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Con solo imaginarte - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 El momento está por llegar
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8: El momento está por llegar 8: El momento está por llegar  La ansiedad me consume cada vez más.

Al aceptar el gesto de mi mama, me quedo estático por completo.

En un momento mi madre coloca la llamada en altavoz, un sonido extraño sale desde la bocina del celular, es como si fuera un montón de cucarachas en una caja, después de unos segundos empezaron a escucharse murmullos, no muy claros.

Después de un suspiro de mi madre, empieza hablar: —¡Hola!

¿Deseas comunicarte con alguien?

¿Qué Necesitas?

El silencio permanecía cuando de repente contestan: —¡Hola, señora!

¿Cómo te encuentras el día de hoy?

Si estás cerca de Elián, ¿Le puedes decir que me llame?

Por cierto, soy Rosa, su compañera de clases.

—Está bien, yo le digo.

Mi madre me dirige una mirada cargada de preguntas silenciosas, buscando una explicación que no estoy seguro de responder, no sé qué clase de pregunta será, ¿Serán buenas o malas?

Lo que sé, es que mi madre, no se irá hasta que yo le diga algo sobre el tema, sobre el ¿por qué me llamaron de un número desconocido?

Estando en altavoz, supe que ella se presento, pero mi madre no la conoce.

Ella es muy desconfiada y de que me llamaran con un número desconocido, tiene todas las razones para mirarme así.

—Tenemos la fiesta de despedida de la universidad y me llamará para avisar que no irá o quiere cambiar el día —Siento que le respondo correctamente a la pregunta que me hizo con la mirada.

Mi madre asiente lentamente, sin dejar de mirarme, y luego se retira de la habitación, dejándome solo con mi respuesta en el aire.

Su partida de la habitación deja un vacío palpable en el aire.

Sin perder un segundo, marco el número de Rosa.

La llamada se va al buzón dos veces, un eco de mi propia ansiedad y pensar que hay algo mal, antes de que tire el teléfono a la pared, intente por tercera vez.

Pego mi teléfono a mi oído.

—¡Hola, Elián!

¿Eres tú?

—Sí, soy yo.

¿Qué paso?

—Necesitamos vernos.

Cuando te vea te lo diré porque si hablo ahorita no te apareces, ¿estés pendiente?

Voy para tu casa —responde calmada, pero con un tono de urgencia a la vez.

Las palabras de Rosa resuenan en mi cabeza como una mantra perturbadora.

¿Qué querrá decirme?

La urgencia en su voz me inquieta y a la vez despierta mi curiosidad, una mezcla peligrosa de emociones que me pueden impulsar a actuar.

Sin dudarlo salgo de mi casa en silencio, sin que mi mamá se dé cuenta.

Al salir, los rayos del sol golpean mi rostro, obligándome a entrecerrar los ojos.

La luz es cegadora después de la penumbra de mi habitación, un contraste que refleja la confusión que siento en mi interior.

Respiro hondo, sintiendo el aire fresco llenar mis pulmones, un bálsamo para mi creciente inquietud, pero también un recordatorio que el mundo exterior es impredecible y a veces peligroso.

No sé que me espera, pero estoy listo para averiguarlo, aunque una sombra de temor se cierne sobre mí, susurrando advertencias en mí oído.

Camino por la calle para encontrarme con Rosa, siento el asfalto bajo mis pies como si estuviera descalzo, cada paso una decisión consciente de enfrentar lo que sea que me depare el destino.

Mientras sigo caminando, desde lejos Rosa viene, su figura recortada contra el cielo brillante.

Su rostro está serio, cuando más se acerca, noto que sus ojos brillan con una intensidad que nunca antes había notado.

—Elián, ¡gracias por venir!

Necesito hablar contigo sobre la fiesta.

Estoy pensando que…

¿podríamos cambiar la fecha para dentro de un o dos días?

—pregunta agitada como si antes hubiera corrido—.

La semana que viene tengo varios compromisos con Hellen y me sería imposible asistir.

Justo en ese momento, Nino se acerca a nosotros, sonriendo de oreja a oreja.

Su energía es contagiosa, como siempre, su llegada, incomoda el ambiente haciendo que Rosa pegue un salto del susto, separándose de él, me pareció raro al ver a Rosa asuntarse por él, sus manos tiemblan, eso me preocupa.

No sé lo que está pasando, tengo que averiguarlo.

Nino, me voltea a mirar a mí como si estuviera observando mi actitud hacia él.

