Con solo imaginarte - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Recuerdos de un pasado olvidado
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5: Recuerdos de un pasado olvidado 5: Recuerdos de un pasado olvidado Frunzo el ceño, golpeo la mesa con fuerza, haciendo que algunas tazas tiemblen.
—¡No voy a dejar que se salgan con la suya!
—exclamo, sintiendo cómo la rabia hierve en mis venas—.
Si están jugando con nuestras vidas, ¡haré que lo paguen!
Es hora de desatar mi verdadero demonio y hacer que sientan el peso de sus acciones.
Liara se estremece, pero su mirada se mantiene firme.
—Elián, debemos ser cautelosos, no podemos actuar impulsivamente…
—Cautelosos, sí —la interrumpo —.
Pero no pasivos.
Juntos, encontraremos la verdad y les haremos pagar.
No descansaré hasta que lo hagan.
Ellos no saben con quién se está metiendo.
Justo en ese instante, Dorian entra y pasa por nuestra mesa, interrumpiendo la tensión.
—Elián, amigo ¿todavía sigues con la estúpida idea de viajar?
—dice Dorian con desdén.
—Ese no es tu problema.
Mejor vete, antes de que se arme algo —le respondo, con un tono amenazador.
—Ay, sí, mucho miedo.
Espero que no me hables feo, sino verás las consecuencias —dice, con su voz fría y amenazante, como si una presencia oscura se hubiera apoderado de él.
Me levanto y me pongo frente a él con firmeza.
—Hazlo de una vez.
Dejes de estar diciendo cosas para hacerlas a futuro.
Hazlo, quiero verlo, o es que tienes miedo de que te vean, nena —dije, con la mirada fija hacia él.
—Oh, por favor, ¿qué vas hacer?
¿Llorar hasta que me dé pena?
—pregunta, con un tono burlón, mostrando su sonrisa maliciosa.
—Nada que te importe, mejor prepárate, porque lo que viene no será nada bonito para ti.
Vete, no quiero verte —dije, con un tono desafiante.
Mientras Dorian se aleja con una risilla silenciosa, siento la tensión en el aire.
Miro a Liara, y en sus ojos veo una mezcla de miedo y gratitud.
Ella se relaja un poco, y yo se que debo protegerla, no solo de la amenaza externa, sino también de las sombras que se ciernen sobre Liara.
El tiempo avanza con una lentitud casi palpable.
La cafetería, antes bulliciosa, se vacía gradualmente, dejándome solo en la mesa con Liara.
El cielo se tiñe de un anaranjado profundo, salpicando de matices púrpuras que iluminan el atardecer con un brillo casi mágico.
Tomo la mano de Liara, sintiendo su calidez, y al salir, comenzamos a caminar por las calles vibrantes de New York.
—Quiero que me viaje a Sylas sea rápido.
¿Me puedes acompañar?
—le digo, con una mezcla de emoción y nerviosismo, burbujeando en mi interior.
—¡Sí, Elián!
—responde ella, sus ojos resplandecen con entusiasmo.
De repente, un cambio inesperado la atraviesa, como si una corriente eléctrica la recorriera.
Su expresión se torna seria, y con un brillo decidido en la mirada.
—Debemos investigar más sobre ellos —dice, su voz resuena con una mezcla de determinación y ansiedad.
Liara toma mi mano con fuerza, buscando seguridad en mi presencia.
Sus ojos reflejan una mezcla de miedo y valentía.
—Tranquila, chispita —dije, sonriendo—.
Mi momento ha llegado, y es hora de descubrir la historia de cada uno y cómo llegar a ellos.
—Ten cuidado, Elián —me advierte, su voz un susurro de preocupación.
—No te preocupes, chispita.
Soy tu protector.
Seré el diablo para quien intente tocarte.
Naciste para mí y yo para ti.
No dejaré que te hagan sufrir.
—Eres tan hermoso —dijo, su voz tan suave como la de un ángel.
—Vamos te llevo a casa, Liara —sugiero, con felicidad dentro de mí.
Mientras caminamos, nuestras risas resuenan en el aire, y las miradas de los transeúntes parecen decir que estamos locos.
Nos sentamos en un parque, contemplando el atardecer hasta que la oscuridad se apodera de la calle, y la luna desaparece tras las 10.
—Elián, tengo miedo —confiesa Liara, su voz temblorosa.
—Estoy contigo.
Vamos a casa —le respondo, apretando su mano con firmeza.
Al llegar la puerta, liara me dice: —Fue un gusto tomar café contigo, aunque esa mesera me molesto.
