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Con solo imaginarte - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Un poco más cerca del momento
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9: Un poco más cerca del momento 9: Un poco más cerca del momento Me quedo pensando por un momento, no les respondo al instante, para analizar cada palabra que dice, sus gestos son de burla, rencor y un odio tan fuerte que no se puede explicar.

¿Qué chica lo trajo?

¿Esa chica me conoce a mí?

¿Maicol, es el chico que no se detalla en el cuadro que está en la casa de Dorian?

¿Cuáles chicos?

¿Dorian y Capi?

—¿Por qué me cuentas todo esto, Maicol?

¿Qué quieres de mí?

—Pregunto, tratando de entender sus motivos.

—Quiero venganza, Elián.

Quiero que me ayudes a destruir a los Cuervos de Nox.

Quiero que paguen por todo el daño que han causado —me mira con una sonrisa torcida.

La revelación de Maicol me golpea como un balde de agua fría.

¿Unirme a él para vengarme de la banda?

La idea es tentadora, pero también peligrosa.

No confió en él, pero tampoco puedo ignorar la oportunidad de acabar con los Cuervos de Nox.

—¿Por qué debería ayudarte?

¿Qué me garantiza que no me traicionarás en cuanto tengas la oportunidad?

—pregunto, con la voz llena de desconfianza.

—No tengo nada que perder.

Damon y sus cuervos me han quitado todo lo que tenía.

Lo único que me queda es la venganza.

Si me ayudas a conseguirla, te prometo que se te seré leal hasta el final —promete con una seguridad, para yo aceptar.

Dudo por un momento.

La decisión es difícil.

Si acepto la propuesta de Maicol, me estaré aliando con un enemigo del pasado.

Pero si la rechazo, será más fácil de joderlo por su punto débil.

—Si va, vamos a hacerlo —asiento, mientras lo desato.

La cara de Maicol se torna mala, haciendo una expresión como si un demonio lo posee, un loco parece; riéndose solo sin ningún chiste dicho.

—Sabía que no podrías resistirte, Macál.

Después de todo, siempre has sido un adicto al poder —dice Maicol, mientras sonríe con malicia.

De repente, Maicol se levanta de la silla con una agilidad sorprendente.

Me empuja hacia la pared y me golpea en la cara con fuerza.

Siento un dolor agudo en la mandíbula.

La sangre comienza a brotar de mi boca.

—Ahora ya sabes cómo se siente ser un juguete —dice con una voz llena de odio—.

Voy hacerte pagar por todo el dolor que me causaste.

Maicol me golpea una y otra vez, sin piedad.

Cada golpe es una descarga de dolor y humillación.

No me puedo defender, pareciera que no estoy aquí con él, me siento como si estuviera en otra parte, menos donde en realidad debería estar.

—¡Eres un cobarde, Elián!

¡Un maldito animal!

¡Un monstruo!

—grita, mientras me sigue golpeando.

La sangre empieza a brotar, casi nublando mi vista, pero una rabia me invade con ganas de levantarme, pero me cuesta y caigo de nuevo al suelo.

Sus ojos son como el mar rojo, se le nota un rojizo claro o la poca luz que entra me confunde, haciéndome ver ese color en él.

Comparte una mirada de odio y malicia; si las miradas mataran, desde hace tiempo estuviera tres metros bajo tierra.

Tiene una vestimenta mugre; una camisa rota y manchada, un jeans gris roto como si se arrastrara por el asfalto, es un indigente.

—Voy a dejarte aquí, malparido —lo dice con odio y una risa de satisfacción—.

Quiero que sufras como yo sufrí.

Quiero que te pudras en esta pocilga, para que mueras solo y olvidado.

Maicol intenta alejarse, para escapar pero logro agarrar su pierna derecha con fuerza.

La rabia me consume, estoy a punto de estallar.

¿Este quién se cree, para hablarme así?

La voz de una chica invade todo el lugar, no se sabe de dónde proviene, pero claramente dijo: —Eres el Diablo, pero también eres un ángel Rápidamente Maicol responde: —Este maldito, que se encuentra al frente mío; es el mal encarnado.

—No.

Para ustedes es el mal, pero en realidad es un buen hombre —responde esa voz desconocida.

El lugar se volvió silencioso, misterioso, con un aire frío.

Mirando por todos lados con una intensidad de saber ¿quién está escondido o escondida en la maldita oscuridad?

