Con solo imaginarte - Capítulo 7
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7: Posibles respuestas encontradas 7: Posibles respuestas encontradas —No sé si deberíamos estar aquí, debemos ir a la habitación, hay algo que no se siente bien…
—murmura Dorian, mirando alrededor.
—Recuerda, lo que está en juego es más grande de lo que imaginas —responde Capi, su voz baja y amenazante como la de Nino.
—Nadie nos puede escuchar y más de lo que estamos por hablar.
No podemos arriesgarnos —dice Royner, mirando a ambos lados.
Todos dejaron de hablar por un momento como si hubieran sentido mi presencia o de otra persona, esperando que hicieran un ruido mínimo para que empezaran actuar, se ve que están preparados para cualquier situación, después siguieron en la conversación.
—Si no hacemos esto ahora, podría ser demasiado tarde.
Tenemos que planificar de una vez —replica Damon, con tono decidido.
—Siempre hay tiempo para más sorpresas —Sonríe Capi, mostrando una confianza inquietante—.
Hay que entrar cuervos, no podemos quedarnos aquí.
Al ver que los chicos entran en la casa de Dorian, la verdad me golpea cuando dijeron que entrarán a la habitación de abajo, entonces ese no es su cuarto, es la habitación secreta, el punto de concentración.
Cuando me aseguro de que entraron a la casa, me acerco sigilosamente a la entrada, al llegar a la puerta, la encuentro cerrada, eso me detiene por un momento haciéndome pensar que el plan que estoy por hacer se fue a la mierda, pero en un momento recuerdo que agarre las llaves cuando estuve aquí.
Con un movimiento suave abro la puerta en silencio, al entrar camino por toda la casa hasta encontrar las escaleras para bajar a la habitación, antes de bajar encuentro una bata de culto con capucha, me pareció raro verla ahí porque ellos no lo están usando y vi solo una, rápidamente me la coloco, decido bajar y al hacerlo, la oscuridad se vuelve mi aliada, desde mi perspectiva veo los cuatro reunidos sentado en una silla en forma de circulo hablando sobre un supuesto plan.
—El plan está en marcha y no podemos permitir que nada lo detenga —dice Royner, su voz llena de determinación.
—Ese será el primero que tendré en sufrimiento por un largo tiempo —pienso mientras lo miro con rabia.
Al acomodarme en un rincón, tropiezo con una caja, ellos reaccionan con un movimiento brusco, se mantienen en una posición tratando de escuchar otro ruido para actuar.
Miro a ambos lados para saber donde pisar para que no me vean, quiero saber cuál es el plan que está en marcha.
¿Qué van hacer?
En un momento vuelven a sus asientos y empiezan como que a repetir el plan.
—Capi quiero a esa chica porque me la quiero comer —dice Damon, quitándose la chaqueta—.
Esa que querías agarrar.
—Esa me la voy a comer, yo, y haré que sea de la banda, le tengo el ojo montado desde hace mucho tiempo —responde Capi, con un tono como si peleara por una presa.
—Hijo de puta, haga lo que diga el patrón, si no lo haces mueres.
Ya sabes, lo que él desea se le busca por las buenas o las malas —exclama Royner, levantándose de la silla.
—Hay que estar pendiente porque esa chica está protegida por el joven Elián —susurra Dorian, acercándose más a ellos.
Una rabia recorre dentro de mí, las venas se brotan y me llegan pensamientos de querer acabar de una vez con todo, pero en realidad quiero hacerlos sufrir, uno por uno, reunirlos a todo y hacerle saber con quién fue que se metieron en verdad, esperare a que el momento llegue.
Observo que Damon suspira y empieza a decir: —Elián, Elián y Elián.
Ya me tienen cansado de que lo estén nombrando, llevo años detrás de ese tipo, me ha hecho la vida imposible desde niño.
Desde que se salió en lo que estaba, tome el liderazgo para acabar con su vida.
Al escuchar eso, me burlo en silencio con todas las ganas del mundo, los chicos lo miran y como un pacto de sangre le prometieron ayudarle.
Me siento completamente traicionado al ver a él que era mi amigo me hiciera esto.
En un impulso me devuelvo para salir de esta casa.
Estando en la sala con lágrimas y rencor me quito la bata y me la llevo.