Me divertí mucho.
Me siento segura contigo.
Con un brillo especial en sus ojos, nos despedimos con un beso en el cachete.
Cuando confirmo que entra a su casa, me dirijo a investigar todo sobre cada integrante de Los Cuervos de Nox.
—Quiero saber de Aislinn; cada vez que la veo, me enamora más.
Esa es la chica que deseo en mi vida —me digo así mismo—.
Sería el chico más feliz si estuviera a su lado.
Saco mi teléfono y miro una foto de ella, incapaz de dejar de imaginar una vida juntos, llena de momentos inolvidables.
Recorriendo cada rincón de la ciudad, vigilando los callejones en busca de rastros de ellos, me acerco con cautela, sintiendo que cada sombra podría ocultar un peligro inminente.
La atmósfera es densa, cada sonido resuena en mis oídos como un eco de advertencia.
Mantengo mis sentidos alerta; el olor a humedad y descomposición de la calles sin salida, me recuerda en lo que estuve involucrado.
Avanzando, me imagino a ellos, a Los Cuervos de Nox, acechando en la oscuridad.
—¿Dónde estarán?
¿Qué estarán tramando?
Las ganas de saber me consume —me pregunto.
Al llegar a casa, busco el cofre que he guardado en el armario durante años.
Lo saco y, sin dudar, lo rompo, ya que he perdido las llaves.
Comienzo a sacar papeles, notas que he escrito, pero me detengo al encontrar una carta nunca entregada.
Es muy difícil querer a quien no te quiere porque te dañas sin pensarlo Un amor desde niños muy poco se ha visto; por eso es que sigo luchando para un día poder tenerla.
Al abrir el papel, las lágrimas comenzaron a caer mientras leo mis propios sentimientos escritos en esas líneas llenas de anhelos no expresados.
Aun no recuerdo el motivo del cual nunca se la entregue.
Tal vez fue, porque no quería dañar la amistad o nunca tuve la oportunidad de poder dársela.
Al leer esta carta me doy cuenta que desde mis 16 años recuerdo claramente cuando me enamore de ella, de mi mejor amiga.
Te amo, te amo desde el momento en que cruzaron nuestras miradas.
Cada instante que hemos compartido se ha vuelto un tesoro en mi corazón, y no hay palabras suficientes para expresar cuanto me importas.
Me duele admitirlo, pero perdóname; sé que de una mejor amiga no se debe enamorar, y sin embargo, aquí estoy, atrapado en este torbellino de sentimientos que no puedo controlar.
Quiero confesarte que guardaré este amor en lo más profundo de mí ser, ocultándolo para proteger nuestra amistad.
Te protegeré y te amaré en silencio, mientras mis pensamientos tejen sueños de una vida juntos que no podré vivir.
Aislinn Baéz, eres el amor de mi vida, pero también sé que mereces encontrar a alguien que te ame sin reservas, alguien que no se detenga por el miedo a perderte.
Soy solo un niño de 16 años, sintiendo un amor verdadero que me consume, y cada día es una lucha por no dañar lo que tenemos.
En cada latido, en cada suspiro, siento el peso de lo que podría ser, un anhelo que me envuelve en tristeza.
Esta carta es un susurro de mi alma, un grito ahogado de lo que nunca podré decirte en voz alta.
Me seco las lágrimas y, sigo buscando entre los papeles, pero ninguno me sirve, ya que todos los que he encontrado me hablan de Aislinn; ella, la niña de mis ojos, el amor de mi alma; es por la que muero y seguiré muriendo.
¿Cómo un amigo se puede enamorar de su mejor amiga?
≪El amor no correspondido es la llaga abierta que te niegas a curar.
No es una droga, es el ciclo infinito del “casi”, donde la persona que te ignora se convierte en la única razón por la que te levantas.
Es tu obsesión más hermosa y tu castigo más dulce, porque sabes que la esperanza de un día tenerla es más intensa que cualquier realidad que puedas tocar≫ En un momento de distracción veo una cajita que dice pasado.
Comienzo a sacar los documentos doblados que hay en ella, esperando encontrar algo sobre Los Cuervos de Nox, pero solo descubro recuerdos.
Nota: En un intento por escapar de la realidad y vengarme de quienes me han hecho daño, he creado una banda llamada Celda del Infierno.
Recuerdos de aquel chico que fui, regresan a mí con una intensidad casi palpable.
Al levantarme la camisa, mis ojos se detienen en la cicatriz que adorna mi costado, y una sonrisa traviesa brota en mi rostro.