¿Quién nos está observando?

¿Quién dijo esas palabras?

Dejo las preguntas a un lado y vuelvo a la situación que estoy viviendo con el antiguo Cuervo Negro.

Él con una sonrisa de oreja a oreja, burlándose de mí reacción.

Se ve estúpido la manera de ser, me cae mal; parece un niño.

No me gusta nada de esto, prefiero matarlo.

—¿Te asustaste?

Ahora la chica te ayudara a vencerme porque…

¡tú no puedes solo!

—grita como loco como si quisiera que la chica lo escuché.

—Crees que por escuchar que defiendan mi nombre, voy a dejar de demostrar lo que en realidad soy.

¡Acéptalo!

Soy tu peor pesadilla, soy el que siempre estará para joderte, lastimarte, y aunque no creas, siempre serás al que jamás van a elegir porque no eres nadie —amenazándolo con fuerza.

Sin pensarlo dos veces, me abalanzo sobre Maicol y lo golpeo en la cara con toda mi fuerza, descargo toda mi furia en él, siento que es un saco de boxeo, lo golpeo como si un profesional estuviera entrenando.

Maicol cae al suelo, aturdido por el impacto.

La sangre comienza a brotar de su nariz, se queja y me empieza a gritar maldiciones y juzgando lo que le hago.

—¡Cállate, Maicol!

—grito con la voz llena de furia—.

¡Tú no eres nadie para juzgarme!

Lo levanto del suelo bruscamente y lo estampo contra la pared, lo vuelvo hacer; una y otra vez, y otra vez.

Maicol tose y se retuerce, tratando de liberarse.

Jalo su cabello, mientras lo alzo y pego su cara contra la pared rustica, varias veces, haciendo raspar toda su cara.

El muy desgraciado aguanta tantas cosas; ya está acostumbrado a recibir sufrimiento.

—¡Voy a hacerte pagar otra vez; por todo lo que me has causado!

—digo, mientras lo sigo golpeando sin piedad—.

¡Por todas las noches que pasé sufriendo!

¡Por la juventud que me arrebataste!

—¿Por esas tonterías de carajito que hice, haces todo esto?

¡Aun sigues siendo una plasta de mierda, Elián!

—burlándose, sus dientes manchados de sangre y toda su cara hinchada, ni se reconoce.

—El pasado vive en mí; cargo toda una cruz de todo lo que he hecho y pasado.

No juzgues lo que no ves ni sientes porque no sabes lo que es para la persona; y quieres llegar aquí a opinar por como tu reaccionarías, si te pasara.

¡Por favor!

¡Ubícate!

—digo, mientras sigo descargando mi furia.

Maicol grita de dolor, pero no me detengo.

Sigo golpeándolo hasta que cae al suelo, inconsciente.

—¿Eso es todo lo que tienes, marica?

¿Dónde está lo que tanto hablas?

—pregunto, mirándolo con desprecio y Una Sonrisa sádica—.

Eres una decepción.

Maicol ya inconsciente en el suelo, su rostro cubierto de sangre, morado e hinchado.

Lo observo con una mirada fría y calculadora.

La rabia que sentía hace unos momentos se ha transformado en un lobo sin comida, queriendo devorar todo lo que veo.

En mi mente llegan bastantes ideas, tengo la solución y a la vez no, quiero hacerlo, pero no puedo, no quiero regresar a mi yo de antes.

Tengo que lograr cada cosa que hable, mi palabra tiene valor; haré lo que diga y lo que diga lo practicare.

Aún sigo dudando si hacerlo o no.

—¿Debería hacerlo?

—me pregunto con un tono suave como de reflexión—.

¿Debería acabar con su vida de una vez por todas?

Me arrodillo junto a Maicol, agarro su brazo con precaución, le tomo el pulso.

Aún está vivo, pero débil.

Sé que no puedo dejarlo así.

Será una amenaza si lo dejo vivo; debo acabar con él.

Es el enemigo más hijo de puta que he tenido, y hoy que tengo la oportunidad lo acabaré.

Bastante lo perdone, siguió con su jueguito, y hoy que me lo encuentro termina su circo.

Antes de que pueda considerar colgarlo, una furia se apodera de mí.

Trato de decir muchas cosas, pero no me salen, prefiero hacer acciones que hablar.

Mi mirada se va al suelo y detallo una daga, hermosa.

