pero si lo hice.
Mientras conduzco, comenzamos a hablar de sueños y aspiraciones.
Liara, con una mirada curiosa, se atrevió a preguntar: —Elián, ¿te acuerdas de lo que hablaste ayer con tus amigos sobre salir de aquí y mudarte a un pueblo?
¿Es cierto eso?
—Sí, aunque se rieron, pero eso no me detiene.
Tengo una visión muy grande del éxito.
Lo único que quiero es estabilidad financiera y estar sin preocupaciones —asiento, sintiéndome motivado.
Liara me mira con una confianza que jamás imagine recibir de una persona que apenas conozco.
Me ha dado mejor atención que mis amigas anteriores.
—Confió en ti, sé que lo lograras, Elián —dice Liara con alegría—.
También tengo ganas de salir, tal vez podamos ir juntos.
¿Qué pueblo tienes en mente?
¿Montedroid, Sylas, Finyer o El Minor?
Mi corazón late más rápido ante la posibilidad de compartir esta aventura con Liara.
—Sylas suena perfecto —digo con entusiasmo.
—Sylas realmente suena como un lugar donde podríamos encontrar paz y tranquilidad —dice Liara, mirando por la ventana.
Sintiéndome cada vez más conectado a ella, respondo: —Sí, y creo que podremos hacer de ese lugar algo especial.
Imagínate, que podamos crear un nuevo comienzo.
—Me encanta la idea.
Siento que hay algo en ti que me inspira a creer que todo es posible —dice Liara, distraída por el paisaje.
El camino hacia la casa de Liara y la de mi mamá, se siente más corto, como si la música y su conversación hubieran hecho que el tiempo volará.
Ella se da cuenta que cada palabra resuena en su corazón, y su deseo de estar cerca de mi crece cada vez más.
Al llegar a la casa de Liara, me detengo y la miro con una mezcla de emoción y seductora.
Sintiéndose atrevida.
Se inclina hacia mí, como si estuviera a punto de darme un beso en la boca, queriendo probar el sabor de mis labios.
Sin embargo, me muevo un poco hacia atrás, esquivando el momento con una odiosidad juguetona, buscando provocarla y descubrir cómo reaccionaría.
Se sintió un poco molesta y, con un gesto rápido, abre la puerta del coche y pone su pie afuera.
Antes de que pueda salir por completo, le tomo el brazo y le digo: —No te molestes, me gusta joder a mis posibles amigas favoritas.
No pudo evitar sonreír.
Con una sonrisa falsa, aun siguiéndo molesta.
Con mi mirada penetrante y una sonrisa pícara, añadí: —Adiós chispita, mientras le guiño un ojo y suelto una sonrisa juguetona.
Se va hacia su casa, que está justo al frente, y mientras camina, la escucho decir: —¿Posible amiga?
¿Y yo, como estúpida, enamorándome de él?
No le paro mucho a lo que dice.
Por mi parte, continuó mi camino hacia la casa de mi madre, mi mente está llena de ideas, sobre cómo hacer que mi viaje se haga realidad.
Al llegar, bajo del carro con alegría al ver a mi madre, ella ya me está esperando en la puerta y me recibe con un gran abrazo.
—Hijo, gracias a Dios llegaste, ¿cómo te fue en la universidad?
Cuéntame —pregunta con entusiasmo de volver a verme—.
Te necesitaba, hace tiempo que no te veía.
Además tu mejor amiga me llamó hace rato, me dijo que ya tiene un nuevo número.
Debes llamarla cuando puedas, porque se fue a un pueblo a estudiar.
Siento el peso de las palabras de mi madre.
Así que respiro y respondo a cada una de sus preguntas: —Me fue muy bien, compartí hoy con una chica y sí, yo lo sé, mamá.
Me he estado alejando, pero necesito reconectar con las personas más importantes de mi vida.
Llamare a mi amiga cuando pueda.
Mi corazón se siente desordenado sentimentalmente por dentro.
Por fuera, trato de mantener la calma, pero mi mente no puede dejar de pensar en Aislinn Baéz, mi mejor amiga.
Cuando me siento en la cocina, reflexiono sobre Liara.
—A ella solo la quiero como amiga, es guapa, pero no me atrae —me digo a mí mismo.
Hace tiempo que no pienso en mi mejor amiga, y la idea de llamarla me cruza al instante.
—Quizás debo hacerlo —pienso en voz alta.
Mi madre, que estaba cerca, escucho y preguntó: —¿Qué dijiste, Elián?
—No, nada.
Olvídalo mamá —respondo rápidamente, tratando de desviar la conversación.
—Ven, ayúdame a cocinar —dice mi madre, cambiando de tema.
Automáticamente, me levanto para ayudar a picar.
Picando los vegetales, ella comenta: —Hijo, tengo ganas de irme y vender la casa.
Tal vez me mude a Londres con unas amigas.
Con el dinero puedes buscar un lugar más amplio para ti.
Al escuchar eso, Sentí que mi idea del viaje a Sylas se vuelve más urgente.
—Tal vez este sea el momento de hacer algo demasiado grande —pienso, con alegría.
