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Condenada a mis 4 hermanastros abusones - Capítulo 157

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157: Capítulo 157 157: Capítulo 157 ~Valeria~
Caminar por el bosque se sentía como si algo desconocido estuviera esperando en secreto para emboscarnos.

—De acuerdo, este silencio va a matarme antes que cualquier otra cosa —dijo Lisandro, girando sobre sí mismo por quinta vez—.

¿Nadie va a hablar de las malas vibras que da este sitio?

—Estamos en el bosque, ¿qué esperas?

¿Un recital de pájaros?

—cuestionó Cayo con sarcasmo, sin levantar la vista del mapa pegado con cinta que parecía un proyecto de manualidades de jardín de infancia.

—Porque la gente siempre está intentando cazarnos y esta parece la oportunidad perfecta para atacar.

—Las ruinas están justo ahí —señaló Alerion.

Había estado tenso desde que dejamos el coche—.

Cojamos el colgante y larguémonos antes de que…
—¿Antes de que nos salten encima?

—terminó Zane—.

Sí, sobre eso…
Estaba mirando hacia arriba.

A los árboles.

Donde unos veinte pares de ojos rojos nos observaban desde las alturas.

—¡Oh, vamos!

—le grité al cielo—.

¡¿Tenemos que luchar por nuestra vida todos los santos días?!

La respuesta era que sí, al parecer, porque todos cayeron a la vez.

Los hombres del Rey Lobo Oscuro mezclados con las fuerzas de mi padrastro.

Todos con pinta de habernos estado esperando específicamente a nosotros.

Lo que probablemente era cierto.

—Quiero que me devuelvan el dinero por esto de ser una princesa Real —anuncié—.

Retírenlo.

Ya no lo quiero.

—¡Por desgracia, hay una política de no devolución!

—Alerion tiró de mí para ponerme detrás de él con tanta fuerza que casi muerdo el polvo.

—¡Tiene que haberla porque de verdad que no doy abasto!

Zane ya estaba cambiando de forma, con los huesos crujiendo de esa manera asquerosa.

—¡Nuevo plan, sobrevivimos a esto y luego tendremos una reunión familiar sobre los intentos de asesinato de papá!

—¿Una reunión familiar?

—gritó Lisandro—.

¡Ese hombre literalmente nos quiere muertos!

¿Qué vamos a hacer, hablar de nuestros sentimientos?

—¡Quizá si hubiéramos hablado de sentimientos, no estaría intentando matarnos!

—Confía en mí, a ese hombre le importamos una mierda.

Seguro que tiene otra familia con hijos para tratarnos así.

—Bueno, elegimos nuestro camino y tenemos que vivir con ello —intervino Cayo mientras dibujaba runas de protección—.

Vale, tenemos quizá sesenta segundos antes de que esto se rompa, ¡así que entrad todos y dejad de hacer el idiota!

—¿Sesenta segundos?

—Lisandro apareció a mi lado, luego detrás de mí, y después otra vez delante.

En modo pánico total—.

¿Qué se supone que hagamos en sesenta segundos?

—¡¿Eres tonto o qué?!

—gritaron los tres a la vez.

Los enemigos golpearon la barrera de Cayo y esta se agrietó de inmediato.

—Ehm, ¿Cayo?

¿De verdad te referías a sesenta segundos?

—¡Puede que haya mentido para que os calmarais todos!

—¡¿Qué?!

¡¿Por qué harías algo así?!

—Te acabo de decir mi razón.

—A la mierda los segundos, no pienso quedarme aquí parado para que me maten.

Zane no esperó.

—¡Zane!

—Alerion corrió tras él—.

¡¿Puedes dejar de comportarte como un niño con un subidón de azúcar?!

—¿A eso le llamas pelear?

Las generaciones mayores sois muy raras.

—¡Soy tres años mayor que tú!

—¡Exacto!

—Quienquiera que te entrenara hizo un mal trabajo —comentó Alerion.

—¿Qué esperas de una madre ausente y un padre obsesionado con el poder?

Por supuesto, uno de sus hijos iba a salir loco.

Deberíais darme las gracias, soy la razón por la que el resto de vosotros sois normales —replicó Zane mientras acuchillaba a los enemigos.

Pero su número no dejaba de aumentar, lo que provocó que Lisandro desapareciera en un abrir y cerrar de ojos.

Luego oí gritos detrás de las líneas enemigas.

Estaba usando su velocidad para atacar por la espalda, apareciendo y desapareciendo tan rápido que ni siquiera podían verle venir.

—¡Ese es mi chico!

—grité.

—¡No fuerces la voz!

—Cayo me agarró del brazo, atrayéndome hacia él mientras volvía a dibujar las runas de barrera—.

¡Estos tipos tienen resistencia a la magia oscura y necesito un segundo para pensar o estaremos todos jodidos!

Y tal como temía, un enemigo nos atacó a traición con un cuchillo apuntando a mi cara.

En ese preciso instante, el tiempo se movió como una tortuga.

Los cuatro se giraron a la vez.

Como si tuvieran una alarma compartida de «Valeria está en peligro».

—¡Valeria!

—Cuatro voces.

Cuatro niveles diferentes de pánico.

Todos corrieron hacia mí al mismo tiempo.

Zane llegó primero.