—Lo siento otra vez, Maicol —digo con la voz apenas audible—.

Pero no me dejas otra opción.

Tomo la daga que está en el suelo, la hoja fría y afilada como el filo de mi odio o más que eso.

Sin dudarlo, levanto el brazo y la clavo con fuerza en su pecho.

La daga penetra la carne con un sonido sordo y desagradable, mi mirada, mi ansiedad, mi furia no son normales, no pienso en lo que estoy haciendo, si hago la cosas sin pensar, a quien le hecho la culpa, si la tengo yo; yo soy el error, nunca la solución.

Penetrando la daga con toda mi furia, abro toda su piel.

Maicol se estremece cada vez más y abre los ojos de golpe, llenos de dolor y sorpresa.

La sangre brota a borbotones, tiñendo todo el suelo, camisa, cara y mi brazo de un rojo intenso.

Lo vuelvo a apuñalar con su cuerpo abierto una y otra vez, cada estocada impulsada por el rencor y la venganza.

La sangre salpica mi rostro y todo mi cuerpo, pero no me detengo.

No puedo detenerme.

Finalmente, Maicol deja de moverse, de gritar, patalear; al fin se quedo quieto, siempre aguanto.

Sus ojos se quedan fijos en el techo, sin color, sin ánimos, sin vida, murió de dolor.

La daga resbala de mi mano y cae al suelo con un golpe seco, ya todo término con él, ahora empezare con los Cuervos de Nox.

—Llego tu momento —digo mientras, me levanto.

Me levanto jadeando y contemplo mi obra.

Maicol yace en un charco de sangre, su cuerpo destrozado por mis ataques.

Siento una mezcla de horror y satisfacción.

He hecho lo que tenía que hacer.

He eliminado una amenaza.

Pero, ¿a qué precio?

Ahora, tomo la soga gruesa, usada para sujetar el ganado.

La ato a una viga del techo.

Luego, arrastro el cuerpo inerte de Maicol hasta el centro de la habitación, justo debajo de la soga.

Con dificultad, levanto su cuerpo y le coloco la soga alrededor del cuello.

Aprieto la soga con fuerza.

Su cuerpo cuelga del techo, balanceándose suavemente.

La sangre cae como chorro de agua, acompañada con sus intestinos, formando un charco cada vez mayor en el suelo.

La daga yace a sus pies, cubierta de sangre.

Respiro hondo, siento una oleada de satisfacción recorriendo mi cuerpo.

La adrenalina fluye por mis venas, haciéndome sentir poderoso y vivo.

He hecho lo que tenía que hacer.

He eliminado una amenaza.

He hecho lo correcto y en lugar indicado.

Ahora la llamaré Casa momentánea.

—Repetí la misma historia, otra vez.

Me hiciste acordar de papá —digo, mientras miro a Maicol—.

¡Espero haberte ayudado, hermano!

Un escritorio se encuentra a mi derecha; lleno de sangre por supuesto, encima de él hay unos papeles como un mapa o notas.

Decido acercarme, pero antes de hacerlo me lavo las manos y la cara para quitarme la sangre.

Al hacerlo en un lavadero que hay en la habitación, respiro hondo y me acerco finalmente.

Los papeles que están encima del escritorio me llaman mucho la atención, tomo un mapa y lo examino a luz tenue de la habitación, tratando de detallar que es lo que da entender los puntos negros que están marcados ≪¿Qué significa esto?

¡No entiendo estos puntos rojos!

¿Qué quieren dar a entender?

¿Esto lo haría Maicol o la banda?≫.

Volteo varias veces el mapa para darle forma a los puntos, pero nada más que le encuentro una.

Miro de reojo a la mesa, y en los tantos papeles hay un bolígrafo, lo agarro y empiezo a unir los puntos, haciendo una forma un poco extraña.

La forma es un símbolo, acompañado con triángulos; algo que no se si tiene significado o empareje los puntos mal.

Estoy en un punto donde no se qué hacer, no sé qué decir ni sé que pensar.

Mi mente esta a punto de explotar y de tanto encontrarle una forma a los puntos que uní.

El tiempo pasa como si lo estuvieran apurando; hace rato era la tarde, ahora ya es de noche, pero no me importa, no me doy por vencido, voy a encontrar el significado.

 Agarro un papel en el escritorio, posiblemente hable el significado de esta figura.

No le encuentro una forma; son unos triángulos horizontales, pero no se qué significa.