Al mismo tiempo la emoción y la incertidumbre se mezclan en mi corazón.
La posibilidad de un nuevo comienzo, me llena de esperanza, y sé que debo actuar pronto para hacer realidad mis sueños.
Sonrío, diciéndole a mi madre: —Que bueno, mamá.
Espero que te vaya bien por allá.
Solo quédate para mi graduación, que es en dos semanas.
Justo en ese momento, el celular de casa sonó, interrumpiendo mis pensamientos.
Me levanto rápidamente para contestar.
Al principio dudo si hacerlo, pero mi madre me grita que lo haga antes de que se acabe la espera.
—Hola, buenas noches, con los Valteris —digo con entusiasmo.
Al otro lado de la línea, escucho la voz familiar de Aislinn.
La voz es dulce y brillante.
—Hola, Elián ¿Cómo estás?
—Mi corazón da un vuelco al reconocerla.
—¡Hola!
¿Quién es?
¿Aislinn, la reina de las sorpresas?
Si no traes un regalo, ¡no sé si quiera saberlo!
—respondo con un tono burlón.
—Elián, deja tus bobadas a un lado y hazme el favor y te comportas serio —dice totalmente seria.
—Está bien, como mandes, pero no me hables así tampoco, no ves que me duele, dejas herido mi corazón.
—¿Sigues con tus estupideces?
Estoy hablando en serio, Elián, tengo cosas por contarte —responde, casi rogando.
Hubo un breve silencio, y siento una mezcla de sentimientos: de alegría y tristeza, recordando que nuestra conexión, no puede ser más que una linda amistad.
—¿Estás ahí, Elián?
—pregunta Aislinn, rompiendo el silencio que se ha creado.
—Si Aislinn, aquí estoy.
¿Qué es lo que me tienes que decir?
—respondo serio.
—Bueno, como te decía amigo, tengo muchas cosas por contarte —dice contenta, y a la vez con tristeza.
Mi corazón late más rápido de lo normal, pienso en todo lo que quiero compartir con ella.
—Dime Ali, estoy muy ansioso por saber de ti, ¿deberíamos ir a comer a la casa del paladar y hablar de todo lo que nos ha sucedido en tanto tiempo?
—Añado, interesado en escucharla.
«La vida está llena de sorpresas, y yo estoy listo para enfrentarlas, ya sea en el camino hacia Sylas o el encuentro con mi mejor amiga».
Pienso.
¿Qué me depara el destino?
Siento un nudo en el estómago al escuchar la voz de Aislinn.
—Nos podemos ver un día de esto —sugiero con esperanza.
—No, ya no estoy en New York, me vine para un pueblo, por eso te estoy llamando, porque de tu parte nunca me llamarías, ¿o te atreves a venir y así pasamos momentos juntos?
—¿En qué pueblo estas?
—Mi corazón dio un cambio inesperado —En Sylas.
Sé que cada palabra de Aislinn resuena en mí ser, y mientras pienso en ella, siento una mezcla de emoción y tristeza.
La conexión entre nosotros es especial, y aunque la distancia nos separe, nuestra amistad sigue siendo un refugio en el que ambos podemos encontrar consuelo y alegría.
—Me verán siempre como un ángel, pero en realidad soy el demonio que hará lo que sea por verte feliz.
Tú, mi mejor amiga, podrás conocer mi verdadera esencia y quizás no lo pienses al principio, pero te darás cuenta de que soy el mismo diablo, dispuesto a defenderte y a no permitir que nadie te toque —Me expreso por teléfono con mi verdadera actitud maliciosa.
—Elián, creo que necesito tiempo para procesar todo esto, lo que dijiste —dice, su voz temblorosa resonando en mi mente.
—Lo entiendo, Aislinn, pero por favor, ten cuidado.
Hay cosas que no te he contado, y no quiero que te involucres más de lo necesario —advierto, con seriedad.
Su curiosidad se mezcla con preocupación.
—Elián, dime ¿Qué está pasando?
Por favor, me estas asustando —dice, su voz se torna más urgente.
—Bueno, Aislinn, necesito que me escuches con atención.
No es solo una corazonada; hay algo sobre tu novio que está ocultando —digo, intentando controlar la urgencia en mi voz.
—¿De qué hablas?
¿Por qué siempre piensas lo peor?
Siempre cuando tengo novio te metes y dices cosas sin sentido como si no quisieras que yo tuviera novio —dice, su tono se vuelve a la defensiva.
—Porque lo he visto.
Lo vi anoche hablando con alguien en la calle, y su actitud era…
Sospechosa.
No puedo explicarlo, pero sentí que ocultaba algo —Siento cómo el sudor comienza a correr por mi frente.
—Elián, eso no significa nada.
Tu siempre con tus bobadas ¡Estas exagerando!
—responde, aunque puedo escuchar un leve temblor en su voz.
—Escúchame.
Él no es quien dice ser.
Sí, te he visto sonreír cuando hablas de él, pero hay algo en sus ojos que…
demuestra que miente.
No quiero que te haga daño y más que el…
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