Después de un largo silencio, todo empezó a la normalidad.

—¡Hola, chicos!

¿De qué hablan?

¿De la fiesta o de ustedes?

—pregunta Nino, aun con la sonrisa, pero ahora es como una risa de mala gana—.

¡Me apunto a lo que sea!

¡Ya estoy pensando en qué ponerme!

Pero quiero cambiar la fecha.

—Precisamente, Rosa estaba diciendo que quiere cambiar la fecha.

¿Qué te parece si la hacemos dentro de dos días o mañana?

—Señalo a Rosa con la mirada y luego me cruzo de brazo.

—¡Por mi perfecto!

Solo me escriben y listo, pero eso sí, me dan tiempo de escoger mi disfraz sorpresa —dice Nino, con unos minis saltos con movimientos en los brazos—.

¡Va a ser épico!

¡Ya verán!

—¡Genial!

Me alivia que estén de acuerdo.

Tenía miedo de que no les pareciera bien.

Y así, los tres comenzamos a hablar animadamente sobre los detalles de la fiesta.

Nino propone una temática de: el juego del poder, luego Rosa sugiere que hagamos un concurso de baile, y yo me ofrecí a encargarme de la música.

El aire se llena de risas y entusiasmo, aunque la preocupación de Rosa sigue siendo palpable.

Cada vez que la miro, noto que su sonrisa no es del todo genuina.

Soba sus manos continuamente como si le afectara algo; como si tuviera ansiedad, está rara desde que la vi.

—¡Ya sé!

Podríamos hacer una lista de reproducción colaborativa en línea para que todos podamos agregar nuestras canciones favoritas y estemos en un ambiente mejor.

¡Así la fiesta tendrá la mejor música!

—dice Nino, haciendo movimientos como si estuviera bailando salsa.

—¡Me encanta la idea!

Y podríamos decorar el lugar con luces de colores y globos.

¡Le daría un ambiente súper fino!

¿Qué te parece, Elián?

—Mirándome con una ceja alzada y los brazos cruzados.

—¡No!

Luces no, y si llega a ver que sean 2 luces para los juegos de adultos ¿no?

Podríamos pedir comida y unas bebidas para que nadie se preocupe por cocinar.

¡Sería una fiesta sin estrés!

—exclamo—.

Podríamos dividirnos las tareas; Nino, te encargas de la música, Rosa, de la decoración.

Hellen y yo pedimos la comida.

Mientras hablamos, siento que la emoción crece dentro de mí.

Por un momento, me olvido de que quiero viajar, me olvido de la traición y de la inquietud que sentía hace un rato.

La fiesta, nuestra fiesta, es lo único que importa ahora.

La idea de pasar un buen rato con mis amigos me llena de alegría y me da un respiro de la incertidumbre.

Sin embargo, la mirada de Rosa, me recuerda que algo más está pasando.

Su nerviosismo es contagioso, y empiezo a sentir una punzada de preocupación en el estómago.

¿Qué será lo que la tiene tan inquietad?

¿Estará relacionado con la fiesta?

De repente, Rosa interrumpe la conversación, su voz temblorosa.

Me mira fijamente, con los ojos llenos de una mezcla de miedo y determinación.

—Chicos, necesito contarles algo importante…

Algo que podría cambiarlo todo…

En ese instante, un coche negro se detiene bruscamente a nuestro lado.

La puerta se abre y una figura corpulenta, vestida de traje, sale del vehículo, su rostro es sombrío y su mirada se fija en Nino.

Adentro del coche en el asiento del copiloto, esta una chica, no la detallo muy bien, pero se oculta, parece que no quisiera que la vieran.

—Rosa, tenemos que irnos.

Ahora —dice el hombre, con una voz ronca como un maldito trueno.

Rosa, me mira con desesperación, como si estuviera atrapada en una pesadilla de la que no puede escapar.

—Lo siento, chicos…

No puedo explicarlo ahora.

Pero confíen en mí…

—lo dice con una seguridad que nunca antes se le había escuchado hablar.

El hombre la toma del brazo con firmeza, pero sin brusquedad, y la introduce en el coche.

Antes de que la puerta se cierre, Rosa me lanza una mirada suplicante.

—Elián…

¡Cuídate!

El coche arranca a toda velocidad, dejando tras de sí una estela de polvo y confusión, dejándonos a Nino y a mí atónitos en la esquina de la calle.

El silencio se instala entre nosotros, un silencio cargado de preguntas y de un presentimiento oscuro.