Para mí, es como si representara unión, pero no aseguro, Agarro el papel que esta sobre el escritorio y empiezo a leer.

Nosotros, le creamos nuestro propio significado a esta figura.

No importa que tenga otro, pero para nosotros es unión.

Somos del uno para el otro.

Uno cae; todos caemos para que todos nos levantemos.

Con esta figura presentamos un pacto, que todo lo que marquemos, será de nuestra propiedad.

Los triángulos para nosotros; es unión y los puntos serán nuestros lugares de concentración.

Me quedo sorprendido con solo pensar que un símbolo para ellos, signifique algo importante; ser leal y real, prácticamente en la parte donde dice: ≪Para nosotros es unión≫, da entender que todos; son uno solo.

Un pedazo de papel sale del que agarré, cae sobre la mesa, lo detallo y sin pensarlo dos veces, lo agarro, mientras coloco el otro en el escritorio, veo que dice: ≪La figura, no solo representa unión, los puntos marcados en el mapa significa hogar; siempre es nuestro lugar, limites a donde llegar≫.

—Si los cuervos son su marca, entonces, la figura debe representar su significado —digo en voz alta, mientras mis ojos recorren el mapa.

Salgo del lugar con el mapa y los dos papeles, me fijo muy bien que nadie me vea, los guardo detrás del pantalón para que tenga prensión.

Vuelvo a recordar esa voz de esa chica que no volvió, solamente hablo cuando estaba en conversación con Maicol, me parece raro que de la nada, desapareció.

Al volver a voltear, veo nuevamente ese banco, vacio y dañado.

A mi mente regresa, la figura de la señora Elena, me perturba saber, que estuve hablando con un fantasma, no lo puedo creer.

Decido completamente, no ir para las investigaciones Mendoza, pero quiero saber qué es lo que tiene que ver ellos con Rosa, aun tengo la duda del ¿Por qué Rosa, está metida en todo eso?

¿Qué es lo que tiene que hacer ella, allá?

¿Tendrá que pagar unas cuentas pendientes?

Camino a mi casa, voy detallando todo lo que voy recorriendo para grabarme las rutas y saber llegar a la casa de la masacre.

Quiero traer a todos.

Quiero hacerlos sufrir por todo lo que les han hecho a las chicas, principalmente a Valeria, una jovencita inocente.

Llegando a mi casa, encuentro a mi madre en la cocina.

Con movimientos cautelosos, trato de subir a mi habitación, pero mi madre se da cuenta.

Ella se da una vuelta a donde estoy parado, su mirada furiosa con el ceño fruncido, más bien me da risa de cómo se ve.

—Señorito, al fin, te da por llegar a la casa —su mirada molesta, fija en mí y con los brazos cruzados—.

¿Cuáles son estas horas de llegar?

¿Y por qué es esa mancha de sangre?

—No empieces mamá, esta es mi casa, y yo llego la hora que sea —respondo frustrado—.

Llegue a la casa porque no tengo más nada que hacer, sino hubiera llegado más tarde.

Me siento cansado, cualquiera que se me acerque a llevarme la contraria, sería capaz de zamparle coñazos hasta matarlo.

Subo a mi habitación, tengo la mente en blanco, no recuerdo nada por los momentos.

Quiero acostarme y olvidar todo por un momento, dejar de sufrir, dejar de sentir.

No recordar que estoy viviendo, no quiero recordar que cada paso que doy en la vida, me lastima.

Doy un cambio de la nada, repentinamente, una sonrisa se dibuja en mi cara, solamente hay un motivo de mi cambio de humor, y es que recuerdo a Aislinn, mi ex mejor amiga, recuerdo esos momentos junto con ella, sentados en el parque, agarrado de la mano, jurando que nunca nos vamos a separar.

Una cosa que nunca se me olvidara, será la primera vez que la vi; cuando deje de vivir, cuando ni una palabra salió de mi boca, mi corazón latiendo a mil, en esos momentos.

—No puedo dejar de pensarte.

¿Qué hago para olvidarte?

Tantos intentos hago para ocupar mi mente, pero ¿cómo olvidar algo que siempre tienes presente?

—me pregunto, mientras escribo su nombre en mi cuaderno.

Me acuesto en la cama; boca arriba, viendo el techo.

Mi teléfono suena de repente, y al momento no veo quién me escribió, la curiosidad me gana y me levanto de golpe para observar, ¿quién es la persona que me escribe?

