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Con solo imaginarte - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Los secretos nunca esperados
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4: Los secretos nunca esperados 4: Los secretos nunca esperados Hubo un silencio inquietante del otro lado de la línea.

Finalmente, ella respira hondo, como si estuviera tratando de procesar mis palabras.

—¿Qué quieres que haga?

¿Qué rompa con él solo porque tú lo dices, estúpido?

Elián, ya deja tus babosadas.

—No quiero que rompas con él sin razón, pero te pido que estés alerta.

Justo hoy me enteré de que desapareció una chica por donde vivías…

y su novio era el último en verla —digo, sintiendo cómo la presión aumenta entre nosotros.

—Eso es solo una coincidencia —dice, su voz se quiebra.

—No lo es, su nombre era Valeria y…

—dudo antes de continuar—.

Tenía exactamente tu edad y las mismas característica físicas y él novio de ella es amigo del tuyo.

Ella aun piensa, que estoy jugando, pero ahora, puedo escuchar con más claridad su respiración agitada al otro lado de la línea.

—Elián…

esto es serio.

¿Estás seguro de lo que dices?

—Estoy muy seguro.

Necesito que te mantengas cerca de mí o de alguien en quien confíes.

Aislinn, por favor, no te quedes sola con él cuando se vean —le advierto, sabiendo que estoy cruzando una línea peligrosa.

Su voz toma un giro más desafiante: —Cuidado con lo que dices, Elián.

Si llegas hacerle algo a mi novio porque piensas que me va hacer daño, ya verás…

tú solo porque dices que eres un demonio por dentro y un ángel por fuera —dice con una voz desafiante y amenazadora—.

No quiero imaginarme lo que harías porque se, lo que eres capaz de hacer.

Si me entero de que has hecho algo estúpido, te denunciaré.

Siempre que estoy con alguien tú dices cosas malas, como si quisieras que no estuviera con nadie y ya no aguanto más estas situaciones contigo.

Sentí un nudo en mi garganta; sabía que sus palabras venían del miedo y frustración.

—No quiero hacerle daño a nadie; si no me provocan, obvio.

Yo solo quiero protegerte —respondo con total sincerida—.

Pero si me equivoco con lo que digo, estaré feliz; pero si tengo razón…

necesitamos estar preparados para cualquier cosa.

El silencio se hace pesado entre nosotros y su respuesta apenas llega como un susurro: —Si, estúpido prometo tener cuidado, pero tenga en cuenta que por ti yo no voy a dejar a mi novio.

No eres nadie para que me digas que hacer, eres solo mi amigo.

Cuelgo de inmediato, con el ánimo por el suelo, sin ganas de respirar, no aguanto más.

Me entran las ganas de llorar, y de pensar que yo soy solo su mejor amigo, y que me haya tratado como si no lo fuera.

Yo solo la quiero defender, de lo que estaría por pasar.

Mi mente sigue dando vueltas por lo que revelé.

Me siento mal, solo porque me dijo que no era nadie para opinar.

Bueno, total Aislinn sabrá lo que hace.

Con mi corazón destrozado trato de no sacar ni una sola lagrima para que mi madre no note que ando fatal.

Empiezo a cenar con mi madre.

Todo lo que me habla lo escucho cómo de lejos, porque en este momento estoy en shop, ni le doy atención a lo que me dice.

—Elián, Elián, ¡Elián!

—La voz de mi madre resuena en la cocina, cada vez más fuerte.

Un manotazo repentino que da sobre la mesa hace que sobresalte, como si un trueno hubiera estallado en el silencio—.

Escúchame, por favor…

—Mamá, ahora sí, dime.

Perdón, estaba pensando en otras cosas —cerrando los ojos fuertes mientras muevo la cabeza como si intentara borrar las imágenes de mi mente.

—Hijo, te estaba diciendo que dentro de un mes será mi viaje, un chico me escribió y va a comprar la casa.

La semana que viene y necesito que me dejes quedar en tu apartamento mientras me voy.

—Esta bien, mamá.

Solo déjame arreglar tu habitación para cuando llegues, ya esté lista —respondo con ánimo y el deseo de tener a mi madre junto a mi otra vez—.