La palabra de Rosa, ≪cuídate≫, resuena en mi cabeza como una advertencia, pero…

¿Con quién?

—¿Qué demonios acaba de suceder?

¿Quién es ese tipo?

¿Y por qué se ha llevado a Rosa?

—Moviéndose a todos lados como un investigador.

—No lo sé, Nino.

Sí yo supiera, te lo dijera…

Pero algo no está bien.

—¿Crees que está en peligro?

—pregunta, haciéndose el preocupado, pero note que en realidad no lo estaba.

Tengo que seguirle la corriente.

—No lo sé…

Pero no podemos quedarnos aquí sin hacer nada —grito—.

Tenemos que averiguar qué está pasando.

—Tienes razón.

¿Pero por dónde empezamos?

No sabemos nada.

—Si eres estúpido, ¿Eres bruto o qué?

—digo de mala gana, mirándolo feo.

Miro a mi alrededor, buscando alguna pista, algo que se le haya caído y nos pueda dar una idea de lo que está sucediendo.

Mis ojos se detienen en un pequeño trozo de papel que ha caído al suelo, justo donde estaba parada rosa.

Me agacho y lo recojo.

Es una tarjeta.

—Mira esto.

Creo que puede ser una pista.

La tarjeta tiene un nombre y una dirección impresos: ≪investigaciones Mendoza.

Expertos en seguridad y vigilancia.

42 Calle Lonwer, Apto.

7B, New York, NY 10001, Estados Unidos.

Teléfono: +1(555)-OCULTO-4567.

Correo electrónico: ≫.

—¡Mira!

¿Qué significa oculto?

¿Investigaciones?

¿Crees que Rosa, está siendo investigada o investiga a alguien?

—¡Oculto!

Es una serie de número, son: 693 y más números.

Es posible, que investigue alguien.

Tal vez ese hombre es un detective privado…

o algo peor ¾responde, agarrando el papel.

—Tenemos que ir a esa dirección.

Tal vez allí encontremos respuestas —Volteo a mirarlo.

—¡Elián, me tengo que ir!

¡Ahora, no puedo!

—me devuelve la tarjeta.

Antes de que pueda reaccionar, Nino se da la vuelta y sale corriendo, desapareciendo en la casi oscuridad, las pocas luces de la calle, hace que se vea un poco su silueta.

Me quedo paralizado, observándolo alejarse, con una mezcla de sorpresa y confusión.

¿Por qué se ha ido así, de repente?

¿Qué ha visto o qué ha descubierto, para que se fuera corriendo?

La idea de que Nino haya descubierto algo y haya huido, me parece raro.

¿Por qué lo haría?

Dudo por un momento, preguntándome, ¿Debería seguir adelante con el plan de ir a investigaciones Mendoza, o debería ir tras Nino para averiguar qué lo asustó tanto?

¿Qué estará pasando realmente?

Respiro hondo y me doy la vuelta, decidido a seguir adelante con el plan original de ir a investigaciones Mendoza.

Sin embargo, antes de que pueda dar un paso, mi pie medio pisa con una hoja en el suelo.

Me agacho y lo recojo.

Es un trozo de papel arrugado.

Lo desdoblo con cuidado y empiezo a leer lo que está escrito.

Soy Rosa, soy parte de las Investigaciones Mendoza.

Estamos investigando los pasos de una de las bandas más peligrosas de New York; trabajo infiltrada porque se dieron cuenta de que uno de los integrantes de la banda pasa mucho tiempo conmigo.

La información me golpea como un rayo.

¿Rosa esta involucrada en una investigación interna sobre una banda criminal?

¿Sería por eso que el hombre se la llevó?

Mi mente empezó a dar vueltas con más preguntas sin respuestas.

¿Por qué Nino saldría corriendo?

¿Qué vería?

¿Qué banda está investigando?

¿Cuál de tantas?

La huida de Nino, la tarjeta de investigaciones Mendoza, el papel escrito por Rosa, la misteriosa banda.

Poco a poco, todo en mi mente empieza a encajar, aunque me cuesta porque estoy procesando lo que esta pasando.

Rosa puede estar en peligro, si esa banda se entera que esta siendo investigada por ella.

Mientras intento asimilar, toda esta información, noto que hay algo más, otro papel, me agacho y lo recojo, es la historia de una chica.

Es una especie de nota de investigación.

La poca información recogida de esta chica, llamada Valeria; la primera víctima de la banda de los Cuervos de Nox, antes de ser secuestrada.