Me agarró por la cintura y me hizo girar para que su espalda quedara frente al atacante.

Lo sentí tensarse cuando la hoja se hundió profundamente en su hombro.

—¡Zane, tú no!

—Sabes que siempre me recupero de mis heridas, así que preocupa tu linda cabecita por otra cosa —me consoló.

—No aproveches esta oportunidad para hacerte el encantador y dulce —Alerion me apartó de él, con celos ocultos en su voz.

Por la conmoción y la ira, Zane intentó agarrarme también, pero otros tres enemigos se abalanzaron sobre él durante su discusión.

—¡No, por favor, no lo matéis!

—grité.

—Los Reales no suplican y estos perdedores no pueden hacerme nada —me corrigió Zane incluso a las puertas de la muerte.

Ahora solo estaba buscando más problemas con esa boca tan lista que tiene.

—¡Valeria!

—Cayo apareció a mi lado, con las manos brillando en color púrpura—.

¡El poder del linaje!

¡Úsalo ahora o morirá!

Sin dudar de mis poderes y consumida por la desesperación, forcé la activación de mis poderes.

Se dispararon directamente hacia cada uno de ellos hasta que todos yacieron muertos.

Exhalé un largo suspiro de alivio mientras la luz dorada se desvanecía.

—¡Sabía que mi chica os iba a patear el culo!

—se burló Zane de los cadáveres y no pude evitar soltar una risita por su reacción.

—Estoy orgulloso de ti y todo eso, pero tenemos que irnos ahora mismo —Alerion sonaba serio y no cuestionamos su juicio.

Seguimos avanzando durante una hora hasta que encontramos el colgante.

—Eso es —susurré.

El corazón se me había acelerado.

Después de todo, de los ataques, la sangre y las noches en vela, por fin lo habíamos encontrado.

Estaba a punto de cogerlo cuando oí una voz.

—Para —Cayo levantó una mano, estudiando las runas alrededor del pedestal—.

Puedo sentir un hechizo de protección.

Y uno muy, muy potente.

Quienquiera que pusiera esto aquí no quería que lo movieran.

—¿Puedo cogerlo sin más?

—pregunté.

—Bueno, sí y no —señaló unos símbolos concretos—.

En el segundo que lo toques, se activará.

Mostrará el rostro de tu Compañero Verdadero.

A todo el mundo.

Aquí mismo.

Ahora mismo.

Y este lugar podría derrumbarse.

Se me cayó el alma a los pies.

—¿Hablas en serio?

—O sea, ¿que todos lo veremos?

—la voz de Lisandro se quebró.

—Sí.

Todos nosotros —Cayo me miró—.

¿Segura que quieres hacer esto aquí?

Me quedé mirando el colgante.

Este era el momento.

Tres corazones a punto de hacerse añicos.

Incluido, quizá, el mío.

—Quizá deberíamos esperar.

—No —la voz de Alerion era dura—.

Hazlo.

Necesitamos saberlo y estoy harto del suspense.

Alargué la mano hacia el colgante con manos temblorosas y toqué la plata.

El corazón de cristal se iluminó.

Una brillante luz blanca lo inundó todo, casi dejándome ciega.

«Si puedo ver después de esto, será un milagro».

La luz se concentró en el cristal y apareció un rostro.

Excepto que no era un rostro.

Eran cuatro rostros.

Borrosos.

Cambiando entre ellos tan rápido que no podía enfocarme en uno solo.

Mi corazón, literalmente, se detuvo.

Alerion.

Zane.

Cayo.

Lisandro.

Como un televisor sin señal.

Una y otra vez.

Se suponía que esto no debía pasar.

—¿Qué ves?

¿Y cómo es que nosotros no vemos nada?

—preguntó Alerion, con la voz tensa.

Miré el colgante.

Los miré a ellos.

Volví a mirar el colgante.

Los cuatro rostros seguían cambiando.

Más rápido.

Como si el colgante tuviera un fallo.

—¿Val?

—Cayo se acercó, preocupado—.

¿Qué pasa?

Pareces como si hubieras visto un mal futuro.

Arranqué el colgante del pedestal, apretándolo con fuerza contra mi pecho.

—Nada.

—¿Qué quieres decir con «nada»?

—¡Quiero decir que nada!

¡La luz era demasiado brillante, no pude ver nada!

—La mentira salió sin pensarlo dos veces.

—No te creo —empezó a decir Alerion.

—¡He dicho que no pude ver!

¿Podemos irnos ya?

Ya es bastante malo haber llegado hasta aquí para nada.

—Quizá podamos hablar de esto cuando lleguemos a casa.

Este lugar me da mala espina —sugirió Lisandro.

—A mí también.

Vámonos —avancé, sin importarme si se molestaban en seguirme, aunque lo hicieron.

Encontramos el camino de vuelta al coche sin problemas y permanecí en silencio durante todo el trayecto.

Habíamos encontrado el colgante, pero no nos había dado respuestas.

Solo me mostró algo imposible de explicar y mentí descaradamente sobre ello.

Porque ¿cómo le dices a cuatro personas que la magia diseñada para elegir a uno de ellos no pudo?

¿Que simplemente seguía mostrándolos a los cuatro como si yo fuera una cuatrilliza idéntica?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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