En el camino, me doy cuenta que cuando crees que conoces todas las respuestas, llega el universo y te cambia todas las preguntas.
—Esos coños de su madre me las van a pagar porque así son las reglas del juego —digo decidido a hacerle el peor de los daños—.
En esta vida todo tiene un precio y nadie se va sin pagar.
Camino a mi casa, aun con lagrimas en los ojos, y el corazón roto por saber que mis dos únicos amigos me traicionaron, mi mirada perdida en el suelo siento que mi teléfono vibra y vibra a cada rato, lo saco y veo que es Aislinn que me llama: —Por fin, algo bueno —¡Hola Elián, ¿cómo estás?
Tengo que hablar contigo.
Me enteré que tú estás enamorado de mí —dice, con una voz suave, entrecortada y a la vez furiosa como si hubiera esperado con pasión este momento—.
Acuérdate que puedes darle todo a alguien, pero no va a ser suficiente sino eres la persona que se lo dé, así que tú no eres la persona que quiero que me de todo, no eres esa persona que quiero como novio.
Mi corazón se desborona al escuchar cada pronunciación de sus palabras, las lágrimas recorren mi rostro como una cascada y presiento que caen los pedazos de mi corazón como si, se hubiera partido un cristal, siento un vacio gigantesco, que nadie lo puede remplazar.
Está situación me hizo recordar lo que le dije a un amigo hace tiempo: ≪Ella no se enamoro de ti, solo le gusta en la forma en cómo la tratabas.
En el fondo desearía que del chico que se enamoró, la tratara cómo la tratabas vos≫.
Esa frase repite en mi mente una y otra vez, que me hizo sentir que fuera para mí.
Mi silencio nunca sirvió.
Ahora ya no la podre ver, no podre escuchar su voz, sus locuras y las cosas que hacen que la ponen feliz.
Me toca imaginarla, pensarla, hasta soñarla.
—Ya que lo sabes, quiero que sepas que fuiste, eres y siempre serás el amor de mi alma —Aguantando la respiración para que no se escuche mi voz entrecortada.
—Elián, no quiero escucharte, tu voz me aturde.
Quiero que entiendas que no te amo, ya no quiero ser tu mejor amiga —Me grita—.
Fuera de mi vida bastardo.
—Aislinn…
—Aislinn ¿qué?
No.
Quiero.
Que.
Me.
Vuelvas.
Hablar.
Entiendes —Cada palabra la dice más fuerte.
Me quedo en silencio, paralizado, tratando de decir algo, pero las palabras no me lograban salir.
Al revisar mi celular veo que Aislinn me ha colgado.
¿Cumplirá con todo lo que me dijo?
Me siento un idiota por haberme enamorado de ella.
—De verdad, la cague enamorándome de ella —confieso, mirando una foto de Aislinn—.
El amor no correspondido es la prueba viviente de que el ser humano es adicto no a lo que posee, sino al éxtasis inalcanzable de lo que le ha sido negado.
Nadie manda en el amor, nadie puede decir de quien sí y de quien no.
La rabia me está consumiendo y estoy a punto de explotar contra cualquiera que se me acerque por todo lo que me está sucediendo; la traición de mi amigo y las palabras de Aislinn, me hicieron sentir que yo no valgo nada, que yo no soy nadie, que haga lo que haga no valdrá la pena para ellos.
—Quiero terminar con todo esto, es posible hasta con mi vida, ya, no aguanto más —pienso en voz alta.
Antes de llegar a mí apartamento, paso por la casa de Liara, ella está afuera, sentada, donde el sol ilumina su rostro, luciendo un shorts rosado y una franelilla blanca, disfrutando de la calidez de la tarde.
Al verme, sale corriendo hacia a mí y en un instante, me abraza como si no nos viéramos desde hace tiempo.
En este momento, la tristeza se desvaneció como si el sol hubiera disipado las nubes oscuras en mi mente.
—Te extrañe tanto, bobito —dice, tomando mi mano con delicadeza.
—Yo también —Tuve que mentir, porque no podía revelar el caos que llevaba dentro y que yo no la había pensado.
—Tengo muchas cosas que contarte —sonríe, como una niña cuando le regalan lo que a pidió por años.
No puedo ni mirarla a los ojos, la tristeza que se fue, ha vuelto; cada vez me consume más como si la vida no quisiera que yo fuera feliz, así sea, una vez.