Se dice que el día que la secuestraron, ella salió de su casa y llama a su mamá.

Luego, su amiga le dice que esa noche hay una fiesta, que va estar ese chico que cuando la mira se pone contenta; luego su padre le escribe varias veces, pero nada que respondía.

Ella no tenía ningún ejemplo de un hombre y en niños se la pasaba buscando respuesta, aún así, creció y se volvió mujer sola, ella trabajo, la junto para su alquiler, estudio, se enfoco, no salió y aprobó la carrera, pero no le gusto al parecer.

Nadie le preguntaba, ¿qué quieres ser?

Nadie le decía un ¿cómo esta?

Ella seguía buscando un atardecer, no quería dinero, Valeria quería paz.

No se conformaba con nada siempre quería más, la vida no la valoraba y miraba para atrás.

Decía que ya todo es un lío ¿Por dónde empezar?

Cada vez se le hacía más grande y le empieza a pesar, dice ¿qué se siente ser hermosa y no poder llorar?

Me quedo sorprendió, no creo que Rosa, hay investigado la muerte de Valeria.

—¿Valeria?

¡Cuánto lo siento!

Esos bastardos si te mataron, te hicieron mucho daño.

Las pagare, ya no voy a esperar más y es ida de Nino lo hace más sospechoso ¡Ya verás!

—pienso en voz alta.

La nota me estremece.

No me acordaba de Valeria, no sabía su historia hasta ahora que la estoy leyendo.

Nunca imagine que alguien pudo estar peor que yo, la traición de mis amigos y las palabras de Aislinn son estupideces.

Siento un nudo en el estómago al imaginar a Valeria con un miedo gigantesco.

Empecé a imaginar toda una escena en mi mente sobre lo que decía en la nota.

Decido que lo mejor es ir a investigaciones Mendoza.

Miro nuevamente la tarjeta, para verificar la dirección, con la mente dando vuelta, empiezo analizar todo, pero no hago mucho caso.

Mientras camino sin rumbo fijo, al acercarme al lugar, me encuentro con una escena que me llama la atención.

En una calle poco transitada, veo a una anciana sentada en un banco, con la mirada perdida y un aspecto descuidado.

Parece desorientada y vulnerable.

—¡Mierda!

¿Cómo es eso posible?

¿Qué hace ella aquí?

¡Ya me muero del susto!

—pienso mientras trato de que mi corazón tenga su pulsación normal.

Me acerco a ella con cautela, tomando un poco de distancia, para estar pendiente de cualquier reacción al verme.

—Señora ¿Se encuentra bien?

¾le pregunto con una voz dulce y amable.

_Hijo, estoy perdida y no recuerdo como volver a mi hogar, ayúdame —Levanta la mirada y me mira con sus ojos vidriosos con una voz temblorosa y suave—.

Mi nombre es Elena, vivo en un asilo cercano, pero no sé cómo llegar allá.

Siento la necesidad de ayudarla.

No puedo dejarla sola en esta situación.

Le ofrezco mi ayuda para encontrar el asilo, se levanta y la acompaño.

Durante el camino, Elena me cuenta historias de su juventud y me habla de sus nietos, a quienes extraña mucho.

De repente cambia de conversación.

—Solo escucha, actúa y vive.

Dé lo que hagas, este pendiente que cualquiera no te perdona.

Este lugar es peligroso y personas como tu queriendo venganza, pueden terminar mal.

Solo cuídate, cuídate ¾dice con su voz suave.

Quede analizando por un buen rato, pensando en cómo esa señora desconocida sabe lo que estoy por hacer.

Después de un rato, finalmente, encontramos el asilo.

Los encargados se muestran muy extrañados al verme allá y hablando solo, se acercan y me dicen: —¡Chico!

¿Qué haces acá?

—Vine a traer a la señora Elena, dice que vive aquí.

Ellos se me quedan mirando con el ceño fruncido dando a entender que estoy loco.

—Esa señora…

¡Murió!

Elena es una señora que tenía problemas de memoria y a veces se desorientaba.

A ella le dio un infarto hace una semana y murió en el banco que está en unas cuadra.

Cada palabra se pronuncia con más fuerza en mi cabeza, volteo a todos lados y no vuelvo a ver a la anciana.

Preocupado, les digo con desesperación que estaba conmigo la señora Elena.

En mi mente repetía las palabras de los encargados, una y otra vez ≪La señora Elena, murió≫.