Terminé, Dios me le pague, ven y te ayudo a lavar, antes de irme.

—No, hijo ven y lo hago que eres el invitado —Me quita los platos de la mano —Mamá ven y lo hago —le digo, quitándole los platos a ella.

Termino de lavar.

—Me tengo que ir, nos vemos pronto mamá —respondo con un beso en la mejilla.

La noche está oscura y solitaria.

Caminando hacia el apartamento, empiezo a pensar en Aislinn, ≪yo la amo, pero no puedo estar con ella.

¿Y si con solo imaginarla, puedo hacer que se haga realidad, lo que quiero tener con Aislinn?

Ja, si fuera así de fácil≫.

Dudo con una sonrisa en mis labios poco creíble.

—Ya va, un momento —me digo a mí mismo—.

Si paso más tiempo con ella, ¿Podría enamorarla?

¿Será posible?

Al llegar al departamento, la llave gira en la cerradura con un sonido metálico que resuena en el silencio del apartamento.

Me dirijo a la cocina, y empiezo a recalentar una comida, el olor a recalentado me golpea, un olor nauseabundo que me hace dar vueltas en el estómago.

El plato de pasta, un monumento a la cena que no quiero, se ve como una montaña insalvable.

Las ganas de no comer y el peso de la frustración decido irme hacia mi cuarto.

Me encierro, y el golpe de la puerta, hace un eco de mi frustración.

Me desvisto con torpeza, la ropa cae al suelo como si fuera un peso que ya no podía soportar.

Me arrojo a la cama.

La oscuridad me acoge de golpe, me envuelve como un sudario caliente mientras mi vista se pierde en el techo ciego.

Seguir pensando en Aislinn me inunda.

Sus ojos, dos pozos profundos de un azul intenso, como el mar en un día despejado, me hipnotizan.

Su cabello, una cascada oscura que le cae por su espalda, abrazando su cintura y descendiendo hasta su trasero, creando una curva sensual y atractiva, parece moverse aun en mi mente.

Es como si la tuviera justo al frente, su sonrisa traviesa, que ilumina su rostro y me hace sentir una mezcla de anhelo y nostalgia.

Su piel, suave como el pétalo de una rosa, que me hace recordar el tacto de sus manos.

Despierto con el sonido del despertador.

Sonando insistentemente al lado de mi cama.

Me froto los ojos y, al mirar a mí alrededor, me doy cuenta de que la habitación está hecha un caos.

Ropa tirada por el suelo y libros apilados en la mesa de noche.

—¿Qué ha pasado aquí?

—murmuro para mí mismo, sintiéndome abrumado por el desorden.

Me levanto de la cama y echo un vistazo a mí alrededor, dándome cuenta de que debo hacer algo al respecto antes de salir.

Con determinación, comienzo a recoger la ropa, arrojándola a la cesta de la ropa sucia.

Luego, me dirijo a la mesa y apilo los libros, tratando de dar un poco de orden a mí espacio.

Mientras limpio, mi mente divaga hacia la reunión que tengo con mis amigos en la cafetería para planificar la fiesta de despedida de la universidad.

—Necesito estar listo para eso —digo, acelerando mi ritmo mientras coloco todo en su lugar.

Finalmente, después de unos minutos de trabajo, mi habitación comienza a parecerse a un lugar habitable nuevamente.

Satisfecho con mi esfuerzo, me doy una ducha rápida, sintiendo cómo el agua caliente me revitaliza.

Después de bañarme, busco en mi armario y elijo una camiseta cómoda, unos jeans que me quedan a la perfección y la chaqueta de cuero que no me puede faltar.

Me miro al espejo, ajustándome el cabello y asegurándome de que todo esté en su lugar antes de salir hacia la cafetería.

Estoy listo para disfrutar un momento con mis amigos.

Salgo de mi apartamento, sintiendo el aire fresco de la mañana en mi rostro.

Las calles de New York están llenas de vida, pero a medida que camino, una sensación de monotonía se apodera de mí.

Los mismos edificios, el tráfico constante y las multitudes me hacen desear un cambio.

Viendo la ciudad, empiezo a imaginar cómo sería mi vida en un pequeño pueblo, donde el ritmo es más lento y la naturaleza está más presente.