Liara con sus ojos luminosos, me transmite paz, dulzura y confianza, pero no lograba decirle nada dé como me siento; primero tengo que escucharla porque tiene algo que contarme.
—¿Que me vas a decir?
—digo, caminando a la acera.
—Es sobre Aislinn.
—¿Qué hay con ella?
—frunciendo el ceño.
—Le dije…
—Pero que le dijiste, habla de una vez —dije, alterado.
—Cálmate Elián, no te pongas así por favor —Mirándome fijamente—.
Solo le dije que usted está enamorado de ella.
La tristeza me invade con más fuerza, esas palabras de Liara, fue como un chuchillo apuñalando mi corazón, la furia empezó a crecer en mí, mis manos empezaron a colocarse en puño, apretando demasiado para no demostrar la furia que siento.
—Liara, como es eso posible.
¿Por qué lo hiciste?
—Mi mirada se penetro en ella—.
La cagaste, ahora Aislinn no me hablara nunca.
—Tuve que hacerlo.
—¿Por qué?
En un impulso de furia, recuesto a Liara en la pared, con una mano sostengo los brazos de Liara con presión hacia la parte de arriba como si estuviera amarrada, mientras lo hago, coloco mi frente con la de ella, penetrándole más la mirada de furia, ansias de querer acabar con ella, pero no puedo, su mirada de perrito y atracción me dice que no, que me calme.
—Por tu culpa, ya, no me va hablar Aislinn —Aclaro fuerte y manteniendo mí miraba en sus ojos, mientras doy un golpe a la pared con mi otra mano.
—Elián, me estas asustando.
—Pero entiendas que Aislinn, no me volverá a hablar por tu culpa, carajo.
—No me importa, yo te quiero tener solo para mí.
Esa perrita ya no sirve en tu vida —Resistiendo mi mirada mientras se muerde el labio inferior—.
Tranquilo bobito, ella después te buscara, pero yo no la voy a dejar de todas maneras.
—Y quien dijo que tú y yo somos algo y que podías elegir quien entra y quién no a mi vida.
—Lo digo yo, algún problema.
Yo se que te gustara, déjame domarte.
Liara se acerca a mí cada vez más, haciéndome perder el agarre de sus manos, mueve su cara hacia a un lado intentando darme un beso con pasión que tanto ha deseado.
—¿Qué tramas?
—Lo que siempre he querido hacer desde que te conocí.
—Crees que lo lograras conmigo.
—Por supuesto, bobito.
Un movimiento brusco de Liara, hace que la pegue más hacia la pared quedando nuestros cuerpos pegados, ella colocándose de puntilla, me roba un beso con mordida.
En un instante paso mi mano derecha por su cabellera, enredando mis dedos con su cabello y la otra tocando sus glúteos, queriendo romper ese short para hacerla mía.
Alzo su pierna, para que mi miembro toque su sexo, su respiración agitada hace que mi piel se erice y jale su cabello con pasión y brusquedad de querer chupetear su cuello, bajo mi mano para acariciar su sexo con mis dedos lentamente una y otra vez hasta hacerla mojar, me aruña mi brazo, gimiendo en mi oído mientras mis dedos están moviéndose dentro de ella, jamás la imagine así, mojada por mí, se ve deliciosa excitada.
—Dame más, Elián, hazme tuya hoy y cada día —susurra, su voz se convierte como en un hechizo que me atrapa lentamente.
La intensidad crece y, en un instante, el mundo exterior desaparece, sintiendo que solo estoy junto a Liara.
La conexión entre nosotros es eléctrica, y cada roce, cada beso, me hace olvidar la confusión que me rodeaba.
—Yo sabía que querías esto tanto como yo, ya no lo puedes negar —dice mirándome a los ojos con una risa seductora y felina a la vez—.
Ahorita no podre remplazar a la perra de Aislinn pero lo haré, te lo aseguro —Veremos chispita, eso veremos.
No te aseguro que lo logres —digo, retrocediendo unos pasos, intentando recuperar el control—.
Esto no tuvo que pasar.
—No te vayas, me vas a deja con las ganas, Elián.
Me hiciste mojar, casi hasta venir y me dejas así —Agarrándome del brazo con fuerza.
—Liara, ¿qué te pasa?
—Soltándome bruscamente de su agarre.