Mi corazón se acelera, y escucho que los señores me llaman, pero no les paraba, estoy como ido.

Reacciono, volteo y me voy dejándolos con las palabras en la boca.

Me dirijo a la ubicación de la Investigación Mendoza, antes de llegar, una extraña fuerza me atrae hacia una casa abandonada al final de la calle.

Un olor fétido emana de su interior, una mezcla nauseabunda de humedad, podredumbre y algo más…

algo metálico.

La curiosidad y un presentimiento oscuro me invaden.

Sin pensarlo dos veces, empujo la puerta carcomida que cede con un chirrido espeluznante.

La luz tenue que se filtra ilumina un interior desolado, lleno de polvo y telarañas.

En las paredes, grafitis grotesco y manchas de sangre seca cuentan una historia silenciosa de violencia y sufrimiento.

≪Este es un buen lugar para traer a sufrir a todos esos malditos≫, una voz invade mi mente.

Un escalofrío recorre mi espalda.

Mientras mis ojos se adaptan a la penumbra, comienzo a examinar el lugar con detenimiento.

Quiero conocer cada rincón, cada objeto, cada detalle.

Necesito entender que ha sucedido aquí y quién podría estar involucrado.

Cada habitación es un laberinto de horrores, un testimonio de la maldad humana.

A pesar del miedo que me paraliza, decidido que debo investigar más a fondo este lugar.

La voz que escuché puede ser producto de mi imaginación, pero algo me dice que no estoy solo.

Con cautela, avanzo hacia el interior de la casa, sintiendo el crujir de la madera bajo mis pies.

Encuentro una habitación que parece haber sido utilizada como sala de torturas.

Hay cadenas colgando del techo, instrumentos de metal oxidados y un hedor insoportable a sangre y carne podrida.

Me gusta el lugar, el sitio, para hacer todo lo que quiero con esa supuesta banda peligrosa.

De repente, escucho un ruido proveniente de otra habitación.

Es un sonido suave, como un gemido.

¿Alguien está sufriendo en este lugar?

La idea me impulsa a actuar.

Debo averiguar quién está aquí y qué le están haciendo.

Con el corazón latiendo a mil por hora, me dirijo hacia la habitación de donde proviene el sonido.

Al llegar a la puerta, la abro lentamente y me encuentro con una escena dantesca.

—Conoceré este lugar mejor porque quiero traer a todos ellos —pienso mientras abro la puerta con cautela.

Al abrir la puerta, la escena me golpea como un puñetazo.

En el centro de la habitación, atada a una silla, hay una figura encapuchada.

Su cuerpo está cubierto de harapos y su cabeza agachada impide ver su rostro.

La habitación huele a encierro y desesperación.

La figura se estremece al sentir mi presencia, pero no emite ningún sonido.

¿Quién es está persona?

¿Por qué está aquí?

¿Qué le han hecho?

Me acerco con cautela, sintiendo la adrenalina correr por mis venas.

Debo liberarlo, pero no sé si es seguro.

¿Podría ser una trampa?

¿O una víctima inocente?

Mientras dudo, la figura levanta lentamente la cabeza.

A través de los huecos de la capucha, alcanzo a ver su rostro que me resulta familiar…

Me quedo en silencio, pero la figura presiente mi presencia.

Me acerco a la figura encapuchada, mi corazón latiendo con fuerza.

Con manos temblorosas, levanto la capucha lentamente.

La luz tenue revela un rostro conocido, uno que creía haber dejado atrás hace mucho tiempo.

La figura me mira con ojos llenos de dolor y desesperación.

Su voz, apenas un susurro, rompe silencio: —¿Tú?

El famosísimo Elián.

Ayúdame…

—dice queriendo impactar manipulación Un escalofrió recorre mi espalda al escuchar esas palabras, no lo conozco.

¿Cómo sabe mi nombre?

¿Qué está pasando aquí?

La figura continúa, con una sonrisa amarga dibujada en su rostro: —O mejor te llamo…

El Halcón negro o mejor dicho, El nuevo y mejorado El Macál.

La revelación me golpea como un rayo.

Ese apodo…

Hace años que no lo escuchaba, que no me llamaban así.

¿Cómo es posible que esta persona sepa lo que yo era?

—¿Te acuerdas de mí?

—pregunta la figura, con una sonrisa que revela dientes manchados y una mirada llena de rencor.

Frunzo el ceño, tratando de recordar.