Prendiendo el teléfono; veo la llamada perdida de Liara.

Al momento no quise devolverla, pero puede ser, que necesite un favor.

Le devuelvo la llamada y me empieza a hablar: —¡Hola!

¿Cómo estas, bobito?

¿Ya te olvidaste de mí?

¡Quiero verte!

—¡Chispita!

Yo…

pues enamorado de usted —me rio con una risa, medio coqueta—.

¿Cómo me voy a olvidar de la persona, con la que he tenido más problemas?

Nos veremos, pronto.

No te diré cuando.

—Quisiera que lo que dices, se haga realidad, Sería uno de mis sueños, cumplidos.

Cuelga cómo si pensara que yo le fuera a responder mal, me duele, porque no me dejó que me despidiera de ella.

La razón por la persona que soy; es porque me ha tocado vivir, sufrir y aprender cosas de grandes desde chiquito, no tengo la culpa que sin darme cuenta, puedo dañar a las personas que quiero con mi forma de hablar, actuar y responder.

Hoy, no es día de desvelarme, me acostare para estar despierto en la fiesta de despedida de la universidad, que es mañana.

Estoy preparado para cualquier situación, recuerdo muy bien que no voy solo a disfrutar; también voy a investigar a Nino que ha dado varias razones por ser parte de la banda, los cuervos de Nox.

Antes de acostarme a dormir, vuelvo a pensar en Aislinn, ahora ya no es una amiga; se convirtió en mi amor imposible.

Un suspiro se me escapa de mis labios.

—Aislinn —susurro—.

Tu belleza ilumina cada rincón de mis sueños, tu sonrisa es el sol que ilumina mi amanecer eterno.

De un momento a otro, despierto en un lugar que no conocía, no había visto antes, encima de una montaña, observando un hermoso atardecer, con rayos de sol, iluminando mi rostro, me pregunto, ¿Qué hago aquí?

¿Cómo llegue a este lugar.

Una mujer con un vestido blanco se acerca a mí, al momento no le detallo el rostro porque esta resplandeciente, mi corazón se acelera al verla, me digo a mi mismo, si esa mujer es un ángel o como hace que me asuste con tan solo verla.

Su vestido blanco y el rostro resplandeciente, hace que no detalle, ¿quién es?

No la conozco de lejos, pero cuando se acercó, detallo que es Aislinn, la estoy viendo, cerca de mí, sus ojos azules hermosos, no puedo respirar, me deja sin aliento, no creo que ella este enfrente de mí.

—Aislinn, eres tú —Tomando su mano para levantarme.

—Sí, Elián.

Soy yo, Aislinn, tu princesa —Moviéndonos al centro de la montaña, en una posición como si nos fuéramos a casar, nosotros dos agarrados de la mano, mirándonos a los ojos.

—Quiero que este siempre junto a mí.

—Sabes que no se puede, yo me tengo que ir.

—Quédate un minuto más.

Quiero seguir viéndote a los ojos, tocando tus suaves manos, quiero seguir estando y compartiendo este momento contigo.

—Me tengo que ir y tú ya tienes que despertarte, Elián.

Es tarde —dice, con su sonrisa hermosa y ojos brillantes, se acerco y besa mi mejilla.

Ella se esfuma poco a poco como si fuera un fantasma, quedo triste completamente.

Me queda grabada su figura junto a mí, a la punta y centro de la montaña, mirando sus ojos hermosos y sus labios, parecen jugosos, dispuesto a robarle un solo beso y tocar su lindo y hermoso cabello.

Su vestido blanco, luce con su color de piel, parecíamos que nos estuviéramos casando.

Despierto asustado, diciendo el nombre de Aislinn, por poco no recuerdo que estoy en mi habitación.

En mi mente llega el momento que pase junto a ella en esa montaña, fue un sueño o escapé de mi cuerpo y fueron nuestras almas las que se unieron.

No sé qué fue lo que paso, pero mientras estuve, que bonito se sintió.

Salgo de la cama, estirándome, la emoción de la fiesta me inunda como una ola cálida.

Doy un salto, con una energía que hace tiempo no sentía.

Me dirijo al baño, donde una ducha revitalizante borra cualquier rastro de sueño.