—No puedo evitarlo Elián, estoy loca por ti.
Quiero que me hagas tuya —Su voz es como un susurro cargado de anhelo, y una mirada que desnuda el alma.
Cada vez quiero alejarme más, pero Liara me forcejea de nuevo, no me deja ir, estamos como dos niños que intentan quitarse un juguete, para ver quién se lo queda.
—Suéltame.
Te quitaras las ganas tú sola porque conmigo, ya, no va a ser —Le quito la mano de mi brazo y sin ninguna razón le grito—.
¿Sabes?
Mejor y dile a Capi que te quite las ganas.
Me voy groseramente del lugar, dejando a Liara sin darle la oportunidad de escucharla.
Ella intenta seguirme, pero se detiene en seco como si hubiera recordado algo, se devuelve a su casa, sin dejar de mirar hacia atrás.
Los momentos que pase con Liara, vuelven en pedazos cortos y veloces.
En un momento todo cambia drásticamente y pienso nuevamente en cómo hacer, para saber que Nino sea Capi o no, así que posiblemente adelantare la fiesta.
Llegando al apartamento, voy directamente a mi habitación para sentarme en el escritorio, lo hago y empiezo a sacar todo lo que pude investigar hoy, luego de todo eso me pongo a anotar los significados de cada dibujo, detalladamente, si para acordarme por si los llego a necesitar.
1.
Los cuervos: Son los tatuajes que tiene cada integrante de la banda en sus brazos izquierdo.
2.
El león: Es el tatuaje de Capi que lo carga en su mano izquierda.
3.
El cuadro: Es para verificar y acordar que están en la misma posición que los cuervos.
Se me ocurre anotar el plan que estoy por hacer, pero no lo hago porque me imagino que pueda que me roben el cuaderno y se den cuenta de lo que tengo planeado.
Lo que estoy por hacer, no se va a comparar con la que ellos hicieron, la mía será mejor, con más tiempo de planificación y obviamente les dejare saber que se equivocaron con el que se metieron.
Estoy mirando a la nada, pero estoy pensando en todo.
Jugando con la silla del escritorio, dando vueltas mi mirada se pierde y, empiezo a ver borroso, en un momento llego a crear una mini historia en mi mente pensando en Aislinn, haciendo como si estuviera hablando con ella de frente a frente.
La historia creada por mí mente es como si estuviera loco, haciendo actos ficticios, imaginarios.
Sé que en la mini historia, a Aislinn, yo le empiezo a decir: ≪En realidad, ¿Quién soy yo?
No lo sabes, ¿cierto?
Es una pregunta que a veces no tiene respuesta.
Así soy todos los días, preguntándome: Si te alegras con un mensaje mío, si he llegado hacer que te haga sentir algo, no sé, si soy importante para ti o solo soy alguien que existe para ayudarte cuando esta mal, darte consejos, mensajes y cosas así, pero aunque no sepas quién soy, se quién eres para mí; eres la luz que me ilumina, hacer y crear cosas significativas, los secos dirán que es inspiración, pero en realidad eres a la que quiero agregar a mi libro para ser tu y yo el amor correspondido, otros dirán que es calentura, pero no, es alegría porque me emociono como un niño al ver un mensaje tuyo, aunque sea siendo un hola.
Eres un ángel, pero también una demonia que se ha dejado ver como en realidad es.
Agradezco haberte conocido, aunque no logré quedarme contigo, solo en mi sueños te tendré en mi imaginación te haré y en mi libro te escribiré≫.
—¿Cómo dejo de amarte?
¿Cómo dejo de pensarte?
Si vives, día y noche en mis pensamientos.
Ninguna distancia me podrá impedir que te ame con toda mi alma.
—pregunto en voz alta—.
Te buscare cuando termine lo que tengo pendiente y aunque duela, te diré que me digas las cosas en la cara.
En un instante, las lágrimas empiezan a recorrer por mi cara, estoy prácticamente desahogándome, soy un débil por llorar y demostrar mis sufrimientos.
Nunca pongo en práctica lo que me enseñaron; los hombres no lloran, tienen que tragarse las lágrimas, para ser valientes ante todo el mundo, aunque se mueran del miedo.
Por ser débil y demostrar que eres frágil, jamás te verán como algo serio, siempre serás un juego o un osito aconsejador.