Su rostro me resulta vagamente familiar, pero no logro ubicarlo.

¿Quién será?

—¿Debería?

¿Quién eres?

—pregunto, sintiendo un nudo en el estomago.

—Vaya, vaya…

parece que el gran Elián ha olvidado a uno de sus juguetes rotos.

Pero no te preocupes, te refrescare la memoria —La figura suelta una carcajada seca y amarga.

De repente, la figura se alabanza sobre mí con una fuerza sorprendente, ,e golpea en la cara con el borde de la silla, haciéndome caer al suelo.

Siento un dolor agudo en la nariz y la boca.

La sangre comienza a brotar.

Aun no estoy entendiendo porque lo hizo.

Con mi franela blanca me limpio la nariz.

—¿Ahora te acuerdas?

—pregunta la figura, con una voz llena de odio—.

Soy Maicol, ¿te suena?

El chico al que le arruinaste la vida.

El que te suplico piedad mientras lo torturabas hasta dejarlo inconsciente.

Bueno, ese chico soy yo, Bastardo.

La memoria regresa como una avalancha.

Maicol…

uno de los que sufrió cuando empecé a vengarme de los que me hicieron daño, uno de los que sufrieron las consecuencias de mi ambición desmedida.

Maicol atado en la silla, intenta volverme a golpear y comienza a patalear sin piedad, intentando patearme.

Cada pataleada es una descarga de dolor y remordimiento.

Siento cómo mis costillas se rompen y mi cuerpo se debilita.

En un instante logra golpearme con una pata de la silla, Caigo al suelo desorientado, por poco me deja inconsciente.

—¡Esto es por todo el dolor que me causaste!

—grita, mientras me golpea—.

¡Por todas las noches que pasé sufriendo!

¡Por la vida que me arrebataste!

Maicol intenta golpearme nuevamente con la silla, pero logro esquivar el golpe en el último segundo.

La silla impacta contra el suelo con un estruendo.

—Eres el mismo, Sigues siendo el mismo cobarde de siempre, Macál —dice, mientras escupe al suelo con deprecio.

La rabia me invade.

Lo desato.

Me levanto de un salto y agarro a Maicol por el cuello.

Lo levanto en el aire y lo estampo contra la pared.

Maicol tose y se retuerce, tratando de liberarse.

—¿Por qué estás haciendo esto, Maicol?

—pregunto, con la voz llena de furia—.

¿Por qué me atacas?

—¿Todavía lo preguntas?

¡Tú me arruinaste la vida, Elián!

¡Me convertiste en esto!

—me mira con odio—.

Estoy aquí por ti, se todo de ti y quería vengarme, pero una chica, bonita y peligrosa por salvarte…

me trajo a este lugar.

—¿Una chica peligrosa?

¿Quién es?

¿Qué tiene que ver con esto?

—Lo suelto y Maicol cae al suelo, jadeando por aire.

Sus palabras me impactan.

El lugar se impacta de un ambiente frio como si mil demonios estuvieran entre nosotros, haciéndonos sentir escalofrió.

—¿Sabes qué?

Los cuervos de Nox, me hicieron esto, Damon Nox me humillo por la venganza que te quiero hacer.

Él me saco de su banda y me quito mi idea.

Ahora el te va hacer lo peor que quiero hacerte —dice, mirándome a los ojos, mientras lo ato nuevamente—.

Quería matarte…

pero de repente, una chica me secuestra y me trae golpeándome a este lugar, para que no te hiciera daño.

Las palabras de Maicol dan vuelta por toda mi cabeza, dejándome sin palabras cada vez más que hablaba.

—¿Los Cuervos de Nox?

¿Damon Nox?

¿El te quito el puesto, Cuervo Negro?

—pregunto, caminando por toda la habitación.

—Así es, Elián.

Damon Nox…

un monstruo, no peor que tú, pero si es malo…

—asiente con la cabeza, con ojos llenos de rencor.

Respira hondo para aliviar el dolor de los golpes y continua: —Desde que te saliste, desde hace años cuando llego Damon a quitarte el puesto, pero no fue necesario porque se lo diste cómo bobito, queriendo dejar todo atrás —dice, con cara triste y luego su cambio de humor a carcajadas—.

Unas semanas después de salirte, llegaron dos chicos de tu edad, lo aceptaron y me echaron de un lado.

Antes de vengarme, esa chica, me secuestro, me humilló, me torturó y me dejó aquí, pudriéndome cada día en está pocilga.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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