Fue un momento estúpido, pero inolvidable.
Recuerdo cuando mi mejor amigo y yo decidimos jugar a cuchillito, un juego que prometía valentía y risas.
Cada desafío era un grito de adrenalina, un baile entre el riesgo y la diversión.
Nos retábamos, riendo como locos, sintiendo que el mundo nos pertenecía.
En un momento de distracción, me apuñaló sin querer.
La punzada me sorprendió, pero antes de que el miedo se apoderara de nosotros, mis amigos se apresuraron a desinfectar y curar la herida.
Esa cicatriz, que podría haber sido un error, se convirtió en un símbolo de nuestra amistad y de la locura de la juventud.
Cada vez que la miro, revivo la alegría de aquellos días despreocupados, donde la risa siempre encontraba su lugar.
—Cuánto te necesito Pancho, de verdad que sí —susurro, la voz quebrada—.
Necesito resolver esto para proteger a mis amigas.
Espero que desde el cielo me estés escuchando.
Con manos temblorosas, abro una caja pequeña que dejé en el suelo.
Allí está: mi propia daga, el símbolo de mi renacimiento como el chico malévolo que alguna vez fui.
La hoja, forjada en acero pulido, brilla con un destello casi hipnótico, como si latiera con vida propia.
Al sacarla, siento el peso del acero en mi mano, un equilibrio perfecto entre fuerza y elegancia, reflejando la oscuridad que me habita.
La empuñadura, grabada con símbolos que susurran secretos de mi pasado, se ajusta a mi palma como un viejo amigo que me invita a volver a mis orígenes.
Cada curva de la hoja cuenta una historia de mis batallas, de mis victorias y de esa chispa de malicia que siempre me acompaña.
La punta, afilada como un susurro de venganza, promete que está lista para desatar el caos.
Al sostenerla una mezcla de poder y determinación me envuelve; la daga no es solo un arma; es mi legado, mi conexión con el chico que desafía al mundo.
Esta vez, voy a dejar que esa oscuridad resurja y guiarme en mi camino.
—Tengo una furia, que me está recorriendo por todo el cuerpo —digo.
mis puños se cierran con fuerza—.
Deseo ir a buscarlo y acabar con ellos una vez por todas.
La furia que me consume la boto con un puñetazo fuerte en el piso, resonando como un trueno en la silenciosa habitación.
El sonido hace vibrar el aire, y un papel que esta en el suelo se agita.
Lo agarro y lo llevo a mi nariz, inhalando el aroma del papel, un olor a tinta y a recuerdos oscuros.
Con las manos más temblorosas, abro el papel y empiezo a leer, las palabras parecen cobrar vida, susurrando secretos que alimentan mi tormento interno.
Yo, Elián Valteris, llevo el peso del sufrimiento infligido por mi padre; cada golpe recibido es como un fuego que arde en mi interior, una furia que se alimenta de mi dolor.
Creare una banda, será la mejor de todas, esto se convierte en mi objetivo; será mi venganza, una forma de hacerles pagar por cada cicatriz que llevo grabada en mi alma.
Todo aquel que me haga daño pagará, y el primero será mi padre.
La furia me envolvía cada vez más, llegando al punto de estallar.
Arrugo el papel y, sin pensarlo dos veces, lo arrojo contra la chimenea para quemar todo lo escrito, menos la carta de Aislinn.
Esa carta se queda, por si llego a tener la valentía de entregársela.
Respiro profundo y el recuerdo de aquella vez me envuelve como una sombra espeluznante, cuando mate a mi padre a los 16 años; las imágenes se graban en mi mente como si hubiese sucedido ayer.
Lo agarre y lo golpeaba varias veces, mientras mis amigos lo sujetaban con fuerza.
Con la punta de la daga, lo rasgaba con furia y sin compasión, la sangre emanando de su cuerpo, sus gritos desgarradores resonaban en mis oídos, llenándome de un placer oscuro mientras le clavaba la daga una y otra vez.
Mi rostro y cuerpo se bañaban de su sangre, mientras disfrutaba ver su sufrimiento y agonía.
Escuché sus últimas palabras, acompañadas de una risilla burlona «te pudrirás en el infierno, eres el diablo, siempre serás una marica».
En ese instante, estalle de ira y le respondí: «sí, soy el diablo, nos vemos en el infierno, hijo de perra».
Y, en un impulso, pasé el filo de mi daga por su cuello, haciendo un sonido gutural al terminar el corte.