De repente, escucho una música melancólica en el fondo, no sé de donde proviene.
Reacciono rápidamente y busco mi teléfono en la mesa del escritorio, al agarrarlo, voy directamente a la aplicación de mensajes, entro rápidamente en el chat de Aislinn, su nombre en la parte superior con letra cursiva y unos emojis de cara enamorada con corazones lo acompaña, miles de palabras pasan por mi mente, para escribirle, pero no me da la valentía de hacerlo.
Estoy dentro del chat con ganas de decirle todo, pero no me sale nada, me bloqueo como si mis dedos se paralizáran y mi boca se cosiera para no hablar, me invade el pensamiento que si lo hago no lo verá y si lo ve, no lo responderá.
El aire de la habitación es denso, cargado de un silencio pesado que solo sea interrumpido por el tic-tac del reloj de pared.
La luz del atardecer se filtra a través de las cortinas, pintando largas sombras en el suelo.
Un aroma a café frio y a tristeza impregna el ambiente.
He estado llorando, las lágrimas secas dejan una marca salina en mi rostro.
La música melancólica que antes sonaba en el fondo ahora solo es un eco distante en mi memoria.
Un sonido tenue, casi imperceptible, rompe el silencio: un leve roce en la puerta.
Luego, un toque…
otro…
y otro más, cada uno más insistente que el anterior.
El corazón me late con fuerza en el pecho, un tambor frenético que resuena en mis oídos.
La puerta comienza a abrirse lentamente, con una lentitud que parece estirar el tiempo hasta el infinito.
La figura de mi madre se ilumina por la tenue luz del atardecer, Se materializa completamente en el umbral.
Sus ojos, normalmente brillantes y llenos de vida, están ahora velados por una profunda preocupación.
—Hijo…
—susurra finalmente, su voz apenas audible, cargada de una mezcla de confusión y preocupación.
Un silencio incómodo se instala entre nosotros, un silencio más denso y pesado que el que precede a su llegada.
El aire parece vibrar con una tensión palpable, pero está vez, la tensión no es por algo grave, sino por la curiosidad y la preocupación materna.
Siento un nudo en la garganta, una mezcla de culpa por no haberla saludado y una extraña sensación de incomodidad ante su mirada inquisitiva.
—Entraste y viniste directamente a tu habitación, sin saludar…
¿Estás bien?
¿Qué tienes?
—se acerca.
Mi madre da un paso más hacia adelante, sus ojos buscan los míos con una intensidad que me hace sentir observado, pero no amenazado.
Y en ese momento, sé que tengo que explicarle mi comportamiento, aunque la verdad puede ser un poco…
extraña.
—No sé si decirte —bajando la mirada.
—Dime, confía en mí, soy tu madre —Tomando mi mano.
—Es que…
La tensión en el aire crece mientras me preparo para revelar mi secreto.
—Mamá es cierto que alejarse de una persona de la cual no te quieres alejar, es de las cosas más difíciles, terribles y lo más doloroso —Manteniendo mi mirada en el suelo—.
Es una maldita batalla entre el deber y querer.
—Sí, hijo, es cierto y sé que es difícil.
Tú mente puede decirte muchas veces que te vayas donde no te quieren y tú corazón puede llevarle la contraria diciéndote que te quedes, que aun hay una oportunidad —dice, tomando mi barbilla para subir la cara.
—Mamá, es muy difícil decirle adiós a la única persona que no te cansarías de tener en tu vida, pero es que a veces…
no hay más veces—.
Mirándola a los ojos.
Mi madre me acerca a ella, para darme un abrazo, empieza a acariciarme, tratando de que me relaje, que me calme y deje de estar mal, pero no quiero enseñarle que ninguna consolación me ayudará.
Quisiera que entendiera que cuanto más sabia es una mujer, más despierta el interés de un hombre…
Nos atraen las mujeres que combinan pureza con un toque de audacia…
O la lectura con momentos de silencio…
Quizás haya hombres que se sientan motivados a despertar el deseo físico de las mujeres…
Quizás yo no encaje en esa categoría…
No encuentro tanto placer en seducir un cuerpo…Yo anhelo abrir las puertas del alma…
Y hacerlo con respeto y destreza…
Regalar momentos de éxtasis a un corazón…
El sexo puede estar presente hoy y desaparecer mañana, pero detener un aliento, hacer que un corazón lata intensamente durante horas, inmortalizar unos oojos, que juntos buscan la luz…
Eso da vida a cualquier acto, ya sea sexual, sensual o cotidiano.