—Seria genial despertar con el canto de los pájaros en lugar del ruido de la ciudad —pienso en voz alta, anhelando un lugar donde pueda respirar profundamente y relajarme.

Cada paso que doy me recuerda lo atrapado que me siento en esta jungla de cemento, y mi mente divaga hacia la idea de escaparme a un lugar donde pueda disfrutar de la tranquilidad y la belleza del paisaje.

Deje de pensar hasta que llegue a la cafetería.

Estando en la cafetería con mis amigos, jugando cartas y tomando café, la risa y la emoción llena el aire.

El tema de la fiesta de despedida de la universidad se convierte en el centro de nuestra conversación.

—¿Qué tal si hacemos una fiesta en la playa?

—sugiere Nino, emocionado.

—Es mi primera fiesta y opino que podríamos traer música, comida y, por supuesto, unas buenas cartas para jugar —dice Rosa, entusiasmada.

Todos en la mesa riendo por descubrir el secreto de ella, que por tantos años lo ha guardado.

La siento incomoda por lo que acaba de decir.

Tal vez, fue el mejor momento que encontró para revelarlo y nosotros haciéndole burla con lo puede ser una inseguridad.

—Me gusta la idea de la playa, pero deberíamos pensar en algo más original, estable y seguro —sugiero, mientras barajeo las cartas—.

Podríamos hacer una noche de juegos atrevidos, como adultopoly, verdad o recto y a la botellita.

Cada uno podría llevar algo para tomar y beber, solo para nosotros cuatros.

—¡Eso suena genial!

—dice Rosa.

—¿Cuáles cuatro?

Si solo, estamos nosotros tres, planeando la fiesta —pregunta Nino, frunciendo el ceño con una mirada fija hacia mí.

—¡Que desastre!

Me equivoqué, solo somos nosotros tres.

Necesitamos a alguien más para completar el cuarteto para poder jugar los juegos que propuse —dije apresuradamente.

Se me ocurrió preguntarle a Rosa, si conocía a alguien que pudiera unirse.

Ella sugiere a alguien y le envía un mensaje, invitándola para la despedida de la universidad.

Por suerte, Hellen, una amiga de ella, acepta la invitación.

—Elián, ¿En qué estabas pensando, cuando dijiste que somos cuatro?

—pregunta Nino, tamborileando los dedos con impaciencia sobre la mesa.

—En nadie —digo.

Pero en mi mente, esta Liara, sin ninguna razón aparente.

Cuando mis amigos se van, decido enviarle un mensaje a Liara: ¿Te gustaría venir a la cafetería, la de El aroma?

Me encantaría hablar y tomar un café contigo.

Ella responde casi de inmediato: claro, ya voy, déjame arreglarme.

Esperándola en la cafetería, mis pensamientos vuelan hacia Liara.

Recuerdo el momento en que le dije que es mi amiga favorita; una sonrisa se dibuja en mi rostro al recordar su risa contagiosa.

—¿Cómo hemos llegado a ser tan cercanos?

—me pregunto, sintiendo una calidez que me envuelve.

Sin embargo, esa felicidad pronto se convierte en un nudo en el estómago cuando la inquietante realidad de la desaparición de Valeria se cierne sobre mí.

¿Podrá ser que el novio de Valeria, quien a su vez es amigo del novio de mi mejor amiga, esté detrás de todo esto?

La idea me atormenta.

La conexión entre ellos me deja un escalofrió.

¿Son ellos los culpables de todo esto?

¿Hay más chicas en peligro?

La angustia me consume mientras espero a Liara, la mezcla de emociones me hace sentir que el tiempo se detiene, y la ansiedad crece como una sombra amenazante.

El timbre de la puerta suena y levanto la mirada y, en ese instante, me quedo sin palabras.

Al ver a Liara entrando con un vestido azul claro que le ajusta perfectamente el cuerpo, realzando cada curva de una manera que me deja sin aliento.

Cuando me ve, su rostro se ilumina con una sonrisa.

Me levanto rápidamente, tomando su mano y besándola.

—Qué bonita estas —le digo mientras acomodo la silla para que se pueda sentar.