Su cuerpo cae desplomado haciendo un charco de sangre en el suelo, mientras que los perros de la calle se acercaron rápidamente para comenzar a devorarlo.
Ladeo la cabeza, intentando borrar los pensamientos que me atormentan, pero la rabia brota de mí como un volcán a punto de erupciones.
Busco a mí alrededor, anhelando algo, alguien, a quien descargar mi furia.
Sin pensarlo, me lanzo contra la pared, golpeando con toda mi fuerza, hasta romperme los nudillos.
—Me estoy haciendo tanto daño al recordar el pasado atormentado —confieso, pegando mi cabeza con la pared.
Las ganas de descubrir sobre la banda de Damon me invadían de nuevo.
—Me convertiré en diablo de nuevo, para proteger a mis niñas —digo, con una risita peligrosa.
Miro hacia la ventana, observando la noche oscura, envuelta en neblina.
Las nubes ocultan a la luna, creando una atmósfera que evoca una historia de zombis, donde yo soy el único sobre viviente.
A lo lejos, se escuchan los ladridos de los perros de mis vecinos que rompen el silencio, y me imagino que podría ser alguien de la banda reuniéndose en una de las esquinas de la ciudad.
La curiosidad comienza a crecer en mi mente, y pienso en salir a averiguar a qué le ladran.
Pero me detengo.
—No estoy en condiciones, mejor no —digo en voz alta—.
Me quedaré en casa.
Decido darme una ducha fría para despejarme.
Al caer el agua sobre mi cabeza, me quedo paralizado, sintiendo cómo recorre todo mi cuerpo.
Secándome, mis pensamientos se desvían hacia Liara y Aislinn.
—Mis niñas no pueden enterarse de lo que planeo hacer.
Ellas son mi luz en esta oscuridad, y no permitiré que les hagan daño, ni de mi parte.
Al salir del baño, unos golpes en la puerta de entrada me hacen detenerme.
Quedo en shock, esperando si vuelven a sonar, pero el silencio se apodera de la casa.
Al no volver a escuchar ningún toque, me coloco un mono deportivo y empiezo hablar solo: —Aislinn, Aislinn, ¿cuánto quisiera estar contigo?
—reitero con un suspiro—.
Te miro mil veces y mil veces me encantas.
¿Qué importa si duermo o estoy despierto?
Cuando estoy despierto solo tengo pensamientos de ti, y cuando duermo, solo sueño con tenerte, anhelando atraparte en un mundo donde solo existamos tú y yo.
Finalmente, me dejo caer en la cama, concentrando mi mirada en el techo.
—Mañana será otro día; investigaré mejor sobre «Los Cuervos de Nox».
Las pagarán —me lo propongo—.
Debo prepararme.
La noche avanza, y el silencio se hace más profundo.
Mis pensamientos danzan entre el deseo por Aislinn y la inquietud por lo que esta sucediendo en la ciudad.
El eco de los rumores sobre la banda resuenan en mi mente, y la idea de que un miembro de ellos esté cerca me mantiene en un estado de alerta constante.
No he podido dormir; la maldita noche se me está haciendo larga.
El aire se vuelve más denso, cada segundo parece como una eternidad, y el miedo se agita en mi pecho como un animal salvaje, deseando escapar.
Cada sombra parece cobrar vida, la espera es agonizante, y en cada latido de mi corazón, el terror se acerca más y más, como un susurro que se convierte en grito.
¿Qué me depara esta noche?
¿Seguiré siendo un prisionero de mi propia mente, o encontraré la fuerza para enfrentar lo que venga?
La luz del sol se filtra a través de las cortinas, despertándome de un sueño intranquilo.
Busco el teléfono con desesperación; al encontrarlo, me doy cuenta de que es tarde, y lo que había planeado para la mañana no lo cumplí.
La frustración me inunda como un río desbordado, un recordatorio de oportunidades perdidas.
—Aún me queda todo un día por delante, y cada segundo cuenta para lograr lo que me propuse —aseguro.
Con un suspiro profundo, me levanto de la cama, estirándome, listo para enfrentar lo que vega y aprovechar al máximo cada instante.
Camino al baño, me pierdo en mis pensamientos, en cómo voy a lograr la búsqueda de cada intrigante de la banda.
Me doy una ducha y bajo a la cocina, cuando me encuentro con la sorpresa de mi madre haciendo el desayuno.
El aroma a café recién hecho llena el aire.
—Mamá, ¿cómo entraste?
—Pregunto, sorprendido, frunciendo el ceño al ver su sonrisa traviesa mientras coloca los platos en la mesa.