Al pensar todo lo que un hombre verdadero quiere de una mujer, me entere lo que una mujer quiere de un hombre.
Una mujer no busca a un mero objeto de placer; una mujer quiere redescubrir su esencia a través de las caricias exquisitas que un hombre puede dar.
—Hijo, en realidad, ¿estás bien?
—No mamá, no lo estoy.
Estoy mal, la perdí.
Mis lágrimas vuelven a bajar, me siento inútil otra vez, yo la perdí, no puedo retroceder el tiempo, si se pudiera, ya lo hubiera hecho.
Al final del todo, siempre las historias tienen un final, solo, que jamás había pensado que fuera hoy.
Nunca diré que fue su culpa, ni la de otras personas, no diré que fuiste tú que lo causaste u otros/otras lo hicieron.
Fue el destino que se empeño en trasladarme a un mismo sitio.
Entre tantas personas en el mundo, nosotros tuvimos que coincidir.
Fue el destino, el culpable de enamorarme tan profundamente de ti, y él mismo se encargó en llevarme a ese momento, al final, al término de todo lo que un día viví a tu lado cómo amigo.
Fue el destino, siempre será él; el culpable de todo, fue su maldito capricho de querer ser todo y no llegar a ser nada.
Al ver de nuevo a mi mamá, presiento que su corazón se quiebra por mi sufrimiento, por decirle que estoy mal.
Nunca le he revelado como me sentía, lo que me hacía llorar.
Revelar mis sentimientos a alguien que no le cuento nada; es difícil porque pienso que no escuchara, que nunca le importará lo que estoy hablando.
Prefiero sufrir internamente, así digan que me pueda morir por no expresar lo que siento, pero expresándome me demuestro sensible, débil y un fastidioso.
Nunca voy a revelar lo que siento por no molestar a nadie.
—Perdí a Aislinn mamá, la perdí, quiero tenerla —le digo con lagrimas en los ojos y voz temblorosas.
Respiro profundo y continuo.
—Quiero dormir, dormiré para tenerla aunque sea en mi sueño, que yo sienta que es solo mía.
—No hijo, quiero que sepas que durmiendo no amas, ni quieres.
Si duermes, no la recordarás, si duermes, no te vas a atormentar por lo que te sucedió —Acaricia mi mano con las de ella—.
Durmiendo, no sabrás nada de ella, durmiendo, no recordarás ni tu propia vida, aunque piense que no es posible.
—Sí mamá, pero es peor de lo que uno cree.
Sí llego a dormir, sueño lo que quiero tener con ella, si duermo, voy a creer que todo es un paraíso con Aislinn —exclamo, aun con lagrimas en los ojos—.
Pero…
Si despierto, me dolerá porque solamente la he soñado y no la he tenido.
Mirando a mi mamá, me levanto de la silla y empiezo a caminar por todo mi cuarto.
—Me duele haberme enamorado de ella.
—¿Por qué hijo?
—Porque…
Por eso fue que la perdí, por mi estúpido corazón.
—Mejor hijo, ella no te quería y aprovecho el momento para apartarse de tu vida.
Ella fue la que te perdió.
Un sonido extraño invade la habitación, son voces que se escuchan a lo lejos, pero no se entiende lo que dicen, mi madre y yo nos quedamos paralitico, mientras nos mirábamos, me acerco a mi madre con cautela, haciendo un gesto de silencio, tratando de mirar por las ventanas pero no se ve nada.
De repente suena mi celular, lo miro de reojo, es número desconocido, no contestare obviamente, no se sabe quién es.
—Mamá contesta a ver —susurro.
—Voy —Agarrando el teléfono para contestar.
Al contestar mi madre, sigue estando en silencio, debe querer que la persona que llamo, hable primero, viendo la cara de mi madre, me asusto y las preguntas me empiezan a atormentar: ≪¿Será Dorian?
¿Se daría cuenta que estuve ahí?
¿Dejaría caer algo?≫.
Al preguntarme eso, veo a mi madre que levanta la mano y es como si dijera que parara de caminar, como si detrás de la línea hubiera escuchado algo y quisiera prestar atención.
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