El aroma del café recién hecho envuelve el ambiente mientras comenzamos a conversar.

—¿Qué deseas tomar?

—le pregunto—.

¿Un café con brownie puede ser?

—¡Perfecto!

me encanta el chocolate —responde con interés.

Llamo a la mesera, que se acerca a la mesa con una confianza que captura mi atención.

Sus ojos oscuros y seductores, se posaron en mí con una intensidad que me hizo sentir un escalofrió.

Se pasa el cabello detrás de la oreja de manera provocativa, y sus labios se curvan en una sonrisa juguetona que me hizo contener la respiración.

—¿Qué deseas ordenar?

—pregunta, dejando que su mirada penetrante me envuelva como un hechizo.

—Me gustaría dos café con dos brownie —respondo, tratando de mantener la compostura mientras la tensión crece en el aire.

Liara, que observaba la interacción con un ceño fruncido, no pudo evitar intervenir.

—¿Solo eso, eh?

—dijo, con un tono que destilaba celos.

Su voz es firme y desafiante, como si quisiera marcar territorio en ese momento cargado de electricidad.

La mesera, sin perder la compostura, le lanzó una mirada de sorpresa, pero no se dejó intimidar.

—¿Algo más que quieras pedir?

—pregunta con una sonrisa de complicidad, disfrutando de la tensión palpable entre las dos.

La tención creció, y la mesera, notando el juego, se inclinó ligeramente hacia mí, como si estuviera buscando mi aprobación.

—Entonces, dos café con brownie y un toque de chocolate extra para el chico guapo —dijo, lanzando una mirada coqueta hacia mí, antes de dirigirse a la cocina.

La aprobación en su voz hizo que Liara frunciera el ceño aún más, y la chispa de celos iluminaran sus ojos.

—Parece que a la mesera le gusta jugar —murmuro, intentando aliviar la tensión.

Pero Liara no se dejo engañar.

Mientras la mesera se alejaba, Liara no pudo evitar mirar hacia la cocina, como si esperara que regresara con un mensaje solo para mí.

—Elián, ¡escúchame con atención!

¿Realmente no ves lo que está pasando aquí?

—pregunta, con frustración y celos en la voz—.

Ella está disfrutando de esto más de lo que debería.

—¿Qué quieres decir?

—respondo, tratando de entender su punto de vista—.

Solo está haciendo su trabajo.

Liara se cruzó de brazos, y coloca su mirada fija en mí.

—No es solo eso.

Cada vez que sonríe, parece que está intentando algo más.

¿Acaso no te das cuenta de la tensión que hay?

Justo en ese momento, la mesera regresa con los dos café y los brownie, balanceando la bandeja con una gracia que parece coreografiada.

—Aquí tienes, mi amor.

Espero que disfrutes de esto.

Y si necesitas algo más, no dudes en llamarme —dice, lanzándome una mirada que deja claro que no solo estaba hablando del pedido.

Liara, sintiendo que la situación se escapa de sus manos, decide actuar.

—¿Sabes qué?

Creo que necesito un poco de aire —dice, levantándose de la mesa abruptamente—.

Voy al baño.

Mientras se aleja, la mesera me mira con curiosidad.

—¿Todo bien?

—pregunta, con un tono suave.

—Si, solo…

es complicado —respondo, sintiendo que la atmosfera se torna aún más tensa.

La mesera sonríe, y en ese momento, todo cambio.

—A veces, las complicaciones pueden ser más emocionantes de lo que uno piensa —sugiere, acercándose un poco más.

El corazón me late con fuerza mientras pienso en lo que significa esto.

¿Estoy en medio de un triángulo amoroso?

Y, ¿qué pasará cuando Liara regrese?

La mesera inclinándose un poco más cerca, siento que el aire se vuelve más espeso.

En ese momento, Liara regresa, con el ceño fruncido y una determinación en su mirada.

—Ya podemos hablar nosotros —dice con un tono firme, dejando en claro que no está dispuesta a compartir mi atención con nadie más.

La mesera, notando la tensión, retrocede un paso, pero no antes de lanzar una última mirada seductora.

—Si necesitas algo más, estaré cerca —dice, dejando un rastro de incertidumbre en el aire.