—Se dice Buenos días, primero, grosero —responde, riendo suavemente mientras revuelve los huevos en la sartén.
—Buenos días, mamá, perdón.
Pero ¿cómo entraste si no te di las llaves?—me siento en el comedor, intrigado.
—Hijo, fui quien te ayudó a conseguir el departamento, tengo las otras llaves —me mira con complicidad, cruzando los brazos—.
Ahora, desayune antes que se enfrié.
Desayuno con prisa, disfrutando de cada bocado, y subo de nuevo a mi habitación.
Decido revisar mis notas sobre la investigación.
Me siento en la mesa y abro mi cuaderno donde he anotado cada detalle que he podido recopilar.
Los nombres, la banda…
solo me falta averiguar más sobre Dorian y el anónimo y su punto de concentraciones.
—¿Qué estarán tramando?
—murmuro mientras subrayo un nombre que ha aparecido repetidamente: Royner Valera, un conocido de la banda que tiene fama de ser peligroso, mano derecha de Damon, y el muy desgraciado es novio de mi mejor amiga.
Mientras leo, una idea comienza a tomar forma en mi mente.
Me acercaré a Dorian e investigare al anónimo.
Enciendo mi computadora y empiezo a buscar en redes sociales.
Encuentro varias fotos de Dorian con amigos, pero lo que más me llama la atención es una publicación que muestra a Royner y Damon en una fiesta.
Al lado de ellos, veo a un chico encapuchado.
—Parece a Nino, no creo que esté becerro esté involucrado también —frunzo el ceño.
Decido tomarle una foto a la imagen, para compararla con otras que investigaré.
Al tener todos los detalles anotados, estudiare a Nino en la fiesta de despedida.
Sigo investigando sobre los siguientes integrantes y, en las diferentes imágenes, el mismo chico parecido a Nino seguía saliendo con la capucha.
—Este tipo que esconde —Acercándome a la pantalla de la computadora.
Sintiendo como la curiosidad me consume.
Agarro el cuaderno, lleno de notas y pensamientos dispersos.
Salgo de la casa.
El sol me ilumina el rostro, brindándome una energía renovada, como si cada rayo me empujara hacia adelante.
Mientras camino, mis pensamientos vagan hacia Dorian, un chico que siempre ha tenido una buena conexión conmigo.
Su apariencia un tanto bobita a menudo engaña a quienes no lo conocen; detrás de esa fachada inofensiva, hay una mente astuta.
Sin embargo, su reciente comportamiento me deja inquieto.
¿Cómo es posible que alguien tan cercano a mí, me traicione y se involucre en una banda así?
Al acercarme a su casa, mi mente divaga sobre lo que podría descubrir, el aire se tensa, como si el mundo a mi alrededor estuviera conteniendo la respiración.
La puerta se abre lentamente, revelando a Dorian, con una expresión que mezcla sorpresa y algo más.
Su mirada busca respuestas en mí, y yo siento que ambos llevamos una carga que no podemos ignorar.
—Hola, ¿Qué tal?
—dice, tratando de sonar despreocupado, pero la nerviosidad se nota en su voz.
Al entrar, empiezo a observarlo más de cerca.
Hay gestos nerviosos, como cuando se toca la nuca o evita mirarme, y su mirada a menudo se desvía al suelo, como si no pudiera sostenerla.
—¿Cómo has estado?
—le pregunto, intentando sonar casual, aunque mi mente está llena de preguntas.
En un momento, Dorian se detiene, su expresión cambia y, con la mirada baja, dice: —Perdona por lo de la cafetería, no debí tratarte así —Su tono de voz sugiere que hay más en su disculpa de lo que parece, y eso solo aumenta mis sospechas.
Mientras la tensión crece en el aire, Dorian se mueve inquieto, como si cada palabra que pronuncia pudiera desencadenar algo.
A medida que la conversación avanza, no puedo evitar notar cómo sus manos tiemblan ligeramente, y eso me hace cuestionar aun más su sinceridad.
—¿Estás seguro de que todo está bien?
—pregunto, intentando sondear su reacción.
Su mirada se oscurece por un momento y, al instante, vuelve a la normalidad, como si hubiera levantado un escudo.
—Claro, solo he estado pasando por algunas cosas, pero no es nada —responde rápidamente.
Aunque el tono de su voz no coincide con sus palabras.
Mi instinto, me dice que hay algo más detrás de esa fachada.
—Dorian, somos amigos, puedes confiar en mí —insisto, sintiendo que el momento de la verdades se acerca.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com