Al terminar, voy frente al armario, elijo cuidadosamente un atuendo deslumbrante; un pantalón negro slim fit acompañándolo con un suéter blanco, terminando de vestir con unos zapatos Oxford negros.

Tomo el teléfono de la mesa de noche y marco el número de Rosa.

—¡Peligrosa, ya despierta!

¡Hoy es el día en que comienza la fiesta!

—exclamo, con la voz llena de entusiasmo.

—Ya estoy lista, amigo!

¡Hoy brillaremos!

No puedo esperar para verte —responde con alegría.

Intercambiamos algunas risas y planes para la noche, la anticipación está creciendo con cada palabra.

Bajo a la cocina y mi madre se encuentra desayunando, me parece raro porque ella siempre me espera.

Al voltear, encuentro maletas en la sala.

—Mamá, ¿por qué estás desayunando, sin mí, tu hijo?

¿Y esas maletas?

—la alegría que sentía, se esfumo.

—Hoy es el día de mi viaje, y me voy antes —dice, seca como si estuviera malhumorada.

—¡Mamá, hoy es mi graduación!

¡Sería importante que existieras!

Quiero verte allá —controlando que no se escuche mi voz entrecortada.

—Me tengo que ir, yo te lo dije antes que no fuera posible que yo asistiera —levantando a lavar su plato.

—Siempre he estado solo y he hecho las cosas solo, no creo que llegue a necesitar a alguien ahora, cuando en toda mi puta vida siempre pedí un abrazo y nunca me lo dieron, siempre me lo negaron —hablo en voz baja.

Mi madre se despide normalmente, con un beso en la mejilla y su frase ≪Dios te bendiga, te guarde y te guíe por donde andes≫.

Me alegro porque no esta brava conmigo, pero aun me dolerá no verla hoy en mi graduación.

Ella saliendo de la casa, me pongo a comer rápidamente para salir.

Quiero encontrarme con Rosa para no sentirme solo y compartir con ella en el acto.

Antes de ir a la fiesta, salgo de mi casa, prendo mi coche y voy a la universidad, disfrutando una vez más del hermoso paisaje de New York por última vez, ya que me voy a mudar al Pueblo Sylas cuando salga de la universidad.

Una nueva vida tendré y lo que quiera, lo obtendré.

Con el sudor de mi frente, yo trabajare, con mi educación financiera y personal; mejor persona seré, pero primero debo limpiar mis manos, después que mueran los cuervos de Nox.

Llego a la universidad y en la puerta se encuentra Rosa y Nino, Parecemos locos porque al vernos empezamos a gritar desde lejos, saludando.

—Holaaaaaaa, llego el papacito —alzando los brazos.

—Hola, Elián.

Pero cálmate, deje los gritos que pueden escucharte —responde Rosa, haciendo un gesto de silencio —Déjalo que sea feliz Rosita, siempre te molesta la felicidad ajena —exclama Nino.

—Rosa, la peligrosa.

Tienes que hacer silencio o te obligo hacerlo con un beso —me acerco a ella y la miro con una sonrisa seductora—.

Vamos a la cancha para sentarnos en las gradas para estar en el evento.

Caminando por el lugar, seguimos con risas y cosas por contar.

Recuerdo lo que está escrito en el papel, el que habla de Rosa, no decido decirle nada a ella porque me puedo meter en problemas, no sé, si le incomodara.

Sentándonos en las gradas, vemos como todos los compañeros de clases van llegando; hombres con buen estilo y las mujeres con una hermosa vestimenta.

Al ver una chica con los ojos azules, mi mente llega a esas miradas de Aislinn, puede pasar días, meses, hasta años, pero no olvidare a Aislinn, siempre permanecerá en mi, una pizca de ella.

Podría no verla en un año, no coincidir con ella hasta veinte y aun así, te vería y mi corazón seguirá latiendo como la primera vez que te conoció.

—Elián deja de mirar a las chicas, ya, ¡por favor!

Deja de ser así —dice rosa, dándome un manotazo—.

Odio eso de usted.

—Pero usted si se queja, si él quiere mirar culos para saborear, déjalo —responde Nino.

—Él está o va a estar con una chica, y ella es…

—No deje que Rosa, siguiera.

—Cállate, Rosa —le respondo a Rosa, pero luego le digo a Nino—: No es nadie.

Esa, solo está inventando cosas para que yo, no vea a ninguna.

—Para mí, Rosa, le gusta a Elián —dice, Nino en tono de seguridad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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