Liara se sienta de nuevo, cruzándose de brazos, y se me queda mirando con una mezcla de desafío y deseo.

—No sé por qué tienes que prestarle atención a ella —dice, su voz baja pero intensa—.

Estamos aquí juntos, Elián.

Quiero que esto sea solo entre nosotros.

Siento el peso de su mirada, mientras la tensión crece.

—Lo sé, Liara.

Pero solo estaba…

—intento explicar, pero ella me interrumpe.

—Solo estaba siendo amable, ¿verdad?

A veces, creo que no comprendes lo que realmente significa esto para mí —dice, su voz cargada de emoción—.

No quiero que te distraigas con otras cosas cuando estemos aquí.

Quiero que me mires a los ojos y sepas que esto es importante.

—No me voy a distraer.

Pero también necesito entender lo que sientes.

¿Por qué esta chica te afecta tanto?

—pregunto, tratando de abrir un espacio para la sinceridad.

Liara se queda en silencio por un instante, sus ojos reflejando una mezcla de vulnerabilidad y frustración.

—Es que…

a veces siento que no soy lo suficiente.

Ella parece tenerlo todo: confianza, una sonrisa que casi ilumina el mundo.

Y yo solo…

soy yo —confiesa, con su voz temblando.

—Eres más que suficiente para mí —respondo con firmeza—.

No dejes que lo que ves en ella te haga dudar de lo que tenemos.

Lo que hay entre nosotros es real, y eso es lo que importa.

Liara me mira, y en sus ojos veo un destello de esperanza.

—¿De verdad lo crees?

—pregunta, su tono ahora más suave, como si estuviera buscando un ancla en medio de la tormenta.

—Sí, lo creo.

La amistad que compartimos es única.

Pero necesito que me hables de esto, que me digas cómo te sientes en lugar de guardártelo —le digo, buscando su mano y entrelazando nuestros dedos.

La conexión entre nosotros se siente más fuerte, y la tensión comienza a desvanecerse.

—Tal vez tengas razón.

Quizás debería dejar de compararme con ella —dice, un pequeño suspiro de alivio escapando de sus labios.

Cambiando de conversación, le pregunto.

¿Cómo es el pueblo Sylas?

Me responde, Sylas es un pintoresco pueblo rodeado de colinas y naturaleza.

El aire es fresco y puro, impregnado del aroma de flores silvestre y hierbas frescas.

Con una población pequeña, sus calles adoquinadas y casas de colores pastel crean un ambiente acogedor.

Es un lugar perfecto para trabajar y estudiar, con espacios coworking y bibliotecas que fomentan la creatividad.

Las instituciones educativas son de alta calidad, y los fines de semana, los residentes disfrutan de actividades al aire libre y ferias locales.

—Deberíamos ir a ese pueblo, ver algo diferente y olvidarnos de New York —sugiero, y no puedo evitar notar cómo sus ojos se iluminan con la idea.

Pero de repente, su expresión se torna seria.

—Elián, estoy completamente asustada por las cosas que están pasando.

Las desapariciones de las jovencitas, algunas han sido violadas y otras…

no me lo quiero imaginar —dice, con la voz entrecortada—.

El líder de esa banda es Damon Nox.

Mi corazón se acelera al escuchar ese nombre.

—Un momento, Liara, ¿te refieres a la banda Los Cuervos de Nox?

— le pregunto, mi voz firme pero con leve temblor que revela mi preocupación.

Mis manos se cierran en puños, sintiendo la adrenalina correr por mis venas.

—Si de esa banda estoy hablando.

Valeria es la última chica desaparecida hasta ahora —asiente, su rostro pálido como el papel—.

No se sabe si sigue viva, pero se dice que la última persona que la vio fue Damon Nox, su novio.

—Así le conté a mi mejor amiga sobre lo que le paso a Valeria, y le advertí que tuviera mucho cuidado, porque tengo la corazonada que su novio es un miembro de la banda —digo, sintiendo un nudo en el estomago.

—A mi me agarró uno, pero logré zafarme porque le mordí el brazo —comenta Liara, su voz temblando mientras recuerda el momento—.

Salí corriendo a la casa de una vecina, y al verme, se asustó y me pregunto: ≪¿Qué haces aquí?≫.

Su expresión refleja todavía el miedo que siente, y continúa: Le respondí a la señora, aún agitada: ≪Me están persiguiendo≫.

Intento tranquilizarme, pero la adrenalina corre por mis venas, y el terror sigue apoderándose de mí.

La miro fijamente, sintiendo cómo la furia arde en mi interior.

Mi voz se torna profunda y amenazante.

—¿Le viste la cara?

—le pregunto, con la furia creciendo dentro de mí.

—Elián, no estás escuchando.

Él me tenía agarrada, y en ese momento, lo único que pude pensar era en escapar.

Cuando lo mordí, no quise mirar atrás, no quería ver lo que había detrás de esa capucha negra que cubría su rostro como un espectro.

Siento que la oscuridad de su mirada me persigue —dice, con el miedo reflejado en sus ojos—.

Conozco a algunos miembros de la banda, y sé que no se detendrán, fui novia de uno de ellos, y eso solo lo hace más aterrador.

—Liara, lo que te hicieron es intolerable.

Te prometo que no descansare hasta que cada uno de esos cabrones pague por su acción —digo, con determinación y furia en mi voz.

Continuando, le digo: —No solo los voy a encontrar, los haré sufrir uno por uno.

No permito que nadie te vuelva a maltratar.

Eres parte de mi reino, y protegeré lo que es mío con la fuerza de un verdadero demonio.

No estás sola en esto; estoy contigo, y juntos haremos que se arrepientan de haberse cruzado en nuestro camino.

—Gracias, Elián.

Saber que estas a mi lado me da fuerzas.

No sé qué haría sin ti —dice, con la voz temblorosa y los ojos llenos de emoción—.

Pero no sé si eso es lo correcto.

No quiero que te pongas en peligro por mí.

—¿Conoces los nombres?

¿Cómo son en realidad?

¿Qué sabes de ellos, Liara?

—le pregunto, la furia creciendo dentro de mí.

Liara respira hondo, sintiendo el peso de la verdad en su pecho.

—Es el momento de desvelar los secretos que han estado guardando —dice, con su voz firme—.

Comienza a describir a los miembros de la banda.

“Los Cuervos de Nox, la más temida banda de New York, son un grupo de sombras, cada uno con un pasado oscuro y secretos inconfesables.

Sus rostros son difíciles de recordar, como si estuvieran envueltos en niebla.

Se dice que sus nombres son irrelevantes; lo que importa es su conexión con la banda y la lealtad que muestran hacia Damon.

Sus ojos son fríos, y sus sonrisas, inquietantes, como si disfrutaran del miedo que inspiran.

Damon Nox, el líder principal, se erige imponente antes ellos.

Su cabello negro cae desordenado sobre su frente, y sus ojos grises brillan con una intensidad inquietante.

Su sonrisa, encantadora pero fría, revela un aire de peligro.

Viste siempre de negro, con una chaqueta de cuero que parece absorber la luz, lo que acentúa su presencia amenazante.

Es un depredador disfrazado de amigo, capaz de manipular a quienes lo rodean con una facilidad escalofriante.

A su lado está Royner Varela, su mano derecha.

Royner es más bajo que Damon, pero su físico es robusto y musculoso.

Tiene una mandíbula marcada y una mirada feroz que no deja lugar a dudas sobre su lealtad.

Su cabello corto y desordenado enmarca un rostro lleno de cicatrices, cada una de ellas una historia de batallas pasadas.

Viste de manera casual, con camisetas oscuras y jeans desgastados, pero siempre lleva un aire de amenaza que lo rodea.

Es el tipo que siempre está listo para actuar, un guerrero en la sombra.

Liara se vuelve hacia a mí, sus ojos reflejando una mezcla de determinación y miedo.

—Elián, hay algo más que debes de saber —dice, su voz baja pero firme—.

Tu amigo Dorian es uno de ellos.

Lo sé porque lo vi reuniéndose con uno de ellos.

El otro…

no lo reconocí, es muy difícil de identificar.

Pero hay algo en su manera de actuar, en cómo se mueve, que me dice que lo conozco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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